Viernes, 24 Enero 2020

De Dios al procurador Ordóñez

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Soy tu Dios, no soy el Dios de todo el mundo pero con seguridad sí soy tu Dios, perverso mamífero obeso y alopécico. Engreído, ¿quién te has creído para justificar tus macabras actuaciones con mi nombre, con mi fe?

Te quiero pedir con suma atención, y quiero que lo tomes como una orden sin derecho a la réplica. Quiero que de una vez por todas te olvides de mí, la verdad es que no existo, y si existo entonces solo es para las abuelitas que van a misa todos los domingos con total devoción y encanto, sin ninguna pretensión distinta que la de alimentar su fe, cosa que me parece formidable y admirable. Pero ¿tú? Un hombre tan gordo y tan feo, tan aburridor, porque déjame decirte mi querido fiel que no hay nada más aburridor en todo el universo que un discurso tuyo. Tus malditos discursos desbordan los límites, no impartas más de tus discursos, no seas demoniaco.

Como a mí no me conocen, como yo no le permito a nadie que me vea ni que me toque ni que me hable, entonces muchos rufianes como tú aprovechan estas condiciones de incomunicación con cualquier mortal y se adueñan de mi nombre para hacer con él lo que más les convenga, lo que más les dé poder o dinero. Por eso algunos abren las puertas de cualquier garaje y ahí, en medio de sillas plásticas blancas, en medio de mucha gente mal vestida pero que ellos piensan que están bien vestidos, me invocan y alzan los brazos hacia el cielo y lloran. Sienten que están librando sus pecados. Al final, el dueño de las sillas plásticas se queda con el diezmo de los mal vestidos, luego se va con sus familiares de vacaciones a un cómodo resort hotel en Girardot y la hija del dueño de las sillas blancas termina en la cama con un muchacho que no cree en Dios, que no cree en nadie, que ni siquiera cree en él, solo cree que si se acuesta con ella va a pasar un buen momento.

Pero contigo la cosa es distinta, canalla. Tú no eres Dios, igualado, el Dios aquí y en el resto del universo soy yo, eso que te quede claro. Contigo tengo que ser agresivo porque en tus manos, para infortunio de los colombianos, tienes mucho poder, poder que en muchas ocasiones has mal obrado a conveniencia de tus tontas interpretaciones sobre la vida, la religión, lo divino, lo espiritual y todo lo que se te pueda pasar por tu enorme cabeza. Por eso te voy a pedir que te olvides de mí, bandido, porque está claro que tú y yo no somos del mismo bando ni queremos lo mismo, tampoco somos iguales y nunca lo seremos.

Además te voy a enviar al infierno a ti, a Roy Barreras, a Petro y todo el que se me pegue en gana porque yo soy Dios y hago contigo lo que yo quiera. Yo apoyo el aborto. Yo soy Dios, pero eso no me da a mí facultades para decidir sobre el cuerpo de ninguna mujer, no te pases de guache. Yo sí estoy de acuerdo con el matrimonio gay, estoy muy de acuerdo.

Te voy a hacer una confesión ya que tú eres un sacerdote frustrado y seguro que hubieras gustado vestir sotana y confesar a cuanto pecador pudieras cobrarle por ser tú su confidente. Yo siendo Dios creo ser bisexual, creo que a mí me gustan los hombres y por eso hice a Adán tan atractivo, luego Adán me pidió compañía y como también me gustan las mujeres, entonces le obsequié a Eva. También la hice muy hermosa. Esto te lo confieso, animal, para que dejes de hablar en mi nombre, protervo mantecoso.

Mientras estés en pleno desempeño de tus funciones públicas, bestia, te debes al pueblo para que el que trabajas. No sigas cometiendo la burrada de administrar la Procuraduría como si fuera tu oficina personal, repartiendo puestos a diestra y siniestra. No sigas criminalizando a todo aquel que no piense igual a ti, este no es el mundo en donde se hace lo que el más obeso de la manada quiere. Renuncia ya, y si quieres ver qué tanto te desprecian los colombianos, lánzate a la presidencia, entra en esa disputa. Ahí te darás cuenta, después de perder, lo poco que te quieren los colombianos.

También quiero aconsejarte hacer dieta, comer sanamente y hacerte la paja una vez por semana. No intentes por nada intimar con tu pobre esposa: estás muy gordo, podrías matarla, podría ella morir asfixiada en medio de tanto tejido adiposo que se desprende de tu godo cuerpo. Te recomiendo entonces primero bajar de peso, lo suficiente, lo necesario para no convertirte en asesino.

 

Giovanni Acevedo

 

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Giovanni Acevedo

Bogotano irreverente, sincero, directo y crudo para decir lo que piensa. Escritor, columnista crítico y promotor del voto joven, del voto inteligente. Para muchos políticos, una piedra en el zapato, una fastidiosa realidad.

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