Miércoles, 11 Diciembre 2019

Incertidumbre - II Parte

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A mediados de año, mi mamá se enteró de lo que había o estaba sucediendo con otra mujer. Recuerdo que fue una noche antes de un viaje que teníamos planeado para el San Pedro en Neiva. Ese día, por más de que lo quiera olvidar, nunca lo haré. Yo estaba encerrada en mi cuarto sola, sintiéndome como la basura más grande del mundo por no haberle contado la situación a mi mamá y con ganas de salir corriendo ya que mis papás se estaban diciendo cosas demasiado feas. Creo que nunca se habían tratado de esa manera, por eso decidí salir de mi casa y por casualidad me encontré con mi prima Karen, ella en ese momento fue como un ángel que me mandó Dios. Sus palabras no sé por qué calmaban y aliviaban el dolor que mi alma sentía.

Mientras tanto, mis padres, por estar peleando, no se dieron cuenta de que me había ido sino hasta después de un rato, así que comenzaron a llamarme al celular porque estaban preocupados; no les contesté. No quería saber nada. Ya había llorado y sufrido mucho desde que me había enterado de la situación. Luego de un rato me quedé dormida y tiempo después mi prima me despertó y me dijo:

-Nata, levántese que llegaron sus papás-

Ya estaba un poco más calmada así que accedí a hablar. Mil y una explicaciones hubo, mil y una disculpas también por parte de mi papá y mil y un regaños por parte de mi mamá. A ella no tenía nada que reprocharle, todo lo que me decía era verdad, pero ¿a él? En verdad tenia tantas cosas por decirle y tantos reproches por hacerle, pero decidí quedarme callada y solo escuchar y recordar todos esos momentos en los que mi hermano me decía que mi papá era de lo peor y también días antes a mi madre llorando y diciendo que mi padre le estaba siendo infiel sin saber que lo que decía era verdad.

Tuvimos una larga conversación. Mi padre nos pidió perdón y, para concluir esta charla, nos dimos un abrazo. Luego nos trasladamos hasta nuestra casa.

Nunca nadie de mi familia me comprendió, nunca nadie se puso en mi lugar y pensó el porqué de mis actos. Tuve épocas de depresión muy fuertes y tiempos en los que solo quería llorar. En los momentos posteriores a este evento no quise ayuda de nadie porque nadie me ayudó ni me escuchó mientras me encontraba en ese hoyo sin salida. Fue así como decidí salir sola y fue mejor porque me volví una persona más madura, pero se me endureció un poco el corazón. Lo más importante fue que el único refugio que tuve consistió en Dios y en ese momento verdaderamente entendí que Él siempre iba a estar para mí, que nunca me iba a dejar sola. Creo que fue la enseñanza más grande que este episodio me dejó.

La historia no tiene un final triste. Por el amor que se tenían (o mejor, se tienen) y por la unión que había hecho Dios, mis papas decidieron seguir juntos y ahora es una familia consolidada. Con la ayuda de Dios, así será hasta que Él decida que es tiempo de llevárselos de este mundo…

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Paola Bogota

Nación en la ciudad de Bogotá con énfasis en comunicación y conflicto de la Universidad Santo Tomás. Soñadora, Extrovertida. Perseverante, práctica y decidida. 

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