Miércoles, 13 Noviembre 2019

Guerras nuevas en un mundo globalizado

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Por: Daniela Camargo Camacho

 

Después de la Guerra Fría prácticamente se acabaron en el mundo las guerras convencionales entre Estados pero surgieron, en ciertas regiones, otras clases de confrontaciones intestinas de bandos armados que luchan por el poder.

Estas guerras nuevas surgieron internamente como consecuencia no sólo de la debilidad militar de los gobiernos, sino también de la escasez de recursos, de la desigualdad social, la falta de trabajo y la falta de educación, sometido a las minorías que propician no sólo el hambre y la miseria, sino también al surgimiento de jefes militares guerrilleros o paramilitares que luchan entre sí o contra el Gobierno de turno. Estos grupos insurgentes están basados en una ideología totalmente diferente a la propuesta por el Gobierno, como es el caso de Uganda, Kenya, Guatemala, El Salvador, Perú, Colombia, entre otros.

Uno de los graves problemas de estas “guerras nuevas” es que tanto los victimarios como las víctimas en su gran mayoría son civiles. En estas nuevas guerras, existe una violación generalizada del Derecho Internacional Humanitario y de los Derechos Humanos, pues se practican las limpiezas sociales y raciales, se usurpan las tierras, se hacen desplazamientos forzados. Los métodos para financiar tales guerras por parte de los agentes insurgentes son: el terror, el secuestro extorsivo, el cobro de “impuestos”, la explotación del narcotráfico y la minería ilegal.                                                                                    

Los organismos internacionales como la Corte Penal Internacional (CPI), han sido incapaces de perseguir y castigar a genocidas y líderes de estos grupos insurgentes que cometen atrocidades contra la población civil, no sólo porque el Gobierno no cuenta con un aparato militar poderoso, sino también porque muchas facciones rebeldes son amparados por gobiernos corruptos; la CPI ha condenado en toda su corta historia a una sola persona, por lo que queda en duda el papel que dicha organización está realizando para ponerle fin a las vulneraciones de los derechos humanos en el plano de un conflicto armado.

¿Cómo acabar estos conflictos armados contemporáneos? Es una pregunta que tanto Estados como organizaciones internacionales se han hecho desde hace muchos años. Lo único que se sabe, a ciencia cierta, es que no ha habido ni hay ni habrá una sola guerra con fines altruistas o humanistas: detrás de las motivaciones de cualquier guerra siempre habrá motivos mezquinos que hay que combatir primero si se quiere conseguir la paz duradera.

Guerras como las de la antigua Yugoslavia y Ruanda, han terminado y han dado lugar al surgimiento de tribunales ad-hoc para castigar a todos aquellos que torturaron, masacraron, violaron y asesinaron a un sin número de civiles, pero no han acabado del todo con los conflictos internos. Otras guerras nuevas han tenido tan larga duración que aún se sigue debatiendo su finalización como el caso específico de Colombia, que cumple con más de cincuenta años de lucha entre hermanos con gran violación a los derechos humanos. Puede que en La Habana los políticos y líderes de las FARC, la guerrilla más antigua del mundo, estén encaminados en la firma de un acuerdo de paz, pero aún falta una negociación con el ELN, otra guerrilla de izquierda que sigue haciendo de las suyas, no sólo asesinando a los miembros del ejército que se enfrentan con ellos en los rincones más recónditos de la selva colombiana, sino masacrando y explotando a la población civil.

Tal vez la forma como se podría mitigar y acabar con el conflicto armado contemporáneo, no es sólo persiguiendo y encarcelando a los cabecillas de los cuerpos armados insurgentes, ni indultando o amnistiando con perdón y olvido a sus dirigentes a través de acuerdos de paz que sólo tienen en cuenta a los victimarios pero no a las víctimas. Más bien, debería haber más cooperación de los Estados desarrollados y así se solidaricen con los pueblos en conflicto armado, se propicie la paz, el progreso, la educación, la igualdad socioeconómica y se combata la corrupción de estos gobiernos. Sólo así se puede fomentar un postconflicto que restañe las heridas y beneficie a todos por igual.

 

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Daniela Camargo Camacho

Abogada graduada de la Universidad del Rosario, actualmente estoy haciendo una maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos en la Universidad de Palermo en Buenos Aires, Argentina, participante activa de la Clínica Jurídica de Interés Público de esta misma institución.

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