Viernes, 06 Diciembre 2019

¿Colombia el país más feliz?

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Las personas quieren ser felices, pero no todos lo logramos, algunos estamos entre la felicidad y la infelicidad, ni muy muy ni tan tan, y es esa nuestra realidad. Quien sea feliz infinitamente, sin reservas ni exigencias, quien de verdad no tenga ocasionales encuentros con la desdicha, con el infortunio, que nos diga ¿Cómo lo logra? ¿En qué país vive? Porque de seguro no vive en Colombia, ni tampoco aquí en la Argentina, ni en Chile ni en Uruguay, ni en el Perú, Bolivia o Panamá, a donde me debo mudar para encontrar una felicidad un poco menos incompleta, en qué país debo respirar para hallar una vida un poco más complaciente. Eso que ahora dicen, que en Colombia somos felices enormemente, que somos el país más feliz del mundo, eso es apariencia, es artificial. Siempre tendremos algún acontecimiento que justifique un poco de tristeza, de desolación. Eso que dicen que somos el país más feliz del mundo no es verdad, yo soy colombiano y les puedo aseverar que no somos tan felices como se cree, como se dice por todo lado, ni somos tan insurgentes como se cree.

¿Cómo se puede ser feliz cuando el ser humano solicita de otros para mantener satisfecho su voraz apetito de ser feliz? He intentado últimamente buscar la manera más económica y cómoda para ser feliz, pero no la he encontrado, es esquiva la felicidad. Me he dado cuenta que mi felicidad está en los demás, no en mí. Mi felicidad debe también alimentarse de pequeños gestos impregnados o por lo menos mínimamente untados de amor hacia mí, de cariño. Muchos no saben, porque muchos no me conocen completamente, pero los últimos dos años y un poco más he estado enamorado, me he mantenido en esas redes escamosas del amor y he aprendido a ser el novio de alguien, a conocer a alguien y a cambiar costumbres por alguien y que ese alguien cambie costumbres por mí, en los últimos dos años y un poco más he sido más feliz que antes, por supuesto no fue una felicidad completa, pero si se acercó mucho a ese estado ilusorio, casi lo fue sino hubiera sido por mi natural torpeza, que siempre lo estropeo todo, siempre daño algo, siempre incomodo a alguien.

A mí me hace feliz que por las noches, antes de dormir me den un besito y me deseen buena noche, me hace feliz que en el cine me tomen de la mano, que también lo hagan en los taxis, soy feliz cuando me cepillan los dientes, cuando me regañan por comer mal, por preferir la grasa en vez de las legumbres, que me besen en los ascensores, que me besen a oscuras, que me besen en la ducha con el agua caliente y con los ojos cerrados, que me besen, en ultimas que me besen donde sea pero que lo hagan con entrega, con devoción, con mucho amor. Me pone feliz que me regalen boxers que me queden grandes y camisetas que no utilizo fuera de la cama, en serio eso me hace feliz. Que me inviten a un café, a unas onces de chocolate espumoso con muffins de chocolate y muffins de queso. Despertar y encontrar sobre la cama el mejor desayuno de mi vida, huevos, jugo de naranja, queso, fruta y pan, me hace muy feliz. Que me abracen, que me mimen, que me muerdan, que me hagan masajes, que me llamen a mi teléfono celular y me pregunten si estoy bien, me hace feliz que me regalen dulces, que me regalen besos, y que me los roben. Alguien dirá que todo esto lo puede hacer cualquiera, y es verdad, pero no será nunca igual, a mí solo me gusta que lo haga una sola persona, nadie más, los demás seres humanos no me gustan, nadie más me gusta.

Yo solo quiero los besos y los brazos de alguien, pero estamos lejos, a cientos de kilómetros, en medio de nosotros deben haber unos ocho países, casi 10.000 kilometos, entre nosotros hay silencio, distanciamiento, no nos vemos ni nos escuchamos hace muchos días, después de vernos y besarnos a diario durante dos años y unos cuantos meses, entre nosotros hay preguntas y respuestas que se niegan a salir, hay silencio, hay amor pero un amor silencioso, cauteloso, tal vez un amor prudente por ahora, o pueda que ya no haya amor y yo esté haciendo planes en vano, o pueda que haya cariño, aprecio, agradecimiento pero no amor, o puede que sí. El amor y la felicidad siempre confabulan, saben que deberían estar siempre juntos pero no siempre es así, ¿por qué? No lo sé.

El amor es la suma de todos los sentimientos, de eso soy testigo, la vida me lo ha enseñado en el ejercicio de la práctica. He amado y me han amado, he amado a una sola persona y me ha amado solo una persona, que yo conozca. Me odian muchos, que conozco, y ese odio tontarrón que inspiro en otros contribuye un poco a mi felicidad.

¿Cuánto tiempo hay que esperar? ¿Cuántas lágrimas hay que derramar?  Me hago estas preguntas a diario porque quiero saber cuándo por fin voy a ser feliz sin tantos reproches, sin contradicciones. Cuento afortunadamente con el inmenso y caritativo amor de mi familia, que me ha demostrado cuanto me aman aun y sabiendo que yo me siento incapaz de gratificar tanto amor hacia mí, y hago lo posible por hacerlo, pero no me alcanza porque es mucho, es desbordante, fuerte y arrasador.  Gracias a ellas, a mi abuela, mi madre, mi hermana y mi perra, todas hermosas, todas amorosas, todas incondicionales, las amo, y no he colocado nunca nuestro amor en duda ni lo he sometido a cuestionamientos, al que si he sometido a la indagación de mis sentimientos exigentes es al amor que nace entre esa persona que viaja hoy por los Estados Unidos de Norteamérica y yo, que no viajo, más bien me siento y escribo al sur del continente, con frio y con las manos inquietas.

–No busques el amor que él llega solo– me dice una buena amiga. –No lo busco, él ya me encontró, lo que pretendo es no dejarlo ir­–  le contesto con seguridad.

Darle tiempo al tiempo ya me está dejando un mal sabor, escucho y leo esa frase por todo lado, no se puede siempre estar esperando porque se corre el riesgo de morir en la espera, y yo no quiero morir esperando nada ni a nadie, no sería justo conmigo, tampoco quiero que alguien muera esperándome, no me lo perdonaría. Tal vez mi felicidad esté mal educada, sea una felicidad caprichosa, una felicidad antojada, exigente y excluyente, pero me gusta, siempre y cuando esté satisfecha yo voy a hacer lo posible por complacerla. Ya ella ha hecho su elección, y eligió a alguien hace dos años y unos meses más, yo simplemente respeto su elección, nuestra elección.

Siempre vamos a depender de los demás, de unos menos y de otros un poco más. No se puede hacer nada ante eso, y no pretendo tampoco retar de ninguna manera al tiempo ni a la vida, pero ya estuvo bueno, ya quiero estar tranquilo, quiero que estemos tranquilos, juntos y tranquilos, juntos y revueltos.

Al final no importa en que país se viva, ni en qué condiciones, ni con que comodidades, (yo prefiero las mejores siempre) lo importante es con quien se decida vivir, esa persona que va a compartir amablemente su tiempo, su espacio y su vida contigo.

 

Giovanni Acevedo

 

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Giovanni Acevedo

Bogotano irreverente, sincero, directo y crudo para decir lo que piensa. Escritor, columnista crítico y promotor del voto joven, del voto inteligente. Para muchos políticos, una piedra en el zapato, una fastidiosa realidad.

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