Sábado, 16 Noviembre 2019
Miércoles, 10 Julio 2013 20:26

LOS MEJORES AMIGOS Y CONSEJEROS II PARTE

 Pasó esa noche y al otro día me fui a estudiar como de costumbre. Necesitaba distraerme e intentar no pensar en lo que había pasado. Mientras iba en el bus miré el interior de mi maleta. Fijé mi mirada en el libro que Daniel me había dado y lo saqué para observarlo con mayor atención. El título del libro era: “Perdidos y hallados en el desierto” de Michael Wells. Tocaba manejarlo con mucho cuidado. Este libro estaba en muy malas condiciones. Al parecer había pasado por muchas manos y no se le había dado el trato que merecía. Sus hojas estaban sueltas y arrugadas, tenía manchas de bebidas y su portada estaba realmente desgastada. Lo abrí y empecé a leer. No sé cuánto tiempo pasó. Recuerdo que todo fue muy rápido. Cuando me di cuenta ya había llegado a mi lugar de destino y no quería parar de leer. Cerré el libro con mucho dolor y fui a mi clase normal.

 No voy a decirles lo mucho que me dijo ese libro, ni tampoco les contaré con mayor detalle de que se trata. Pero lo que sí les puedo decir es que me dio los mejores consejos que nunca antes nadie me había podido dar. Fue así como mi forma de ver la vida y la forma de ver lo que me estaba pasando cambió notablemente.

 Este libro transformó y renovó mi vida.  Después de leerlo quizás tres o cuatro veces tuve que devolverlo. El libro era de un amigo en común de Daniel y mío y había llegado el momento de volver a donde su dueño. Ese día miré aquel libro deshojado, sucio y manchado y decidí hablarle. Díganme loca, sé que los libros no pueden oír, pero aún así lo hice. Le dije: “mira libro, créeme que fuiste el mejor amigo que pude haber tenido en este momento. Tú sabes lo mucho que me has ayudado. Has transformado y renovado mi vida. Yo estaba como quizás tú estás ahorita. Estaba desojada, arrugada y sucia. No me habían dado el trato que merecía y no se habían dado cuenta lo importante que era. Pero hoy voy a transformarte como tú lo hiciste.” Así lo lleve a el lugar donde restauran libros y pedí que lo dejaran como nuevo. Volví al lugar como una hora después y ya lo tenían listo. Pagué lo que me correspondía y me fui a un lugar donde estuviera sola. Saqué el libro de la bolsa donde me lo habían dado y lo miré. ¡UASH! No se imaginan como quedó. Todas sus hojas estaban en su lugar, su borde estaba perfectamente limado y su portada ahora estaba dura como antes, sus hojas habían cambiado de color y ahora sí podía devolverlo como se merecía.

 Después de este primer libro, empecé a buscar refugio en la lectura. El hecho de que no tuviera novio implicaba tener mucho tiempo libre y tenía que buscar un medio para gastarlo. Me dediqué a leer, leer y leer. Mis favoritos fueron los libros de psicología porque me ayudaban demasiado. Creo que estaba en la búsqueda de sentido de mi vida y los libros eran herramientas claves para encontrarlo.

 Luego de los libros psicológicos pasé a las novelas y después a las historias biográficas. Aprendí demasiado de vidas como las de Thomas Watson (dueño y fundador de la IBM) y siempre buscaba una enseñanza cuando terminaba de leer un libro. Preguntas como: ¿para qué me sirvió? ¿Cómo puede ayudarme en mi vida el libro que acabo de leer? Eran preguntas que siempre, sin excepción alguna, respondía. 

 Ahora mi vida ha dado un vuelco total. He empezado la universidad y estoy comenzando una nueva relación con un músico. A pesar de que cuando terminé con Daniel no veía la luz y todo era incierto, he aprendido que solamente cuando el cielo está realmente oscuro es cuando podemos ver las estrellas. El hábito de la lectura se quedará  conmigo por toda mi vida. No puedo pasar ni un solo día sin leer por lo menos un capítulo de un libro. He aprendido que son mis mejores amigos y consejeros y que siempre tienen un consejo sabio para mi vida. No sé cómo pero permanentemente me ayudan cuando lo necesito.

 

Published in Artículos
Viernes, 05 Julio 2013 11:35

Los mejores amigos y consejeros I parte

Recuerdo claramente ese día. Era 26 de abril de 2007. Allí fue cuando comenzó un proceso de transformación total en mi vida. Cumplía dos años exactos con mi novio Daniel y por ello era un día realmente especial. Ese día me vestí hermosa, me maquillé y alisté el regalo perfecto para la ocasión.

A pesar de que parecía un día normal, realmente no lo era. No solamente yo lo recuerdo por lo que pasó en mi vida, sino que en realidad ocurrió algo inesperado en la historia del país. Vale aclarar que durante el día nunca me di cuenta de eso, únicamente cuando llegué a mi casa y escuché las noticias. Ese día, por un error técnico en la ciudad de Medellín, a las 9:58 horas se produjo uno de los más grandes apagones eléctricos del país que duró más de cinco horas. Así como ese apagón fue la noticia y la decisión que Daniel tomaría y me diría ese día.

Comenzó diciéndome que la noche anterior no había sido un buen momento para él. Que no había podido dormir por pensar en nuestra relación. Que estaba confundido y no sabía que sentía. Que una cosa y que la otra. En conclusión, después de verlo que le costaba mucho pronunciar esa frase que quería pronunciar, le ayude y le dije que si quería terminar. Su respuesta fue que sí y yo la respeté.

 Empecé a llorar como nunca antes porque en verdad lo quería mucho. Fue mi primer novio oficial y me había apegado mucho a él. Había dejado de lado a mis amigos y a mi familia por estar dedicada únicamente a compartir momentos con mi novio.

Cuando le pregunté por la razón de su decisión, me dijo que no la tenía clara. No sé por qué pero dentro de mí algo me decía que había otra persona. Yo le pregunté si ésta existía, pero él me decía que no. Yo siempre le creía todo lo que expresaba, pero ese día la duda me invadió y sabía que esa afirmación no era cierta. Le pregunté unas cinco veces más si había otra persona y a la quinta vez me confesó que sí existía.

Si antes había llorado como nunca, ahora mis ojos quedarían sin lágrimas. Me confesó que había empezado a salir con Tania (la otra persona) días antes y que no quería engañarme más.

No sé si pueda explicar ese momento, pero sentí que mi vida se derrumbaba, sentí que mi corazón quedaba en millones de pedazos y sentía que no tenía razones para vivir, sentía que no era tan buena novia y que me podrían cambiar por cualquier persona cuando quisieran. Mi identidad se vio realmente afectada con ese momento.

Después de esta noticia, no tenía fuerzas ni para sostenerme en mis pies, me senté en el piso y lo único que hacía era llorar y llorar. Daniel se dedicó a verme y con un silencio absoluto me demostró que ya no le importaba tanto como antes.

No teniendo nada más que decir, lo único que quedaba era entregar mi regalo de aniversario. Saqué de mi maleta una linda caja, color blanca, perfectamente hecha de un material bastante fino y tenía alrededor un hermoso y gigante moño, color rojo. Se la entregué y él la abrió. Su interior estaba aparentemente vacío. Daniel me miró con cara de asombro y con mirada de querer una explicación. Yo comencé a explicarle, le dije que allí había querido empacar gran parte de mi amor. Que esa caja estaba llena de besos, caricias y abrazos, y que a pesar de querer empacar todo mi amor, en la caja sólo cabía una pequeña parte de éste.

Cuando terminé con mi regalo, él me dijo que no tenía regalo para mí, pero que sabía que éste era un choque muy fuerte en mi vida y que por ello había buscado un medio para intentar ayudarme. Sacó de su mochila un libro deshojado, de hojas amarillas y con una portada dañada. Me dijo que lo leyera y que en verdad me ayudaría. Dentro de mí me dije: “por favor, ¿me va ayudar un libro? No necesito leer, lo que necesito es que me digas que vas a dejar a Tania y vas a volver conmigo”. Pero no, eso no lo iba a decir, así que sin mirar siquiera el nombre del libro lo guardé indignada y me fui llorando a mi casa. Me encerré en mi cuarto y sólo lloraba y lloraba. No tenía cabeza para nada pero en el fondo sabía que la única persona que tenía el control de mi vida era Dios y que si Él había decidido que tenía que afrontar eso, lo tenía que hacer. Sabía que mi vida seguía y que tenía que vivirla a pesar que en el fondo no quisiera.

 

Continuará…

Published in Artículos
Lunes, 24 Junio 2013 21:29

Incertidumbre - II Parte

A mediados de año, mi mamá se enteró de lo que había o estaba sucediendo con otra mujer. Recuerdo que fue una noche antes de un viaje que teníamos planeado para el San Pedro en Neiva. Ese día, por más de que lo quiera olvidar, nunca lo haré. Yo estaba encerrada en mi cuarto sola, sintiéndome como la basura más grande del mundo por no haberle contado la situación a mi mamá y con ganas de salir corriendo ya que mis papás se estaban diciendo cosas demasiado feas. Creo que nunca se habían tratado de esa manera, por eso decidí salir de mi casa y por casualidad me encontré con mi prima Karen, ella en ese momento fue como un ángel que me mandó Dios. Sus palabras no sé por qué calmaban y aliviaban el dolor que mi alma sentía.

Mientras tanto, mis padres, por estar peleando, no se dieron cuenta de que me había ido sino hasta después de un rato, así que comenzaron a llamarme al celular porque estaban preocupados; no les contesté. No quería saber nada. Ya había llorado y sufrido mucho desde que me había enterado de la situación. Luego de un rato me quedé dormida y tiempo después mi prima me despertó y me dijo:

-Nata, levántese que llegaron sus papás-

Ya estaba un poco más calmada así que accedí a hablar. Mil y una explicaciones hubo, mil y una disculpas también por parte de mi papá y mil y un regaños por parte de mi mamá. A ella no tenía nada que reprocharle, todo lo que me decía era verdad, pero ¿a él? En verdad tenia tantas cosas por decirle y tantos reproches por hacerle, pero decidí quedarme callada y solo escuchar y recordar todos esos momentos en los que mi hermano me decía que mi papá era de lo peor y también días antes a mi madre llorando y diciendo que mi padre le estaba siendo infiel sin saber que lo que decía era verdad.

Tuvimos una larga conversación. Mi padre nos pidió perdón y, para concluir esta charla, nos dimos un abrazo. Luego nos trasladamos hasta nuestra casa.

Nunca nadie de mi familia me comprendió, nunca nadie se puso en mi lugar y pensó el porqué de mis actos. Tuve épocas de depresión muy fuertes y tiempos en los que solo quería llorar. En los momentos posteriores a este evento no quise ayuda de nadie porque nadie me ayudó ni me escuchó mientras me encontraba en ese hoyo sin salida. Fue así como decidí salir sola y fue mejor porque me volví una persona más madura, pero se me endureció un poco el corazón. Lo más importante fue que el único refugio que tuve consistió en Dios y en ese momento verdaderamente entendí que Él siempre iba a estar para mí, que nunca me iba a dejar sola. Creo que fue la enseñanza más grande que este episodio me dejó.

La historia no tiene un final triste. Por el amor que se tenían (o mejor, se tienen) y por la unión que había hecho Dios, mis papas decidieron seguir juntos y ahora es una familia consolidada. Con la ayuda de Dios, así será hasta que Él decida que es tiempo de llevárselos de este mundo…

Published in Artículos
Lunes, 17 Junio 2013 23:06

Incertidumbre - I parte

Era un día como cualquier otro de principios del año 2005. Lo único anormal fue que ese día salí a hacer unas vueltas con mi hermano Jahir. Recuerdo que eran muchas y por eso mi papá nos había prestado el carro. La noche empezaba a caer y durante el día había notado un poco extraño a mi hermano, así que le pregunte:

-¿Qué tiene? Todo el día ha estado muy raro.

- No, Nata, nada- dijo en un tono extraño.

Hubo un silencio inmenso porque yo sabía que él no estaba normal y que algo malo pasaba ya que no me quería contar. Luego de unos minutos, Jahir me dijo:

-Nata, yo le voy a contar algo, pero prométame que lo va a tomar con calma y sobre todo que no le va a contar a nadie, especialmente a mi mamá.

-Jahir, ¿qué pasó? No me asuste.

Él se quedó callado por un momento que verdaderamente, para mí, fue eterno porque no entendía qué era lo que estaba pasando. Íbamos camino a casa, él estaba manejando y yo me encontraba en la silla junto al conductor. De repente frenó el carro, me miró y me dijo:

-Nata, para mí es muy difícil contarle esto porque yo sé quién es su papá para usted, pero creo que es lo más conveniente. Hace unos días yo tuve el computador de Marce (mi papá) y vi una carta que él escribía para una mujer que no era mi mamá-.

Fueron muchos los sentimientos encontrados, verdaderamente sentí que mi mundo en ese momento se derrumbó porque esa persona que para mí era perfecta, de hecho era mi ídolo, se convirtió en un monstro. En ese instante quede asombrada, sinceramente no lo podía creer. No me dieron ganas de llorar, solo me quede quieta, con la mirada perdida y con mil pensamientos en la cabeza.

Aún después de unos años no sé cuanto tiempo pasó en ese instante ni tampoco qué eran todas esas cosas que me decía mi hermano, pero de un momento a otro solo sentí ganas de ver esa carta, así que le dije a mi hermano que me la mostrara. Tuvimos que ir a la casa de Marcela (mi cuñada) porque era ella quien tenía esa hoja. Cuando bajó a entregarnos el papel, me saludó y yo no le respondí. Admito que fui un poco grosera, pero verdaderamente no tenía ganas de hablar, solo quería leer.

Me bajé del carro, me senté en un andén frente a su conjunto y con lágrimas en los ojos comencé mi lectura. Cada frase que leía me lastimaba más y más el corazón, no podía creer que ese papá bueno y perfecto que me había regalado Dios escribiera esas palabras para una mujer que no era su esposa.

Cuando terminé, me encontraba muy mal, lloraba inconsolablemente y mi hermano se acercó a tranquilizarme. Cabe resaltar que para mi hermano esta situación no fue tan dura como para mí porque él es hijo de mi mamá, pero no de mi papá.

Luego de unos minutos, Jahir me dijo que fuéramos a la casa, pero en verdad yo no quería porque no sabía cómo iba a mirar a mi madre a los ojos. Aún más difícil sería actuar de manera normal frente a mi papá. ¿Cómo ser la misma de siempre con él si me había enterado que tenía otra mujer? Esa era la pregunta que rondaba siempre en mi cabeza. Pero había algo que tenía totalmente claro y era  que iba a ser muy difícil guardar ese secreto, el cual por unos cuantos meses no me dejarían la conciencia tranquila.

El tiempo pasó y mi mamá aún no sabía nada, yo muchas veces intenté hablar con mi papá, pero como era de esperarse él siempre me negó todo.

Las peleas no se hicieron esperar y mi madre ya estaba sospechando. ¿Por qué? Difícil saberlo, pero supongo que por ese sexto sentido que tenemos las mujeres.

Published in Artículos
Martes, 04 Junio 2013 20:12

¡En cualquier tiempo!

Al llegar a casa de mi abuela me sentía sola, triste y vacía.  Mi único refugio eran los libros, los cuales me transportaban a un mundo de fantasías en el que vivía  aventuras caballerescas, las cuales tenían el poder de reflejar la repulsión que sentía  por el medio que me rodeaba.

En aquella oportunidad, estando en casa de mi abuela y casi sin notarlo, empecé a dejar de ir al baño, mi organismo lo único que quería era eliminar la profunda tristeza que me agobiaba por el vacío que mi madre dejaba al dedicar gran parte de su tiempo al trabajo. Luego de unos días tal situación fue notada por mi abuela, quien de inmediato me llevó al médico para así poder descifrar el motivo de mis síntomas.

Recuerdo con gran certeza los gestos del médico poco antes de diagnosticar mi enfermedad. Para tal momento, mi abuela y yo solo pedíamos a Dios que tales síntomas no fueran más que un simple virus, ocasionado por mi traslado de ciudad. El doctor decidió interrumpir el silencio incómodo diciéndole a mi abuela que la mejor decisión era agilizar mi transferencia a un lugar donde contaran con un poco más de condiciones para mi posible tratamiento. Mi abuela, al oír dicha noticia, rompió en llanto.  Temblorosa se puso de pie, salió del consultorio y tomó el primer carruaje que se pasó por su camino.

Al llegar a casa, nos dispusimos a empacar maletas en menos de un parpadeo. A los pocos minutos abandonábamos nuestro hogar para dirigirnos a mi ciudad de origen. Estando allí, mi madre nos esperaba con gran angustia. Sin pronunciar palabra y de forma inmediata nos dirigimos hacia el hospital más cercano, en donde me realizaron un chequeo completo.

El resultado de los exámenes no fue el más positivo, ya que confirmaba la presencia de desórdenes alimenticios, los cuales traían consigo otros males. Ese momento fue decisivo no solo para mí, sino también para mi abuela y mi madre; en efecto mi salud se debatía entre un posible estado crítico por descompensación y la posibilidad de alejarme de todos mis familiares por un tiempo, para mi posterior recuperación. Luego de una breve pausa, la decisión estaba tomada, debía alejarme de mi familia e internarme en el hospital hasta que mi cuerpo se reestableciera y no corriera ningún peligro.

Mi abuela, nerviosa, solo preguntaba a la enfermera si yo estaría bien y mi madre, sin prestarnos atención, para así no sollozar, agilizó los papeles que autorizaban el inicio del respectivo tratamiento. Después de este caótico momento, no restaba más que dar este primer y difícil paso en la vida de todas: nuestra larga, compleja y dolorosa separación. Mi madre solo tuvo alientos para abrazar a mi abuela, darle la media vuelta y marcharse junto a ella con la esperanza de que todo saliera bien. Respecto a mí, solo observaba como partían. Las lágrimas se escurrieron sobre mi rostro. De pronto, la enfermera me tomó de la mano y me llevó a lo que sería mi nueva morada.

Pasaron un par de meses antes de poder abrazar a mi abuela y a mi madre. Fue una dura recuperación. Junto a mí, las enfermeras se  encargaban de verificar que todo tuviera el curso correcto, noche tras noche.

Después de mucho llorar, se acercaba el tan anhelado momento. Faltaban tan solo dos días, los cuales uno tras otro, se hacían cada vez más eternos. Una mañana solo desperté y ahí estaban junto a mí, las dos mujeres que hicieron de mí la persona que soy ahora, acariciándome y admirando mi semblante después de estar a un paso del final de la vida.

Published in Artículos
Lunes, 25 Febrero 2013 09:05

Para Petro el alcaldillo

Yo no camino con tranquilidad. Me cuesta mucho trabajo andar por ahí sin temor, sin miedo, sin esa maldita zozobra mezquina, grosera, miserable,  que me anuncia que algún malhechor camina siguiendo mis pasos, esperando el lugar indicado para sujetar mi cuerpo con fuerza y obligarme a que rápidamente le entregue mis míseras pertenencias.

Soy un bogotano con delirio de persecución, soy un bogotano inseguro, gallina y delicado. Esta claro que el papel que debo desempeñar dentro de mi ciudad no es el de un valiente ciudadano, ni mucho menos el de alguno ejemplar. Solo soy uno más de esos tipos que con su existencia colabora a que todo funcione como no debe funcionar, a que los que creen hacer lo correcto me señalen con vergüenza ajena, me apunten con decisión y sin compasión.

Aun así, siendo lo poco que soy y dando tan poco de mí, merezco tranquilidad. También pago impuestos. También en mi cedula dice que soy bogotano. Tal vez no un buen bogotano pero lo soy. Merezco poder caminar por las calles de mi ciudad con la misma tranquilidad con la que transito el pasillo de mi cama, al baño de mi cuarto. Tranquilo, sin miedo a que me roben o me ultrajen, sin miedo a que algún mal humorado interrumpa mi camino y deje un mal recuerdo en mí.

Algo se tiene que poder hacer, algo tiene que poder hacer usted señor alcalde, que aunque no es mi alcalde por mi voto si lo es irresponsablemente por los muchos insolentes que no votaron, que prefirieron hacer cualquier otra cosa antes que salir a la urnas y evitar que un petardo como usted llevara las riendas de mi ciudad. Debo decirle que estoy molesto, disgustado con usted y con su administración. Estoy algo triste también. No esperé tampoco menos de usted, por eso mi voto no fue para usted.

No quiero que usted siga manoseando y estropeando en ese proceso los intereses de mi ciudad. Quiero pedirle con respeto pero muy molesto, que sepa y piense muy bien las decisiones que toma, porque no es su pueblo el que esta en juego señor alcaldillo, es la capital del país que con suerte no lo tendrá a usted de presidente. Porque si es verdad que somos tontos. Tontos como para votar por Uribe, o por Samuel Moreno, somos los tontos que no leemos pero si nos tragamos con deseos cuanta basura nos embute la televisión nacional, la verdad es que si somos tontos, pero no tan tontos como para permitir que usted llegue a la presidencia. No tan tontos como para sentarnos y esperar inertes a que usted termine por destrozar lo que nos queda de capital. A que se le termine todo y no le quede nada que regalar o subsidiar. No somos lo suficientemente tontos.

Por suerte dentro de la maltrecha constitución que usted ayudo a redactar hace ya varios años, esta contemplada la revocatoria del mandato. Y como un acto de justicia (aunque sea simbólico) le vamos a clavar la revocatoria. Y se la vamos a clavar con gusto y mucho placer, placer colectivo y placentero. Si debo aceptar que me causa placer saber que un tipo como usted se verá obligado a dejar su cargo por la insatisfacción del pueblo tonto que lo dejó elegir.

Por todo lado y todos los días veo personas firmando la revocatoria, impulsada por un político que a diferencia de usted, tiene el trasero limpio y sin cicatrices vergonzosas. Por esa razón yo también soy uno más, uno que ya firmó con placer y uno más que a diario impulsa una salida a esta encerrona que usted esta tramando.

Si por error yo fuera usted, renunciaría. Al cargo de alcalde y al de ciudadano colombiano, a la política también. Si yo fuera usted me cambiaria el nombre por uno que no genere repudio y asco, Laisa tal vez seria un buen nombre, apropiado y seductor,  

Mientras usted sigue buscando la manera de hundir mi ciudad, y piensa que más regalar irresponsablemente a la masas menos suertudas de mi ciudad, yo seguiré buscando personas sensatas, centradas y ordenadas, capaces de entender el crimen que usted esta cometiendo y por ultimo terminen por firmar su revocatoria, 

Published in Artículos
Miércoles, 24 Octubre 2012 09:33

El San Juan de Dios

Los trabajadores del Hospital San Juan de Dios de la Ciudad de Bogotá quienes ahora son habitantes del lugar, pasaron a protagonizar un conflicto político-social vivido desde el interior de las instalaciones de hospital.El histórico San Juan de Dios, ahora acoge a todos aquellos que día a día trabajaban por mantener vivo a este gigante de la historia de la medicina, en este sentido, cada trabajador escoge su nuevo hogar según sus afinidades y gusto por determinados espacios del Hospital.

Este es el caso de Edelmira Arias, empleada de servicios generales quien toma la decisión de acoger como su nuevo hogar el pabellón de enfermos mentales, ya que este se encuentra rodeado de un gigantesco jardín lleno de flores exóticas propias de la diversidad de flora inmersa en el San Juan de Dios, que la identifican y le trae recuerdos fragmentados de su infancia, creando un vínculo especial con el San Juan de Dios.

Según como lo establecen los registros arquitectónicos del Distrito, el Hospital San Juan de Dios se encuentra conformado por 25 manzanas las cuales reúnen un total de 33 edificios históricos. De esta cantidad, 22 de las construcciones son declaradas territorio patrimonial que evidencian las épocas de: La colonia, Republicana y la Modernidad.

Dentro  de la arquitectura del hospital se resalta el pabellón Rufino José Cuervo, las caballerizas, la torre hospitalaria, los laboratorios Santiago Samper y la bella capilla  ya que son construcciones que datan de 1920.Igualmente, el Hospital San Juan de Dios, es el único lugar que cuenta con un Palacete de  estilo francés en Bogotá, erigido por el francés Gastón Lelarge, en donde se resalta la colección de pinturas donadas por los virreyes de la época.

Es por ello que a partir de tal descripción arquitectónica, los trabajadores del hospital crean una normatividad, en donde se busca reconocer el territorio como Patrimonio Cultural de la Nación, la cual fue aprobada bajo el nombre de Ley 735.

Dicha ley es ratificada el 27 de Febrero de 2002 estipulando que “El Congreso de Colombia Decreta: Declárase monumentos Nacionales, el Hospital San Juan de Dios y el Instituto Materno Infantil, ubicados en la ciudad de Bogotá, D. C., en reconocimiento a los señalados servicios prestados al pueblo colombiano durante las distintas etapas de la historia de Colombia. Igualmente, declárase Patrimonio Cultural de la Nación la Fundación San Juan de Dios y el Instituto Inmunológico Nacional en consideración a su valiosa contribución a la protección de la salud del pueblo y a su extraordinario aporte científico” Art 1, Ley 735 de 2002. 

Es así, como el Hospital San Juan de Dios lleva más de una década en cuidados intensivos guardando la esperanza de que todos los colombianos reconozcan que es motivo de orgullo nacional.

 

 

Published in Artículos

Bogotá es una ciudad que necesita en esta etapa de su administración de una gran ayuda del gobierno nacional. Como por ejemplo, en temas relacionados a  los proyectos de la movilidad capitalina y otros hechos que hacen necesaria una interacción constante entre el gobierno y el distrito. Sin embargo, esta interacción se podría ver afectada  alrededor de la  gran conmoción que genero el nombramiento de Gina Parody como Alta consejera presidencial para Bogotá.

Published in Artículos
Lunes, 30 Abril 2012 21:00

Gina Parody - Jóvenes

Desde 2010 había anunciado su candidatura a la Alcaldía de Bogotá. Con su lema "Independiente, valiente y orgullosa" y junto con el apoyo de Antanas Mockus y William Vinasco, la candidata obtuvo el tercer puesto en las elecciones de octubre del 2011, derrotada frente a Gustavo Petro.

Published in Programas TV
Lunes, 30 Abril 2012 20:50

Gina Parody - Movilidad

En el Senado, Parody se concentró en proyectos de infancia y de género y siguió apoyando a Uribe, pero continuó sin darle su apoyo en todos los frentes. Por ejemplo, se opuso a la penalización de la dosis mínima y apoyo la marcha del 6 de marzo de 2008 en la que se pedía justicia por las víctimas del paramilitarismo y de agentes del estado.

Published in Programas TV
Página 5 de 6

Palabras Sociales - www.palabrassociales.org