Martes, 07 Abril 2020

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Jóvenes de papel II

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Estábamos en un apartamento en el norte de Bogotá, la discusión se centraba en qué íbamos a pedir para almorzar, las opciones estaban entre comida oriental y comida rápida. Era sábado, hacía un muy bonito día y nos preparábamos para emprender diferentes retos políticos, pequeños retos. Dos amigos cercanos al grupo habían decidido ser candidatos a la JAL de Usaquén y a la JAL de Chapinero. Felipe Fernández es un buen tipo, me agrada, disfruto de su agudo sentido del humor. Felipe decidió que Usaquén debía votar por él, él quiso ser edil de esa localidad y como debió ser, nos pidió apoyo, el mismo apoyo que nos pidió Juan Pablo Echeverry Echeverry, quien no es bogotano y no tiene tan buen sentido del humor como Felipe. Echeverry decidió ser edil de Chapinero aún sin ser bogotano, el quiso encarnar y defender las necesidades de los capitalinos residentes de la localidad de Chapinero. Para algunos puede ser un despropósito que un costeño quiera ser edil de una de las localidades más cachacas de la ciudad.

Gabriel Gómez llegó al apartamento y a su llegada comenzó una discusión de la que yo siempre he intentado mantenerme alejado. No alejado de la realidad, pero sí de discusiones ciegas y viciosas.  –Uribe confió en Santos, Uribe le dio la presidencia en bandeja de plata a Santos y ahora él le da la espalda, ¡eche! ¡Qué es esa vaina, no joda!– Decía Echeverry en ese acento barranquillero que nunca, todavía y con esfuerzo, pudo disimular. Los demás apoyaban sus argumentos. Gabriel, con la boca repleta de comida oriental, intentaba defender al presidente Santos, a sus políticas y sus decisiones como primer mandatario.

Ese día acordamos ser un solo grupo y apoyar a nuestros dos amigos en sus decididas intenciones de llegar a ser ediles. Comenzaron las reuniones y las propuestas para estructurar las dos campañas políticas. A mí solo me invitó con ánimo a sus reuniones Felipe y comencé a apoyarle con mucho más entusiasmo. Pronto tuvimos sede de campaña y contratamos una secretaria que lo único que tenía en abundancia eran tetas; por el lado de Echeverry la vaina no pintaba mal, asistí a una reunión en su apartamento. Fui solo, con pena, con vergüenza, porque nunca he sido bueno para relacionarme con nuevas personas y todas las que estaban en esa reunión eran desconocidas para mi. Me di cuenta de que el grupo de Echeverry ya estaba organizado, ya cada uno de ellos tenía funciones estipuladas y hablaban con propiedad. Yo me limité a beber licor y a comer.

En algún momento Felipe y Echeverry decidieron contratar mis servicios. Nunca tuve claras mis funciones, pero el caso es que me contrataron. A Felipe siempre lo acompañé a reuniones, a barrios, a cafés con líderes y abogados, casi que a diario cumplíamos con una agenda organizada por él porque la secretaria que se había contratado solo comía a costillas nuestras y se pintaba las uñas. De Echeverry solo recibía llamadas para exigirme nutrir sus bases de datos, y me invitaba a su apartamento para que le transcribiera y organizara sus bases de datos: –Vente, vente que aquí hay almuerzo– me decía, me aclaraba que el almuerzo pronto estaría listo esperándome.

Comprendí entonces que Echeverry me quería como Felipe a su secretaria tetona. Lastimosamente yo no poseo tetas y me aburre trabajar, me entristece sentarme enfrente de un computador y cumplir con una tarea mecánica que limita mi pobre imaginación. Por eso dejé de almorzar en el apartamento de Echeverry y comencé a almorzar con Felipe. Debo reconocer que Felipe no permitió que mis opiniones cambiaran el rumbo de su campaña ni la manera en que definían ciertas cosas con las que yo no estuve de acuerdo. De todas maneras, el buen humor de Felipe y, sin duda, su clara posición de no comprar votos ni vender nunca su nombre a cambio de dinero o apoyo político me convencieron y siempre me mantuve a su lado.

Como no regresé hambriento al apartamento de Echeverry, no tenía cómo saber para dónde iba su campaña, solo asistía a sus eventos organizados por sus colaboradores. En algunas ocasiones intentó seducirme con comida, pero tuve fuerza de voluntad y le asegure estar en una dieta muy rigurosa, y no regresé a su campaña. Para poder ser candidatos, los interesados en serlo debían someterse a una consulta interna, en un partido de babas. La consulta sólo la sobrepasó Echeverry. Felipe, junto con los que siempre nos mantuvimos a su lado, lloramos cuando supimos que nos habíamos quemado. A diferencia de otros, también del grupo, yo opté por alejarme de las demás campañas, incluso de la de Echeverry, pensé que no estaba bien montarme en otro barco después de que en el que iba se había hundido.

Seguramente esa noche Echeverry celebró su pequeña victoria. No me invitó, y si lo hizo tal vez no mencionó comida, por eso no lo recuerdo. Tiempo después me vinculé en una campaña mucho más grande y me entregué de cuerpo y alma a ella. De vez en cuando me encontraba casualmente con Echeverry en restaurantes o en estaciones de servicio, siempre comiendo.

La campaña en la que manejé juventudes y avanzada en Bogotá, triunfó. Echeverry se quemó y con mucha comida abordo, yo creo que hoy en día debe aún tener reservas de comida. Por otro lado, unos tantos celebraban a todo dar  en el apartamento de otro candidato a la JAL de Usaquén, por la Carolina, con trago y con comida se proclamaban victoriosos, se sentían contentos y no era para menos, le habían apostado al billete ganador. Lo cierto es que el billete salió falso, después de un juicioso y claro reconteo de votos la vedad salió a la luz, y los “independientes” que pertenecían a un partido, se quedaron con los crespos alborotados. Hoy en día Felipe no es edil, pero es un buen tipo y perdió con tranquilidad, sin deudas ni compromisos, perdió como a mí me gustaría algún día perder. Felipe es parte de la UTL de uno de los pocos políticos con el trasero limpio, uno de los pocos a los que le doy la mano sin asco porque confío en que las tiene limpias.

De la tetona no sé nada, se perdió. Echeverry debió regresar a su ciudad de origen con toda la comida que tenia guardada para sus colaboradores. Supongo que también se fue con el escolta que contrató para que custodiara su enorme espalda en época de campaña. Gabriel Gómez es director de un programa presidencial y, para el pesar de muchos, cuenta con gran apoyo dentro del Gobierno y con una imagen positiva por parte de los jóvenes en todo el país.

Dentro de poco comenzarán con mucha fuerza las nuevas campañas políticas. Se están ya preparando los candidatos al Congreso, al Parlamento Andino y a la Presidencia de la República. Esto hace que todos comiencen a sentir hambre, a buscar quién les va a dar de comer durante los próximos meses, cuáles tienen más comida y más trago para repartir. Yo por lo menos ya sé que Oscar Iván Zuluaga nunca me volverá a recibir en su apartamento, por lo menos no antes de las elecciones.

Unos buscaran ser elegidos y otros ser nombrados. Los que sean nombrados deben tener mucho cuidado porque tal vez, meses después, algún quemado pueda salir y vomitar sobre una hoja de papel toda su impotencia, su inconformidad con la realidad que le tocó mamarse como si estuviera mamando ron.

Que no se me olvide decir que Echeverry nunca cumplió con mi salario. Salario además escaso, tímido. A mí me dio vergüenza cobrarle tan mínima cantidad de dinero, por eso quiero pensar que él me quiso pagar con comida.

 

Giovanni Acevedo

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Giovanni Acevedo

Bogotano irreverente, sincero, directo y crudo para decir lo que piensa. Escritor, columnista crítico y promotor del voto joven, del voto inteligente. Para muchos políticos, una piedra en el zapato, una fastidiosa realidad.

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