Domingo, 17 Noviembre 2019

Colombia: la política en coma

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Por: Juan Carlos Fernández

¿Cómo lograr que ser político sea un honor y no una vergüenza en Colombia?

La política nunca muere, pero si puede quedar en un estado de coma. La desconfianza en quienes están a cargo de lo público cada día es mayor, lo cual se traduce en desesperanza y resignación para los ciudadanos.

A mi juicio, este es el estado actual de la política en Colombia y varios elementos pueden sustentar esta afirmación. El primero, es que ejercer un cargo público no es una dignidad en Colombia, como si lo es en varios países del mundo, como Dinamarca, Suiza o Suecia. Desde 1995 nos hemos venido rajando en el informe de Transparencia Internacional sobre percepción de la corrupción. En el 2016 ocupamos el puesto 90 de 176 países. Sin duda que esta percepción de la ciudadanía incentiva a hablar mal del sector público y distancia a miles de personas de servirle al país.

Segundo, la ilegitimidad de las instituciones genera desconfianza en los ciudadanos y hace que la esperanza en un mejor futuro sea mínima. Diferentes firmas encuestadoras como Gallup demuestran que la gente tiene una percepción desfavorable de varias instituciones colombianas. Por ejemplo, siempre la peor calificada es el Congreso de la República; 77% de las personas encuestadas no tiene opinión favorable sobre su gestión.

Tercero, la ausencia del Estado en varios municipios y zonas fronterizas del país, genera un vacío que históricamente ha sido reemplazado por delincuentes que destruyen y capturan las reducidas instituciones existentes y terminan creando más escepticismo. Norte de Santander es un ejemplo claro de ausencia estatal. ¿Cómo es posible que solo hayan siete puntos de control para 2219 km de frontera? En los últimos meses quedó demostrado que no estamos preparados ante un posible estallido social en Venezuela. Y sumado a esto, con el paso de los días, se comprueba que la ausencia de instituciones ha generado la mayor crisis de inseguridad de la historia de Cúcuta; desafortunadamente, las bandas criminales están de fiesta.

Ahora bien, el costo que genera el estado de coma de la política colombiana es muy alto. Duele pensar por ejemplo, que perdemos a miles de jóvenes talentosos que pueden aportarle al sector público y no se involucran porque entrar a este medio genera desconfianza y una suerte de desprestigio. Personalmente, me quita el sueño, ¿cómo lograr que ejercer política en Colombia sea un honor y no una vergüenza? ¿Cómo lograr que los servidores públicos sean los más preparados y lleven a cualquier gobierno a lograr los objetivos colectivos que nos propongamos?

En el futuro cercano veo muy difícil que ejercer un cargo público sea un honor. Y menos cuando semanalmente sale un escandalo de corrupción; estas dinámicas desincentivan a la ciudadanía en vez de animarla a trabajar por Colombia. En el largo plazo, resulta necesario que movimientos sociales y partidos políticos formen a la futura clase dirigente de este país y desde un principio se condene cualquier intento de malas prácticas o corrupción.

En el siglo XIX Abraham Lincoln dijo una frase muy poderosa y que los norteamericanos aplican en su vida con mucho rigor. “Este país, con sus instituciones, pertenece a las personas que lo habitan” En Estados Unidos la gente conoce el valor de cada persona en la democracia. Cosa que estamos muy lejos que suceda en Colombia. Acá se le hace creer a la gente que el país es de los políticos y que estos pueden hacer lo que se le da la gana sin ningún tipo de consecuencia. Adicionalmente, las personas muchas veces creen estar por encima de las instituciones, lo cual afecta gravemente el funcionamiento del Estado. Esto cambiará en la medida que la sociedad tenga mayor conocimiento y obligue a sus mandatarios por todas las vías, a cumplir los intereses de todos y no de un grupo selecto.

Por último, es importante señalar, que ni la juventud garantiza renovación, ni la educación  probidad en la política. Varios egresados de Harvard, Yale o de los Andes están condenados. Y algunos que han sido puestos por su familia en una curul, pueden ser muy jóvenes, pero representan y aplican las malas prácticas de sus antecesores. Lo que si garantiza una transformación de la política es la participación activa de toda la sociedad en los asuntos públicos y la sanción social a quienes creen que pueden hacer con el erario lo que les da la gana.

El principal reto es y será, lograr total legitimidad del sector público. Y esto solo se obtiene ganándonos la confianza de la gente; para ello necesitamos pequeñas victorias que solucionen las problemáticas de la vida cotidiana de la ciudadanía, que nos permitan convencer a nuestras familias que quienes trabajamos como servidores públicos lo hacemos porque es un honor y no una vergüenza.

Twitter @fernandezjca

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Juan Carlos Fernández

Internacionalista Universidad del Rosario. Especialista en Gobierno y Gestión Pública Territoriales. Mejorar la calidad de vida de millones de colombianos dependerá de una transformación política integral. Mi pasión es y será servirle al país, y animar a nuevas generaciones a que desde el espacio que ocupen, trabajen por Colombia. 

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