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Ceguera

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No soy capaz de estar pendiente, de cuidarla, ni mucho menos de cumplir sus caprichos. Seamos realistas. Siempre todo termina mal, con recriminaciones o sermones de una de las partes, generalmente del más débil. Se juega en un terreno de promesas y termina siendo falso todo lo que se dice porque nos acostumbramos a vivir entre máscaras. En ese primer encuentro, en vez de mostrarse tal cual, terminan creando un perfil actuado como en cualquier telenovela mexicana o venezolana y en la realidad no se parecen a nuestra ninfa o galán, sino por el contrario tiene la bella costumbre de limpiarse la boca con el mantel, pues nos dejamos desbordar por nuestros deseos visuales y gustos bestiales.

Al principio nos enceguecemos y creemos que todo es maravilloso, todo es color de rosa. Algunos nos ilusionamos como infantes inmaduros creyendo que alguien puede transformar nuestra realidad, que sería lo ideal. Llegamos a tal punto que hacemos cosas que jamás pensamos hacer, esfuerzos inútiles que se valoran poco y que recordamos luego con algo de risa. Sin embargo, muchos no entienden la palabra “compromiso” y terminan traicionando lo que dicen y es cuando caen en la deslealtad, dejando un sabor agrio, relegándonos al papel de ingenuos, poco inteligentes y hasta tontos; olvidando que son nuestras acciones las que nos definen pretendiendo luego regresar como si nada hubiera pasado reclamando nuestra lealtad nuevamente.

Parecemos adolecentes. Nos dejamos empalagar con palabras que se las lleva el viento, que no salen del corazón sino de la ocasión. Poco importa cuando no se es correspondido ya que en definitiva no será importante para las partes, lo realmente complicado es cuando una de estas pone su fe en la otra. Siempre es primordial tener claro en qué terrenos se van a manejar las relaciones, de lo contrario se entrega uno a los peligros cardíacos o neurológicos. Una vital decisión para que luego no se vaya a sentir frustrado por las expectativas no cumplidas.

Algunos dicen que las malas experiencias ayudan a madurar. Si fuese así, yo ya sería un hombre maduro. Es como cuando me piden el cronograma de mi vida, que se mida por metas y resultados, que de lo contrario seré aún más fracasado. ¿En qué instante te dejaste arruinar, betico? Y es que cuando compartimos con los otros involucramos costumbres, valores y demás arandelas que son innatas en el ser humano, pero seamos realistas, yo no soy de los cuadros sinópticos y desconfío de los ajedrecistas.

Porque un juego que involucra a dos personas, tiende a crear una ceguera en alguna de las partes, tanto en el amor como en la política, creemos estar con la mejor persona del mundo y nos enceguecemos sin mirar los defectos, creemos que el otro es un mar de virtudes. Lamentablemente no cuidamos lo que queremos, como nuestro país, donde existe una ausencia de amor por lo nuestro. Debe ser porque se nos acabó la fe en nuestros dirigentes, quienes se ufanan de ser los más estudiados e intelectos, pero que en el fondo continúan llevando a Colombia ciegamente al abismo. 

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Alberto Diaz

Se ha comprometido con abrir espacios de visualización que impacten positivamente a las comunidades en especial a los jóvenes para fortalecer los valores sociales y democráticos, periodista de profesión, creador del portal Palabras Sociales, sabe que las personas muestran su naturaleza con el uso del  “poder” que tienen sobre los demás.

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