Sábado, 21 Septiembre 2019
Miércoles, 05 Marzo 2014 22:29

¿Un congreso para la Paz?

El ambiente que se ha generado previo a las elecciones de este domingo nueve de marzo parece indicar que la composición que tendrá el Congreso de la República electo para los próximos cuatro años, poco y nada tendrá de novedoso. El panorama político parece con las cartas tendidas sobre la mesa y, salvo extrañas sorpresas, el santismo a través del Partido de la U y el Liberal tendrá una cómoda mayoría, de casi un tercio del Congreso, que le permitirá mantener la gobernabilidad que necesita.

La “oposición” de la ultraderecha en cabeza de Álvaro Uribe Vélez no lo tiene tan fácil. Con sus “cuadros” prófugos de la justicia, cuando no sometidos a ella, el uribismo recurre como relleno de sus listas a analistas y personas vinculadas a los medios de comunicación, así como alguno que otro gamonal local. Cierto sí es que la campaña presidencial que hizo Uribe para el Congreso, no le va a alcanzar para tener las mayorías a las que le apunta, pues gran parte de sus viejos amigos en la U, el Conservador y hasta Cambio Radical, siguen comiendo la pega de la mermelada.

El Partido Conservador, con una apuesta astuta a la presidencia, en donde se logró conciliar entre santistas y uribistas con una opción que posa de independiente (aunque más uribista no podría ser), pero que representa las banderas del Partido que hace cuatro años llevaba en la misma vía Noemí Sanín, busca al menos mantener sus 22 senadores, aunque el fortalecimiento del Partido Liberal y “la U” a través de Santos, posiblemente disminuyan su caudal electoral.

Los demás partidos de la Unidad Nacional, probablemente se mantengan sin novedades también, como Cambio Radical y Opción Ciudadana (otrora PIN), que entre los dos pueden volver a sumar entre once y doce senadores.

Las cuentas empiezan, de ahí para abajo a complicarse. En medio del más recientemente show mediático, es factible que MIRA reduzca su votación y pase al ras el umbral, lo que le permitiría meter apenas dos senadores. Lo interesante a analizar estará dentro de las alternativas, puesto aunque el Partido Verde oficialmente hace parte de la Unidad Nacional, la reconfiguración del panorama electoral de los sectores alternativos de la política colombiana ha logrado colar varios matices entre los verdes. No obstante, muchos de ellos, restándole al Polo, al menos nominalmente.

De los actuales senadores del Polo Democrático, tan sólo Robledo y Alexander López podrían aspirar de nuevo a una curul por este partido. Iván Moreno, Avellaneda, Camilo Romero, Gloria Ramírez y otros están apoyando candidaturas de la Alianza Verde, salvo el primero quien se vio envuelto en el escándalo de la alcaldía de su hermano en Bogotá. Todo ello puede complicar los cálculos electorales del Polo, en donde sin embargo se han perfilado candidaturas fuertes como la del representante a la Cámara Iván Cepeda y la del dirigente social y agrario Alberto Castilla, entre otros.

En la Alianza Verde hay cosas interesantes. Están por una parte los Progresistas que ya se mencionaban y otros verdes “puros” del antiguo Partido Verde, en el que converge la gente de Peñalosa, de Mockus y de Lucho Garzón, entre algunos otros. Lo interesante allí está en la vinculación también de la Unión Patriótica por medio del gran Carlos Lozano, un defensor de la comunicación pública y luchador incansable por la paz, quien busca en la Alianza Verde llegar al Senado posicionando una idea de paz quizá disonante en la colcha de retazos verde. Entre estos y el Polo pueden sacar seis o siete senadores que, seguramente, sacarán a la Alianza Verde de la Unidad Nacional y podrán consolidar un escenario interesante de oposición parlamentaria.

El reto de todos estos, sin embargo, no está en la supervivencia electoral. Las prácticas clientelistas y politiqueras del juego electoral colombiano no permiten realizar apuestas más ambiciosas para las alternativas. Por ello, no cabe ningún análisis sobre las posibilidades en Cámara de Representantes, escenario aún más restringido al voto de opinión y más ligado a gamonales y terratenientes locales. La reaparición formal (porque nunca despareció) del paramilitarismo pone en evidencia los riesgos del ejercicio político en Colombia, lo cual debe guiar las apuestas de las fuerzas políticas en su conjunto hacia la recomposición de la política nacional en su conjunto.

El Congreso electo el 9 de marzo debe ser para la paz. Difícilmente, el parlamento de la mermelada santista y la motosierra uribista logre serlo. Por ello, es la capacidad de sumar en la construcción de una idea profunda de paz y solución política que confronte la arremetida neoliberal y guerrerista q           ue pueda emerger del “nuevo” Congreso de la República, será crucial para construir, desde el fortalecimiento de la lucha social nuevos referentes unitarios que permitan derrotar la politiquería y el clientelismo y resignificar el ejercicio de la política en Colombia.  

T.  @FernandoVeLu

Published in Artículos

Crónica de los tipos buenos y lo tipos malos, a propósito de la doctrina del enemigo interno.

Entre conversaciones de pasillo y cafetería me encontré no hace mucho tiempo con un comentario refiriéndose a el movimiento Marcha Patriótica, “lo que pasa es que ahí hay tanto gente buena, como gente mala” exclamaba la voz de manera inquisidora hacia una agrupación política. Pero para explicar esto habría que ir a la raíz del problema que va más allá de lo que piense un personaje sin importancia, el problema radica en la doctrina de seguridad nacional y enemigo interno que aplican en América Latina desde los tiempos de la guerra fría y que hoy es crucial para mantener el discurso ideológico que sostiene la guerra en nuestro país.

En esos tiempos del choque de potencias entre los EEUU y la URSS, el país norteamericano perfilaba bajo ideas como la de “América para los americanos” el supuesto de una Latinoamérica entendida como el patio trasero del país del Tío Sam, después de acontecimientos como el de la revolución cubana, los Estados Unidos recurren a mecanismos como la Alianza para el Progreso y aparatos como la Escuela de las Américas para implementar una doctrina que contemplaba aspectos como el “enemigo interno”, la amenaza externa, que ligados a la generación de aparatos militares de gran calibre entrenados en esta nueva perspectiva, se convertían en doctrinas militares dadas al terrorismo de estado.

Esta doctrina mediante los aparatos propagandísticos del establecimiento, termino interiorizándose en gran parte de las sociedades de América Latina, sociedades que mantuvieron escenarios de fuertes guerras y dictaduras militares, que con la excusa del “enemigo interno” prolifero en innumerables violaciones a los derechos humanos, por supuesto Colombia no es la excepción, y mientras la población se debate entre la pobreza, la falta de garantías laborales, el precario acceso a la educación y la salud, entre otros dilemas, todavía se trata de buscar a “la amenaza” con la idea de que aniquilándola se solventaran todos los problemas del país, lo más trágico y gracioso al mismo tiempo es los objetivos de búsqueda de esta problemática, siendo movimientos y sectores sociales las primeras dianas incluso de personas ligadas a círculos académicos.

Todo esto se suma a lo que ocurre actualmente en las fuerzas militares, con incontables casos de corrupción y violación a los derechos de las personas, esto en la coyuntura actual solo nos pone una perspectiva, y es la necesidad de una REFORMA DOCTRINARIA Y ORGANIZACIONAL DE LAS FUERZAS MILITARES, alejando a este cuerpo castrense de la idea del “enemigo interno” y la “amenaza externa”, convirtiéndolas en unas fuerzas para la paz y la soberanía nacional, que se encargue de salvaguardar las fronteras como es la idea de cualquier ejercito del mundo.

En el actual momento político donde diferentes sectores del país, (buenos y malos) reclaman el camino de la paz es necesario alejar al ejercito de la formación impartida por la escuela de las Américas, reducir el pie de fuerza militar e incorporar los exsoldados a la vida productiva de nuestro país esto con una reasignación del presupuesto militar hacia los derechos sociales.

Es el momento de la Paz, y esto pasa por erradicar las doctrinas del terror y el miedo de la sociedad, debemos denunciar los niveles de culpabilidad que han tenido las FFMM en la popularización de estas ideas y por lo tanto proponer en miras a la solución del conflicto colombiano, en vez de estar buscando los buenos y los malos en nuestros barrios, colegios y universidades, busquemos entre todos y todas los caminos de la Paz con Justicia Social.

@CristhianUN

Published in Artículos
Martes, 17 Diciembre 2013 16:53

Fútbol S.A. y el “picaito” por la paz

Durante la guerra de España, dos equipos peregrinos fueron símbolos de la resistencia democrática. Mientras el general Franco, del brazo de Hitler y Mussolini, bombardeaba a la república española, una selección vasca recorría Europa y el club Barcelona disputaba partidos en Estados Unidos y en México”, cuenta, entre otras anécdotas similares Eduardo Galeano.

El 29 de noviembre pasado, el “Pibe” Valderrama y el “Chicho” Serna, lanzaron una particular propuesta de jugar un “picaito” por la paz, entre las grandes glorias de la selección Colombia de los 90´s y un equipo de fútbol de las FARC. A dicha propuesta, la delegación de paz de dicha organización respondió casi que de inmediato, complementando la iniciativa con detalles de un encuentro que, según ellos, podría jugarse de ida y vuelta en La Habana y Pescaito, con equipos conformados por hombres y mujeres y, además, con la presencia de exfutbolistas latinoamericanos como Aguinaga, Maradona o “el Diablo” Echeverri, entre otras minucias contenidas en la respuesta enviada desde La Habana.

El fútbol y la política son harina de un mismo costal, aunque varios se empeñen en afirmar lo contrario. Los ejemplos son muchos, pero sin profundizar en el debate, es claro que la pelota es una parte importante de nuestra sociedad. Los aspectos más dolorosos de la realidad colombiana se han visto allí reflejados. No fue ajeno al fútbol el narcotráfico, pues allí tuvieron grandes inversiones Escobar, los Rodríguez y Gacha, entre otros. Tampoco lo evitó el paramilitarismo. Hoy, en los albores del neoliberalismo, tampoco ha huido de la privatización.

Hoy la tendencia que empieza a formarse en Colombia es la de los clubes de fútbol llevados a profundas crisis administrativas y deportivas, para luego mutar a formas empresariales en las cuales el ánimo de lucro se formaliza. Los casos más emblemáticos son quizá el de América de Cali y el de Millonarios. Cualquier coincidencia con la forma en que se explica la privatización una empresa pública cualquiera, es mera casualidad. Paralelo a esto, el 2013 estuvo lleno de peleas de barristas, de muertos y de heridos con camisetas de fútbol… Bueno, quizá muchos años han sido inundados de lo mismo, solo que en este, de repente, volvió a importar.

No hay que buscar teorías de la conspiración. Es claro que el fútbol es más rentable sin barristas. Lo demuestra experiencia inglesa, en donde Margareth Tacher, desde la criminalización de los hooligans, los sacó de los estadios y, así, los clubes se permitieron aumentar los precios de las entradas para los partidos, con el objetivo de “alejar a los violentos de las canchas”. De nuevo, equiparando violentos con pobres. Evidentemente, para los empresarios del fútbol, es más rentable que a la cancha vayan quienes pueden pagar boletas más costosas, puesto que además son quienes pueden comprar mayor cantidad productos, dado que ya no son hinchas, sino clientes de los antiguos equipos de fútbol que ahora son Sociedades Anónimas.

Se vislumbra entonces, una nueva guerra. Ya no entre barristas. La disputa en el fútbol se planta entre hinchas de todo tipo, fanáticos de sus clubes sin motivación económica alguna, que se rehúsan a asumirse en su condición de clientes, quienes junto con los futbolistas, que se rehúsan a ser mercancías,  pueden aún ganar un picaito por devolverle el espectáculo a sus verdaderos dueños, a las grandes mayorías; en contra del interés de los grandes empresarios nacionales y transnacionales, patrocinadores, dueños de derechos de televisión, sponsors y demás, que van por ahí amparados por leyes actuales o futuras que les permiten reducir todo tipo de derechos laborales a los futbolistas, como bien lo sabe el ministro Rafael Pardo; haciendo cada vez más rentable un negocio, en el que se venden más y más camisetas repletas de publicidad, mientras se miran con tristeza estadios más desocupados. La violencia en el fútbol no es ajena a los fenómenos de la sociedad en la que vivimos, ni mucho menos deja de ser consecuencia de la mercantilización del espectáculo.

Entonces, el picaito por la paz, debe ampliarse. Bienvenida la selección Colombia de los 90´s y bienvenidas sean también las FARC. Sin embargo, el juego debe incluir a los hinchas del fútbol y futbolistas activos, desempleados y desprotegidos, también, a los empresarios y directivos, para de una vez por todas entender en el país, que sin deporte y recreación para todos, no habrá paz.  Es decir, que es necesario discutir cómo aporta el fútbol en particular y el deporte en general a la construcción de una nueva sociedad mucho más allá de un partido. El debate sobre el fútbol en el país, por gracia o desgracia, es político y, asimismo, atraviesa también la posibilidad de erradicar una parte importante del componente social de nuestro doloroso conflicto armado

@FernandoVeLu

Published in Artículos
Martes, 10 Diciembre 2013 10:25

Al menos el Gobierno

Nadie pone en duda que las negociaciones de La Habana son el tema del momento, sea por la influencia que seguramente van a tener en el resultado de las elecciones venideras o bien porque de ellas depende, a juicio de muchos, un salto en el desarrollo del país.

Sin embargo, a pesar del protagonismo mediático que ha suscitado la instalación de la mesa de negociaciones, asfixiante por lo demás, y de las múltiples discusiones trabadas en torno al contenido de la agenda y las condiciones en las cuales se discute, pocos parecen estar ciertos en cuanto al verdadero estado del llamado “proceso de paz”.

Diariamente los líderes de opinión hacen cuentas alegres con el presupuesto público en sus disertaciones periodísticas, académicas o políticas. Vaticinan, por ejemplo, un aumento significativo en el gasto público social, especialmente en educación, a expensas de la correlativa disminución en defensa.

Los políticos, por su parte, si no están renegando contra las negociaciones en La Habana, como la inmensa mayoría de uribistas, también hacen cuentas alegres, ¡pero con los votos!, como los conservadores. Nada más puede esperarse de un partido que, en los últimos meses, de todos los titulares de prensa que protagoniza, sólo en uno tiene que ver con un asunto de fondo.

Pero no se ilusionen. Como buen representante de la muy venida a menos estirpe conservadora, Efraín Cepeda, consultado con ocasión del acuerdo sobre   el segundo punto de la agenda en La Habana, declaró que prefería a las FARC luchando por el poder en las urnas que por las armas, como si los colombianos tuviéramos que agradecerle por el sacrificio de sentarse al lado de Timochenko. Bien podría aparecer el uno al lado del otro en una de las famosas vallas de Pachito, quien por lo menos era gestor de risas y no de burlas, como Oscar Iván.

Pero una reciente encerrona nos privó de esas risas, al mejor estilo bajo y ramplón de una encerrona uribista a la que –en esta oportunidad- llamaron convención. ¿Cómo le llamarán cuando se den cuenta que Oscar Iván no era el gallo?, ¿y cuando se den cuenta que el tal gallo no existe? Ese es el espíritu de la paz con justicia del doctor Uribe, de la Palomita de la guerra y del primo del patrón del mal.

Entre tanto el Procurador, en ejercicio del poder clerical hecho Ministerio Público, no tuvo reparo en viajar a La Haya, a costa del bolsillo de los colombianos, a desacreditar el proceso de paz con base en una supuesta y falaz impunidad. El Fiscal General y el Presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema, que sí están cuerdos y respetan el Derecho, afortunadamente le advirtieron que no era momento para levantar ese tipo de juicios sin sustento y el ministro del Interior, uno de los pocos que sí parece ser leal al presidente Santos, naturalmente salió a defender el proceso asegurando que no iba a haber impunidad.

Lo cierto es que el proceso de paz está en párvulos, pero no por ello debemos desconocer que es eso, un PRO-CE-SO, y no una coyuntura que mágicamente emerge como la solución a todos los problemas políticos, económicos y sociales de una precaria democracia, de una recién reactivada economía, de una sociedad desigual, como Colombia.    

Hace falta hacer conciencia en cuanto a que una cosa es la paz, propiamente dicha, y otra bien distinta es el acuerdo del fin del conflicto. Lo que se negocia en La Habana es el fin del conflicto, entre otras cosas, porque la paz no se negocia y mucho menos por unos cuantos delegados de parte y parte.

De ahí que las negociaciones o el acuerdo mismo no sean motivo válido para despedir a 200 mil soldados y destinar esos recursos a otros fines, para que el procurador viaje a La Haya a “meter cizaña” o para que en la vida política nacional le hagan cajón a quien lidera las encuestas, sólo porque le va mejor imitando a Andrés López que a Álvaro Uribe.

El gasto en guerra se va a mantener mientras haya narcotráfico y bandas criminales, las cuales no se van a acabar con el fin del conflicto. El gasto para la paz va a ser financiado con otros recursos, como los que provengan de la sociedad internacional, Ordoñez va a tener que llorar porque ya la Corte Internacional de Justicia le dejó en claro que Colombia era autónoma y los colombianos, en general, así como la clase política, en particular, van a tener que entender que la erradicación de la violencia de la cultura nacional es condición para conseguir la tan anhelada paz.

Al menos el Gobierno lo tiene claro, aunque no lo demuestre, o sus asesores no sean capaces de hacerlo. Primero porque tuvo la valentía de jugársela por una mesa de negociación a todas luces impopular y, segundo, porque así se desprende del Presupuesto general de la Nación, cuya lectura, por cierto, es uno de tantos deberes ciudadanos incumplidos que mucho le aportaría a la paz.

Parágrafo: Aunque no parezca, soy abogado, y como abogado que se respete, siempre tengo mi parágrafo. En esta oportunidad va para la contralora y el fiscal, dos que no parecen haber demostrado actitud de paz en los últimos tiempos. Alguno de los dos es el corrupto, claro está, pero yo, creo más en él que en ella. El tiempo lo dirá…

 

@HumbertoIzqSaa

 

Published in Artículos
Martes, 12 Noviembre 2013 15:49

Carta al presidente Santos

Señor presidente, hay que reconocerle su interés demostrado en torno al proceso de paz a pesar de que continúe el cinismo de las Farc en La Habana en ‘lujosos yates’ mientras que en Colombia siguen matando porque este es el ‘socialismo’ del siglo XXI. Sin embargo, déjeme advertirle que pareciese que las Farc no quisieran la paz sino que, por el contrario, su interés fuese entregarle otra vez el poder a los señores de la guerra encabezados por ‘El Gran Colombiano’ como lo acaecido en el 2002, pues las Farc y el proceso de paz nuevamente ocupan la agenda central para la candidatura presidencial 2014.

Es de tal trascendencia la paz que incluso la periodista Claudia López, reconocida crítica de su Gobierno, pidió a diferentes actores políticos retirarse de la carrera presidencial para que se unan a su reelección, ya que según ella debe darse mayor prioridad a la paz que a un interés particular, otorgándole menor valor a temas como el de las EPS, sobre el cual el Consejo Nacional Electoral certificó que varios partidos recibieron financiación de instituciones con intereses en la salud, entre ellos el Partido de la U, por el cual usted fue elegido, que recibió 445 millones de pesos. ¿Eso puede pasar a un segundo plano porque lo importante es la paz?

Por usted, presidente Santos, yo no voté, ya que no le veía el alma y mucho menos hubiese creído que usted pudiese lograr lo que su Gobierno ha alcanzado en torno al proceso de paz, pues pensé que continuaría la línea guerrerista de su antecesor, quien construyó el camino para que fuese elegido presidente de la República. Ojalá que su optimismo frente a este proceso se contagie para que los colombianos por fin logremos un acuerdo con los bandidos de las Farc. Pero recuerde que si este proceso termina mal, los responsables son las mismas Farc que han engañado, secuestrado y, como bien lo señala la revista Semana en el comunicado de Pablo Catatumbo, “sin duda ha habido crudeza y dolor provocados desde nuestras filas” que han hecho que los colombianos rechacemos una organización que no representa a nadie en nuestro país.

Es posible, presidente, que fracase nuevamente el proceso de paz y que estos bandidos acaben con la ilusión de los colombianos que esperamos que después de más de 50 años se acabe el conflicto, porque, seamos realistas presidente, por más que Esteban, su hijo, haya ido a prestar el servicio militar, los jóvenes que realmente están siendo sacrificados son aquellos que ven como su única opción unirse a las Fuerzas Militares, ya que lastimosamente aún la educación no es obligatoria y peor aún es el destino de esos jóvenes que terminan en las filas de las Farc, que son la crónica de una muerte anunciada.

Por otro lado, en dado caso que esta negociación llegue a buen término con justicia, que es lo menos que esperamos señor presidente, ¿cómo garantizar que no ocurra lo sucedido con la Unión Patriótica en Segovia, en donde, por el fanatismo de unos intereses, empezaron las alianzas entre políticos y paramilitares siendo estos últimos quienes terminaron mandando y matando a diestra y siniestra? Entonces, ¿por qué no dar unas míseras curules más? Éstas son el reflejo de nuestra historia, pues por ellas han pasado narcotraficantes, ex guerrilleros y paramilitares; lo más ‘honorable’ de este país. ¿O será que la doble moral de algunos no permitirá poner fin a esta guerra?

Se pregunta este escritor esquivo de talento ¿cuál diferencia hay entre la alianza de los paramilitares y políticos y el de las EPS con los políticos? Que unos matan a nuestros compatriotas con balas y los otros negándoles el acceso a un derecho como es la salud. Presidente, devuélvanos a los colombianos la fe en la causa. Así como reconocemos su valentía en darle a Colombia la paz, démosle a los colombianos una Reforma a la Salud con altura, sin mendigar nuestros derechos, con personas idóneas en sus cargos, intachables de su pasado, dignificando el campo y la mano de obra colombiana y no solo pasará a la historia como el presidente de la Unidad Nacional, sino como el mejor presidente de Colombia.

Published in Artículos
Jueves, 07 Noviembre 2013 01:32

Crónica de un fracaso anunciado

Este artículo lo comencé a escribir en Septiembre del 2012, para un diplomado que estaba haciendo en ese entonces “Escuela de Escritores”. En ese momento el país comenzaba a ver como un Presidente, que llegó al poder con el mandato popular de llevar al país por el camino que había trazado el ex presidente Uribe, había resuelto, un día, darle la espalda a la opinión de sus electores y comenzar los diálogos de paz en La Habana, que hoy solo demuestran fracasos, cómo quisiera estar diciendo lo contrario hoy casi después de un año. Qué equivocada estaba yo en ese momento, “Las FARC nos han demostrado con acciones claras su voluntad de llegar a un acuerdo de Paz, y lo quieren hacer confesando sus crímenes, cediendo en las negociaciones, incluso han comenzado con un cese al fuego…”

Pero desafortunadamente hoy, 5 de Noviembre de 2013, los hechos demuestran lo que se veía venir.

Aquel artículo comenzaba diciendo: ¡¡¡Qué país de locos!!!  Esta frase se vino a mi mente después de encender el televisor, en uno de los horarios prime y ver a uno de los principales victimarios de campesinos, mujeres, niños y niñas de este país, al grupo narcoterrorista de las FARC haciendo declaraciones cínicas ante todos quienes estuvieran viendo los noticieros en ese momento.

 “No somos Narcotraficantes, no tenemos un  sólo civil secuestrado, eran algunas de sus  afirmaciones…”

 El artículo continuaba:

No es que esté en contra de la paz ni mucho menos, pero la verdad me siento triste, impotente, desilusionada, engañada tal y como deben sentirse muchos otros compatriotas. Siento que el país se vuelve a desviar, adoptando el reconocido “caminado de cangrejo”.

El resto del texto era realmente pesimista, lo escribí, aunque no era mi tarea para ese día, y lo hice para sacar el dolor de patria que sentía, de la manera más pacífica que conozco: escribiendo…

Creo que casi me sumerjo en el desagradable pesimismo… después de ver a dos de los noticieros nacionales más reconocidos, regalando una de sus franjas más importantes a esos que se hacen llamar ejercito del pueblo…

 -¿De cuál pueblo? Me pregunté.

-¿De ese al que secuestran?  ¿Al que le arrebatan sus niños y niñas para reclutarlos en sus filas? ¿Ese pueblo al que han familiarizado de tal manera con el terrorismo, que sus expresiones ya no causan las reacciones que deberían?

Por favor… pongamos los pies sobre la tierra, es totalmente válido y humano que tengamos como objetivo último alcanzar la paz y que ese sea nuestro idilio como pueblo y sociedad que somos. Pero no podemos olvidar que la palabra paz tiene un significado real que es bien amplio y complejo.

¿Qué es la paz? Decir que estamos en un proceso de paz, no lo creo; una paloma, blanca tampoco; transmitir videos alusivos al “ejército del pueblo” en televisión nacional, tampoco.

La paz  es la seguridad, y esta no es una frase mía, tengo que confesar que la leí, pero cuando lo hice pensé: es verdad, la paz en este contexto y en esta realidad colombiana es sinónimo de seguridad.

¡¡¡Que escena de Locos!!!, pensé esa mañana  de finales del 2012parece sacada de Alicia en el país de las maravillas,el ejercito del pueblo en televisión nacional hablando en nombre de los colombianos y de las víctimas de la violencia. Asegurando que su bandera es la de la paz y la igualdad, ¿secuestro?,  ¿ narcotráfico? Estos personajes se venían a dar por enterados en ese preciso momento que estos actos atroces existían, era como si nunca hubieran cometido el más mínimo acto de terrorismo, como si no existieran los testimonios de civiles que estuvieron en cautiverio, o como si no existieran múltiples pruebas de que son: el más grande cartel del narcotráfico.

Y me pregunté: ¿Cómo funciona una mente criminal?, ¿es para ellos algo natural la actitud cínica y prepotente que demuestran en su discurso? Claro que lo es…

Si empezamos los diálogos así, con cinismos, mentiras y sin admitir los errores del pasado, ¿será que tiene algún sentido este dialogo?, ¿se puede confiar en una organización como las FARC?

Pero bueno, parece que no queda más remedio que creerles a unos cuantos bandidos ¿o quizá, ex bandidos? Que ya tantas veces han jugado con nuestras buenas intenciones y esperanzas…

Y así finalizó mi artículo de Septiembre del 2012.

Como quisiera que el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC me estuvieran demostrando, hoy, con hechos, que era la decisión correcta y que ambas partes están sentadas en La Habana con la firme intención de buscar un mejor futuro para los colombianos, pero tal como muchos nos lo sospechábamos, los terroristas siguen dilatando las discusiones centrales del proceso, y es claro el porqué: no tienen ningún interés sincero, son simplemente un cartel del narcotráfico que practica el terrorismo y se disfraza bajo el manto de las antiguas ideas de una guerrilla comunista engendrada en los campos de Colombia, y que tenía su razón de ser…

“El Ejército del Pueblo” sigue presentando su función, aprovechando la carpa de circo que les armo el Gobierno, gobierno que va tras su propia función, en la que el presidente Santos sueña pasar a la historia con un premio nobel de paz, para alimentar su vanidoso ego.

Hoy los señores de las FARC gozan de sus paseos en catamarán por el hermoso mar Caribe, mientras ordenan secuestros al son de la salsa y el aroma de un buen tabaco, y entre el ruido de las maracas siguen controlando sus rutas de narcotráfico y dirigen acciones terroristas contra el pueblo que dicen representar.

Y mientras tanto, ese pueblo pide a gritos que el gobierno deje por un momento el espectáculo del cual es protagonista y voltee la mirada hacia los problemas de hoy: una justicia ineficaz -con altos niveles de impunidad-, un Congreso con bajísima credibilidad, falta de gobernabilidad y ejecución, un sistema de salud que no piensa en sus pacientes, una educación que requiere calidad, un Estado con sus instituciones fragmentadas…

Pero que siga la fiesta, porque lo que es este Gobierno de la Unidad Nacional, se queda, así haya que resucitar a la mismísima Celia Cruz, para atraer más espectadores al show.

 

T.@Dmejiagiraldo

 

 

Published in Artículos

Presidente Santos no vaya a suspender los diálogos de paz. El levantamiento de la negociación solo aplazaría el resultado –satisfactorio o no– de ésta, porque con elecciones o sin ellas el resultado de las negociaciones va a ser similar, si no es el mismo: el Gobierno tiene inamovibles y el grupo terrorista está tratando de sacar lo que más se pueda de la mesa claro; y sí, hay que ceder para lograr la anhelada paz.

Ahora bien, ¿de dónde sale la propuesta de suspensión? En realidad la petición viene solo de las toldas ‘uribistas’, porque el Polo Democrático se pronunció a favor de la continuación de los diálogos y, por supuesto, los demás partidos de la coalición también. ¿Y la gente qué quiere? Los colombianos queremos la paz, una paz con el menor número de muertos, para lo que es necesario el proceso. Adicionalmente, está demostrado que los conflictos internos (en el mundo) no terminan por la vía de las armas, sino que es necesario un proceso que permita la transición, procesos que, en algunos casos, han durado hasta de diez años. Por lo que el año que lleva este proceso no es mucho con respecto a los más de cincuenta años del conflicto y al número de años que duran los procesos de negociación.

Los colombianos debemos dejar tanta ligereza y falta de memoria, hay personas que nos intentarán convencer de la falta de legitimidad del gobierno para buscar la paz; que sin cese de fuego no se puede negociar; que va a haber impunidad. A esas personas hay que responderles que a ningún gobierno (de Santos, de Jorge Barón o hasta de Pachito) le puede llegar a faltar legitimidad para negociar la paz, porque buscarla debe ser la máxima de cualquier gobernante colombiano: este país ya no quiere más sangre.

Por otro lado, quienes exigen cese al fuego están desconociendo que casi ningún proceso de paz ha iniciado de esta forma: IRA no dejó las armas para sentarse en la mesa, solo después de un tiempo lo hicieron. Adicionalmente, nadie puede negar que muchos frentes del grupo terrorista ya no dependen del mando central y que por lo tanto esas personas que no están representadas en la mesa no son guerrilleros,  sino vándalos, narcotraficantes y zares de la minería ilegal. El proceso se está haciendo con quienes son dueños de la marca FARC, para después tratar a los que queden como lo que son: terroristas.

Por último, no va a haber impunidad. Lo aseguro no solo porque el gobierno lo diga, es cuestión de nociones básicas de derecho penal, justicia transicional y derecho internacional. Si se aplicara el derecho penal, a ninguno de estos personajes se les podría excluir de la imputación, acusación y juzgamiento de sus delitos, sus rebajas de penas también serían las que contempla el código penal. Si se aplica la justicia transicional –como va a ocurrir–, se rebajarán las penas de estos guerrilleros de tal manera que sea atractivo y viable entregar las armas e ir a una cárcel con el compromiso de que no perderán sus derechos políticos, siempre y cuando no hayan cometido delitos de lesa humanidad, como ya lo advirtió el Fiscal General. Todo esto lleva a que si no se aplica el Código Penal o una verdadera justicia transicional, es decir, si no se administra justicia, la Corte Penal Internacional tendría que intervenir en el país para velar que se cumpla con la normativa penal y ningún gobierno permitirá que se diga que bajo su tiempo en el poder no funcionó la Rama Judicial.

Nos van a tratar de refutar cualquier argumento, porque todo lo del actual gobierno es malo y la paz solo es buena cuando ellos la tratan de conseguir, o ¡ya nos olvidamos de Ralito y los ‘Paras’ (ahora bacrim), o los múltiples intentos de diálogos con las FARC (alocución presidencial autorizando el despeje de Pradera y Florida) y con el ELN del ex presidente Uribe? ¿Ya nos olvidamos de Rodrigo Granda y alias ‘Karina’? También nos olvidamos que eso que dicen que la guerrilla estaba vencida tampoco es cierto, porque desde finales de 2008 (gobierno Uribe, para los que ya olvidaron) las cifras de atentados empezaron a aumentarse de nuevo y por lo tanto estos terroristas nunca estuvieron derrotados como dicen.

Presidente Santos, no vaya a suspender los diálogos y menos cuando quienes así lo desean prefieren el poder que la paz. No lo haga porque estos tipos solo quieren aprovecharse de la mala memoria de algunos ciudadanos en beneficio de sus intereses personales.

Presidente, no se le ocurra levantarse de la mesa, porque los colombianos no estamos dispuestos a aplazar la paz.

Javier Prieto Tristancho

@japritri

Published in Artículos
Lunes, 09 Septiembre 2013 23:02

Creo colombia, creo en la paz

La semana pasada me hice invitar al lanzamiento de Creo Colombia, una organización que trabaja sobre tres pilares: el político, el social y el académico. Todos jóvenes que en el pasado en su mayoría apoyaron al presidente Santos. Hoy se organizan para manifestar su rechazo y convertirse en la oposición de políticas del Gobierno actual, entre ellas el proceso de paz que se lleva a cabo en La Habana con las Farc, ya que están en desacuerdo con una paz sin justicia.

Hace tres años era inimaginable que personajes como el Senador Robledo y el expresidente Uribe tuviesen puntos de encuentro, también que Uribe se convirtiera en el mayor opositor del Gobierno de Juan Manuel Santos e igualmente que los jóvenes que estuvieron unidos para apoyar a Santos hoy se encuentren divididos. Recuerdo cómo jóvenes que son santistas en la actualidad defendían las políticas uribistas en aquel tiempo y viceversa.

Es normal que una parte del electorado que votó por Santos se sienta defraudado con el actual Gobierno, pues hay un sin sabor que se va afianzando a través de los medios de comunicación y redes sociales haciéndonos creer que este es el gobierno de la traición. Se pregunta este pésimo escritor y periodista que no votó por Santos: ¿cuál traición? ¿Acaso este Gobierno ha hecho una reforma de transformación que haya impactado para que Colombia sea un modelo económico y social en el mundo sin o con TLC?. Por el contrario, el país sigue siendo un desastre.

Hay que reconocer algunas coincidencias de gobernar. Así como Uribe logró un proceso de paz o desmovilización con los paramilitares en hora buena, el presidente Santos busca la paz con las Farc y el ELN. Los dos procesos, tanto el de Uribe como el de Santos, tienen sus pros y sus contras dependiendo de sus creencias. Pero en lo que coincidimos todos los colombianos es que estamos cansados de la guerra, ya es hora que se dejen de matar nuestros hermanos a bala defendiendo unos “intereses egoístas y particulares”.

Prefiero ver a los jóvenes creando centros de pensamiento como Creo Colombia que, si bien están bajo el credo y las ideas del expresidente Uribe, José Obdulio Gaviria y el Centro Democrático, debaten sus ideas en la otra esquina, entre líneas. Si bien no comparto su modelo de país, ni mucho menos las políticas del expresidente Uribe, son jóvenes que de manera pacifica debaten sus puntos de vista y es a través de estas diferencias que se construye país.

¿Cómo podemos hablar de paz si ni siquiera respetamos las ideas de los demás? ¿Cómo podemos hablar de la justicia, equidad si ni siquiera respetamos al otro? Y es que a nuestros gobernantes les hace falta pensar en el ciudadano, se la pasan aprobando leyes sin medir los efectos de las mismas. Como dijo Anatole France “queda prohibido a ricos y pobres dormir bajo los puentes”. Seguramente quienes deben cumplir la ley son los pobres, lo mismo pasa con nuestras leyes con Santos, Uribe, Clara López o el siguiente presidente. 

A mi modo de ver hemos avanzado un “poquitico”. Ojalá esta vez se pueda lograr la paz y, como dijo Mockus, “Tenemos que encontrar ejemplos grandes de generosidad, los que aun cuando una de las partes dé papaya, la otra no la parta” Debemos realmente empezar a ser autocríticos y ver nuestras actitudes para con los demás porque la paz no es solo lo que se firma en La Habana, sino es un ejercicio primero con uno mismo y después con quienes nos rodean. Yo por mi parte le apuesto a la paz, a respetar las múltiples visiones del mundo. Sólo pensando en el otro es que lograremos hacer de Colombia grandes cambios. Cuando nuestros dirigentes piensen en los campesinos, indígenas, jóvenes, abuelos y demás. Protegiendo los intereses colectivos y no unos exclusivos empezaremos por fin la verdadera paz. ¿Será que tendremos que esperar otra media década para que este pueblo ignorante aprenda a votar?

Published in Artículos
Jueves, 11 Abril 2013 21:17

Por Qué No Marché

Comienzo esta breve reflexión recordando algo de lo que ya había dicho hace algunos meses cuando iniciamos este proceso de paz. “El sapo gordo que le tocó comerse al Gobierno”.

Hoy me pregunto a quién creerle, a un grupo de comandantes viejos listos a morir en una curul del Senado como Andrés Paris, Iván Márquez, Rodrigo Granda y demás. Dispuestos hablar de paz sin renunciar a los actos violentos sobre los cuales, cuando se les pregunta por acciones bélicas de las FARC en Colombia, responden que no tienen la menor idea.

En Colombia siguen en lo mismo. Más minas quiebra pata, pescas milagrosas, vacunas, voleteos, paro armado en el Chocó, secuestros, voladura de torres y acciones contra la infraestructura petrolera.

Creo que llegó la hora de que nos digan la verdad sobre si las FARC están divididas entre los que quieren la paz y otros que quieren seguir en la guerra. Con lo que voy a decir creo que me van tildar. Muchos criticamos el proceso de justicia y paz, se cometieron errores, pero hoy purgan sus condenas en los Estados Unidos los líderes del paramilitarismo. ¿Cómo es eso de que los integrantes de las FARC no quieren pagar ni un solo día de cárcel por todos los delitos cometidos? Quieren IMPUNIDAD.

Señor presidente, si quiere la reelección dele al país un proceso justo de paz. Dele más ánimo a las Fuerzas Militares. No es justo que volvamos a casi 10 años atrás. No repitamos caguanes. Es cierto, se quiere la paz pero a qué precio. Y si no es para reelegirse, busquemos la paz con justicia para todos.

Señores de las FARC, comandante Granda, si este proceso es confiable como usted lo dice en La Habana, ¿por qué seguir con las acciones bélicas en contra de la población civil? ¿No cree que eso desacredita este proceso?

Y a los partidos de izquierda, dejen el oportunismo de querer más curules en el Congreso, pues si las FARC se desmovilizan buscarán espacios políticos y es de ellos decidir y no de ustedes ofrecer. Gracias por quererlos ver en el Congreso, yo también prefiero verlos allá y no dando bala en el monte, pero dejen el oportunismo, no contaminen el proceso por favor.

Los colombianos exijamos que se nos diga la verdad. Sabemos que en ocasiones no se puede publicar todo, pero por lo menos den apartes de lo que está pasando. QUIERO LA PAZ DE MI PAIS, PERO NO A TODO PRECIO. VUELVO Y DIGO, LE ESTAN COGIENDO EL BRAZO AL GOBIERNO.

Published in Artículos

"La paz no significa el silencio de los fusiles", que rectificó después cuando dijo que "la paz no es la simple desmovilización". Empiezo mi artículo con esta frase preocupante del comandante Iván Marques en Oslo ¿será que si tienen un compromiso con la paz?.

Pues se despacho en mas 33 minutos hablando en contra de las multinacionales, en contra de los empresarios nacionales, en contra de la desigualdad social en Colombia; que si la hay. No  podemos tapar el sol con un dedo. Pero están dispuestos verdaderamente a buscar una mejor sociedad desde la legalidad.

Con un discurso pasado de moda de más de 20 años de antigüedad donde ya el mundo cambio ya la cortina de hierro caño. Ya cambiamos un mundo bipolar por uno multipolar; Ya no existe el comunismo radical o el capitalismo radical ya se puede negociar. El mundo cambio señor Márquez.

En ningún aparte de su discurso habla de lo que se viene para los diálogos de Paz, no reconoce ninguna de sus responsabilidades como grupo insurgente de desapariciones forzadas, desplazamientos forzados, violaciones contra la población civil; y sobre todo contra la violaciones del Derecho Internacional humanitario en más de medio siglo de historia Republicana de nuestro País.

Es preocupante a mi forma de ver el afán que tiene el Gobierno nacional para firmar la Paz. Claro, es un clamor nacional y por esto están mostrándolo el hambre por así decirlo. Este grupo puede utilizarlo a su favor y perder esta gran oportunidad de la búsqueda de nuestra anhelada Paz.
Creo que el Gobierno debería ser mas enfático en sus ideas y no permitir que esto se les salga de las manos como procesos anteriores que por la ingenuidad de Gobernantes perdieron la oportunidad de firmar la Paz 

Por querer firmar la Paz las FARC LES COJE LA MANO Y HASTA EL BRAZO.
Quiero la paz como todos pero no quiero que me vuelvan a ver la cara de tonto que tiene la esperanza de ver mi país sin un solo muerto más por este conflicto estúpido que nadie entiende.

Published in Artículos
Página 4 de 5

Palabras Sociales - www.palabrassociales.org