Domingo, 17 Noviembre 2019
Viernes, 11 Octubre 2013 10:19

Senado sinvergüenza

Algunos se dieron golpes de pecho a través de sus redes sociales esta semana al enterarse del Decreto 2170 del 2013 que firmó el Gobierno Santos aprobando la prima especial para nuestros “honorables” Senadores y Representantes por un valor de 7,8 millones de pesos. Esta prima también beneficiará proporcionalmente en su salario a otros servidores públicos como el Fiscal General de la Nación, el Procurador General, el Registrador Nacional y el Defensor del Pueblo entre otros.

Citico el Procurador Ordoñez. Ojalá y esta prima le alcance para cancelar una de las cuotas de la boda de su hija universitaria que se llevó a cabo en el Country Club con más de 750 invitados. O ¿será qué la pagó en efectivo ahorrando su sueldo por varios meses? Es que este doctor en Derecho y Ciencias Políticas trabaja mucho y es justo que gane eso y más ya que es un “servidor público”, de esos maravillosos que se preparó para poner su conocimiento en pro de la patria, menor no podría ser su salario que, sin esta prima, sería de 14 millones de pesos.

Qué decir de nuestros “honorables” congresistas, que ganan por todos los lados. Con cara pierde usted y con sello gano yo. Sin embargo, les queda algo de pudor y se “inhabilitan” porque sus campañas fueron financiadas por una que otra compañía a las que NO les cuidan sus intereses; para nada, los apoyan por su excelente gestión por el país. Qué farsa de “democracia”. Un claro ejemplo es el debate de las EPS, donde 14 senadores reconocieron haber sido financiados por estas, como si el sector salud fuera una “maravilla” en Colombia.

Pero ¿de qué nos podemos quejar si la corporación establece la corrupción y la corrupción mantiene a la corporación? ¿Cómo es posible que un senador logre alcanzar su curul con mínimo 40 mil votos y no sea responsable con sus electores? El no asistir a las plenarias porque les habían descontado sus primas refleja que se ha perdido la esencia de pertenecer a una institución como el Congreso de la República. Evidentemente se da mayor valor al dinero y la lógica comercial que se maquilla a través de la tal llamada “democracia”, donde un Senador busca sus clientes entre sancochos, aguardientes y uno que otro contrato. Como diría Clara López, “no se debe hablar de clientelismo sino de participación política”, o en otras palabras, se hace política con los amigos; sino pregúntenle a Samuel Moreno.

Si a esto le sumamos que uno que otro senador no lee los proyectos que aprueba, es fácil inferir cómo les meten micos. Aun no entiendo cómo es posible que se compare el sueldo de un senador de 25 millones de pesos, incluida prima, con el de un servidor público que puede ganar entre 6 y 8 millones de pesos. No debería tener una tipificación diferente el tema de los salarios tanto de los senadores, Contralor, Fiscal, Procurador y demás cargos que indiscutiblemente son bien remunerados. Es de recordar que los 266 congresistas recibirán $7’898.445 pesos mensuales más, los cuales le costarán al Estado, es decir, a usted, a mí y a todos los colombianos; $2.100.986.370 al mes.

Entre tanto malestar social y económico, los padres de la patria colombiana, no los senadores sinvergüenzas sino esos que se levantan para cumplir sus horarios en sus empresas por esos $589.500 pesos, quienes seguramente no habrán terminado una carrera profesional pero son los que mueven la caja registradora del país; son ustedes, esas madres, padres y jóvenes, los mayores responsables de que el país sea un desastre. Se acercan las elecciones y ¿por cuánto van a vender su voto? ¿van seguir quejándose por las redes sociales o van ir a los hechos reales para que el próximo Congreso esté conformado con gente realmente honorable y no por una partida de viejos holgazanes que ven la política como un negocio y no como un medio para ayudar a los ciudadanos.   

 

T.@betodiazb

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Miércoles, 17 Julio 2013 17:08

Cuando se apaga una vela I parte

Esta historia comienza la noche del 7 de diciembre del año 2003. Desde esa noche comprendí que una persona se debe valorar mientras está presente y no cuando se va para siempre, aunque lastimosamente su ausencia es la que nos hace notar su importancia en nuestras vidas.   

 Esa noche era luminosa y particularmente muy bonita. La gente corría, jugaba, cantaba, prendía velitas y hacía de esa noche una noche diferente, llena de alegría y de paz. Todas las personas se volcaban a las calles a festejar y a disfrutar. Mientras tanto, yo estaba en mi casa, de luto me vestía y no había fiesta que me motivara ni juego que me alegrara; al contrario, yo tenía un dolor que embargaba mi corazón y una soledad evidente en mi casa y, más que todo, en mi cuarto, un vacío que ni el peluche más grande ni el helado más gigante me podía llenar. A pesar de estar triste y sentirme sola, mi familia me acompañaba, pero yo me encerraba en mi propio dolor e ignoraba el que estaba presente en ellos. Yo quería llorar y desahogarme de todos los sentimientos que me embargaban, pero no podía; al contrario, la amargura se había apoderado de mí y nada iba hacer que saliera fácilmente.

 Mi vida continuó y seguí mi rumbo, pero cada vez que amanecía sentía un vacío que era inevitable. Ya no estaba quien se mantenía verdaderamente pendiente de mí. Realmente me faltaba alguien, no mi empleada, sino quién me recordara que a alguien le importaba más que por una nota o por un permiso.

 Sentía un gran desespero por todos los errores que cometía por causa de su ausencia, que más que una ausencia por una necesidad material era una ausencia espiritual. Sentía que me faltaba ese alguien que todas las noches escuchaba mis larguísimas confesiones y me acompañaba en mi obsesión por jugar stop o cuadrito. Realmente era la única que jugaba conmigo y lo disfrutaba.

Ese vacío tenía nombre propio, Carol Sáenz, mi prima. Ella era más que una prima, una hermana o una amiga, ella era simplemente mi otro yo. Sabía todo de mí, qué ropa me gustaba, qué comía, qué no; sabía mis profundos miedos y conocía la forma como yo iba actuar. Es que ella en verdad era mi hermanita, parecía que hubiéramos crecido muy juntas. Y hoy, es para mí muy difícil volver a estar sola y saber que una persona como ella jamás encontraré.

 Fue bastante particular la manera como ella llegó a mí vida a pesar de conocerla por ser primas. Todo ocurrió una noche en la que ella llegó muy tarde a mi casa. Mi mamá la guió hasta mi cuarto e hizo que ella se acostará al lado mío sin que yo lo notara. Al día siguiente yo desperté primero que ella y realmente me asusté, no lograba reconocerla, sin embargo, yo seguí durmiendo porque era muy temprano y no quería despertarla. Luego de unas horas volví a despertar y ella ya no estaba. Me levanté y bajé hasta la cocina y allí estaba. Me asombré porque no sabía qué estaba haciendo Carol en mi casa. Subí hasta el cuarto de mis padres y les pregunté, ellos me respondieron que ella necesitaba trabajar por unos días y, pues, mi mamá necesitaba que le ayudaran en la casa y no encontró problema en decirle que viniera. Yo no le vi ningún inconveniente en que se quedara en mi cuarto y compartiéramos algunas cosas. En un principio había cierta timidez entre nosotras, pero ya después de un tiempo se convirtió en confianza y en una amistad, más que amistad, una hermandad que me hizo quererla mucho. Ella me ayudaba en trabajos, me mantenía mi cuarto impecable y hacía que dejara malas palabras que a mi corta edad ya tenía.

 Carol vivió con nosotros bastante tiempo, bueno no sé ni cuanto, pero para mí fue mucho. Mis papás se encariñaron con ella demasiado gracias a su decencia, responsabilidad y buen desempeño. Mi mamá nunca tuvo queja alguna de ella y siempre la trató como a una hija y no como a una empleada. Mi cariño y entrega total a ella fue muy rápida ya que siempre tuve y sigo teniendo el sueño frustrado de una hermana mayor, pero que sólo lo fuera por algunos años; una hermana en quien pudiera confiar, que me apoyará y me diera los consejos que yo necesitaba.

 Pero como dicen por ahí: no hay felicidad completa, y para mí eso es completamente cierto. Cuando por fin me sentía muy bien por todo, por mi colegio, por mi familia y porque tenía la hermana que siempre había querido, ocurrió algo que debía esperarse, Carol se fue y me dejó sola, pero igual nos seguíamos hablando y me visitaba a menudo. En una de esas visitas fuimos a comer helado, me contó que se había enamorado y que quería hacer cosas nuevas para su vida. Después de ese encuentro quedé muy tranquila y seguí con mi vida normal.

 Un día mi mamá llegó muy angustiada a la casa y me contó que mi prima estaba muy enferma y la habían hospitalizado. Después de semejante noticia quedé fría y lo único que pude preguntar fue: ¿qué le pasó? ¿Por qué está hospitalizada? 

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