Miércoles, 13 Noviembre 2019

El ejemplo de los muertos

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De todas las muertes de este diciembre dos de ellas fueron ampliamente comentadas, dos tristes muertes —como la mayoría, si no todas de ellas—, dos muertes que merecen muchos comentarios, pero más que comentar las muertes debemos aprender de sus vidas, porque hasta las malas vidas dejan enseñanzas.

Dos jóvenes murieron, Diomedes Díaz y Luis Humberto Gómez Gallo, el primero conocido por la mayoría de colombianos y el segundo debió ser conocido por aún más colombianos (en un país perfecto en el que las personas se preocupan por quién es el presidente del Congreso). Pues sí, para los pocos que no sepan, se murió Diomedes y para los muchos que no lo saben, se murió Gómez Gallo. ¿Quién era ese? Un ex presidente del Congreso, conservador, tolimense, condenado por vínculos con paramilitares a 9 años de cárcel.

Triste esto, como todas las muertes, pero creo que fueron más tristes las vidas de estas dos personas, porque aunque cada uno la haya pasado bien a su modo, debe ser decepcionante tener el poder para liderar y convocar masas alrededor de una persona y desaprovechar este don por unos vicios, por arrebatos: por dinero.

¿Qué necesidad tenían Diomedes y Gómez Gallo de cometer todos esos errores que cometieron en su vida? Todos cometemos errores, pero cuando éstos son voluntarios dejan de serlo. ¿No será que todos sus excesos contribuyeron a acabar con sus vidas prematuramente? Creería que sí.

Sin embargo, nada me parece más triste que dos personas que fueron símbolos de algunos grupos; dos personas que convocaban a miles a su alrededor hayan decidido ser ambiciosos y vivir de la avaricia, hayan resultado con sangre en sus manos.

Estas dos personas debieron ser excepcionales, por algo Diomedes llenaba estadios y millones cantaban sus canciones; por algo debió ser que Gómez Gallo pudo ser Senador: algo tenían que tener estos dos, pero ese algo no fue suficiente, ellos quisieron acaparar más.

Se sabe que Diomedes consumía cocaína y que con sus manos asesinó a una mujer con la que mantenía una relación, pero detrás de eso no solo hay drogadicción y un asesinato, detrás de eso hay una persona querida por miles, seguida ciegamente por otro tanto, detrás de eso hay un símbolo, una apología al delito, alguien que es llamado cacique, alguien que quiso ser influyente sin importarle cuánto daño podía hacer no solo a sus cercanos, sino a toda una sociedad que creyó que él era un ejemplo a imitar. Alguien por quien muchos justificaron una muerte.

Gómez Gallo, el perfecto ejemplo de lo que no debe hacer un líder, él no solo traicionó a los que le confiaron su voto, sino a toda la institucionalidad de un país y aunque él no haya matado a nadie sus socios sí. Como muchos otros, sí, otros que ya murieron y otros que siguen vivos haciendo lo mismo que él hizo, y aunque esto no es completamente su culpa, su historia es causa y consecuencia del imaginario de la política colombiana, donde algunos de los que eligen creen que solo llegan corruptos y algunos candidatos solo quieren llegar a ser corruptos.

La idea es aprender, es dejar de seguir a quienes son malos líderes, a quienes —como estos dos muertos y muchos otros vivos— intentan jugar con nuestra constante búsqueda de un símbolo. Lo que espero es que sepamos identificar a esos que se quieren aprovechar de sus dones para convocar y convencer, para dejarlos de seguir y reprocharlos ante la sociedad. Así y solo así, no habrá más como estos dos, y los que hay en este momento serán abucheados por la multitud que dicen representar.

Así y solo así, el ‘Padre Chucho’ no sería aplaudido cuando se enfrenta a la ley, sino sería reprimido por sus mismos seguidores. Solo así dejaremos de ser una sociedad que entroniza al que ejemplifica el mal.

 

Añadidura:

-Por este año me despido, adicionalmente me tomaré unos quince días de intentar leer y escribir literatura, por lo que dejaré de publicar artículos de opinión por un tiempo. Gracias a todos los que me acompañaron este año, les deseo lo mejor, que el próximo año esté lleno de éxitos para cada uno de ustedes. A Colombia también le deseo lo mejor y estoy seguro que será el año en el que se comience el duro camino hacia la paz, la del país, la de las personas: la suya y la mía.

Tw: @japritri

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Javier Prieto Tristancho

Abogado de profesión especializándome en temas urbanos. Nacido en Sogamoso (Boyacá) y residente de la Atenas sudamericana. Amante de la política y crítico de la politiquería. Lector de ratos libres y escritor de todos los días. Aspiro ayudar a cambiar la clase política colombiana, de no ser posible espero poder vivir de la literatura o de ser director técnico de fútbol.

Palabras Sociales - www.palabrassociales.org