Martes, 07 Abril 2020

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Soy un hijo de puta

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Si escribir me hace escritor, pues soy un escritor, con certeza no uno muy bueno, ni siquiera uno bueno, más bien soy un escritor mediocre. Soy el tonto intento de un joven colombiano por conquistar su vida con las letras, con los párrafos; soy ese iluso que pretende vivir de la escritura en un país en donde casi nadie lee y los que leen, seguramente no gastarían su dinero comprando algún libro escrito por mí.

Si tener pene me hace hombre, pues soy hombre; pero no soy el hombre que muchos se enorgullecen de mostrar, soy un hombre más bien diferente, delicado, señorito, uno al que no le gustan las tetas, no las tetas muy grandes ni las tetas mal administradas, ni tampoco las tetas falsas, por eso yo prefiero quedarme con las únicas de las que no me he arrepentido nunca de haber mamado, porque las mamé con hambre. No me apasiona el futbol, no me apasionan las nalgas grandes y empacadas al vacio dentro de un pantalón sugestivo, tampoco emborracho a mis compañeras de trabajo, amigas o conocidas pretendiendo poder pasar una noche con alguna de ellas, eso me haría menos hombre. No sé chiflar, no sé tampoco bailar y mucho menos sé aplicar el “sandungueo”.

Si haber nacido en territorio colombiano me hace colombiano, entonces ¡sí!, soy un colombiano más, y estoy acostumbrado como colombiano a que me requisen con mucha atención los agentes en los aeropuertos internacionales, estoy acostumbrado a que me manoseen con la excusa de encontrar en mi cuerpo algo ilícito y, más que acostumbrado, estoy agradecido con esos hombres que siempre buscan cumplir con su deber de requisar, de manosear y palpar. Yo no tengo una camiseta de la selección colombiana y tampoco tengo una estampita del niño Jesús o de alguna virgen. Yo, a diferencia de Shakira y de Fonseca, sí conozco el himno de mi país. Tampoco expulso mi orina en los arboles ni en las esquinas, soy un colombiano que sí vota y que sí lee.

Si vivir en Bogotá durante mis 24 años de vida, con la excepción de unos cortos tiempos en los que he vivido en otras ciudades y he visitado otros países (siempre con la intención precisa de ser minuciosamente requisado por los agentes de seguridad de cada uno de esos países), si vivir aquí, en la capital, me hace bogotano, entonces ¡sí! soy bogotano. Aunque yo no sea de los que deja caer basura en las calles, yo también soy bogotano. Soy un bogotano que respeta las señales de transito y cruza por las cebras, por los puentes peatonales o, en su defecto, por las esquinas, soy de los pocos que conoce la importancia de utilizar las direccionales del vehículo que conduzco, soy un bogotano que procura siempre llegar quince minutos antes a cada cita. Soy un bogotano que no quiere ver a Bogotá remendada, ni abusada por sus dirigentes.

Si tener menos de 27 años, según la ley de mi país me hace joven, entonces soy joven. Pero para mi desgracia tampoco logro ser un joven común, uno normal, yo no puedo, algo en mi cuerpo siempre está molestándome y esa molestia me incita siempre a tomar decisiones, a intentar hacer algo, a intentar no hacer lo que está mal hecho pero que la mayoría lo hace, sin importar nada, simplemente lo hace. Soy joven y no logro sentarme en algún lugar y no hacer nada mientras veo cómo otros (que ya hace mucho fueron jóvenes) hoy, años después, deciden por nosotros y hacen con nuestro país lo que ellos quieran, mientras los jóvenes de ahora están tan solo dejando pasar su juventud, para luego, cuando estén viejos, cuando la alopecia sea imposible de disimular, cuando el país esté peor que hoy en día, entonces en ese momento, nos miremos ya viejos y nos digamos con frialdad, - qué cagada de país.

Si reconocer todo lo que aquí reconozco me hace un hijo de puta, pues lo soy. Y no por el comportamiento sexual de mi madre, sino porque a nosotros, a los colombianos, no nos gusta que nadie nos diga la verdad y menos cuando la verdad es dolorosa y no nos enaltece. Seguiré siendo ese hijo de puta que le encanta que los señores de seguridad de los aeropuertos internacionales lo requisen, ese que pide que lo vuelvan a requisar, ese que no orina en los arboles pero sí vota, seguiré siendo ese hijo de puta hasta el día que seamos más, los hijos de puta que los hijos de nadie.

 

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Giovanni Acevedo

Bogotano irreverente, sincero, directo y crudo para decir lo que piensa. Escritor, columnista crítico y promotor del voto joven, del voto inteligente. Para muchos políticos, una piedra en el zapato, una fastidiosa realidad.

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