Domingo, 08 Diciembre 2019

Incertidumbre - I parte

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Era un día como cualquier otro de principios del año 2005. Lo único anormal fue que ese día salí a hacer unas vueltas con mi hermano Jahir. Recuerdo que eran muchas y por eso mi papá nos había prestado el carro. La noche empezaba a caer y durante el día había notado un poco extraño a mi hermano, así que le pregunte:

-¿Qué tiene? Todo el día ha estado muy raro.

- No, Nata, nada- dijo en un tono extraño.

Hubo un silencio inmenso porque yo sabía que él no estaba normal y que algo malo pasaba ya que no me quería contar. Luego de unos minutos, Jahir me dijo:

-Nata, yo le voy a contar algo, pero prométame que lo va a tomar con calma y sobre todo que no le va a contar a nadie, especialmente a mi mamá.

-Jahir, ¿qué pasó? No me asuste.

Él se quedó callado por un momento que verdaderamente, para mí, fue eterno porque no entendía qué era lo que estaba pasando. Íbamos camino a casa, él estaba manejando y yo me encontraba en la silla junto al conductor. De repente frenó el carro, me miró y me dijo:

-Nata, para mí es muy difícil contarle esto porque yo sé quién es su papá para usted, pero creo que es lo más conveniente. Hace unos días yo tuve el computador de Marce (mi papá) y vi una carta que él escribía para una mujer que no era mi mamá-.

Fueron muchos los sentimientos encontrados, verdaderamente sentí que mi mundo en ese momento se derrumbó porque esa persona que para mí era perfecta, de hecho era mi ídolo, se convirtió en un monstro. En ese instante quede asombrada, sinceramente no lo podía creer. No me dieron ganas de llorar, solo me quede quieta, con la mirada perdida y con mil pensamientos en la cabeza.

Aún después de unos años no sé cuanto tiempo pasó en ese instante ni tampoco qué eran todas esas cosas que me decía mi hermano, pero de un momento a otro solo sentí ganas de ver esa carta, así que le dije a mi hermano que me la mostrara. Tuvimos que ir a la casa de Marcela (mi cuñada) porque era ella quien tenía esa hoja. Cuando bajó a entregarnos el papel, me saludó y yo no le respondí. Admito que fui un poco grosera, pero verdaderamente no tenía ganas de hablar, solo quería leer.

Me bajé del carro, me senté en un andén frente a su conjunto y con lágrimas en los ojos comencé mi lectura. Cada frase que leía me lastimaba más y más el corazón, no podía creer que ese papá bueno y perfecto que me había regalado Dios escribiera esas palabras para una mujer que no era su esposa.

Cuando terminé, me encontraba muy mal, lloraba inconsolablemente y mi hermano se acercó a tranquilizarme. Cabe resaltar que para mi hermano esta situación no fue tan dura como para mí porque él es hijo de mi mamá, pero no de mi papá.

Luego de unos minutos, Jahir me dijo que fuéramos a la casa, pero en verdad yo no quería porque no sabía cómo iba a mirar a mi madre a los ojos. Aún más difícil sería actuar de manera normal frente a mi papá. ¿Cómo ser la misma de siempre con él si me había enterado que tenía otra mujer? Esa era la pregunta que rondaba siempre en mi cabeza. Pero había algo que tenía totalmente claro y era  que iba a ser muy difícil guardar ese secreto, el cual por unos cuantos meses no me dejarían la conciencia tranquila.

El tiempo pasó y mi mamá aún no sabía nada, yo muchas veces intenté hablar con mi papá, pero como era de esperarse él siempre me negó todo.

Las peleas no se hicieron esperar y mi madre ya estaba sospechando. ¿Por qué? Difícil saberlo, pero supongo que por ese sexto sentido que tenemos las mujeres.

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Paola Bogota

Nación en la ciudad de Bogotá con énfasis en comunicación y conflicto de la Universidad Santo Tomás. Soñadora, Extrovertida. Perseverante, práctica y decidida. 

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