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Carta de un boyacense irritado

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Queridos boyacenses y colombianos:

 

 

Soy boyacense, adoro la tierra en la que nací y crecí, siento que en pocas regiones del país –y del mundo– las personas son fundamentadas con tantos valores como en la mayoría de ciudades de mi departamento, por eso estoy convencido de que nos merecemos lo mejor, por eso estoy irritado con la situación que vive Boyacá, no de ahora, desde que soy consciente de la forma en que se maltrata al boyacense, dentro y fuera del departamento.

 

Como muchos de mis coterráneos, he tenido la oportunidad de vivir en otros departamentos, lugares donde gran parte de las personas nos reciben con agrado, mientras otros intentan molestarnos con adjetivos que –piensan– son despectivos. ¿Alguno de ustedes recuerda haberle dicho a algún conocido “boyaco”, “campesino”, “papero”, etc? Yo sé que los boyacenses que están leyendo han escuchado algo así alguna vez en su vida. Yo lo he hecho y nunca me ha incomodado, pues no veo nada de malo en ninguno de los anteriores adjetivos, pero que a mí no me ofenda no significa que esté bien.

 

Lo que sí me molesta es que muchos traten de discriminar y calificarnos de alguna u otra forma solo porque para el país tenemos el estereotipo de inocentes, agrícolas (que hasta hace una semana muchos la escribían de forma despectiva), gente de pueblo y otros. Por esta razón me molesta aún más que ahora todos quieran “ponerse la ruana”, cuando antes ésta solo era un símbolo del supuesto atraso de mi región. Y entiéndanme, no estoy rechazando su apoyo, solo estoy furioso porque muchos se ponen la ruana no para generar paz y llevar a mi región soluciones, sino que se la ponen para destruir y ser violentos. Por esto quiero que los que salen a marchar y a los ‘cacerolazos’ sepan algunas cosas que tal vez ignoran.

 

Quiero decirles que los boyacenses no solo somos maltratados por el Esmad, también lo estamos siendo por las políticas de gobernantes instauradas cinco décadas (o más) atrás. Políticas que no son exclusivas de este Gobierno, sino que se han convertido en políticas de Estado que vienen implementándose presidente tras presidente y que, sumadas a las infames condiciones laborales que los latifundistas le ofrecen a los labriegos, hacen que los campesinos de Boyacá y de todo el país apenas sobrevivan.

 

Estas políticas han afectado el margen de ganancia de la producción agrícola y han hecho insostenibles los métodos clásicos de siembra, cultivo y recolección que practicaban los pequeños productores: los verdaderos campesinos. Así fue como muchos de éstos buscaron vender sus parcelas y terminaron trabajando para quienes les compraban, los que ahora no les pagan lo que es justo y se lucran explotándolos.

 

Es que, como en todo negocio, en el campo también hay ricos que, aunque no jueguen golf y no tengan oficinas y casas lujosas, la mayoría, están obsesionados con el poder y el dinero. Estos ‘ricos’ son dueños de cantidades inimaginables de tierra que cultivan utilizando a campesinos pagándoles menos del salario mínimo, generando pobreza y miseria en la población.

 

¿Ustedes nunca se han preguntado dónde está el dinero de las centrales mayoristas que distribuyen la comida que consumen todos los días? Si es cierto que el campo no es productivo, ¿cómo es que, por ejemplo, en Corabastos o en Paloquemao los intermediarios pueden pagar arriendos tan costosos, más los costos de transporte y producción de los alimentos? En alguna parte de la cadena se está quedando el dinero, pero no es en los bolsillos de los campesinos.

 

Por esto, las protestas de los verdaderos campesinos están más que justificadas y, es más, se habían demorado en hacerlas; sin embargo, no son ellos quienes voltean y queman buses, tampoco son los que rompen los vidrios de los carros. Los verdaderos campesinos protestan por sus derechos, pero cocinan para los policías (como se ha visto en fotos) porque para ellos la ley está por encima de cualquier interés privado.

 

Yo todo esto lo sé porque, a pesar de no ser campesino (mi familia hace dos generaciones dejó de serlo), viví rodeado de estas grandes personas y me considero amigo de algunos, por eso sé que brindan lo mejor de sí cada día, en cada trabajo, para cada persona. Gracias a lo que está pasando ahora, los campesinos han sido calificados como personas violentas que utilizan cualquier forma de lucha, pero no es así; y aunque esto sea visto con buena cara por la mayoría de las personas, en el futuro esta violencia solo traerá más estigmatización: porque los colombianos no tenemos memoria.

 

Por todo lo anterior, les pido los siguientes favores, sin importar si están dentro o fuera del departamento: les pido que si van a apoyar las legítimas propuestas de los campesinos, lo hagan por las razones adecuadas y no se dejen llevar por lo que imponen quienes han utilizado al campesinado con sueldos ínfimos o por quienes quieren sacar un provecho político de los reclamos de una población marginada. Si esto fuera culpa exclusiva de este Gobierno, significaría que antes vivíamos en un país donde ningún campesino vivía con lo mínimo y no es así.

 

Les pido que si van a protestar, si van a sacar el sartén y la cuchara, rechacen cualquier tipo de violencia; no solo porque le cause daño a las ciudades y a las personas, sino también porque sería incoherente salir a manifestarse a favor de los campesinos empleando métodos que ellos no utilizarían.

 

Si alguien del Esmad y de cualquier otra fuerza pública está leyendo esto, les digo que espero que su poder no sea superior a su labor, que respeten a un pueblo que se ha unido para luchar por sus derechos; también les pido que identifiquen a quienes se están aprovechando de los intereses reales de la protesta para crear desorden, para que los obliguen a respetar el derecho a la manifestación pacífica, siempre respetando su integridad. (¿Será ingenuo?)

 

A quienes están bloqueando las vías de Boyacá y de cualquier otro departamento, les pido que lo dejen de hacer, la falta de comida y de seguridad ha dejado de ser tolerable hace varios días y esto está generando efectos contrarios a los esperados, se está retrasando la negociación y en algún momento, cuando el hambre sea más fuerte que la conciencia, muy seguramente los que están bloqueando las carreteras serán “los malos del paseo”.

 

Hay muchas más cosas que quisiera decirles, pero no quiero distraer su atención en cosas que se solucionarán en el camino. Por ahora creo que es suficiente con decirles que, como boyacense, les agradezco por su apoyo a la causa de mis coterráneos y por sentirla propia, como yo lo hago hace años. Espero que ustedes, que dicen sufrir estas injusticias como suyas, sigan apoyando los intereses del campesinado en unos meses y años cuando sigan sufriendo las consecuencias de esta economía, que a pesar de que se logre algún acuerdo en estos días, estos se demorarán en remediar decenas de años. Espero que sea menos tiempo del que se maltrató a los campesinos.

 

Les pido, por favor, que sigan con la ruana puesta, no solo porque les queda muy bien, sino porque el agro necesita de ustedes, de que presionemos no solo al Gobierno de turno, sino a los que explotan a los labriegos para hacer su negocio lucrativo mientras sus trabajadores pasan hambre.

 

Respetuosamente,

 

 

Javier Prieto

@japritri

 

 

Posdata 1: Espero que si usted es de esas personas que solo comentó y protestó durante estos días de paro porque estaba de moda, le haya quedado gustando leer noticias, comentarlas y criticarlas; pero, sobretodo, espero que se atreva a hacer el ejercicio de votar en las elecciones del año que viene (y en todas) porque, por más que usted llene su Facebook y su Twitter con comentarios llenos de furia, éstos no hacen la diferencia en las decisiones que se toman para la dirección de un país.

 

Posdata 2: También me gustaría que dejaran de pensar mal de los boyacenses, porque estoy seguro de que si algo les habrá enseñado esta experiencia, es que todos somos colombianos y tenemos que luchar por lo que nos pertenece en conjunto, eso sí, teniendo en cuenta que las grandes reivindicaciones se generan con ideas, no con violencia.

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Javier Prieto Tristancho

Abogado de profesión especializándome en temas urbanos. Nacido en Sogamoso (Boyacá) y residente de la Atenas sudamericana. Amante de la política y crítico de la politiquería. Lector de ratos libres y escritor de todos los días. Aspiro ayudar a cambiar la clase política colombiana, de no ser posible espero poder vivir de la literatura o de ser director técnico de fútbol.

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