Martes, 18 Febrero 2020

prueba.jpg

Lunes, 05 Enero 2015 12:35

Lectura viva vs lectura virtual

Por: Josué Martínez

Leí por estos días un artículo publicado por semana.com  que hacía referencia a los inconvenientes físicos que provoca leer libros electrónicos antes de dormir.  Más esfuerzo, dificultades para conciliar el sueño y sensación de no haber descansado durante la noche, son los síntomas que los investigadores usan como prueba para determinar que es más recomendable leer un libro de papel antes de ir a la cama que un e-book.  Pero más allá de los problemas que pueden causar en el patrón del sueño los aparatos tecnológicos que se usan para leer; recuerdo haber escuchado constantemente durante este año por parte de escritores, editores, casas editoriales y prensa escrita en general, la preocupación por la posibilidad de que los medios tecnológicos le quiten lugar al papel, sean libros, revistas o periódicos en general.

La encargada de hacer seguimiento a los Jefes de Estado a través del mundo que trabaja para The New York Times, aseguró hace algunos meses en una emisora de radio local que las ediciones digitales de este periódico tomaban cada vez más fuerza, en contraste con lo que ocurría con la edición impresa.  Si bien es un punto de referencia que un periódico tan importante a nivel mundial esté preocupado por la disminución en la demanda de sus productos en papel; no hay que ir muy lejos para descubrir que en los aparatos inteligentes tenemos todos los periódicos, libros, historia y contenido de investigación en general con solo dar en un enlace.  No se puede negar que la inmediatez de las noticias y la facilidad en la búsqueda ofrecidas por las nuevas tecnologías se ajustan a la perfección a este ritmo desenfrenado de vida en donde no hay tiempo para la pausa, en donde valen más los resultados sin importar la forma de llegar a ellos, en donde ya no hay casi personas ni sus historias; más bien hay  cifras, estadísticas, números, desempeños. Una vida virtual, mecánica, cada vez más parecida a los aparatos que usamos para comunicarnos, cuerpos sin alma en vidas vacías.

Discutiendo este tema en la universidad,  un compañero argumentó que el periódico impreso era más extenso y específico; el profesor contradijo diciendo que un artículo en la web no necesitaba ser extenso ya que venía lleno de enlaces para dirigir al lector a cualquier otro tema relacionado y dar claridad sobre la idea expuesta. Tiene razón, si se hace una investigación sobre algún personaje o un evento en la historia, el texto en internet por lo general tiene las palabras clave resaltadas para entrar sobre ellas y conocer al detalle todo lo relacionado con el tema; en otra pestaña se pueden encontrar infinidad de diccionarios y traductores que permiten salir totalmente de dudas respecto de términos descocidos.  Entonces no están en duda los beneficios del contenido digital, pero los aparatos inteligentes (teléfono, tableta, Ipad, Pc, etc) al no estar creados únicamente para fines educativos, ofrecen una cantidad muchas veces irresistible de información, entretenimiento y diversión que impiden la concentración total y hacen perder el interés en lo que se está leyendo.  Es muy

común que mientras se intenta leer algo, saltan a la pantalla las burbujas del chat, o llega el aviso de una notificación de Facebook o de twitter, o llega el mensaje del banco avisando que se emitió la factura de la tarjeta de crédito o la factura de los datos móviles, en fin una cantidad de distracciones que hacen imposible la concentración, tan importante para tener al menos una buena comprensión de lectura. Todo lo anterior se evitaría, a mi modo de ver, si nos sentamos cómodamente en algún lugar en silencio, con un buen periódico o revista impresos y dedicamos un buen rato a disfrutar de la lectura. Me imagino lo que se está preguntando; ¿Y con qué tiempo? Y sí, ese es el problema.

El tema de la literatura no es menos importante. Sin duda la posibilidad de tener gran cantidad de libros electrónicos a disposición en un teléfono o una tableta, descargados con facilidad y sin costo a través de internet, significa una ayuda inmensa en principio por el tema económico para los amantes de la lectura. Para nadie es un secreto que el costo de los libros en nuestro país es muy elevado.  Recuerdo haber ido corriendo a la Librería Nacional a estrenar mi tarjeta el día que me aprobaron mi primer crédito y destinar  100.000 pesos, sólo para descubrir con cierta desilusión que me alcanzaba para 2 libros nada más. Adicionalmente un libro electrónico no ocupa espacio en el bolso, no se deteriora y es mil veces más sencillo de manejar. Si es de los que leen en el bus, va a notar la facilidad para pasar de hoja, no se le van a correr a causa del viento y no va a necesitar separador para recordar en donde va.

Las anteriores son las facilidades obvias que representan los e-books, pero hay algunas otras razones por las que creo los libros de papel nunca serán reemplazados y representan mi opinión al respecto. En uno de los comentarios sobre el artículo que mencionaba al principio un lector escribió: A QUIENES NOS GUSTA LEER UN BUEN LIBRO- LO HACEMOS ASI: LO ADQUIRIMOS EN UNA LIBRERIA- LO OLEMOS- LO PALPAMOS- LO OJEAMOS- Y DESPUES NOS DEDICAMOS A SU LECTURA LENTA - ESCUCHANDO EXCELENTE MUSICA- ES UN VICIO TREMENDO. No puede tener más razón, por eso yo voy a la librería con mucho tiempo y con poca plata, podría gastar todo lo que llevo en libros.  Ese lugar es mágico. Estanterías llenas de ejemplares, colores, imágenes, tamaños, autores y sus historias reales y de ficción, muchas de ellas irresistibles e hipnotizadoras. Hechos de la vida real y personajes épicos inmortalizados en hojas vivas, con olor propio; algunas blancas muy nuevas, otras amarillentas como de libro antiguo, mis preferidas. Los libros impresos no son sólo papel, me parece que están vivos, hace falta sentir pasar sus hojas por los dedos, hacen compañía,  no es necesario mirar su título, no son números, tienen nombre, se reconocen por su carátula, sus colores y su tamaño.  Hace unos años, acostumbraba leer en la cama antes de dormir. Mi padre me contaba siempre en las mañanas que había venido a mi cuarto a apagar la luz bien entrada la noche, me había encontrado dormido, con el libro abierto encima de la cara… dormía tan bien por esas épocas. Hoy es distinto, normalmente antes de dormir estoy mirando mi teléfono, leyendo alguna noticia, algún artículo, o contestando mensajes. No sé si sea por eso, pero duermo muy mal. Estas y muchas otras cualidades hacen irremplazables a los libros impresos. Los libros electrónicos podrán mostrar la misma combinación de letras, pero nunca producirán las mismas sensaciones.

T. @10SUE10

Published in Artículos
Jueves, 19 Junio 2014 00:07

Y en política se muere más de una vez

 

Al parecer en Colombia próximamente se calificaría al ejercicio de hacer política, como una actividad de alto riesgo y es que no es para menos el calificativo, pues en este país resulta ser de valientes quienes se atreven a proponer ideas transparentes, comprometidas y diferentes.

Pero también es una lástima que la premisa de querer luchar por los más vulnerables y propender por un verdadero bienestar general, pasó al olvido en quienes practican una forma de política que termina siendo más peligrosa que la misma omisión de practicarla por miedo, la politiquería.

Estos son quizá, los dos grandes monstruos que se comen las oportunidades en el país, el constante miedo por marcar la diferencia y una macabra politiquería que corrompe el significado ideal de hacer política.

Por esas razones, es común ver a jóvenes decepcionarse de este gremio, pues existirán fuerzas que querrán callar a tiros a los que piensen diferente políticamente, o lo que también es lamentable, un grupo de personas manipularán líderes sociales para influenciarlos en prácticas que buscan beneficios particulares a costa del manejo indebido de los recursos públicos.

Pero a pesar de los pesares, vale la pena volver a darle un valor a la política, hacer de ella algo respetable y honorable, retornar al ejercicio de servir a los más vulnerables, incitar la esperanza y luchar para que la paz retorne la tranquilidad y progreso a esa parte del país olvidada y maltratada por la violencia, el campo.

Por todo esto me atrevo a decir que en política más vale morir las veces que sean necesarias, pero más vale morir por causas que así lo merecen. De este modo desde la Fundación Jornal, trabajamos por la niñez y la educación de los niños del campo tolimense, nos arriesgamos a hacer las tareas que le corresponden al Estado, llevamos la paz a través de bibliotecas y logramos que los más pequeños vuelvan a soñar con ser astronautas, profesores, veterinarios y demás profesiones que fueron desplazadas por la única opción de entrar a la guerra.

Sin duda alguna y con el propósito de volver a darle un sentido digno al ejercicio de servir a los demás, pertenezco a ésta organización que lo da todo por los más vulnerables, que le apuesta a una educación para la paz y que sin decirlo, demostramos la verdadera forma de hacer una política joven, transparente y sin miedo.

Con determinación seguiré trabajando con el alma y el corazón para que los niños tengan un libro y no un fusil en su mano.

T.@Lore_Castaneda

 

Published in Artículos
Sábado, 10 Mayo 2014 11:35

Menos ferias, más libros

 

Hace mucho tiempo que no voy a una Feria del Libro. No recuerdo ya cuándo fue la última vez. Cuando era más joven y más entusiasta, asistía sin falta a esa cita anual que se realiza acá en mi ciudad. Ir a una que otra conferencia, buscar autores, uno que otro autógrafo. No me parecía un plan tan malo. Además, en cada feria del libro hay demostraciones culturales y lúdicas, que varían con el país invitado de honor; sigue siendo una buena opción de ocio. Pero algo no estaba bien y por eso dejé de asistir a aquel evento.

Algo andaba mal y aun hoy en día se hace evidente: en cada feria del libro se reúnen muchas personas, pero no sabemos para qué. ¿Realmente vamos por la cultura que nos exponen? O ¿acaso vamos porque el colegio no tuvo otra mejor idea para dejar de hacer clase y nos metieron en un bus para ir a un día de ocio, pero de estudios nada? O quizás ¿vamos por el mero placer chauvinista de presumir de cultos, mientras sabemos plenamente que somos un país que lee muy poco? La última pregunta es la que más me martilla la conciencia. Durante dos semanas hacemos alarde de ser los lectores más voraces, los más cultos, los educados por excelencia; pero por dentro no podemos comernos esa patraña.

Los colombianos amamos lo fácil y leer no es algo tan sencillo, ni mucho menos algo que se aprenda de la noche a la mañana. Gran parte de ese público que asiste a la Feria del Libro no va sino con ánimo de presumir una cultura de la que se carece. Aparte de eso, es un gran centro comercial itinerante de libros, caros y, en ocasiones, impagables. Bien lo decía alguien por ahí, con toda razón, quien afirmaba que un libro que cueste el 10% del salario mínimo de un país como el nuestro no puede estar en una feria. En Colombia los libros son costosísimos, otra excusa que se suma a las demás para no tomar el hábito lector.

Aclaro que no tengo nada en contra del evento, ni de Corferias, ni de los organizadores. Es más, hay cosas que se pueden resaltar dentro de las programaciones que emiten. Pero creo que con estos eventos no se logra nada más allá que la reunión de gente desorientada, muchos esnobs, de esos  que creen que con comprar cinco libros ya son eruditos, y algunos miembros de una élite intelectual que sigue exponiendo ideas caducas. En un par de semanas al año llenamos los pabellones de Corferias para “llenarnos de cultura”, mientras que el resto del año las bibliotecas públicas no son los lugares más concurridos, ni siquiera por los estudiantes que van allá a buscar un conocimiento meramente enciclopédico.

No se está logrando el impacto que necesita un público famélico de cultura; pedagógicamente no hay mucho y no se está persuadiendo a la gente para que lea, como sí para que compre. Y es aun posible que los mismos que compren libros por montón, los arrumen en el último rincón para no ser abiertos por nadie.

La sola idea de tener una biblioteca privada es contradictoria y siempre me ha parecido absurda. Los libros siempre deben estar abiertos para todos; pero los libros solos no hacen magia; necesitamos que la gente se acerque a leer, promoción de lectura, lúdicas, etc. Ahí es en donde nunca vemos aparecer a los gobiernos, promoviendo la lectura. No quiero decir con esto que la Feria del Libro tenga la culpa de estos males que nos aquejan; simplemente quiero decir que hacer una Feria del Libro aquí es como hacer un festival de diversidad sexual en un país islámico o una celebración de la honestidad en el Congreso de la República. No podemos celebrar sobre algo que no abunda, cultura, hábito lector, generación de ideas, interpretaciones, etc.

Aplaudo ideas como Libro al viento, para que la gente lea y entregue los libros  a otro ciudadano; en este caso hay que vencer el facilismo que nos caracteriza y colaborar para que todos nos acerquemos a la cultura escrita, que es mucha,  la que no alcanza una vida entera para leer.

Sigo soñando con una ciudad en la que los libros no falten, en donde se sigan contando historias, en donde se lea algo más que las frías páginas de los avisos clasificados o el obituario de un periódico. Que haya una Feria del Libro no está mal; pero lo ideal es que haya más libros y, sobre todo, más público en las bibliotecas 

Epitafio:

Aquí descansa la confianza de los colombianos:
Azotada y martirizada, dejó de ver la luz, una mañana en que las encuestas electorales y la cursi propaganda política hicieron de la conciencia del votante un cadalso farandulero.

 

 

Published in Artículos
Miércoles, 10 Julio 2013 20:26

LOS MEJORES AMIGOS Y CONSEJEROS II PARTE

 Pasó esa noche y al otro día me fui a estudiar como de costumbre. Necesitaba distraerme e intentar no pensar en lo que había pasado. Mientras iba en el bus miré el interior de mi maleta. Fijé mi mirada en el libro que Daniel me había dado y lo saqué para observarlo con mayor atención. El título del libro era: “Perdidos y hallados en el desierto” de Michael Wells. Tocaba manejarlo con mucho cuidado. Este libro estaba en muy malas condiciones. Al parecer había pasado por muchas manos y no se le había dado el trato que merecía. Sus hojas estaban sueltas y arrugadas, tenía manchas de bebidas y su portada estaba realmente desgastada. Lo abrí y empecé a leer. No sé cuánto tiempo pasó. Recuerdo que todo fue muy rápido. Cuando me di cuenta ya había llegado a mi lugar de destino y no quería parar de leer. Cerré el libro con mucho dolor y fui a mi clase normal.

 No voy a decirles lo mucho que me dijo ese libro, ni tampoco les contaré con mayor detalle de que se trata. Pero lo que sí les puedo decir es que me dio los mejores consejos que nunca antes nadie me había podido dar. Fue así como mi forma de ver la vida y la forma de ver lo que me estaba pasando cambió notablemente.

 Este libro transformó y renovó mi vida.  Después de leerlo quizás tres o cuatro veces tuve que devolverlo. El libro era de un amigo en común de Daniel y mío y había llegado el momento de volver a donde su dueño. Ese día miré aquel libro deshojado, sucio y manchado y decidí hablarle. Díganme loca, sé que los libros no pueden oír, pero aún así lo hice. Le dije: “mira libro, créeme que fuiste el mejor amigo que pude haber tenido en este momento. Tú sabes lo mucho que me has ayudado. Has transformado y renovado mi vida. Yo estaba como quizás tú estás ahorita. Estaba desojada, arrugada y sucia. No me habían dado el trato que merecía y no se habían dado cuenta lo importante que era. Pero hoy voy a transformarte como tú lo hiciste.” Así lo lleve a el lugar donde restauran libros y pedí que lo dejaran como nuevo. Volví al lugar como una hora después y ya lo tenían listo. Pagué lo que me correspondía y me fui a un lugar donde estuviera sola. Saqué el libro de la bolsa donde me lo habían dado y lo miré. ¡UASH! No se imaginan como quedó. Todas sus hojas estaban en su lugar, su borde estaba perfectamente limado y su portada ahora estaba dura como antes, sus hojas habían cambiado de color y ahora sí podía devolverlo como se merecía.

 Después de este primer libro, empecé a buscar refugio en la lectura. El hecho de que no tuviera novio implicaba tener mucho tiempo libre y tenía que buscar un medio para gastarlo. Me dediqué a leer, leer y leer. Mis favoritos fueron los libros de psicología porque me ayudaban demasiado. Creo que estaba en la búsqueda de sentido de mi vida y los libros eran herramientas claves para encontrarlo.

 Luego de los libros psicológicos pasé a las novelas y después a las historias biográficas. Aprendí demasiado de vidas como las de Thomas Watson (dueño y fundador de la IBM) y siempre buscaba una enseñanza cuando terminaba de leer un libro. Preguntas como: ¿para qué me sirvió? ¿Cómo puede ayudarme en mi vida el libro que acabo de leer? Eran preguntas que siempre, sin excepción alguna, respondía. 

 Ahora mi vida ha dado un vuelco total. He empezado la universidad y estoy comenzando una nueva relación con un músico. A pesar de que cuando terminé con Daniel no veía la luz y todo era incierto, he aprendido que solamente cuando el cielo está realmente oscuro es cuando podemos ver las estrellas. El hábito de la lectura se quedará  conmigo por toda mi vida. No puedo pasar ni un solo día sin leer por lo menos un capítulo de un libro. He aprendido que son mis mejores amigos y consejeros y que siempre tienen un consejo sabio para mi vida. No sé cómo pero permanentemente me ayudan cuando lo necesito.

 

Published in Artículos

Palabras Sociales - www.palabrassociales.org

Bogotá - Colombia Cel: (57) 3105601719