Viernes, 20 Septiembre 2019
Lunes, 21 Marzo 2016 09:38

En nombre de la paz

 

Crónica de una muerte anunciada

Por: Ana Gardeazabal

Que la opinión pública afirme que la paz está cerca es un idealismo, sin embrago que el gobierno alarde de la Paz en Colombia es una mentira. Desconcierta la confusión que existe entre hablar de un acuerdo de paz y la paz, hay que dejar claro que son dos cosas diferentes.

Dudo mucho que tan prometida paz llegue al territorio colombiano, por varios factores: factores que no estoy segura si el gobierno Santos ha querido pasar por alto conscientemente, o si en su obstinada meta por conseguir un acuerdo de paz se ha nublado su juicio. El primero,el narcotráfico. El tráfico de drogas no terminará con la firma del acuerdo, por más de que este así lo estipule. La guerrilla de las FARC es uno de los carteles de droga más importantes de América Latina, el hecho de que su estructura delincuencial quedará mermada como resultado del acuerdo está fuera de cuestionamiento, sin embrago ¿Qué plan tiene el gobierno para quienes desistan en la decisión de desmovilizarse?

Desistir de la rendición y desmovilización y mantenerse en pie de lucha en la filas de las FARC, es en la mente de muchos, una decisión completamente entendible. En términos de incentivos, en la medida en que disminuya el número de subversivos dentro de la organización, el margen de las ganancias por los negocios ilícitos se verán incrementadas para quienes continúen delinquiendo, así que muchos no querrán volver a la legalidad, simplemente por las ganancias que recibirán cuando la torta de las drogas sea repartida entre pocos.

Segundo, ¿Quién garantiza que las FARC es un grupo cohesionado que recibe y acata ordenes de quienes los representan en la mesa de negociación en La Habana? Muchas veces los jefes negociadores han incumplido promesas de no realizar atentados terroristas, ¿porque así los jefes negociadores lo permiten, o porque los disidentes e incrédulos en el proceso de paz dentro de las FARC, lo ordenan?

Tercero, el ELN también esta constitudo como un grupo guerrillero y no ha demostrado una intención real de negociar con el gobierno.

Cuarto, como resultado de los factores anteriores ¿quién puede asegurarle al pueblo Colombiano que después la firma del acuerdo de paz, se acabara la guerra, llegará la verdad y cesarán las víctimas?, La revictimización después de la firma del acuerdo es inminente, en la medida en que exista una disputa de poder entre los disidentes de la futura desmovilización de las FARC, el ELN y las bandas criminales.

Entonces, el acuerdo entre las FARC y el gobierno tiene como objetivo remover el nombre de una guerrilla o cambiar la dinámica de la guerra. Ponderando costos y beneficios, el gobierno, y en consecuencia todos los colombianos partimos de una clara desventaja, porque aunque se habla de verdad, justicia y reparación, los victimarios difícilmente cumplirán condenas justas, aunque se habla de combatir el narcotráfico, este se tratará como un delito conexo a la rebelión, aunque se condena el proselitismo político armado, se ordena salir a la fuerza pública de un territorio para abrir paso a jornadas de socialización de grupos de grupos armados fuera de la institucionalidad y aunque se habla de victimas es muy difícil asegurar que no lo seguirán siendo después del acuerdo de paz.

En resumen, ¿Qué ofrece el acuerdo de paz a todos los colombianos? Verdad, porque consiste en que los guerrilleros acepten, confiesen los delitos cometidos y se comprometan a no repetirlos. También tendrán que confesar las rutas del narcotráfico - lo que probablemente no cumplirán a cabalidad - y entregar las armas - lo cual también intuyo, no todos estarán dispuestos hacer, a cambio de que el gobierno en nombre de los Colombianos les otorgue prebendas políticas, rebajas en las penas o penas alternativas y zonas de concentración para la socialización de los acuerdos, zonas que a la larga terminarán facilitando el tráfico ilegal de drogas y armas.- Todo esto resulta siendo un fantástico desacierto debido a que a pesar del esfuerzo del gobierno Santos por conseguir un acuerdo de paz que termine con la guerra, en términos reales solo conseguirá transfórmala.  

Finalmente, termino haciéndome las preguntas que rondan por las mentes de muchos colombianos, ¿valdrá la pena la inversión exorbitante por conseguir el acuerdo de paz?, ¿valdrá la pena el endeudamiento de la nación por consolidar los puntos acordados?, ¿valdrá la pena el desgaste institucional que está teniendo el país? Aún quedan muchos interrogantes, sin embargo, a costa de cualquier cosa, supongo que como dice el Presidente Santos, todo será en nombre de la paz.

Twitter.

 

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Jueves, 17 Marzo 2016 22:37

Paz sin impunidad

Miembro del partido Centro Democrático, la Senadora Nohora Tovar Rey, que vivió el secuestro, declara perdón a sus captores, pero mantiene una firme posición al decir: No al acuerdo de paz con impunidad.‪#‎Opinión‬ ‪#‎Política‬ ‪#‎Radio‬

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Jueves, 17 Marzo 2016 22:01

Los avances en la Habana

Reconocido por sus posturas políticas, León Valencia visitó los estudios deRadio.amiga Internacionaly partició enPalabras Mass, con sus conceptos acerca del proceso de paz y los avances en La Habana. Dirige. Alberto Diaz #Opinión #Política #Radio.

 

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Miércoles, 16 Marzo 2016 11:06

De Plan Colombia a Paz Colombia

Se conmemoraron los 15 años del Plan Colombia, el mandatario norteamericano, Barack Obama, sostuvo que la alianza entre su país y Colombia es la más fuerte del hemisferio occidental y que estos países seguirán estrechando sus lazos de cooperación. Para análizar que viene con Paz Colombia Katherine Miranda, Lorena Castañeda, Daniel Rojas Medellín y Camilo Martinez

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Lunes, 15 Febrero 2016 10:33

José Uscátegui - José Antequera

José Jaime Uscátegui y José Antequera unidos por un país mejor..... ¿Nace un nuevo panorama para el futuro de Colombia?, escuche éste interesantísimo programa en el que se unen en una charla especial el hijo de un militar privado de la libertad y el hijo de un militante de izquierda asesinado. 

 

Twitter @palabrasmass

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Viernes, 06 Noviembre 2015 15:10

Guerras nuevas en un mundo globalizado

 

Por: Daniela Camargo Camacho

 

Después de la Guerra Fría prácticamente se acabaron en el mundo las guerras convencionales entre Estados pero surgieron, en ciertas regiones, otras clases de confrontaciones intestinas de bandos armados que luchan por el poder.

Estas guerras nuevas surgieron internamente como consecuencia no sólo de la debilidad militar de los gobiernos, sino también de la escasez de recursos, de la desigualdad social, la falta de trabajo y la falta de educación, sometido a las minorías que propician no sólo el hambre y la miseria, sino también al surgimiento de jefes militares guerrilleros o paramilitares que luchan entre sí o contra el Gobierno de turno. Estos grupos insurgentes están basados en una ideología totalmente diferente a la propuesta por el Gobierno, como es el caso de Uganda, Kenya, Guatemala, El Salvador, Perú, Colombia, entre otros.

Uno de los graves problemas de estas “guerras nuevas” es que tanto los victimarios como las víctimas en su gran mayoría son civiles. En estas nuevas guerras, existe una violación generalizada del Derecho Internacional Humanitario y de los Derechos Humanos, pues se practican las limpiezas sociales y raciales, se usurpan las tierras, se hacen desplazamientos forzados. Los métodos para financiar tales guerras por parte de los agentes insurgentes son: el terror, el secuestro extorsivo, el cobro de “impuestos”, la explotación del narcotráfico y la minería ilegal.                                                                                    

Los organismos internacionales como la Corte Penal Internacional (CPI), han sido incapaces de perseguir y castigar a genocidas y líderes de estos grupos insurgentes que cometen atrocidades contra la población civil, no sólo porque el Gobierno no cuenta con un aparato militar poderoso, sino también porque muchas facciones rebeldes son amparados por gobiernos corruptos; la CPI ha condenado en toda su corta historia a una sola persona, por lo que queda en duda el papel que dicha organización está realizando para ponerle fin a las vulneraciones de los derechos humanos en el plano de un conflicto armado.

¿Cómo acabar estos conflictos armados contemporáneos? Es una pregunta que tanto Estados como organizaciones internacionales se han hecho desde hace muchos años. Lo único que se sabe, a ciencia cierta, es que no ha habido ni hay ni habrá una sola guerra con fines altruistas o humanistas: detrás de las motivaciones de cualquier guerra siempre habrá motivos mezquinos que hay que combatir primero si se quiere conseguir la paz duradera.

Guerras como las de la antigua Yugoslavia y Ruanda, han terminado y han dado lugar al surgimiento de tribunales ad-hoc para castigar a todos aquellos que torturaron, masacraron, violaron y asesinaron a un sin número de civiles, pero no han acabado del todo con los conflictos internos. Otras guerras nuevas han tenido tan larga duración que aún se sigue debatiendo su finalización como el caso específico de Colombia, que cumple con más de cincuenta años de lucha entre hermanos con gran violación a los derechos humanos. Puede que en La Habana los políticos y líderes de las FARC, la guerrilla más antigua del mundo, estén encaminados en la firma de un acuerdo de paz, pero aún falta una negociación con el ELN, otra guerrilla de izquierda que sigue haciendo de las suyas, no sólo asesinando a los miembros del ejército que se enfrentan con ellos en los rincones más recónditos de la selva colombiana, sino masacrando y explotando a la población civil.

Tal vez la forma como se podría mitigar y acabar con el conflicto armado contemporáneo, no es sólo persiguiendo y encarcelando a los cabecillas de los cuerpos armados insurgentes, ni indultando o amnistiando con perdón y olvido a sus dirigentes a través de acuerdos de paz que sólo tienen en cuenta a los victimarios pero no a las víctimas. Más bien, debería haber más cooperación de los Estados desarrollados y así se solidaricen con los pueblos en conflicto armado, se propicie la paz, el progreso, la educación, la igualdad socioeconómica y se combata la corrupción de estos gobiernos. Sólo así se puede fomentar un postconflicto que restañe las heridas y beneficie a todos por igual.

 

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Lunes, 18 Mayo 2015 07:35

Sí, movilidad también es PAZ

Por: Tania López

 

Pasa otra administración en la capital sin resultados tangibles acerca de promesas de campaña de mejorar la movilidad, la seguridad, la educación cívica, etc, y los capitalinos seguimos aún con la esperanza de ver una ciudad transitable, dinámica y ajustada a las demandas del siglo XXI.

Después de 73 años de hablar de metro en la capital del país, la incertidumbre acerca del financiamiento y sobre quien(es) recae esta responsabilidad está a la orden del día. Nos preguntamos si el Gobierno Nacional está dilatando su apoyo, ya que la ley de metros exige una co-financiación de la Nación a esta obra hasta del 70% como lo tuvo el metro de Medellín; o acaso se trata de una evasiva de la Administración Distrital que debería aportar el 30% restante, la conclusión es que si bien hoy el Distrito afirma que hay 5.5 billones de pesos disponibles para esta iniciativa, el Gobierno Nacional aun titubea en dar un sí definitivo para el inicio de la mega obra y que afirman puede llegar a costar 20 billones de pesos. En suma, ya sea a nivel distrital o nacional, vemos que es sólo cuestión de voluntad política y la decisión final está supeditada a la variable de estar en un año electoral que reconfigurará la estructura de poder local en el territorio nacional.

Ahora bien, para tener una perspectiva más amplia vemos algunos ejemplos, en donde Buenos Aires inauguró su primera línea en 1913 y en Caracas comenzó a operar en 1983. En los 90's tres sistemas se inauguraron: Medellín (1995), Monterrey (México), Fortaleza (Brasil), y mientras tanto en Bogotá se continua pensando en hacer o no el metro, cuando 28 ciudades de América Latina construyeron los suyos.

Por otro lado, tras el debate "A 0Km movilidad en Bogotá" citado en la Cámara de Representantes, vimos que uno de los temas más debatidos fue la deficiente implementación del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) en Bogotá. A esta problemática se adiciona las medidas arbitrarias impuestas por el Distrito como el segundo día sin carro y sin moto en el año sin una política complementaria pedagógica y en civismo que ve reflejado efectos contraproducentes en la ciudadanía.

El panorama es sombrío y no vemos soluciones fácticas que nos permitan ver cambios sustanciales y mejoras en la movilidad, la seguridad y la educación ciudadana en la capital. Cada hora se matriculan 11 carros y 6 motos y los recorridos en la ciudad pueden durar hasta dos horas. Otro factor que exacerba este caos, es la polémica que se ha desatado con el pliego de cargos que la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) elevó a la empresa Angelcom, por "obstrucción y dilatación del proceso de integración de tarjetas del Sistema Integrado de Transporte Público y lo cual, le traería una multa de más de 64.435 millones de pesos al comprobar su culpabilidad".

En fin, hago un llamado a demostrar que la PAZ también empieza con el reto de apostarle a la construcción de la Bogotá del futuro, libre de corrupción y malos manejos fiscales, fuera de toda lucha ideológica y de clases, pasemos la página de la sombra del carrusel de la contratación, la falta de planeación y el populismo barato. Blindemos nuestra ciudad de los errores que no pueden volver a repetirse. Aprendamos de las buenas lecciones que nos brindan ciudades que se encuentran a la vanguardia en movilidad como Hong Kong o Vancouver. Evitemos la improvisación, trabajemos por la calidad de vida y la dignidad de los capitalinos, y sobre todo la invitación es, como personas responsables y libres, a votar bien el próximo 25 de Octubre, porque en la siguiente Administración y Cabildo distrital recaerá el peso del bienestar de nuestra amada ciudad.

Twitter. @TaniaLopezLizca  

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Jueves, 20 Noviembre 2014 08:00

Para blindar la paz: ¡Que cese el fuego!

Por: Fernando Vega Lugo

La suspensión de los diálogos de paz por parte del presidente Santos es una afrenta al proceso desarrollado en La Habana. No se trata de una simple pausa, sino de un termómetro con el que Santos busca equilibrar su relación con los altos mandos militares, a la vez que mide el apoyo ciudadano al proceso de paz.

Las reflexiones son muchas. No han perdido oportunidad los sectores guerreristas, para beber de la sangre y esgrimir sus reticencias sobre cada posibilidad de avances del proceso. A modo de rimbombantes “capitulaciones” o detalladas cartas de amplia difusión por la gran prensa, no cesan las conspiraciones en contra del proceso, de quienes terminan por inflar sus cuentas en redes sociales a través de chivas filtradas por medio de la inteligencia militar.

Sin lugar a eufemismos, apegados al artículo 4 del Convenio 3 de Ginebra relativo al trato debido de los prisioneros de guerra de 1949 la desafortunada retención del general Alzate encaja perfectamente en esta categoría. Dicha acción de guerra debe ubicarse al lado de la retención de los soldados de Arauca por parte de la insurgencia, los bombardeos de las Fuerzas Militares en contra de campamentos guerrilleros y con afectación a civiles, la siembra de minas antipersona, los falsos positivos, las operaciones encubiertas, entre muchas otras, como actos que por sí mismos desestabilizan los anhelos colectivos de paz que hoy permanecen en Colombia. Los actos de guerra traen siempre consigo derramamiento de sangre, y en esta ocasión, hay que pararlos.

Hay que superar algunos discursos para construirle una mayoría social a la paz. Esa recalcitrante idea de la “división interna de las FARC” impulsada por los grandes “conflictólogos” hoy se cae por su propio peso. Resulta equivocado pensar que esa supuesta realidad aceleraría la posibilidad de avanzar hacia la firma de un acuerdo de paz. Por el contrario, esa realidad haría pensar en una imposibilidad rotunda de finalizar la confrontación armada. Hoy preocupa más una eventual división en el Estado colombiano, entre unas Fuerzas Militares que parecen confiar más en los caprichos del expresidente Uribe que en las órdenes del presidente Santos, que evidencia por redes sociales y en discursos sus dificultades. Aún faltan respuestas profundas, que deben Santos, Pinzón y hasta Uribe y la inteligencia militar al país.

No puede la opinión pública pararse desde una orilla de la guerra, sino desde la profundidad de la paz. El reconocimiento del conflicto –condición necesaria para el diálogo- implica per sé la bilateralidad de las hostilidades. No pueden los cálculos militares de un lado u otro ser óbice para que no sea posible pactar hoy una tregua. La paz es un derecho fundamental y como tal debe ser defendido, ante una posibilidad inminente de pactar un cese al fuego, que por supuesto debe ser bilateral. No exigirlo de esa manera sería tal como pedirle a alguna de las partes del conflicto que deponga sus armas mientras la otra continúa con su ofensiva, donde no estaríamos ante un proceso de paz, sino ante un escenario de sometimiento.

Está entonces latente –como hace 50 años- la dicotomía entre guerra y paz. Hay que defender la paz por encima de los cálculos políticos o militares, de la legitimidad de cualquiera de las dos partes del conflicto y anteponiendo la vida humana como un principio y un valor para comprometerse con el proceso.

Hay que blindar la paz. Blindarla desde el sentido común, pero además blindarla desde la esperanza que representa el anhelo colectivo de vivir –al fin- en una Colombia en paz.

Que se dé el primer paso: ¡Que sea un cese al fuego bilateral inmediato!

@FernandoVeLugo

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Lunes, 27 Octubre 2014 08:26

¿Paz o Premio Nobel?

 

Les pregunté a algunas de las personas con las que comparto a diario qué opinión tenían acerca del proceso de paz y las repuestas fueron del estilo, "eso es una farsa" o "no tengo ni idea". Alguno con un poco mas de información, ¿o desinformación? me dijo que todo el proceso iba dirigido a darle poder político a la guerrilla y que Colombia iba camino a terminar como Venezuela. Tampoco conoce con exactitud cuál es la situación del país vecino pero lo que sabe es que va mal.  Me llama la atención que haya entre las personas del común tan poca curiosidad por un tema tan delicado y crucial como lo es el comienzo del fin de un conflicto de más de 50 años. Sin embargo, si hay algo cierto es que las negociaciones para buscar un acuerdo entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc han sido un proceso tan largo como polémico, lleno de toda clase de confusiones y verdades a medias, (por ejemplo, en un programa de radio muy escuchado una periodista dijo que el único guerrillero que faltaba por ir a la Habana era alias "Negro Acacio"; asesinado el 2 de septiembre de 2007) del que se sabe poco y se especula mucho, que suena bonito por que han utilizado el termino paz como bandera pero que si se analiza un poco, se llega a la conclusión de que si se firman los acuerdos será el pequeñísimo primer paso en busca de una paz verdadera e igualitaria en Colombia. Por otro lado, en un proceso que se supone participa todo el gobierno colombiano, resulta bastante raro que el jefe máximo de las Farc Rodrigo Londoño Echeverri quien tiene más de 100 ordenes de captura haya estado ya dos veces en la Habana sin que lo supiera la opinión pública, avalado según el Ministro del  interior Juan Fernando Cristo por la prórroga de la ley 418 que suspende las ordenes de captura en su contra y lo habilita para salir del país. Si todo era legal y trasparente, ¿por qué el procurador Alejandro Ordoñez le exige explicaciones al presidente Santos por este caso?

Por lo que se puede averiguar y sacando conclusiones de un artículo de EL ESPECTADOR, "el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera" se firmó en la capital de Cuba a mediados de 2012. Se acordó también crear una mesa de conversaciones en la capital noruega y establecer La Habana como sede principal de los diálogos; permitir reuniones en otros países; se llegó a un compromiso de ambas partes por garantizar la efectividad del proceso en el menor tiempo posible y se determinó desarrollar los diálogos con Cuba y Noruega como garantes y Venezuela y Chile como acompañantes. El jefe de la delegación del gobierno para la mesa de negociación es Humberto de la Calle, lo acompaña el ex director de la policía General Oscar Naranjo entre otros. Al comienzo de las conversaciones el turno fue para los políticos de las Farc como Andrés París y Rodrigo Granda; luego llegaron los jefes de combate: Iván Márquez, El médico y Pablo Catatumbo.  En los últimos días han entrado en escena enrareciendo aún más el ambiente, reconocidos jefes con amplios prontuarios criminales siendo Henry Castellanos Garzón alias "Romaña" el más llamativo, para comenzar a tratar temas del pos conflicto tales como el acuerdo agrario, la participación política y la solución al uso de drogas ilícitas por parte de la guerrilla. Todo este proceso ha ido avanzando paralelamente a comentarios de apoyo de un sector esperanzado del país que cree que este es la salida y por otro lado resistiendo a los que  oponen férrea resistencia siendo el Centro Democrático del ex presidente Uribe el que más critica las negociaciones.

No sé si el problema es que no aprendí bien ese principio de pensar siempre lo mejor de la gente o es que a raíz de los pésimos manejos que le han dado a todo, los gobiernos y las administraciones públicas he creado una desconfianza respecto de los resultados. Ya he dicho antes que con el apretón de manos y la firma de acuerdos entre las Farc y el gobierno (ya me imagino la cara de ponqué de Santos si llega a suceder, creyendo que está más cerca del anhelado Nobel) sólo se dará inicio a un largo y difícil verdadero proceso hacia la paz donde van a tener que lidiar por ejemplo, con la reintegración a la vida civil de varios miles de guerrilleros que lo único que saben hacer es empuñar un arma, asesinar, poner bombas, sembrar minas y secuestrar gente; dando por hecho que ellos tengan el deseo de hacerlo, aunque el término reintegro a la vida civil no aplica para muchos ya que nacieron casi en las filas guerrilleras. ¿A dónde los van a integrar? ya pasó con los desmovilizados de los grupos paramilitares, ¿por qué tendría que ser diferente ahora?. ¿No salieron a controlar el negocio del narcotráfico en donde sea que este se mueva?  ¿no son jefes y miembros de las bacrim que siembran el terror en nuestras ciudades? Desafortunadamente estamos en una sociedad elitista y excluyente en donde las oportunidades son para algunos nada más. No quiero justificar la delincuencia, pero la violencia muchas veces es producto de la falta de oportunidades y programas que atraigan a nuestros jóvenes y los impulsen a hacer algo bueno con sus vidas. La única opción que tienen muchas personas de algunos sectores de la población es regalarse por sueldos miserables para seguir engordando los bolsillos de unos pocos honorables señores capitalistas que aparte de estar a la cabeza de la pirámide social, son parte de gremios y federaciones haciendo que el sistema esté circulando siempre en torno a su beneficio y a su enriquecimiento. ¿A este sistema los van a traer? ¿Creen que va a ser un país en paz en estas condiciones?. ¿No sería mejor comenzar la paz con las personas que ya se puede, nivelando un poco las cargas, reconociendo mejor la mano de obra, valorando como se debe la clase trabajadora, promoviendo espacios y herramientas para que personas de todos los estratos tengan la misma posibilidad de ir a una universidad por ejemplo?  No me digan que el problema es el dinero, no me digan que no hay recursos porque mientras en un lado de la ciudad hay familias enteras que tienen que sobrevivir con el injusto sueldo mínimo, al otro lado hay personas que se ponen relojes de 300 millones de pesos (lo digo con conocimiento de causa) y si eso se gastan en un accesorio que no es necesario, me imagino cuánto gastarán en cosas que sí lo son. Así que no me hablen de paz con este grado estúpido de desigualdad, no me digan que después de firmar los acuerdos, todos estos problemas sociales que existen se van a desaparecer como por arte de magia y vamos a salir a abrazarnos todos en las calles. La paz es igualdad, es ausencia de discriminación, es inclusión y oportunidades para todos, la paz también traduce condiciones de vida dignas para todo el pueblo. No existe la paz si a manos de los gobiernos siguen cayendo los que no están de acuerdo con el régimen, hablo Gaitán, Galán, y Garzón.

Adicional a eso hay que tener en cuenta también el más de medio millón de efectivos que conforman las fuerzas militares colombianas. ¿Acaso les van a decir como les dijeron a las mecánicos de patio en Bogotá cuando acabaron con el transporte público colectivo implementando el SITP y los excluyeron y los dejaron sin trabajo de la noche a la mañana? El comunicado de la administración de Petro les informó:  "tienen que entender que ya no se requiere su labor". Así sin más, sin un plan de inclusión, sin importar de qué iban a vivir. Porque lo que han demostrado los gobiernos y las administraciones públicas es una facilidad sin límites para hacer convenios y acuerdos con los dueños de capital y al mismo tiempo olvidarse de los sectores que no tienen capacidad económica. Yo, de los guerrilleros y de los militares rasos, estaría muy preocupado por mi futuro.

Le pido por favor que no me malinterprete; quiero tanto como todos que se acabe esta maldita guerra. Sueño con no escuchar más de secuestros, de bombas, de niños reclutados por la guerrilla, de minas, de barbarie; pero también de falsos positivos, de policías y militares corruptos, de políticos que tienen nexos con grupos delincuenciales; que es lo que escuchamos a diario y que ya no nos sorprende. Lo que exijo es que se llame a las cosas por su nombre y que no nos dejemos deslumbrar por promesas sin fundamento. Porque la paz ha sido para este gobierno una estrategia proselitista y un objetivo que quieren hacer creer a la gente que alcanzaran firmando unos papales con acuerdos inalcanzables.

T. @10SUE10

 

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Jueves, 02 Octubre 2014 17:49

Elogio a la Criminalidad

Frente a la expectativa del desenlace de los diálogos de paz en La Habana, Cuba, hoy los colombianos nos podemos preguntar si ¿estamos preparados realmente para asumir la paz y todo lo que ese etéreo término significa? y si ¿queremos trabajar fuertemente en dejar atrás los flagelos del pasado y trazar una nueva senda de justicia, verdad, restitución, reconciliación y garantías de no repetición? La respuesta parece fácilmente afirmativa, pero como bien lo dijo Martin Luther King en su Carta de Birmingham, escrita en prisión: “la verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión: es la presencia de justicia”. Y afirmó de nuevo, el resplandor de la justicia desde todos sus aspectos.

Colombia ha sido víctima de una guerra interna casi sin fin, y hoy, ad portas de la firma de un proceso de paz que pondrá punto final a la misma y trazará la ruta de terminación del conflicto, cabe preguntar si cómo nación más allá de los elocuentes discursos mediáticos y la cuestionable voluntad de negociación de las Farc, nosotros, como colombianos, con el corazón puesto en la mano estamos dispuestos a reconstruir país, poner las bases del postconflicto y de una justicia transicional estable.

Menciono lo anterior, ya que a veces parecemos añorar un pasado o bien revivirlo a través de una clara y contundente “narcocultura” que ha venido impregnando sutilmente cada esfera de la sociedad, desde los más altos estamentos hasta la continua aceptación en la ciudadanía a través de los medios de comunicación, programas de televisión, novelas, películas, libros, entre otros, y ni que decir de famosas series de las cuales nos ufanamos vanamente solo porque dan la vuelta al mundo mostrando una imagen de la era de violencia de Colombia que nos ronda como un fantasma que pareciera no queremos olvidar.

Muchos dirán que recordar es vivir, que es una buena forma de obtener memoria de la historia para no cometer los errores del pasado, pero por el contrario, en una humilde opinión, considero que ese show de apología al crimen deja mucho que desear, mucho que pensar y mucho que replantear acerca de nuestro imaginario colectivo. Existe una constante prevalencia de culto al enriquecimiento ilícito, rápido, fácil y empleando cualquier medio, buscamos la superficialidad de la belleza física, promovemos la cultura de la droga y pensamos que somos sólo creativos en hacer lo malo y eso sí, siempre interpretando las situaciones con la nunca faltante ‘malicia indígena’.

Que estoy exagerando, no lo creo, solo veo que hay cientos, miles y millones de niños, adolescentes y jóvenes que están formando en su mente la visión errónea de lo que es y en verdad significa vivir en Colombia. Mi esperanza y alarma sólo va dirigida a aquellos que como yo sentimos la necesidad de levantar una generación diferente, la generación de la paz -de la verdadera paz-, y por ello, para cada uno de nosotros será vital un cambio de mentalidad, una ardua labor en transformar paradigmas en el sistema educativo, social, económico y político del país, y como debemos empezar por algún lado, mi propuesta concreta es que empecemos desde nosotros, con nuestra vida, entorno cotidiano y familia, el cambio comienza en casa.

T.@TaniaLopezLizca

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