Sábado, 26 Septiembre 2020

 

 


Warning: file_get_contents(http://graph.facebook.com/?ids=http://www.palabrassociales.org/index.php/articulos/item/269-policías-$¿*): failed to open stream: HTTP request failed! HTTP/1.1 400 Bad Request in /home/palabras/public_html/plugins/content/bt_socialshare/bt_socialshare.php on line 895

Policías %&$¿!*

Written by
Rate this item
(0 votes)

Es que todos esos ‘tombos’ son unos malparidos” me dijo una amiga al frente de su hijo de siete años. Parece que, en algunas ocasiones ella –o el papá de su hijo, más bien,– había tenido algún encuentro poco agradable con la policía.

“No digas esas cosas en frente de tu hijo”, le pedí disimuladamente, para que él no me escuchara controvertir a su mamá, porque creo que la autoridad de una madre hacía su hijo no puede ser debatida por un cualquiera, tal vez por nadie.

Así que le hablé pasito y, aunque el niño me veía hablando con ella, me aseguré que él no escuchara lo que yo le decía, para que cuando la convenciera que estaba mal hablar así de los policías (si lo lograba), ella le hablara a su hijo de por qué su insulto estaba mal.

Le dije que cuando ella se refería a todos los policías estaba hablando de una institución, una a la que se le había conferido el privilegio de usar las armas por cuanto representaba autoridad.

“Y si tienen tanta autoridad, ¿por qué maltratan a la gente?”, me cuestionó. “Es cierto que algunos de ellos abusan del poder que se les ha dado, pero primero, no son todos, ni siquiera es la mayoría; y segundo, más importante aún, la institución, es decir, todos los policías en su conjunto; deben ser respetados porque se les ha encargado el mantenimiento del orden público y la guarda de la ley”

La conversación fue interrumpida por el niño que quería saber qué estábamos cuchicheando y por mí, porque no recuerdo muy bien mis palabras exactas, pero que igual las pongo entre comillas, pues es algo que creo desde antes de empezar a estudiar leyes y porque debí decir algo parecido.

Y lo creo, con convicción: hay que respetar a la fuerza pública (militares y policías), se deben condenar los actos por medio de los cuales ellos abusan de ese poder que se les confirió, pero no se debe condenar a toda la institución (a todos sus integrantes) por los actos de algunos de ellos.

La fuerza pública representa la protección hacía el orden, hacía la ley y, por lo tanto, si le decimos a nuestros niños que ellos son unos %&$¿!*, ¿qué respeto a la ley y a las instituciones van a tener ellos cuando crezcan?

Por lo mismo, no quise que el niño me escuchara discutir con su madre porque de niños solo les queremos creer a nuestros padres, nos duele cuando nos dicen mentiras y condenamos a los que les discuten porque ellos siempre tienen la razón. Incluso, en nuestra época de rebeldía, tenemos muy presente todo lo que dicen nuestros padres porque hay un inconsciente colectivo en el cual los papás representan autoridad, credibilidad, amor, etc.

No quiero decir que ahora todos debamos querer ciegamente a todos los policías y militares, pero sí es necesario que los niños sean educados respetando la ley y a quienes son designados para protegerla. Ese es el camino para que cuando se logre la paz ellos puedan prorrogarla infinitamente.

La imágenes que se vieron la semana pasada –y que se ven en cada marcha– en las cuales un puñado de vándalos irrespeta públicamente a la fuerza armada son el peor ejemplo que puede dar la ciudadanía a la niñez porque, aunque haya argumentos para protestar, en estos actos burlescos no se está exponiendo ninguno de ellos y sí se está enseñado que la autoridad, el orden público y la ley puede ser burlado, no por una persona, sino por cientos de desadaptados que creen que el derecho legítimo a la protesta les permite sobrepasar los límites de la ley. Lo más triste es que mientras otros intentan protestar con razones, los vándalos les destruyen sus motivos con piedra y spray (en otros casos con bombas).

Pero, ¿cómo respetarlos si maltratan gente? Claro, hay algunos militares y policías que no son capaces de asumir con responsabilidad y entereza el encargo que les ha hecho el país, pero por esta razón no se puede condenar a toda la institución. Lo digo porque, entre otras, a los abogados también nos pasa: nos estigmatizan.

Es decir, qué tal que porque tres costeños fueron encarcelados por robarse la plata de un contrato público nos pongamos a decir que todos los costeños son así o que, porque a algunos economistas y contadores se les dio por hacer operaciones bursátiles sin apegarse a las buenas costumbres comerciales, ahora todos los que ejercen esas profesiones son así.

A mí me consta que no y a ustedes también.

A los que han salido de Colombia, o a quienes han conocido extranjeros acá, ¿les gusta que les pregunten si venden droga por ser colombianos? No creo que la estigmatización sea la salida, más cuando se trata de una institución que la mayoría del tiempo está protegiéndonos y protegiendo el cabal cumplimiento de la constitución y la ley.

Será que por los padres y madres que golpean y abusan de sus hijos entonces todos los niños deberían estigmatizar cada uno a sus respectivos padres.

Claro que hay que denunciar los abusos de las autoridades y es cierto que los que hayan cometido estos abusos deben ser investigados y condenados, pero no hay que defender el irrespeto a la institución que se presentó en días pasados por el hecho de que algunos uniformados agredieron al pueblo, pues el irrespeto no se puede atacar con más irrespeto: éste se ataca con denuncias, argumentos y movilizaciones pacíficas porque, como dije alguna vez, la violencia es cíclica, cuando se cree que la venganza ha acabado con todo, algo queda y nace una nueva venganza en nuestra contra.

Para vivir en una sociedad más justa y equitativa es necesario que eduquemos a las nuevas generaciones con respeto a la ley y a la Constitución y no se les puede hacer pensar que las instituciones están en su contra porque de qué sirve luchar por la paz si quienes la van a disfrutar no son capaces de valorar el esfuerzo que por décadas se ha venido trabajando y lo van a despilfarrar todo porque no creen en lo que el país tiene para ellos.

No vivimos en una maravilla de país, eso lo deben saber los niños; pero tampoco podemos hacerles creer que vivir acá es una pesadilla. “Eso no nos lleva a ningún Pereira”.

Javier Prieto Tristancho

@japritri

Read 2380 times
Javier Prieto Tristancho

Abogado de profesión especializándome en temas urbanos. Nacido en Sogamoso (Boyacá) y residente de la Atenas sudamericana. Amante de la política y crítico de la politiquería. Lector de ratos libres y escritor de todos los días. Aspiro ayudar a cambiar la clase política colombiana, de no ser posible espero poder vivir de la literatura o de ser director técnico de fútbol.

Palabras Sociales - www.palabrassociales.org

Bogotá - Colombia Cel: (57) 3105601719