Jueves, 09 Abril 2020

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Lunes, 25 Junio 2018 07:23

Partidos Políticos

En Palabras Mass ¿Deben los partidos obligar a sus militantes a votar por un candidato en particular?
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Invitadas Lucia Bastidas Ubate Ana Carolina Alzamora Bustamante
Con Jorge Camargo Tovar Lorena Castañeda |Dirige Beto Diaz por Canal BoxMov

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Viernes, 11 Mayo 2018 13:19

Importancia de los Partidos Políticos

Tema: ¿Cuál es la importancia que tienen los partidos políticos en las próximas #EleccionesPresidenciales? Invitadas: Angela Ospina De Nicholls -  Ana Carolina Alzamora Bustamante

Maria Gardeazabal - Tatiana Dangond |Dirige Beto Diaz

 

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Miércoles, 31 Mayo 2017 13:05

Populismo del siglo XXI

Por: David Saavedra

No ha pasado un sólo día del año 2017 en el que no haya escuchado a los políticos de moda en Colombia hablar de sus radicales posturas ‘antiestablishment’.

Lo hacen con oportunismo acelerado y falso convencimiento, seguros de que tienen la solución para todos los problemas y de que su actuar es completamente divino, profético. Me han tenido en un estado de confusión tal que ya no sé si me encuentro en Colombia o en el antiguo Egipto, y esto último no porque los admire, sino porque los considero una verdadera plaga. El Populismo llegó a nuestro país.

Estos seres excepcionales, impolutos desde el nacimiento, hablan de su impresionante capacidad para exterminar los males de esta noble e ingenua nación, Claudia López por ejemplo, con su ya acostumbrado alarido y respectivo aleteo chilindrino, grita por los pasillos del Congreso de la República, las emisoras y los canales de televisión que se dio cuenta de que en el país hay corrupción, y propone como solución la anticorrupción. Muy profunda la Senadora, casi tan profunda como la otra escandalosa del Capitolio Nacional: Paloma Valencia. Las dos riman en sollozos desesperados por convencerse a sí mismas de lo que dicen.

Para los lectores que han escuchado mucho el término, pero que no han tenido el tiempo suficiente de examinarlo con detenimiento, les cuento que al parecer surgió como resultado de un trabajo académico en la Rusia de 1878 para describir algunos movimientos políticos que pretendían entender las prácticas y hábitos de sus pueblos para luego poder gobernarlos, últimamente el término se ha hecho muy familiar en la política latinoamericana y es entendido peyorativamente como la capacidad que tiene un dirigente para valerse demagógicamente de miles de mentiras y falsas promesas, de elementos que afectan los ciudadanos diariamente, de los insultos al establecimiento y a los adversarios; todo con el fin de atraer a los electores bajo la idea de la indignación, el levantamiento y la movilización del pueblo contra las elites y la instituciones del estado.

¿Les suena por algún lado Robledo? Una noche de este mes de mayo iba por la carrera 30 con calle 75 en la ciudad de Bogotá y observé una inmensa valla que decía: “yo le creo a Robledo”, pues el honorable señor Jorge Robledo es mi otro ejemplo de hoy; aunque estamos cansados de escuchar todos los días el discurso anticapitalista del Senador, me resulta incomprensible que faltando más de 1 año para las presidenciales este defensor de los pobres y de las clases populares  se gaste entre 10 y 30 millones de pesos (que podría usar en causas mucho más plausibles) ordenando instalar una o varias vallas en Bogotá sólo por vanidad.  

¿Es juego sucio adelantarse y pasar por encima de la reglamentación del CNE respecto al uso de propaganda política extemporánea a la contienda que se avecina por la banda presidencial y la Casa de Nariño?, o peor aún, un acto irracional para demostrarse a él mismo que comprando espacios publicitarios en el cielo bogotano la gente le va a creer más, o menos, el hecho de que el Fiscal Néstor Humberto Martínez tiene algo que ver en el caso de Odebrecht. Un total despropósito para un hombre que habla tanto de las desigualdades que existen hoy en el país. Populismo 2.0, ahora en vallas.

A Gustavo Petro hay que dedicarle un post para él solo, pues Petro es al populismo moderno lo que Steve Jobs a la administración moderna. Un padre.

No quisiera extenderme tanto porque sé que los lectores ya saben a dónde llegaríamos con un dirigente experto en la mentira. A veces pienso que esta cuestión del populismo puede ser un ejemplo más del adagio que reza que “el vivo vive del bobo”; dicho que ahora me recuerda lo triste que es vivir en un país absolutamente consciente de sus problemas pero que no hace nada por mejorar, un país que no conoce su propia historia y que no participa, un país que se queja todo el tiempo de sus políticos pero tiene un abstencionismo del 65% en elecciones.

Necesitamos un CIUDADANO TRANSFORMADOR: que todos los días salga de su casa y participe del debate de las ideas, que delibere con su vecino en la tienda, que sepa cuánto cuesta una bolsa de leche, cuánto crecieron las exportaciones, que siempre indague en qué invertirá el Estado el dinero de sus impuestos, aquel héroe cívico que conoce la tasa de hurtos de su ciudad y toma precauciones, que ayuda a sus semejantes, un personaje que guarda en su celular los números del cuadrante de la Policía, que respeta las normas, que nunca grita que odia la política, que estudia su candidato antes de votar y cree en la democracia, que entiende que el hambre, la pobreza, la indigencia, la prostitución, así como la corrupción, no se acaban cuando un populista demagogo se lo grita a través de los medios de comunicación, sino que todos los días sale a la calle, convive y hace de Colombia el país que quiere.  

Sal en la herida: Algunos de los miembros del equipo de un ex Alcalde que tuvo Bogotá se la pasan insultando con vulgaridades a los del equipo del nuevo Alcalde. Estimados: Las grosería no está  contemplada como un recurso que se pueda usar en un debate, no pongan en evidencia su capacidad mental y sean más creativos. 

Twitter: @David_Saavedra_

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Lunes, 27 Febrero 2017 16:15

Colombia: la política en coma

Por: Juan Carlos Fernández

¿Cómo lograr que ser político sea un honor y no una vergüenza en Colombia?

La política nunca muere, pero si puede quedar en un estado de coma. La desconfianza en quienes están a cargo de lo público cada día es mayor, lo cual se traduce en desesperanza y resignación para los ciudadanos.

A mi juicio, este es el estado actual de la política en Colombia y varios elementos pueden sustentar esta afirmación. El primero, es que ejercer un cargo público no es una dignidad en Colombia, como si lo es en varios países del mundo, como Dinamarca, Suiza o Suecia. Desde 1995 nos hemos venido rajando en el informe de Transparencia Internacional sobre percepción de la corrupción. En el 2016 ocupamos el puesto 90 de 176 países. Sin duda que esta percepción de la ciudadanía incentiva a hablar mal del sector público y distancia a miles de personas de servirle al país.

Segundo, la ilegitimidad de las instituciones genera desconfianza en los ciudadanos y hace que la esperanza en un mejor futuro sea mínima. Diferentes firmas encuestadoras como Gallup demuestran que la gente tiene una percepción desfavorable de varias instituciones colombianas. Por ejemplo, siempre la peor calificada es el Congreso de la República; 77% de las personas encuestadas no tiene opinión favorable sobre su gestión.

Tercero, la ausencia del Estado en varios municipios y zonas fronterizas del país, genera un vacío que históricamente ha sido reemplazado por delincuentes que destruyen y capturan las reducidas instituciones existentes y terminan creando más escepticismo. Norte de Santander es un ejemplo claro de ausencia estatal. ¿Cómo es posible que solo hayan siete puntos de control para 2219 km de frontera? En los últimos meses quedó demostrado que no estamos preparados ante un posible estallido social en Venezuela. Y sumado a esto, con el paso de los días, se comprueba que la ausencia de instituciones ha generado la mayor crisis de inseguridad de la historia de Cúcuta; desafortunadamente, las bandas criminales están de fiesta.

Ahora bien, el costo que genera el estado de coma de la política colombiana es muy alto. Duele pensar por ejemplo, que perdemos a miles de jóvenes talentosos que pueden aportarle al sector público y no se involucran porque entrar a este medio genera desconfianza y una suerte de desprestigio. Personalmente, me quita el sueño, ¿cómo lograr que ejercer política en Colombia sea un honor y no una vergüenza? ¿Cómo lograr que los servidores públicos sean los más preparados y lleven a cualquier gobierno a lograr los objetivos colectivos que nos propongamos?

En el futuro cercano veo muy difícil que ejercer un cargo público sea un honor. Y menos cuando semanalmente sale un escandalo de corrupción; estas dinámicas desincentivan a la ciudadanía en vez de animarla a trabajar por Colombia. En el largo plazo, resulta necesario que movimientos sociales y partidos políticos formen a la futura clase dirigente de este país y desde un principio se condene cualquier intento de malas prácticas o corrupción.

En el siglo XIX Abraham Lincoln dijo una frase muy poderosa y que los norteamericanos aplican en su vida con mucho rigor. “Este país, con sus instituciones, pertenece a las personas que lo habitan” En Estados Unidos la gente conoce el valor de cada persona en la democracia. Cosa que estamos muy lejos que suceda en Colombia. Acá se le hace creer a la gente que el país es de los políticos y que estos pueden hacer lo que se le da la gana sin ningún tipo de consecuencia. Adicionalmente, las personas muchas veces creen estar por encima de las instituciones, lo cual afecta gravemente el funcionamiento del Estado. Esto cambiará en la medida que la sociedad tenga mayor conocimiento y obligue a sus mandatarios por todas las vías, a cumplir los intereses de todos y no de un grupo selecto.

Por último, es importante señalar, que ni la juventud garantiza renovación, ni la educación  probidad en la política. Varios egresados de Harvard, Yale o de los Andes están condenados. Y algunos que han sido puestos por su familia en una curul, pueden ser muy jóvenes, pero representan y aplican las malas prácticas de sus antecesores. Lo que si garantiza una transformación de la política es la participación activa de toda la sociedad en los asuntos públicos y la sanción social a quienes creen que pueden hacer con el erario lo que les da la gana.

El principal reto es y será, lograr total legitimidad del sector público. Y esto solo se obtiene ganándonos la confianza de la gente; para ello necesitamos pequeñas victorias que solucionen las problemáticas de la vida cotidiana de la ciudadanía, que nos permitan convencer a nuestras familias que quienes trabajamos como servidores públicos lo hacemos porque es un honor y no una vergüenza.

Twitter @fernandezjca

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Sin duda, las nuevas tecnologías de información y comunicación componen una lógica comunicativa, caracterizada por ser totalmente diferente respecto a los medios tradicionales. Tenemos la posibilidad de romper espacios y acceder al lugar del emisor. Además, se evidencia una multiplicación de fuentes de información. Estos medios se han convertido en espacios en los cuales se proponen debates y diferentes posturas sobre temas de debate público, lo cual ha transformado considerablemente distintas esferas como la política. De este modo, todos los aspectos de la vida cotidiana, las expresiones artísticas y perspectivas sobre el orden político y social tienen un lugar importante en la Red.

Por otro lado, para algunos políticos, invertir en una cibercampaña ha sido una gran puerta para su victoria. En Colombia, Antanas Mockus fue el candidato a la presidencia con mayor popularidad en las redes; sin embargo, no fue suficiente para salir victorioso. Por tal razón es conveniente cuestionarse sobre las características que debe tener una exitosa campaña y sobre todo, si debería aplicarse en todos los casos. Y desde el punto de vista de los ciudadanos, las cuestiones serían: ¿Qué nos mueve a votar, si tenemos claro que nuestro voto individual no hace una gran diferencia? y ¿Qué nos impulsa a plantar nuestras opiniones sobre política en Internet? La pertenencia que queremos tener en diferentes grupos y el dominio de las redes podrían ser la respuesta.

La política actual, que se realiza en el ciberespacio, tiene diferentes efectos, por ejemplo, el seguimiento que los ciudadanos pueden llegar a hacerle a un político obstaculiza la posibilidad de que mienta. Además, las nuevas tecnologías nos acercan a esa idea de democracia deliberada, los debates políticos se caracterizan por su rapidez y el ciudadano adquiere poder al convertirse en un ser participativo, que tiene la capacidad de ampliar sus relaciones y romper con un orden jerárquico. Los medios de comunicación, mientras tanto, luchan por mantenerse y adaptarse a los nuevos modos de hacer política.

T.@lau94rodriguez

 

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