Martes, 19 Noviembre 2019
Viernes, 05 Septiembre 2014 21:08

El Nuevo Reto Azul

Tras la contienda electoral y la carrera a la Presidencia que nos deja por saldo la reelección de Juan Manuel Santos con su bandera de la paz y por otro lado como perdedores a la línea uribista de Oscar Iván Zuluaga y su alianza, Marta Lucia Ramírez por el Partido Conservador Colombiano. Vemos que comienza una nueva etapa en el calendario electoral, ya se están haciendo los ajustes necesarios y se mueven las fichas estratégicas para que cada colectividad se lance al ruedo en los comicios locales del siguiente año, donde elegiremos el nuevo mapa del poder a nivel local, distrital, municipal y departamental.

Es allí, donde las coaliciones del primer semestre quedan atrás, ahora la tarea se resume en “organizar la casa” y prepararse institucionalmente para seguir vigentes en el panorama político, con la elección de sus ediles, concejales, alcaldes, gobernadores y diputados a nivel nacional. Ellos serán determinantes, en la praxis partidista y en hacer más tangible la famosa PAZ con la que soñamos y trabajamos desde nuestros distintos espectros políticos, día y noche, sin descanso.

Por ello, encontramos realmente propicia la elección de la nueva cabeza del Partido Conservador Colombiano, el joven representante a la cámara, David Barguil Assis, de 33 años, quién vislumbra una nueva era de renovación, trabajo eficiente, y visión fresca de reingeniería al interior de las endebles estructuras que quieren derribar electoralmente, no solo a un Partido de más de 165 años de historia, como lo es el PCC, sino a todas aquellas fuerzas que tienen el compromiso de demostrar que la política va más allá de caciques, maquinarias y ambición monetaria por el poder.

El panorama no es fácil, este joven oriundo de Cereté, Córdoba, que culminó sus estudios de pregrado y postgrado en Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales y en Derecho Contractual y Relaciones Jurídicas, en la Universidad Externado de Colombia; y posteriormente realizó estudios de posgrado en Canadá, Francia y España. Tiene la enorme labor de renovar el Partido Conservador, que atraviesa un momento difícil, lleno de división y falta de credibilidad en las grandes urbes donde la contienda electoral será ahora con su alguna vez gran aliado el Centro Democrático. Eso en cuanto a las regiones, pero no podemos olvidar el corazón de la política nacional, Bogotá, donde el PCC atraviesa una la peor crisis de su historia; con sólo 3 concejales, 3 ediles -algunos de ellos cuestionados y sin la posibilidad de renovar su curul-. La tarea es grande y la nuevas caras no son garantías de cambio, es necesario el compromiso constante con la ciudadanía, entender la necesidad de fortalecer la organización política, trabajar por la unión y saber dar soluciones óptimas para el país.

T.@TaniaLopezLizca 

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Sábado, 09 Agosto 2014 15:08

Reflexiones sobre la Paz de “JuanPa”

Bajo el anhelo de la Paz, en los últimos dos años hemos asumido los retos de los diálogos de la Habana en Cuba, los cuales han sido el bastión del presidente para evitar el fenómeno del "lame duck political" o "funcionario pato cojo" es decir, impedir la acostumbrada cuenta de cobro al final de su periodo. Pues Después de cuatro años mediocres con muchas reformas fallidas y paros gremiales, fue el discurso de la Paz el que le valió la reelección.

Se posesionó un gobierno endeudado. Le debe al pueblo Colombiano una Paz verdadera, fundamentada en el equilibrio y la estabilidad del país, no unos diálogos en Cuba acompañados de terrorismo en Colombia. Nos debe una efectiva reforma a la salud, a la justicia y a la educación, junto con la promesa de asignar un nuevo presupuesto para esta última, convirtiendo el Ministerio de Educación en su cartera con más recursos por encima de la seguridad y la defensa. Le debe a los dirigentes y líderes políticos costeños, y de izquierda, no sólo la presidencia del Senado, sino un par de carteras ministeriales y demás mermelada burocrática para compensar y agradecer todo el show mediático de Clara López con Musa Besaile, Kiko Gómez y lo más ruin de la clase política Colombiana, en aras de la "Paz".

Otro agravante para que La Paz se haya convertido en el sofisma perfecto para lograr la reelección -que ahora quiere prohibir, después de haberse reelegido- es, que creemos con el folclor que nos caracteriza, que la Paz se logra sólo con la firma de los acuerdos y que mientras en Cuba las cosas marchen bien, acá nos podemos educar con propuestas interesantes y llamativas pero poco procedentes, ya que si pretenden reducir el gasto en seguridad y defensa para invertirlo en educación, lo cual sería idóneo y muy loable en un país sin conflicto, se desconocen los retos del posconflicto y cuán costoso es, o qué pasará con la reinserción de los combatientes, la reparación de las víctimas y la restitución de las tierras, sumado a un presupuesto público inflexible que tienen en la Hacienda Pública Colombiana las Fuerzas Militares, situación que cobra sentido si se tiene en cuenta que posiblemente existe una transformación del conflicto, la probable aparición de sectores disidentes que se mantendrían en la insurgencia y la existencia del narcotráfico el cual seguiría vigente y en manos de actores aislados y sin "ideología".
Entonces, cómo pretende el Presidente que los Colombianos refrendemos en la urnas un proceso de Paz tan estropeado como el actual, donde los mayores enemigos de los diálogos son las FARC, y contrario a todo pronóstico, es en tiempos de “Paz” cuando más temor se siente.

En suma, se evidencia un cambio en el eje del discurso, pues ya no recarga todos sus desaciertos en la posibilidad de tener Paz en Colombia sino en la Educación, y una vez que redujo el presupuesto a Colciencias, el paso a seguir fue prometer inversión en educación para el próximo cuatrienio, es decir le quita recursos a la investigación, la innovación y la tecnología, pero su apuesta es por una Colombia más educada. Pero en algo aún es consecuente Santos y es en continuar alejando su accionar de sus discursos y promesas. Dado que llevamos unos diálogos de Paz que van a cumplir dos años, después de proponer "un proceso de Paz de meses, no de años" y a la fecha, la apuesta es por la educación y el ambicioso presupuesto que se piensa asignar a este sector, pese a la reducción que sufrió Colciencias. Será ahora el sofisma de la educación el que le cubra su torpe proceder, ojalá nos cumpla.

T. @jorgescamargo

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Lunes, 28 Julio 2014 23:53

A propósito de la paz

La paz es un término que se define según quien lo predica, en términos generales podría decirse que es un estado en el que la humanidad pudiese vivir en tranquilidad absoluta, esto, refiriéndose a un nivel de confianza en el que se pueda salir a marchar, donde se pueda opinar libremente, donde se pueda diferir a un gobierno, donde la oposición sea un estado y no un miedo.

Creo que las personas temen a llegar a un término de concesión o de paz ya que no se sabe si lo que viene es peor… Es decir, la paz que viene es ¿para quién? y ¿bajo qué condiciones? quién dice que su definición será un bien colectivo, o como siempre, sólo para los que están en el círculo vicioso.

En los diálogos por la misma se habla de cese de fuego bilateral, palabras y más palabras pero: “Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aún siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz sino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad.” Juan Pablo II (1920-2005).  En qué más piensa el gobierno que no sea en convenios con otros países, acuerdos y mutuos beneficios, cuando el conflicto está dentro de nosotros.

¿Cómo podremos estar en paz con otros cuando el ser humano en ocasiones no puede estar en paz consigo mismo? La paz se concibe en cada persona, en diferentes términos, con diversas condiciones que le permiten al mismo ser o no feliz, esta  depende de circunstancias y momentos que la determinan.

La paz no dependerá de los gobiernos, esta se definirá tras la voz de un pueblo entero. “O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos.” Benjamin Franklin (1706-1790). Es un pueblo que no pide paz sino que la exige, y que está dispuesto a lograrla bajo las condiciones que su moral permite.

T.@lau94rodriguez

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Miércoles, 23 Julio 2014 00:53

Rolihlahla (Revoltoso)

 

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su procedencia o su religión. El odio se aprende y, si es posible aprender a odiar, es posible aprender a amar, ya que el amor surge con mayor naturalidad en el corazón de la persona que el odio” Nelson Mandela.

Grande e invaluable es el legado que nos ha dejado el mejor líder de los últimos tiempos, el Nobel de Paz Nelson (nombre que le puso su primera maestra) Mandela, un hombre que nació un 18 de julio de 1918, en Mvezo, un pequeño poblado del distrito Umtata, capital del Transkei, Suráfrica.

Mandela nunca la tuvo fácil, luchó en contra de una de las infamias más grandes del mundo, el racismo, una forma de discriminación humana que en mi concepto es nefasta e inaceptable. Su lucha a favor de los derechos humanos e igualdad racial, lo llevó a pasar veintisiete años en prisión y posteriormente en 1990, el líder del antiapartheid alcanzó la Presidencia del Congreso Nacional Africano y con esto un giro en el destino de su pueblo y sin duda un camino hacia la libertad de miles de africanos oprimidos por el régimen esclavista.

Pareciera que las prácticas racistas fueran tema del pasado, sin embargo la lucha de Mandela no fue suficiente para entender que todos somos iguales, sin importar el credo, sexo o color de piel. Al menos en Colombia, es lamentable que esta situación no finalice del todo y a pesar de tener una Ley de Antidiscriminación, la indiferencia racial es muy fuerte y con esto mi crítica insistente.

El pasado domingo 20 de julio, se posesionó el nuevo Congreso de la República, que no es tan nuevo si tenemos a Gerlein en su curul casi que vitalicia, el domingo también se posesionó como Presidente del Senado, un congresista originario de la costa colombiana, lo que me hace pensar que será un periodo legislativo pensado en la región norte del país. Lo que me parece más extraño del suceso político de la semana, es que en las curules asignadas para personas de origen afro precisamente no hay ninguno con esta característica racial, ¿raro no?

¿No es extraño que en las dos cámaras para negritudes, las personas que las ocupen, además de no tener la raza que protege la circunscripción especial, tampoco son los abanderados de las políticas en favor de ésta comunidad?

Ojalá que como se dice popularmente, estos escaños políticos no sean el escampadero de personas que utilizan mecanismos protectores de las minorías para cometer sus fechorías politiqueras.

Así que en nombre de la lucha contra el racismo y apoyando la inclusión política de todos los sectores sociales de la comunidad colombiana, me uno a la campaña #Noacurulesafrosinafros y también a la campaña #Saynotoracism. Porque es tiempo de hacer lo que la Constitución manda y no lo que manda la politiquería y el abuso del poder, también porque los niños merecen un país respetuoso de las etnias, así también se hace la paz, así nos lo enseñó Mandela.

T.@Lore_Castaneda

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Humberto de La Calle (Jefe Negociador del Proceso de Paz), es sin duda uno de los hombres más serios que está sentado en la Mesa de los Diálogos de Paz que se adelantan en la Habana (Cuba), un hombre con una trayectoria importante en la materia y una figura política honorable, motivos por los cuales su participación me da un parte de confianza. Sin embargo, los anuncios pedagógicos sobre la paz, realizados en plena campaña electoral, me generan tantas dudas como a usted.

He reiterado en mis publicaciones lo costoso que es hacer la paz en medio de la guerra y no hablo precisamente de temas económicos, porque mientras en un estado de confort, ellos tratan de negociar la paz, aquí seguimos pagando con vidas, víctimas e injusticias el costo de vivir en guerra. Por esta razón recibí con extrañeza el siguiente vídeo: (ver video)

Así que vale recordar los titulares de noticias crueles como: “Las FARC usaron ‘niños bomba’ en Tumaco”, “Explosión CAI Chapinero”, “Soldado pierde la vida en medio de ataque guerrillero en Arauca”. Para cualquier ser humano, leer estas noticias es algo totalmente desafortunado, sin embargo para los negociadores, como se interpreta de las palabras de Humberto de la Calle, es un riesgo para poder lograr la paz.

Al contrario de los que defienden la paz que plantea el gobierno, creo que más que acuerdos y sin temor a decirlo, necesitamos voluntades reales de paz o como bien podría llamarse “una paz paralela”, no creo que se reduzca la credibilidad en los diálogos y si las F.A.R.C y ahora el E.L.N, quieren definitivamente ponerle fin al conflicto, el país agradecería eternamente una declaración de tregua desde ya. No es posible que aún tengamos cifras de reclutamiento de menores y no es posible que usen niños y animales como medios para cometer actos terroristas.

Pareciera que el dolor de las víctimas tampoco fuera un costo visible o por lo menos importante para quienes se sientan a negociar el futuro del país, creo que es fácil considerar una decisión de este tamaño cuando se sufre la guerra en cuerpo ajeno. Un gobierno orgulloso de presentar cifras respetables, debería tener en cuenta que el número de víctimas de esta guerra nunca se ha detenido y los crímenes atroces se siguen cometiendo en medio de promesas de paz que parecen alargarse.

Una vez más, mi llamado es a que declaren una paz paralela a los diálogos y con eso no tengamos que pagar con muertos el precio de una negociación en medio de la guerra.

T. @Lore_Castaneda

 

 

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Jueves, 19 Junio 2014 00:07

Y en política se muere más de una vez

 

Al parecer en Colombia próximamente se calificaría al ejercicio de hacer política, como una actividad de alto riesgo y es que no es para menos el calificativo, pues en este país resulta ser de valientes quienes se atreven a proponer ideas transparentes, comprometidas y diferentes.

Pero también es una lástima que la premisa de querer luchar por los más vulnerables y propender por un verdadero bienestar general, pasó al olvido en quienes practican una forma de política que termina siendo más peligrosa que la misma omisión de practicarla por miedo, la politiquería.

Estos son quizá, los dos grandes monstruos que se comen las oportunidades en el país, el constante miedo por marcar la diferencia y una macabra politiquería que corrompe el significado ideal de hacer política.

Por esas razones, es común ver a jóvenes decepcionarse de este gremio, pues existirán fuerzas que querrán callar a tiros a los que piensen diferente políticamente, o lo que también es lamentable, un grupo de personas manipularán líderes sociales para influenciarlos en prácticas que buscan beneficios particulares a costa del manejo indebido de los recursos públicos.

Pero a pesar de los pesares, vale la pena volver a darle un valor a la política, hacer de ella algo respetable y honorable, retornar al ejercicio de servir a los más vulnerables, incitar la esperanza y luchar para que la paz retorne la tranquilidad y progreso a esa parte del país olvidada y maltratada por la violencia, el campo.

Por todo esto me atrevo a decir que en política más vale morir las veces que sean necesarias, pero más vale morir por causas que así lo merecen. De este modo desde la Fundación Jornal, trabajamos por la niñez y la educación de los niños del campo tolimense, nos arriesgamos a hacer las tareas que le corresponden al Estado, llevamos la paz a través de bibliotecas y logramos que los más pequeños vuelvan a soñar con ser astronautas, profesores, veterinarios y demás profesiones que fueron desplazadas por la única opción de entrar a la guerra.

Sin duda alguna y con el propósito de volver a darle un sentido digno al ejercicio de servir a los demás, pertenezco a ésta organización que lo da todo por los más vulnerables, que le apuesta a una educación para la paz y que sin decirlo, demostramos la verdadera forma de hacer una política joven, transparente y sin miedo.

Con determinación seguiré trabajando con el alma y el corazón para que los niños tengan un libro y no un fusil en su mano.

T.@Lore_Castaneda

 

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Miércoles, 18 Junio 2014 22:09

Para hacer la paz.

Esta resaca electoral no deja un panorama feo, pero fácil de comprender: el país está polarizado. Como lo había explicado en mi primera entrega, somos un electorado de hinchas y no de votantes[1], lo cual hace que nuestras prácticas democráticas dejen más sabor a circo que a algo sobrio. Se puede ver en las redes sociales cómo los derrotados en los pasados comicios siguen reticentes a la idea de haber perdido, aún cuando los jefes de sus toldas ya aceptaron la derrota.

Estamos en medio de dardos cruzados; digo estamos, porque somos muchos los que no sabemos qué hacer y a quién hay que apoyar; los que no sabemos si volvernos fanáticos de uno o de otro bando. Nos limitamos simplemente a observar cómo, paradójicamente, todos los que quieren la paz no la practican entre ellos mismos. Unos dicen: 

-Es que su candidato ganó, porque se fue con la izquierda castro-chavista del país, uniéndose a los mamerto-comunistas de esos grupos. Terroristas. La paz con los terroristas no es mi paz.        

Los otros no se quedan callados y responden enervados:

-Acá queremos es la paz, no queremos la godarria en el poder. Su argumento guerrerista no es válido.Pequeñoburgués, guerrerista, parami…

… y así se la pasan mis paisanos, en este rifi-rafe desde la oficina, la clase o la casa.

Que esto pase no es nuevo. De hecho pasa todo el tiempo y ha pasado toda la vida con los colombianos. Por tanto, se hace aquí evidente uno de los grandes problemas que el colombiano promedio deja ver en sus prácticas cotidianas: siempre quiere tener la razón, no importa cómo ni por qué.

El colombiano odia que se le cuestione lo que dice, le causa un escozor inmenso. Quiere siempre tener la última palabra, por más errado que esté y así se haya dado cuenta de ello; quiere que se haga siempre lo que él diga y el que se niegue, automáticamente es su rival. Veo esto y me siento como en la época de las cruzadas, cuando los Cruzados se enfrentaban cruelmente contra los Sarracenos de Saladino (y ni siquiera, porque el monarca de los Sarracenos era venerable por respetar la vida de sus rivales, aun cuando ya los hubiese derrotado).

Por ganar la batalla de la opinión, se ha vuelto válido que se lancen acusaciones insulsas, llenas de falacias poco medidas, ofensivas a más no poder. Tal parece que se nos ha enseñado no sólo a pelear, sino a buscar sumir al rival en la peor de las ignominias y los desprestigios… y todo por tener la razón, por negarse a agachar la cabeza de cuando en cuando para llegar a un acuerdo.        

El Conflicto Armado y sus negociaciones en La Habana ya han mostrado avances y pre-acuerdos, al menos sobre el papel. Una de las mitades del país votó por esa alternativa, al tiempo que la otra reniega porque, a su modo de ver, “esa paz no es mi paz”. Yo pienso en la paz, como el concepto que ha definido el diccionario de la RAE, entre tantos: Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos.

En lugar de andar peleando por tener la razón y por saber cual es “la paz” que se quiere, opino que debemos declarar la paz que sí podemos dar: la paz de ceder el paso, la paz al medio ambiente no botando basura y guardando el papel en el bolsillo, la paz de no continuar una pelea, la paz de respetar el trabajo del otro. Y esto no es una cuestión de firmar acuerdos; es algo de sentido común que le hace falta, la mayoría de las veces, a los habitantes de este país.

Para hacer la paz indudablemente hay que ceder y ceder sirve, muchas veces, para hacer la vida un poco más soportable.

Epitafio:

Yace el cadáver del libre albedrío colombiano; en su persecución desmedida, prefirió suicidarse cuando supo que no habían más opciones, aparte del sida o el cáncer.

 

T. @ElSepulturero_

 


[1] Lea aquí por qué http://www.palabrassociales.org/index.php/item/372-ya-va-a-empezar-el-mundial-y-aun-no-tengo-el-album#.U6AtgT15OSo

 

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Viernes, 13 Junio 2014 09:02

El apoyo de Antanas Mockus

Todavía recuerdo la sensación que vivimos los más jóvenes con la candidatura presidencial de Antanas Mockus para el período 2010 – 2014. Recuerdo el estribillo de las canciones de sus propagandas políticas “Llegó el día; llegó, llegó; llegó el día llegó, llegó. Abran las ventanas pa’ que entren Antanas y el sol”. También los girasoles y las camisetas verdes.

Por primera vez en mucho tiempo, nos sentíamos identificados con las propuestas de algún candidato, en la que su bandera era la educación, erradicar la corrupción y el clientelismo. Creímos que él si era capaz de acabar con todos estos males, que sus palabras no se iban a quedar en palabras; en él vimos, lo que nunca hemos visto en otros candidatos, vimos que él era diferente a todos, vimos que él si era el indicado para darle otro rumbo al país. Tuvo una gran acogida en redes sociales y nos alcanzamos a ilusionar con su triunfo.

Infortunadamente esto no pasó, de un momento a otro todo se desplomó, ¿Por qué? Porque no contó con la suspicacia del actual mandatario Juan Manuel Santos, porque para sobrevivir en la política colombiana se necesita de esa mal llamada “malicia indígena”. En los debates electorales sí que se vio eso y más adelante ganaría las elecciones con una votación nunca antes vista. Mockus ganó sólo en los departamentos Facebook y Twitter.

Sin embargo, estas elecciones han sido muy diferentes a las pasadas; lo único que han despertado en los jóvenes y en la sociedad en general ha sido vergüenza y repudio, lo cual se reflejó en los resultados de la primera vuelta electoral con tan baja votación. La gran mayoría de ciudadanos no sabemos cuáles son sus propuestas y para identificar y resaltar a los candidatos, lo hacemos muy fácil: por un lado está el candidato de la mermelada que quiere hacer la paz y por el otro el candidato de las chuzadas que quiere continuar con la guerra.

Las elecciones en curso giran en curso a un tema: la paz. Y aunque la sociedad no tenga conocimiento de los temas que se han pactado en el proceso de paz en La Habana, sabemos que es fundamental llegar a un acuerdo; para no tener que ver más muertos, ni más soldados heridos, ni más niños en la guerra, ni más familias desplazadas, ni más violencia.

Antanas Mockus ha decidido apoyar este mismo proceso, y por eso ha aparecido en una propaganda de televisión invitándonos a votar y a ser partícipes de este proceso democrático por una Colombia sin guerra. A pesar de las diferencias políticas que puedan existir entre Juan Manuel Santos y Antanas Mockus, lo bueno y lo malo; él ve que la paz es lo más importante, por encima de los demás problemas del país y del rumbo que lleva. Por el contrario del senador Jorge Enrique Robledo o el mismo Enrique Peñalosa que decidieron dar un paso al costado en un tema tan trascendental.

Él ha tomado la decisión de apoyar la gestión de Juan Manuel Santos y de votar por una posible solución al conflicto armado que ha durado más de 50 años. Esta decisión nos demuestra que debemos empezar por superar las diferencias, aceptar las cosas buenas de los demás y unirnos para conseguir nuestros objetivos. Esperemos que esta decisión sirva para lograr la paz que tanto anhelamos.

@Joseph_and24

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Viernes, 13 Junio 2014 08:21

Lo que tenemos que elegir

 

Contraposiciones, eso es lo evidente por parte de los candidatos. Promesas y propuestas nos dan a conocer en medio de un debate que termina siendo un show. La búsqueda de la paz que ni siquiera hay entre los candidatos. Economía, seguridad y salud, son los principales temas para “alcanzar” una calidad en cada uno de estos aspectos.

Zuluaga quiere ser el presidente de los jóvenes y es chistoso, porque lo evidente es que muchos de nosotros no votaremos por él y sobre todo, nos genera un gran inconformismo. Afirma que no hay una política agropecuaria. Quiere perfeccionar los tratados de libre comercio que ya han hecho y que más bien, ya han afectado a millones de campesinos y a la industria Colombiana. ¿Qué quiere perfeccionar?

Los dos quieren paz. La paz, nace desde cada persona ¿Cómo puede vivir en paz una persona que no ama lo que hace? Alguien que lucha para llegar a tiempo en medio de un inmenso caos, que corre al compás de un reloj, quien vive esperando un fin de semana para olvidar por dos días lo que odia hacer. Eso no es paz y tampoco es paz negociaciones que nunca han dado resultados efectivos.

La seguridad, “se ha retrocedido en seguridad ciudadana porque se pierden jóvenes”. Jóvenes que se están perdiendo en las filas del ejército, prestando un servicio militar obligatorio. Prometen generar empleo, ójala estos empleos sean bien pagos, un mínimo que permita cubrir necesidades básicas. Una salud digna, donde no debamos pedir citas con meses de anticipación para que nos receten acetaminofén.

Lo cierto es que Colombia quiere y necesita un buen presidente, alguien que ejerza su poder de la mejor manera posible. El cual brinde empleos con salarios y condiciones dignas. Paz, una economía buena y estable. Excelente servicio de salud, buena educación y sobre todo, igualdad.

@VickyCa27

 

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Jueves, 24 Abril 2014 20:59

La Paz

 

“Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica yo sugerí la mejor de todas: La paz.”

Albert Einstein

Hablar de paz en Colombia es volver al pasado, para recordar cuales han sido los sucesos cruciales que marcan la historia Colombiana. Las negociaciones de Paz y también los sucesos de guerra son los dos puntos más importantes para abarcar la historia de las negociaciones de paz en Colombia. ¿Por qué Colombia no ha podido llegar a un proceso de paz?

La historia comienza con el proceso de paz de Belisario Betancur entre 1982 y 1986. Desde el inicio de su gobierno planteó la necesidad que tenía Colombia para iniciar un proceso de paz. Planteo también realizar diálogos con la guerrilla y grupos ilegales para llegar a un acuerdo negociado con el conflicto armado. Introdujo dos elementos al discurso político nacional: el primero reconoció que la oposición armada era un actor político y que era necesario abrir un diálogo con ella. El segundo planteó que Colombia, requería un proceso de apertura democrática. En este tiempo al conflicto no pudo ponérsele fin ni tampoco ningún tipo de acuerdo en ningún ámbito, ya que desde el principio del gobierno de Belisario faltó apoyo político.

En el gobierno de Virgilio Barco el terrorismo constituyó el problema más fuerte de su gestión. Las gestiones de paz desarrolladas permitieron llegar a un acuerdo con el M-19 por el cual, el grupo se desmovilizo y así mismo, inicio su participación en la vida política institucional. Estos alcances se vieron amenazados luego del asesinato de Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo Ossa y Luis Carlos Galán Sarmiento. El gobierno desarrollo programas destinados a la rehabilitación de las zonas de violencia como, el Plan de Rehabilitación.

Su objetivo era legitimar el Estado y deslegitimar la guerrilla. Lo cual desencadeno perdida de las negociaciones en tres años, rompimiento de los acuerdos de cese al fuego, crecimiento del conflicto con la guerrilla.

En el poder de Cesar Gaviria se presentó una gran crisis política y revuelta social luego del asesinato de Luis Carlos Galán, gracias a esto el electorado voto por la idea de elegir una asamblea constituyente. Los resultados fueron, un país más democrático pero más violento. El gobierno de Cesar Gaviria promovió una nueva constitución (Constitución de 1991). Llevo a cabo aún más procesos de paz que terminaron con la participación de grupos guerrilleros en la Asamblea Constituyente. Procesos que tampoco pudieron llevarse a cabo.

Ernesto Samper restauro la concepción política del conflicto armado Colombiano. La guerrilla siguió siendo un actor político por esos tiempos, incluso ahora también lo es. Luego de Samper vino Andrés Pastrana quien con sus diálogos de paz con las FARC logro acercamientos, con gestiones y negociaciones. Los procesos de dialogo estaban acompañados por gobiernos de varios países, organizaciones no gubernamentales, organizaciones multilaterales. Estos diálogos tuvieron también una serie de inconvenientes. Las FARC abusó de los propósitos con que se había iniciado el proceso, por ejemplo una zona desmilitarizada en la región del Caguan, desconocieron acuerdos firmados. La presión de sectores políticos y de la cúpula militar creció contra el presidente Pastrana. Los diálogos con las FARC solo desarrollaron aumento de sus ganancias a través del narcotráfico, más secuestros, extorsiones, robos, narcotráfico y un sinfín de masacres que hasta el día de hoy siguen sucediendo, donde al parecer, negociaciones, diálogos y acercamientos no han servido para nada.

 

Álvaro Uribe Vélez prometía en su gobierno varios puntos, entre ellos, se encontraban:

  1. Brindar seguridad democrática
  2. Control del territorio y soberanía nacional
  3. Control y reducción de la organizaciones armadas al mando de la ley

Entre otros, que prometían paz y seguridad a la región Colombiana, en esos tiempos brindo seguridad, una lucha contra los grupos armados, tal vez por la relación tan cercana que tenía y tiene con los grupos armados

Juan Manuel Santos en su gobierno “busca la paz con justicia social por medio del diálogo” afirmando que “no se repetirán errores del pasado”, las negociaciones se basan en acuerdos, que por ahora no son evidentes, puesto que a pesar de intentos hace varios años, acuerdos y discusiones la paz en Colombia no logra conseguirse.

Todos claman la paz pero aún a pesar de tantos intentos fallidos, no se consigue hay muertes, hay robos, corrupción, infinidad de malas noticias que nos hacen saber: La paz no existe en nuestros días. Marchas, gritos de clamor que desean la paz, no han servido para nada, pues si seguimos dejando que nos gobiernen los principales causantes de la guerra, difícilmente la paz se consiga en nuestro país.

T.@VickyCa27

 

 

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