Sábado, 16 Noviembre 2019
Martes, 17 Diciembre 2013 16:53

Fútbol S.A. y el “picaito” por la paz

Durante la guerra de España, dos equipos peregrinos fueron símbolos de la resistencia democrática. Mientras el general Franco, del brazo de Hitler y Mussolini, bombardeaba a la república española, una selección vasca recorría Europa y el club Barcelona disputaba partidos en Estados Unidos y en México”, cuenta, entre otras anécdotas similares Eduardo Galeano.

El 29 de noviembre pasado, el “Pibe” Valderrama y el “Chicho” Serna, lanzaron una particular propuesta de jugar un “picaito” por la paz, entre las grandes glorias de la selección Colombia de los 90´s y un equipo de fútbol de las FARC. A dicha propuesta, la delegación de paz de dicha organización respondió casi que de inmediato, complementando la iniciativa con detalles de un encuentro que, según ellos, podría jugarse de ida y vuelta en La Habana y Pescaito, con equipos conformados por hombres y mujeres y, además, con la presencia de exfutbolistas latinoamericanos como Aguinaga, Maradona o “el Diablo” Echeverri, entre otras minucias contenidas en la respuesta enviada desde La Habana.

El fútbol y la política son harina de un mismo costal, aunque varios se empeñen en afirmar lo contrario. Los ejemplos son muchos, pero sin profundizar en el debate, es claro que la pelota es una parte importante de nuestra sociedad. Los aspectos más dolorosos de la realidad colombiana se han visto allí reflejados. No fue ajeno al fútbol el narcotráfico, pues allí tuvieron grandes inversiones Escobar, los Rodríguez y Gacha, entre otros. Tampoco lo evitó el paramilitarismo. Hoy, en los albores del neoliberalismo, tampoco ha huido de la privatización.

Hoy la tendencia que empieza a formarse en Colombia es la de los clubes de fútbol llevados a profundas crisis administrativas y deportivas, para luego mutar a formas empresariales en las cuales el ánimo de lucro se formaliza. Los casos más emblemáticos son quizá el de América de Cali y el de Millonarios. Cualquier coincidencia con la forma en que se explica la privatización una empresa pública cualquiera, es mera casualidad. Paralelo a esto, el 2013 estuvo lleno de peleas de barristas, de muertos y de heridos con camisetas de fútbol… Bueno, quizá muchos años han sido inundados de lo mismo, solo que en este, de repente, volvió a importar.

No hay que buscar teorías de la conspiración. Es claro que el fútbol es más rentable sin barristas. Lo demuestra experiencia inglesa, en donde Margareth Tacher, desde la criminalización de los hooligans, los sacó de los estadios y, así, los clubes se permitieron aumentar los precios de las entradas para los partidos, con el objetivo de “alejar a los violentos de las canchas”. De nuevo, equiparando violentos con pobres. Evidentemente, para los empresarios del fútbol, es más rentable que a la cancha vayan quienes pueden pagar boletas más costosas, puesto que además son quienes pueden comprar mayor cantidad productos, dado que ya no son hinchas, sino clientes de los antiguos equipos de fútbol que ahora son Sociedades Anónimas.

Se vislumbra entonces, una nueva guerra. Ya no entre barristas. La disputa en el fútbol se planta entre hinchas de todo tipo, fanáticos de sus clubes sin motivación económica alguna, que se rehúsan a asumirse en su condición de clientes, quienes junto con los futbolistas, que se rehúsan a ser mercancías,  pueden aún ganar un picaito por devolverle el espectáculo a sus verdaderos dueños, a las grandes mayorías; en contra del interés de los grandes empresarios nacionales y transnacionales, patrocinadores, dueños de derechos de televisión, sponsors y demás, que van por ahí amparados por leyes actuales o futuras que les permiten reducir todo tipo de derechos laborales a los futbolistas, como bien lo sabe el ministro Rafael Pardo; haciendo cada vez más rentable un negocio, en el que se venden más y más camisetas repletas de publicidad, mientras se miran con tristeza estadios más desocupados. La violencia en el fútbol no es ajena a los fenómenos de la sociedad en la que vivimos, ni mucho menos deja de ser consecuencia de la mercantilización del espectáculo.

Entonces, el picaito por la paz, debe ampliarse. Bienvenida la selección Colombia de los 90´s y bienvenidas sean también las FARC. Sin embargo, el juego debe incluir a los hinchas del fútbol y futbolistas activos, desempleados y desprotegidos, también, a los empresarios y directivos, para de una vez por todas entender en el país, que sin deporte y recreación para todos, no habrá paz.  Es decir, que es necesario discutir cómo aporta el fútbol en particular y el deporte en general a la construcción de una nueva sociedad mucho más allá de un partido. El debate sobre el fútbol en el país, por gracia o desgracia, es político y, asimismo, atraviesa también la posibilidad de erradicar una parte importante del componente social de nuestro doloroso conflicto armado

@FernandoVeLu

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Lunes, 16 Diciembre 2013 22:13

El precio de la paz

En vista de lo optimistas que estamos todos los colombianos en torno a este proceso de paz, me hice las siguientes preguntas: ¿Se desmovilizarán en su totalidad los frentes guerrilleros? ¿Qué harán después de dejar el negocio lucrativo del narcotráfico? ¿Cuántos empresarios estarán dispuestos a emplearlos?

La encuesta de Gallup contesta parte de estos cuestionamientos: Solamente el 40% de los empresarios estarían dispuestos a contratar a un exguerrillero. Entonces ¿cómo lograremos que ellos cambien de vida si no confiamos en ellos? Qué ironía. El 68% de estos empresarios consultados piensan que sus empresas venderían más y el 79% de ellos piensan que invertirían más si no existiera el conflicto, pero dónde esta el granito de arena de los dueños de las empresas, ¿por qué no emplear a un exguerrillero? Cierro los ojos y aplaudo lo que dice el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas: “Colombia aumentaría uno o dos puntos porcentuales del PIB si no hubiera conflicto”. En parte se contesta mi pregunta, pero ¿qué pondremos hacer a los guerrilleros que se desmovilicen y entreguen las armas? Posiblemente nada, pues los empresarios no están dispuestos a emplearlos.

Frente a las cifras de la guerra podríamos decir que el Gobierno se gasta cerca de 23 billones de pesos, es decir, 3,5% del PIB, o mejor, el 14% del presupuesto del país. El 6% de estos recursos se gasta en la lucha contra la guerrilla, en salarios al personal del Ejército se destinan 9,3 billones al año y entre $300 mil y $400 mil millones anuales corresponden a combustibles, según menciona Diana Quintero, viceministra de Defensa.

Es precisamente esto lo que más me preocupa, pues acabado el conflicto no podemos acabar de una con el Ejército, ya que no sabemos cuántos de estos hombres están dispuestos a seguir combatiendo como bandas emergentes, lo que se da por el negocio del narcotráfico. No podemos repetir lo de El Salvador: su Ejército se quedó sin fuerzas para combatir y hoy es su mayor dolor de cabeza,  me refiero al frente Farabundo Martí, que jamás se desmovilizó en el Acuerdo de Chapachultepec de enero de 1992

Según El Radar, firma consultora, al menos esta cifra tendría que mantenerse por una década, o sea, en plata blanca, 440 billones de pesos. El verdadero negocio de este cuento es la droga. ¿Será que los grupos guerrilleros estarán dispuestos  a dejar de percibir 1.500 millones de dólares al año, cifra que menciona Daniel  Mejía, director del Centro de Estudios de Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes?

No es por ser incrédulo, pero no creo que las FARC en su totalidad vayan a cambiar toda esa millonada por 480 mil pesos que se le dan mensualmente a los desmovilizados. Aún más grave, los empresarios no creen en el cambio de la estructura económica negociada con las FARC. Tan solo el 38% de estos empresarios están de acuerdo frente al 72% que no lo están. Así las cosas, ¿cómo incluirlos en la sociedad?

Pero lo más preocupante es saber que más de 200 mil personas hoy dependen del negocio lucrativo de las FARC, más 8 mil combatientes. Sumémosle dos o tres milicianos más por cada guerrillero. Hablamos de 24 mil guerrilleros y 120 mil familias que hoy viven de producir los cultivos ilícitos, datos mencionados por María Victoria Llorente, directora de Ideas para la Paz. ¿Qué los vamos a poner hacer?

Preocupante, ¿cierto? Las cifras de los que ya viven por cuenta de la desmovilización son de 32.000 millones de pesos anuales, súmenle 160 mil y 480 mil correspondiente a asistencia social y tecnológica, más 17 mil millones para apoyo de nuevos productos. Según el informe, se incrementaría 163 mil millones  de pesos si las Farc deciden desmovilizarse.

Estas son tan solo cifras y números, pero es a lo que nos enfrentamos como colombianos frente a la Paz. Yo estaría dispuesto a pagar más impuestos por lograr el fin del conflicto, pero es preocupante que no todos los bloques y frentes se quieran desmovilizar, el negocio de la droga no dejaría, pues es bien conocido que tienen negocios con alias Fernandinho, narco brasileño, y con el Cartel de Sinaloa en México, pero en mi próximo artículo lo hablaré bloque a bloque.

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Lunes, 09 Septiembre 2013 23:02

Creo colombia, creo en la paz

La semana pasada me hice invitar al lanzamiento de Creo Colombia, una organización que trabaja sobre tres pilares: el político, el social y el académico. Todos jóvenes que en el pasado en su mayoría apoyaron al presidente Santos. Hoy se organizan para manifestar su rechazo y convertirse en la oposición de políticas del Gobierno actual, entre ellas el proceso de paz que se lleva a cabo en La Habana con las Farc, ya que están en desacuerdo con una paz sin justicia.

Hace tres años era inimaginable que personajes como el Senador Robledo y el expresidente Uribe tuviesen puntos de encuentro, también que Uribe se convirtiera en el mayor opositor del Gobierno de Juan Manuel Santos e igualmente que los jóvenes que estuvieron unidos para apoyar a Santos hoy se encuentren divididos. Recuerdo cómo jóvenes que son santistas en la actualidad defendían las políticas uribistas en aquel tiempo y viceversa.

Es normal que una parte del electorado que votó por Santos se sienta defraudado con el actual Gobierno, pues hay un sin sabor que se va afianzando a través de los medios de comunicación y redes sociales haciéndonos creer que este es el gobierno de la traición. Se pregunta este pésimo escritor y periodista que no votó por Santos: ¿cuál traición? ¿Acaso este Gobierno ha hecho una reforma de transformación que haya impactado para que Colombia sea un modelo económico y social en el mundo sin o con TLC?. Por el contrario, el país sigue siendo un desastre.

Hay que reconocer algunas coincidencias de gobernar. Así como Uribe logró un proceso de paz o desmovilización con los paramilitares en hora buena, el presidente Santos busca la paz con las Farc y el ELN. Los dos procesos, tanto el de Uribe como el de Santos, tienen sus pros y sus contras dependiendo de sus creencias. Pero en lo que coincidimos todos los colombianos es que estamos cansados de la guerra, ya es hora que se dejen de matar nuestros hermanos a bala defendiendo unos “intereses egoístas y particulares”.

Prefiero ver a los jóvenes creando centros de pensamiento como Creo Colombia que, si bien están bajo el credo y las ideas del expresidente Uribe, José Obdulio Gaviria y el Centro Democrático, debaten sus ideas en la otra esquina, entre líneas. Si bien no comparto su modelo de país, ni mucho menos las políticas del expresidente Uribe, son jóvenes que de manera pacifica debaten sus puntos de vista y es a través de estas diferencias que se construye país.

¿Cómo podemos hablar de paz si ni siquiera respetamos las ideas de los demás? ¿Cómo podemos hablar de la justicia, equidad si ni siquiera respetamos al otro? Y es que a nuestros gobernantes les hace falta pensar en el ciudadano, se la pasan aprobando leyes sin medir los efectos de las mismas. Como dijo Anatole France “queda prohibido a ricos y pobres dormir bajo los puentes”. Seguramente quienes deben cumplir la ley son los pobres, lo mismo pasa con nuestras leyes con Santos, Uribe, Clara López o el siguiente presidente. 

A mi modo de ver hemos avanzado un “poquitico”. Ojalá esta vez se pueda lograr la paz y, como dijo Mockus, “Tenemos que encontrar ejemplos grandes de generosidad, los que aun cuando una de las partes dé papaya, la otra no la parta” Debemos realmente empezar a ser autocríticos y ver nuestras actitudes para con los demás porque la paz no es solo lo que se firma en La Habana, sino es un ejercicio primero con uno mismo y después con quienes nos rodean. Yo por mi parte le apuesto a la paz, a respetar las múltiples visiones del mundo. Sólo pensando en el otro es que lograremos hacer de Colombia grandes cambios. Cuando nuestros dirigentes piensen en los campesinos, indígenas, jóvenes, abuelos y demás. Protegiendo los intereses colectivos y no unos exclusivos empezaremos por fin la verdadera paz. ¿Será que tendremos que esperar otra media década para que este pueblo ignorante aprenda a votar?

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"La paz no significa el silencio de los fusiles", que rectificó después cuando dijo que "la paz no es la simple desmovilización". Empiezo mi artículo con esta frase preocupante del comandante Iván Marques en Oslo ¿será que si tienen un compromiso con la paz?.

Pues se despacho en mas 33 minutos hablando en contra de las multinacionales, en contra de los empresarios nacionales, en contra de la desigualdad social en Colombia; que si la hay. No  podemos tapar el sol con un dedo. Pero están dispuestos verdaderamente a buscar una mejor sociedad desde la legalidad.

Con un discurso pasado de moda de más de 20 años de antigüedad donde ya el mundo cambio ya la cortina de hierro caño. Ya cambiamos un mundo bipolar por uno multipolar; Ya no existe el comunismo radical o el capitalismo radical ya se puede negociar. El mundo cambio señor Márquez.

En ningún aparte de su discurso habla de lo que se viene para los diálogos de Paz, no reconoce ninguna de sus responsabilidades como grupo insurgente de desapariciones forzadas, desplazamientos forzados, violaciones contra la población civil; y sobre todo contra la violaciones del Derecho Internacional humanitario en más de medio siglo de historia Republicana de nuestro País.

Es preocupante a mi forma de ver el afán que tiene el Gobierno nacional para firmar la Paz. Claro, es un clamor nacional y por esto están mostrándolo el hambre por así decirlo. Este grupo puede utilizarlo a su favor y perder esta gran oportunidad de la búsqueda de nuestra anhelada Paz.
Creo que el Gobierno debería ser mas enfático en sus ideas y no permitir que esto se les salga de las manos como procesos anteriores que por la ingenuidad de Gobernantes perdieron la oportunidad de firmar la Paz 

Por querer firmar la Paz las FARC LES COJE LA MANO Y HASTA EL BRAZO.
Quiero la paz como todos pero no quiero que me vuelvan a ver la cara de tonto que tiene la esperanza de ver mi país sin un solo muerto más por este conflicto estúpido que nadie entiende.

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