Martes, 12 Noviembre 2019

Al menos el Gobierno

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Nadie pone en duda que las negociaciones de La Habana son el tema del momento, sea por la influencia que seguramente van a tener en el resultado de las elecciones venideras o bien porque de ellas depende, a juicio de muchos, un salto en el desarrollo del país.

Sin embargo, a pesar del protagonismo mediático que ha suscitado la instalación de la mesa de negociaciones, asfixiante por lo demás, y de las múltiples discusiones trabadas en torno al contenido de la agenda y las condiciones en las cuales se discute, pocos parecen estar ciertos en cuanto al verdadero estado del llamado “proceso de paz”.

Diariamente los líderes de opinión hacen cuentas alegres con el presupuesto público en sus disertaciones periodísticas, académicas o políticas. Vaticinan, por ejemplo, un aumento significativo en el gasto público social, especialmente en educación, a expensas de la correlativa disminución en defensa.

Los políticos, por su parte, si no están renegando contra las negociaciones en La Habana, como la inmensa mayoría de uribistas, también hacen cuentas alegres, ¡pero con los votos!, como los conservadores. Nada más puede esperarse de un partido que, en los últimos meses, de todos los titulares de prensa que protagoniza, sólo en uno tiene que ver con un asunto de fondo.

Pero no se ilusionen. Como buen representante de la muy venida a menos estirpe conservadora, Efraín Cepeda, consultado con ocasión del acuerdo sobre   el segundo punto de la agenda en La Habana, declaró que prefería a las FARC luchando por el poder en las urnas que por las armas, como si los colombianos tuviéramos que agradecerle por el sacrificio de sentarse al lado de Timochenko. Bien podría aparecer el uno al lado del otro en una de las famosas vallas de Pachito, quien por lo menos era gestor de risas y no de burlas, como Oscar Iván.

Pero una reciente encerrona nos privó de esas risas, al mejor estilo bajo y ramplón de una encerrona uribista a la que –en esta oportunidad- llamaron convención. ¿Cómo le llamarán cuando se den cuenta que Oscar Iván no era el gallo?, ¿y cuando se den cuenta que el tal gallo no existe? Ese es el espíritu de la paz con justicia del doctor Uribe, de la Palomita de la guerra y del primo del patrón del mal.

Entre tanto el Procurador, en ejercicio del poder clerical hecho Ministerio Público, no tuvo reparo en viajar a La Haya, a costa del bolsillo de los colombianos, a desacreditar el proceso de paz con base en una supuesta y falaz impunidad. El Fiscal General y el Presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema, que sí están cuerdos y respetan el Derecho, afortunadamente le advirtieron que no era momento para levantar ese tipo de juicios sin sustento y el ministro del Interior, uno de los pocos que sí parece ser leal al presidente Santos, naturalmente salió a defender el proceso asegurando que no iba a haber impunidad.

Lo cierto es que el proceso de paz está en párvulos, pero no por ello debemos desconocer que es eso, un PRO-CE-SO, y no una coyuntura que mágicamente emerge como la solución a todos los problemas políticos, económicos y sociales de una precaria democracia, de una recién reactivada economía, de una sociedad desigual, como Colombia.    

Hace falta hacer conciencia en cuanto a que una cosa es la paz, propiamente dicha, y otra bien distinta es el acuerdo del fin del conflicto. Lo que se negocia en La Habana es el fin del conflicto, entre otras cosas, porque la paz no se negocia y mucho menos por unos cuantos delegados de parte y parte.

De ahí que las negociaciones o el acuerdo mismo no sean motivo válido para despedir a 200 mil soldados y destinar esos recursos a otros fines, para que el procurador viaje a La Haya a “meter cizaña” o para que en la vida política nacional le hagan cajón a quien lidera las encuestas, sólo porque le va mejor imitando a Andrés López que a Álvaro Uribe.

El gasto en guerra se va a mantener mientras haya narcotráfico y bandas criminales, las cuales no se van a acabar con el fin del conflicto. El gasto para la paz va a ser financiado con otros recursos, como los que provengan de la sociedad internacional, Ordoñez va a tener que llorar porque ya la Corte Internacional de Justicia le dejó en claro que Colombia era autónoma y los colombianos, en general, así como la clase política, en particular, van a tener que entender que la erradicación de la violencia de la cultura nacional es condición para conseguir la tan anhelada paz.

Al menos el Gobierno lo tiene claro, aunque no lo demuestre, o sus asesores no sean capaces de hacerlo. Primero porque tuvo la valentía de jugársela por una mesa de negociación a todas luces impopular y, segundo, porque así se desprende del Presupuesto general de la Nación, cuya lectura, por cierto, es uno de tantos deberes ciudadanos incumplidos que mucho le aportaría a la paz.

Parágrafo: Aunque no parezca, soy abogado, y como abogado que se respete, siempre tengo mi parágrafo. En esta oportunidad va para la contralora y el fiscal, dos que no parecen haber demostrado actitud de paz en los últimos tiempos. Alguno de los dos es el corrupto, claro está, pero yo, creo más en él que en ella. El tiempo lo dirá…

 

@HumbertoIzqSaa

 

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Humberto Izquierdo

Abogado de la Universidad del Rosario y profesor auxiliar de Derecho de la Hacienda pública de esa misma institución. Especialista en Derecho penal de la Universidad de Salamanca, España. Cursando especializaciones en Derecho penal y tributario en la Universidad del Rosario. Líder estudiantil, liberal, de pensamiento y de partido, obsesionado y apasionado por construir una Colombia educada, igualitaria y sobre todo en paz.

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