Jueves, 27 Febrero 2020

prueba.jpg

Lunes, 18 Noviembre 2013 13:51

Así me comunico yo, ¿y tú?

Sale el sol dando comienzo a un nuevo día, pero él no se fija en eso, su sol es de color blanco con azul y a medida que pasa el día, va cambiando el tono, se puede ver al negro hacerle compañía al blanco, a veces se les une el verde y en otras ocasiones un pajarito azul.

Su mundo se basa en estos colores de los que sólo se aparta cuando es menester, su vida se mide en barras de energía y ya no depende de los alimentos ni de las horas de descanso que nutren su humanidad. Todo lo que él considera necesario es tener dos manos a las cuales lleguen sus pensamientos, ya que no se dirigen a su boca para que cese el silencio que lo acompaña desde que abre sus ojos.

¿Por qué sucede esto? Simple y sencillamente porque para él, realmente, ya está en un estado cercano al olvido aquello de comunicarse por medio de las cuerdas vocales. De esta forma, sus dedos terminaron siendo, al parecer, el nuevo hogar permanente de esa voz que no vio futuro en los sonidos; así construye su vida desde hace un largo tiempo. Para él perder su forma de comunicarse, es como no tener partes tan vitales como un ojo o una de sus manos, por eso ruega y suplica a sus dioses, principalmente a uno de carne y hueso que se hace llamar Zuckerberg, que no le fallen ni hoy ni nunca.

Esta pantalla le ha hecho desconocer y olvidar momentos fundamentales de la existencia humana… ¿humana? Tampoco recuerda qué es eso, no sabe cuándo vio por última vez una sonrisa que no estuviera conformada por un signo de puntuación y una letra. El ocaso se muestra imponente como siempre, pero él sólo descansa cuando su batería se acaba o cuando cae físicamente exhausto preparándose para otro día más de actividad social tecnológica.

Luego de dos años, parece que por fin su voz está haciendo esfuerzos para regresar a su boca. Todo se lo debe al color morado que empezó a ser su compañero desde hace unos meses y rápidamente ocupó un lugar entre sus favoritos. Su equipo, del que depende su existencia, ha avanzado mucho en estos meses y ahora le permitirá retomar esa actividad, tan común de las personas pero que es un mundo inhóspito para él.

Todo estaba preparado. La llamada, por cortesía del teléfono morado, estaba entrando. Con expectativas respecto a lo que ocurriría, tocó el botón que establecía la comunicación. Escuchó una voz femenina que le pareció espectacular y quiso decir algo. Pero no pudo. Luego de un minuto con intentos en vano para musitar alguna palabra, su interlocutora finalizó la llamada.

La tristeza se apoderó de su ser y quiso llorar, pero al no haberse separado de la pantalla por muchos meses, lo más cercano que recordaba a eso era un emoticón que componían un signo de puntuación, una comilla simple y el signo de apertura de un paréntesis.

De repente algo que luchaba por salir desde hace mucho tiempo, emergió y le hizo preguntarse qué era. Recordaba que eso tenía un nombre… santi… sen… senti… ¿Cómo era? Por primera vez en años se detuvo a pensar. No conseguía dar con la respuesta, pero sabía que era algo muy, muy bueno. Esa voz era especial, mágica. Había tocado sus fibras más íntimas, aquellas que todavía no habían olvidado qué era la interacción humana.

Otra duda que lo asaltó fue la imposibilidad de emitir algún sonido. Pero eso no era de extrañarse. Había pasado semestres completos sin pronunciar una sola palabra. Debido a que vivía solo, no tenía alguien con quien interactuar en su vivienda.

Intentó emitir el sonido más básico que existe. Nada. Otra vez. Menos aún. Lo hizo durante las siguientes dos horas, pero el progreso fue casi nulo. Se puso en contacto con ella a través de sus dedos pero le insistía en que tenían que hablar. Sin saber qué hacer, contactó a alguien para relatarle su situación, pero no lo tomó en serio. La angustia y la desesperación se apoderaron de su ser.

Continuará…

Published in Artículos

Palabras Sociales - www.palabrassociales.org

Bogotá - Colombia Cel: (57) 3105601719