Viernes, 03 Abril 2020

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¿Se nos refundieron los Valores?

Written by Aura Hernández
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Desde que llegue a Francia, la primera cosa con la que me asocian los nativos es la cocaína o las Farc, asi yo no sea guerrillera ni sea consumidora. Incluso alguna vez una persona, para provocarme, me dijo que si en el país de la cocaína la gente era descarada.

Es triste y duro que cada uno de los colombianos que partimos al extranjero carguemos con este estereotipo negativo. Sin embargo, en la gran mayoría logramos que quienes nos van conociendo se abran a otra cara de nuestro país a partir de nuestra experiencia y la transmisión cultural que tenemos la oportunidad de compartir. Es todo un ejercicio de embajadores.

Los franceses o cualquier europeo no tendrían la culpa de que esa sea la única información que le llegue, al fin y al cabo los medios venden lo que llame consumidores. Es la equivalencia con la idea que tenemos nosotros con respecto a los musulmanes: todos tenemos en el imaginario que ser musulmán equivale a ser terrorista, lo cual es totalmente falso.

Francamente lo que me perturba, es el comportamiento colombiano. Cada uno de los que vivimos en el extranjero procuramos mostrar lo mejor, pero es frustrante saber que los valores que rigen nuestra sociedad están regidos por un interés por el bien personal y material por encima del bienestar y la dignidad humana, es decir que vale más la plata que la vida de una persona. Entonces me pregunto, ¿Qué estoy defendiendo? ¿Vale la pena?

Este cuestionamiento me viene a la cabeza cada vez que veo ante mi, situaciones que parecen traídas del pasado. Por ejemplo, como hay personas que con firmeza arguyen que más importante poder tener un carro para mostrar o cualquier otra excusa que pensar en la contaminación y la congestión que éste produce, que en las discusiones de la vida política todavía se pregunte sobre la pertinencia de la intervención de la iglesia católica; cuando éste ni siquiera debería ser tema de discusión, que más tiene razón el ladrón o el corrupto por “avión” que por su condición misma o nosotros mismos por dar “papaya”. Y ni pensar de estatus de mujer, porque si a uno lo violan es por culpa de uno. Bien lo dice Catalina Navarro en su columna de esta semana: “si una mujer confía es una bruta pero si la que hace el daño es ella entonces es una bruja”. Lo que equivale a decir que el que confía es un podre imbécil, porque lo que vale es la famosa “malicia indígena”. O detalles como que todo el mundo llega tarde, porque es la hora Colombiana. A mi ya no me cabe en la cabeza que sigamos justificando comportamientos del medio evo.

Si nos seguimos poniendo zancadillas así, ¿Cómo vamos a avanzar?  

Este tema lo traigo a colación ahora, donde a pesar de la distancia percibo que el país se está encaminando hacia un rumbo positivo. No obstante, no llegaremos lejos si como ciudadanos no nos comprometemos a construir confianza, a ser exigentes a nivel del respeto con los demás y que todas nuestras acciones estén encaminadas al cuidado y no la destrucción del otro de forma justificada y a cualquier nivel. 

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