Miércoles, 13 Noviembre 2019
Martes, 10 Diciembre 2013 11:14

Las herejías de Petro

Un día antes de que el todopoderoso Procurador Ordóñez destituyera al alcalde  Gustavo Petro, el país conocía un informe conjunto de la Mesa de Diálogos de La Habana, sobre participación política, en el cual se plasma la necesidad de una ampliación y profundización de la democracia en el país para proscribir la violencia como forma de acción política en Colombia.

Los medios de comunicación, desde el inicio de ese ciclo de conversaciones han desdibujado la esencia de tal discusión en la Mesa, caricaturizando que allí solo se habla de las formas mediante las cuales las FARC van a participar en política, cuando en lo que se puede leer en el informe es que hay al menos siete puntos enfocados en democratizar el país para el grueso de la sociedad y no solo para la insurgencia.

Ahora bien, la noticia de la destitución de Petro tiene estrecha ligazón con las posibilidades de participación política para cualquier expresión social o política medianamente distinta a las representadas en la política tradicional. Claro, porque Petro fue guerrillero, pero además porque tanto vida política como su gestión en la alcaldía representan una idea de pensamiento disidente en varios aspectos, donde se encuentra una noción mucho más amplia de democracia a la que algunos nos podemos acercar. No se trata acá de ser petrista, se trata de entender, en serio, qué significa la destitución de Petro cuando en el país se discute de participación política como condición para la paz.

El todopoderoso procurador ha sido bastante duro para sancionar a Piedad por sus gestiones humanitarias con las FARC; pero muy reacio al momento de sancionar, entre otros, a los parapolíticos y demás clientela de la política tradicional que colmó el matrimonio de su hija o a militares implicados en falsos positivos. Vale destacar, no obstante, que su primera elección en el Senado, estuvo apoyada por el propio Petro, aunque no solo de él. Únicamente votaron en su contra Piedad (a quien más fuerte le ha aplicado sus “súper-poderes”), Gloria Inés Ramírez y Robledo.

La destitución no representa un gran debate jurídico, realmente. Es una discusión profundamente política sobre la función de la Procuraduría que parte de ponderar, desde los principios más liberales de la democracia si la legitimidad de Ordóñez (elegido en el Senado dentro de un interesante juego clientelar) da para destituir a un alcalde Petro avalado por 723.157 votos.

Las herejías del alcalde han sido varias. La más cuestionada por el Procurador, y punto de quiebre para su destitución, tiene que ver con el manejo que se le dio al tema de basuras, en donde en una apuesta por recobrar lo público, se le arrebató a los privados el negocio de los residuos, pasando a un esquema público, en el cual se ampliaron las garantías laborales para los recicladores y recolectores de basuras; con ello cuestionado un dogma que en la clase política colombiana tiene más creyentes que el propio Dios: el mercado.

Pero seguro hay más herejías cometidas por Petro. Canal Capital, como un espacio de información en el que los movimientos sociales, los LGBTI y, en general, los que no tienen entrada en otros medios, pueden hablar, tampoco le debe gustar mucho a Ordóñez. Debe resultarle una herejía que gente morenita, bajita, marimachas o maricas tengan un medio en el cual son atendidos como a Santodomingo o Sarmiento Angulo en los demás canales. La prohibición de las corridas de toros también debe golpear profundamente la hispanidad del procurador, aun cuando dicho espectáculo cada vez cuenta con menos simpatizantes en todo el mundo. La atención de Petro a las víctimas del conflicto puede ser otra herejía. Desde ningún punto de vista, su talante permitiría que quienes han padecido los estragos de un conflicto (en cuya finalización no cree), tengan la atención que hoy tienen por parte de una alcaldía distrital. Ni hablar de cuán hereje puede sonarle a Su Santidad Ordóñez la creación de una Zona de Reserva Campesina en el Sumapaz.

Claro, no es este un culto al gobierno de Petro. De seguro a los ojos de la Escuela de Gobierno de Harvard, será un inepto, aunque otras calificaciones ha tenido en el mundo su gestión. No se puede negar que su alcaldía ha sido en gran medida democratizadora para la ciudad, pero Petro, así como las alcaldías del Polo que le precedieron, no ha tenido una ruptura real con el modelo de ciudad neoliberal. Evidencias de esto sobran, por ejemplo, en un POT en el que se privilegia el dejar hacer, por cuanto las operaciones estratégicas se dejan a discreción de la administración de turno, construyendo un ambiente privilegiado para la especulación del suelo de Sarmiento Angulo y sus cercanos; sin desconocer, claro está, que existe una intensión, aunque mínima ésta, por mitigar la segregación socioespacial y generar una ciudad algo más amigable con el ambiente.

Ni por unas, ni por otras. Ordóñez destituye a Petro enviando un mensaje profundamente negativo a quienes no se circunscriben de lleno en sus dogmas religiosos, políticos, éticos y económicos. La pregunta de moda es ¿quién controla a los que controlan? Llegarán decenas de Ordóñez más, hasta tanto no se modifiquen los mecanismos para elección de los órganos de control; y de darse las garantías pactadas en La Habana para la participación política, surgirían decenas de herejías más que serían tratadas cual viles Piedad Córdobas o Gustavos Petros, indistintamente de qué tan a la izquierda estén o cuan independientes sean.

Hoy, más que nunca, vale la pena reflexionar sobre la tan nombrada tercería, ¿cuánto duraría en la presidencia cualquier hereje como Aida Abella en caso de ganar en 2014? ¿Hay entonces garantías reales para participar de tal contienda?

Pd 1.: En medio de tantos dardos a la Mesa de La Habana, hay que celebrar el anuncio de las FARC del cese al fuego por un mes y, a la vez, seguir clamando para que el cese sea bilateral.

Pd 2: La segunda parte de “La primavera colombiana” vendrá más adelante…

@FernandoVeLu

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Lunes, 25 Febrero 2013 09:05

Para Petro el alcaldillo

Yo no camino con tranquilidad. Me cuesta mucho trabajo andar por ahí sin temor, sin miedo, sin esa maldita zozobra mezquina, grosera, miserable,  que me anuncia que algún malhechor camina siguiendo mis pasos, esperando el lugar indicado para sujetar mi cuerpo con fuerza y obligarme a que rápidamente le entregue mis míseras pertenencias.

Soy un bogotano con delirio de persecución, soy un bogotano inseguro, gallina y delicado. Esta claro que el papel que debo desempeñar dentro de mi ciudad no es el de un valiente ciudadano, ni mucho menos el de alguno ejemplar. Solo soy uno más de esos tipos que con su existencia colabora a que todo funcione como no debe funcionar, a que los que creen hacer lo correcto me señalen con vergüenza ajena, me apunten con decisión y sin compasión.

Aun así, siendo lo poco que soy y dando tan poco de mí, merezco tranquilidad. También pago impuestos. También en mi cedula dice que soy bogotano. Tal vez no un buen bogotano pero lo soy. Merezco poder caminar por las calles de mi ciudad con la misma tranquilidad con la que transito el pasillo de mi cama, al baño de mi cuarto. Tranquilo, sin miedo a que me roben o me ultrajen, sin miedo a que algún mal humorado interrumpa mi camino y deje un mal recuerdo en mí.

Algo se tiene que poder hacer, algo tiene que poder hacer usted señor alcalde, que aunque no es mi alcalde por mi voto si lo es irresponsablemente por los muchos insolentes que no votaron, que prefirieron hacer cualquier otra cosa antes que salir a la urnas y evitar que un petardo como usted llevara las riendas de mi ciudad. Debo decirle que estoy molesto, disgustado con usted y con su administración. Estoy algo triste también. No esperé tampoco menos de usted, por eso mi voto no fue para usted.

No quiero que usted siga manoseando y estropeando en ese proceso los intereses de mi ciudad. Quiero pedirle con respeto pero muy molesto, que sepa y piense muy bien las decisiones que toma, porque no es su pueblo el que esta en juego señor alcaldillo, es la capital del país que con suerte no lo tendrá a usted de presidente. Porque si es verdad que somos tontos. Tontos como para votar por Uribe, o por Samuel Moreno, somos los tontos que no leemos pero si nos tragamos con deseos cuanta basura nos embute la televisión nacional, la verdad es que si somos tontos, pero no tan tontos como para permitir que usted llegue a la presidencia. No tan tontos como para sentarnos y esperar inertes a que usted termine por destrozar lo que nos queda de capital. A que se le termine todo y no le quede nada que regalar o subsidiar. No somos lo suficientemente tontos.

Por suerte dentro de la maltrecha constitución que usted ayudo a redactar hace ya varios años, esta contemplada la revocatoria del mandato. Y como un acto de justicia (aunque sea simbólico) le vamos a clavar la revocatoria. Y se la vamos a clavar con gusto y mucho placer, placer colectivo y placentero. Si debo aceptar que me causa placer saber que un tipo como usted se verá obligado a dejar su cargo por la insatisfacción del pueblo tonto que lo dejó elegir.

Por todo lado y todos los días veo personas firmando la revocatoria, impulsada por un político que a diferencia de usted, tiene el trasero limpio y sin cicatrices vergonzosas. Por esa razón yo también soy uno más, uno que ya firmó con placer y uno más que a diario impulsa una salida a esta encerrona que usted esta tramando.

Si por error yo fuera usted, renunciaría. Al cargo de alcalde y al de ciudadano colombiano, a la política también. Si yo fuera usted me cambiaria el nombre por uno que no genere repudio y asco, Laisa tal vez seria un buen nombre, apropiado y seductor,  

Mientras usted sigue buscando la manera de hundir mi ciudad, y piensa que más regalar irresponsablemente a la masas menos suertudas de mi ciudad, yo seguiré buscando personas sensatas, centradas y ordenadas, capaces de entender el crimen que usted esta cometiendo y por ultimo terminen por firmar su revocatoria, 

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