Lunes, 20 Enero 2020
Martes, 04 Junio 2013 20:12

¡En cualquier tiempo!

Al llegar a casa de mi abuela me sentía sola, triste y vacía.  Mi único refugio eran los libros, los cuales me transportaban a un mundo de fantasías en el que vivía  aventuras caballerescas, las cuales tenían el poder de reflejar la repulsión que sentía  por el medio que me rodeaba.

En aquella oportunidad, estando en casa de mi abuela y casi sin notarlo, empecé a dejar de ir al baño, mi organismo lo único que quería era eliminar la profunda tristeza que me agobiaba por el vacío que mi madre dejaba al dedicar gran parte de su tiempo al trabajo. Luego de unos días tal situación fue notada por mi abuela, quien de inmediato me llevó al médico para así poder descifrar el motivo de mis síntomas.

Recuerdo con gran certeza los gestos del médico poco antes de diagnosticar mi enfermedad. Para tal momento, mi abuela y yo solo pedíamos a Dios que tales síntomas no fueran más que un simple virus, ocasionado por mi traslado de ciudad. El doctor decidió interrumpir el silencio incómodo diciéndole a mi abuela que la mejor decisión era agilizar mi transferencia a un lugar donde contaran con un poco más de condiciones para mi posible tratamiento. Mi abuela, al oír dicha noticia, rompió en llanto.  Temblorosa se puso de pie, salió del consultorio y tomó el primer carruaje que se pasó por su camino.

Al llegar a casa, nos dispusimos a empacar maletas en menos de un parpadeo. A los pocos minutos abandonábamos nuestro hogar para dirigirnos a mi ciudad de origen. Estando allí, mi madre nos esperaba con gran angustia. Sin pronunciar palabra y de forma inmediata nos dirigimos hacia el hospital más cercano, en donde me realizaron un chequeo completo.

El resultado de los exámenes no fue el más positivo, ya que confirmaba la presencia de desórdenes alimenticios, los cuales traían consigo otros males. Ese momento fue decisivo no solo para mí, sino también para mi abuela y mi madre; en efecto mi salud se debatía entre un posible estado crítico por descompensación y la posibilidad de alejarme de todos mis familiares por un tiempo, para mi posterior recuperación. Luego de una breve pausa, la decisión estaba tomada, debía alejarme de mi familia e internarme en el hospital hasta que mi cuerpo se reestableciera y no corriera ningún peligro.

Mi abuela, nerviosa, solo preguntaba a la enfermera si yo estaría bien y mi madre, sin prestarnos atención, para así no sollozar, agilizó los papeles que autorizaban el inicio del respectivo tratamiento. Después de este caótico momento, no restaba más que dar este primer y difícil paso en la vida de todas: nuestra larga, compleja y dolorosa separación. Mi madre solo tuvo alientos para abrazar a mi abuela, darle la media vuelta y marcharse junto a ella con la esperanza de que todo saliera bien. Respecto a mí, solo observaba como partían. Las lágrimas se escurrieron sobre mi rostro. De pronto, la enfermera me tomó de la mano y me llevó a lo que sería mi nueva morada.

Pasaron un par de meses antes de poder abrazar a mi abuela y a mi madre. Fue una dura recuperación. Junto a mí, las enfermeras se  encargaban de verificar que todo tuviera el curso correcto, noche tras noche.

Después de mucho llorar, se acercaba el tan anhelado momento. Faltaban tan solo dos días, los cuales uno tras otro, se hacían cada vez más eternos. Una mañana solo desperté y ahí estaban junto a mí, las dos mujeres que hicieron de mí la persona que soy ahora, acariciándome y admirando mi semblante después de estar a un paso del final de la vida.

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Lunes, 29 Octubre 2012 10:53

Mi vida con todas las salsas

 

 

Con mis 24 años no creo que tenga mucho contenido en mi disco duro como para poder escribirles una columna profunda sobre la vida y todos sus derivados y aditamentos, es verdad cuando dicen que la experiencia es sabia y que los sabios son ancianos. Tengo claro que no soy el más experimentado, y aunque tengo unas cuentas canas, ninguna de ellases de sabio, pero para mi edad si pienso como un anciano, chocho, cansón, aburrido y cascarrabias. Muchos desconocidos se refieren a mi como un desconsiderado y malgeniado, cabron y amargado.

 

Afortunadamente son muchos más los que no me conocen bien, y son ellos los que se toman la agradable libertad de construir por mí, diferentes tipos de pensamientos y personalidades que intentan amoldarse a mi manera de ser, es divertido ver como muchos de ellos pierden su tiempo buscándole formas a mis pensamientos sobrealimentados de libros viciosos, columnas de Jaime Bayly, cintas de Quentin Tarantino y muchos, pero muchos capítulos de los Simpsons.

 

Está claro para todos que ninguno de nosotros tomó la decisión de nacer, ni de vivir, no somos responsables de nuestra presencia en el lugar que por azar sexual nos tocó respirar y envejecer mientras la gran vida goza de eternidad. Muchos se aprenden de memoria su nombre completo, numero cedula, número de teléfono móvil, dirección de residencia y la contraseña del Facebook, y ya, se levantan a diario y se consumen abusivamente el aire de los que podemos pensar y llegar más allá de las fronteras conocidas, fronteras que están esperando con impaciencia el día que cualquiera de nosotros las descubra y nos apoderemos de ellas, tal cual como lo hicieron muchos otros que ya muertos logran escabullirse de los posible reclamos que podamos tener hacia ellos. Como sea, malos o no, atractivos o no, gays o no, fueron vidas que no pasaron de manera anónima por la historia de la humanidad, fueron hombres y mujeres (Juana de Arco y algunas mas) que decidieron tomar decisiones, y eso es lo que muchos ignoran hacer.

 

Cada quien es libre de ser el fracasado que quiera ser, a nadie se le puede obligar a ser una persona exitosa, pero si a muchos es posible influenciarlos para que sean hormiguitas que caminan por todos lados cumpliendo con su rol en la sociedad, logrando con sacrificio y esmero una pensión, una casa de dos pisos y un carro no tan bueno, pero que anda. No quiero sonar acido con mis palabras, y no porque me preocupe ofenderlos, si no porque mi intención es que entiendan el mensaje que les quiero compartir hoy, sin compromiso. Mi abuela, tiene como muchas otras abuelas, una infinidad de frases populares metidas todas entre su monederito de cuero, ahorradas a través de los años. Cada vez que tiene la oportunidad, saca una de esas celebres frases y me la sampa con crudeza pero con mucho amor. “El que no oye consejos no llega a viejo” “Si quiere llorar que sea por quien también llore por usted” “Uno no es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo” etc…

 

Ella, una señora de más de 65 años de experiencia, millones de canas y muchas facultades para ser considerada una sabia, es responsable de mi temperamento y terquedad a la hora de tomar mis decisiones, y si bien a mi edad no he logrado descubrir un nuevo continente, o tomarme el poder de un país a la fuerza, ni tampoco he descubierto la vacuna contra los idiotas, si logré, lo que muchos otros hombres con discursos embriagados de testosterona y adictos al poder no lo han logrado. Yo encontré el amor de mi vida, y lo encontré sin buscarlo, yo me enamoré y logre enamorar al amor de vida, con sacrificio y decisión por supuesto, pero lo logre. Ahora que alguien me diga si a Alejandro Magno no le costó sangre, sudor y lágrimas conquistar con decisión a Fenicia, Egipto, Mesopotamia y Judea entre otros. No todos los hombres logran conquistar al amor de su vida, muchos lo ven lo dejan ir por miedo a tomar una decisión fuerte y enérgica. Grandes han logrado conquistar a otros grandes, como lo hicieron Platon y Aristoteles, el amor demanda compromiso y dedicación, sinceridad y cariño, el amor necesita dos vidas condimentadas para lograr fortalecerse lo suficiente como para perdurar en el tiempo, mientras la felicidad sea uno de sus patrocinadores.

 

Yo, aunque soy un aburrido, amargado y malgeniado bogotano con sed de ser un pésimo escritor, me gusta comerme mi vida junto con la persona que amo, degustarla y sentirla en cada gran bocado que nos mandamos en los mejores momentos, sin miedo a engordarnos y con la responsabilidad de darle pequeños mordiscos a quienes quieran hacer parte de nuestro proceso. Mi meta personal no es ser un gran arquitecto, o el más tramoyero abogado, yo no pierdo tiempo buscando la manera de ser el más grande empresario, yo ya tengo en mi vida lo que muchos hombres no han logrado encontrar, por eso mi meta personal es comerme mi vida a diario sin desperdiciar una sola morona, y con el nítido deseo, que el día que muera, no dejarle sobras a nadie. 

 

Mi vida, me la como con todas las salsas, y usted?

 

Twitter: @Acevedocol 

 

 

Fuente fotografia. mqciencia.com

 

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