Jueves, 05 Diciembre 2019

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Pachito, el nuevo castro-chavista

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Soy un castro-chavista más. Es evidente y no puedo ocultarlo, según –más o menos– un millón de personas soy un defensor del régimen de alguno de los hermanos Castro (o de los dos, yo no sé), y del ‘gobierno’ del difunto Chávez, ahora del multiplicador de penes Nicolás Maduro. No tengo claro por qué soy castro-chavista, es más no sé qué es en esencia el castro-chavismo: si uno se pone a examinar el fenómeno de Fidel Castro en Cuba y el de Chávez en Venezuela se encuentra que son procesos con bastantes diferencias en su gestación y, también, con algunas diferencias en ejecución.

A pesar de no saber bien lo que soy, lo soy, al parecer, por no estar de acuerdo con las tesis que promulga un candidato al Senado de la República, y así diga abiertamente que no estoy de acuerdo con Maduro, Castro, Chávez y Castro a los seguidores del candidato no les importa, a ellos les da lo mismo, ellos me llaman “castro-chavista”. Es absurdo, me parece a mí, ahora me podrán llamar de mil formas, por no estar de acuerdo con este u otro candidato al Senado.

Pero no con todos los candidatos al Senado pasa, porque no todos pueden influenciar y amaestrar a tantas personas para discriminar a quienes no están de acuerdo con cualquier locura que se le ocurra al candidato. Creo, sinceramente, que Colombia ya tiene suficientes problemas por resolver como para que esté padeciendo –hace tres años– las declaraciones del hoy candidato que solo generan hechos agresivos en contra de quienes no estamos de acuerdo con sus planteamientos, con su forma de hacer política, con sus colaboradores y familiares.

No deberíamos coartarle su libre expresión. Que hable, que diga qué piensa, no está mal, a nadie se le niega el derecho a opinar, sin embargo sí es molesto que cada una de sus declaraciones sea destructiva, que tengan el único objetivo de denigrar de quienes no estamos de su lado: estigmatizándonos, haciendo que todos los que lo idolatran nos traten como guerrilleros y otras cosas menos peores.

Me han llamado guerrillero ya un par de veces, no solo ahora, sino también cuando el candidato era presidente, esto por el hecho de no estar de acuerdo con la salida militar al conflicto armado que vive Colombia, por preferir la paz sobre la guerra. Desde esa época, hace unos ocho años, Colombia se encuentra polarizada por este señor y ahora el ambiente electoral intensifica esta polarización, porque quien no está con él, está con las FARC, quien no está con él es castro-chavista. Así o más absurdo.

Esta estrategia política está encaminada a generar miedo y vergüenza. Miedo a las personas que ingenuamente le creen y se olvidaron –ya– de lo que pasó en su gobierno y creen que va Chávez revivirá para venir a gobernar Colombia y vergüenza a quienes no están de acuerdo con sus planteamientos, pero no lo expresan abiertamente para no ser objeto de acusaciones sin fundamento, para que no les digan guerrilleros, como a mí.

Algunos, incluso, ya están tan convencidos de esta estrategia que se atrevieron a señalar de antiuribista y traidor a Pachito Santos cuando salió a decir que no estaba de acuerdo con muchas cosas que están pasando dentro del Centro Democrático, que la politiquería había ganado en la Convención del Centro y que el candidato es un ingenuo que se había dejado influenciar por algunas personas, incluso por un condenado dentro del proceso 8000. Algunos ya están tan convencidos que defienden a condenados por ese proceso, solo porque le hablan al oído al candidato. Solo falta que digan que Pachito se convirtió al castro-chavismo, porque están entrenados para atacar a todo aquel que hable en contra de ellos.

Mi propuesta es que cambiemos la mentalidad, que tratemos al candidato al Senado como lo que es: un candidato cualquiera, un Roy Barreras, un Gerlein, un Corzo, una Casado, un Londoño o un Robledo. Mi propuesta es que cada vez que este señor hable en contra de lo que queremos no nos dé miedo o vergüenza manifestarnos en contra de ello, como cuando Gerlein declaró en contra de las relaciones homosexuales entre hombres y aprobó las de mujeres; como cuando Corzo dijo que no le alcanzaba para la gasolina o como cuando Roy dice cualquier cosa. Mi propuesta es que no tengamos miedo de ser llamados castro-chavistas, y que, más bien, nos sintamos orgullosos de ser llamados así por una masa de títeres manejados por este candidato, uno cualquiera.

@japritri

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Javier Prieto Tristancho

Abogado de profesión especializándome en temas urbanos. Nacido en Sogamoso (Boyacá) y residente de la Atenas sudamericana. Amante de la política y crítico de la politiquería. Lector de ratos libres y escritor de todos los días. Aspiro ayudar a cambiar la clase política colombiana, de no ser posible espero poder vivir de la literatura o de ser director técnico de fútbol.

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