Sábado, 16 Noviembre 2019
Martes, 04 Febrero 2014 08:50

Como quiso José Obdulio

Cómo hemos cambiado. Definitivamente ahora hay pocos estadistas, hoy son más quienes prefieren que el Estado se derrumbe por la demagogia. Es que ahora nuestra vida depende de una tutela y ésta, de lo que quiera la gente, porque son más quienes abogan por la “justicia” –tan subjetiva y atípica– que por la institucionalidad. Esto lo está demostrando el caso Petro, porque aunque mi tía Esperancita diga “que lo que hizo Petro no es tan grave como robar, eso fue una bobadita” y algunos le den la razón, yo sí pienso que la ‘bobadita’ de saltarse las normas de contratación es tan condenable como robar.

Lo que pasa es que la mayoría de ustedes –al igual que mi querida tía– piensan que los abogados solo tenemos competencia para los asesinatos, robos y cachos, y lo otro son esas ‘bobaditas’ que nos afectan en gran medida dependiendo de cómo se decidan. Esto, precisamente, es lo que pasa en el caso de las tutelas del caso Petro, que están pasando por encima de la decisión de un ente de control, porque a algunos jueces les pareció que se le violaron unos derechos, sin si quiera evaluar el fondo de la decisión del Procurador, que por más exagerada que haya sido, estaba facultado para tomarla.

No me voy a poner a explicarles, como lo hice con mi tía y su alopécico esposo, por qué esas tutelas no debieron si quiera ser admitidas, pues me excedería en palabras y en aburrimiento, porque no hay nada más tedioso que el derecho, sobretodo para quienes lo estudiamos cinco años, más cuando del otro lado hay alguien diciendo que un fascista quiere dar un “golpe de Estado”: ningún texto jurídico puede competir contra estas arengas, más cuando se dicen en contra de una persona tan poco agradable como el Procurador.

Sin embargo, sí se debe recalcar que no todo lo que dice Petro es cierto, porque ni el Procurador está dando un golpe de Estado, ni esta es una pelea entre él y Ordóñez, aunque esto es lo que más le interesa reiterar, porque tiene la esperanza –igual que mi tía– de que el 2 de marzo él siga como Alcalde, para así llamar a la gente a votar en contra del Procurador. No a favor de Petro. Porque Petro sabe que por el Procurador votarían muy pocos, menos de los que votaron por él: sabe que si el referendo confirma su mandato no habrá justicia que lo saque del Palacio de Lievano. Y si es así como, si la decisión final de los jueces depende de las elecciones, nos lleva el que nos trajo y, como quiso el gran José Obdulio, en Colombia empezará a regir el Estado de Opinión, no habrá justicia que valga.

Esto pone a los uribistas en un dilema político, porque ellos defienden el Estado de Opinión, pero no les gusta Petro; no obstante, quién quita que le ayuden a Petro a reafirmarse en su mandato por medio de las urnas para demostrar que lo que sirve en Colombia es lo que le guste al pueblo, sin importar qué dice la Constitución y la ley.

Así es la política, nadie sabe para quién trabaja y puede que los uribistas (entre ellos el Procurador) terminen votando por Petro para establecer el Estado de Opinión en Colombia y así se abra la puerta para re-relegir a Uribe, lo cual no estaría mal para Petro, pues él seguiría arengando desde el balcón.

@japritri

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Lunes, 13 Enero 2014 08:14

Petro, posiblemente delincuente

Ya da pereza escuchar a Petro, dice lo mismo siempre y cada vez que lo repite le imprime un tono aún más lúgubre y, la verdad, escucharlo me da tristeza, pero no quiero entristecerme más de lo que lo hace la mala gestión de su alcaldía, por eso preferí –esta vez– no escuchar los alaridos que lanzó desde el balcón del Palacio de Liévano (transmitidos por el Canal Capital), utilizando los recursos públicos del Distrito con fines personales y electorales, lo que en Colombia podría llegar a ser una conducta punible denominada Peculado por aplicación oficial diferente (artículo 399 C.P.)

Pero una investigación más en contra del alcalde y empezaría a compararse con Mandela (si es que ya no lo hizo), entonces, me imagino, que no va a ser investigado por este delito y, tampoco, se lo van a cobrar en las urnas los petristas, porque ellos defienden ciegamente todo lo que este ‘mártir’ colombiano haga, no solo con gritos y vuvuzelas en la Plaza de Bolivar, sino también con tutelas sin sentido ni fondo jurídico, por eso, los que intentamos ser objetivos frente al tema ya sabemos que, aunque cualquier ciudad sufre con un cambio de alcalde antes de tiempo, éste además de mal ejecutor salió populista y, posiblemente, hasta delincuente, por lo que he decidido votar por el SÍ el 2 de marzo, si la elección se realiza.

Y es que a pesar de haberme negado a firmar a favor de la revocatoria porque no la justificaba políticamente, hoy creo que lo de Petro ha pasado de ser la actitud de un mal alcalde a la una persona potencialmente peligrosa y manipuladora, lo que para la democracia sería un retroceso, porque ni al Estado ni a sus ciudadanos nos conviene que una persona rete la institucionalidad del Estado con desinformación, porque después, quienes creyeron en esas mentiras, van a creer que las situaciones se solucionan de la misma forma y nada educa más que el ejemplo.

Petro está desinformando, porque está tratando de convencernos que la decisión del Procurador fue ilegal e inconstitucional, lo cual es errado, porque sí bien es exagerada y sesgada ideológicamente, el remedo de sacerdote sí era competente para expedirla y Petro lo sabe, pero también es consciente que si llega a ser alcalde para el 2 de marzo, tendrá más opciones de ganar si hace pensar a quienes votamos en esta ciudad que estamos votando por él o por Ordóñez; algo muy parecido a lo que quiere hacer Óscar Iván Zuluaga (que quién es él: dicen que va a ser candidato a la presidencia) con las elecciones presidenciales haciendo creer, erróneamente que las elecciones presidenciales son entre las FARC y él.

Es que Petro puede ser muy mal alcalde, pero de bobo no tiene un pelo (una de las ventajas de quienes padecemos de alopecia) y sabe que aunque a muchos no simpatizamos con él, somos más quienes no simpatizamos con Ordóñez y, por lo tanto, si nos pusieran a elegir entre él y el Procurador muchos más votarían por Petro que por Ordóñez (aunque Petro mismo ya votó por él), otros votaríamos en blanco y muchísimos más preferirían ver un especial de Padres e hijos todo ese domingo y quedarse en casa antes que salir a votar por alguno de ellos dos.

Por eso Petro quiere personalizar esta elección, porque él no solo gana con el NO, sino también con la abstención, porque es necesario que más de 1’200.000 personas salgamos a votar ese día, lo que sería toda una proeza para una elección atípica, que no será posible si los bogotanos y quienes votamos en esta ciudad nos dejamos convencer que votar por el SÍ es votar por Ordóñez.

Así que, invito a quienes lean este artículo, que no se dejen convencer por nuestro alcalde; que la elección del 2 de marzo es para expresar nuestro poco o mucho conformismo con la administración de Petro y con sus actos de excesivo populismo que posiblemente rayan con conductas delictivas: que esta elección no es entre Petro y Ordóñez, porque sé que somos más los que no votaríamos nunca por ninguno de estos dos personajes.

Añadidura.

-El autor de este artículo no recibió pago alguno por mencionar a Óscar Iván Zuluaga en éste y aumentar un poco su reconocimiento dentro de la ciudadanía colombiana. Esta mención se ha hecho de manera desinteresada. 

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El Procurador sí era competente para destituir a Petro, como a cualquier funcionario elegido popularmente, por lo menos según las normas vigentes, como lo ha ratificado la Corte Constitucional. La conducta que le fue imputada ameritaba la destitución e inhabilidad, incluso por veinte años, como bien lo anota el Defensor del Pueblo. Cuesta aceptarlo, pero es así.

A un funcionario público elegido popularmente no debería poderlo destituir un ente de control, como la Procuraduría. Es un derecho político cuya limitación solo puede depender de un juez, en un proceso penal, como lo establece el artículo 23 de la Convención Americana de Derechos Humanos, que hace parte de la Constitución nacional. Aunque este problema es, sin duda, achacable al diseño constitucional colombiano, entre muchos otros, nunca antes el ejercicio del poder disciplinario había sido objeto de semejante abuso por parte de un procurador. De allí, en parte, el enérgico e indignado rechazo por parte de la opinión pública, capitalizado por una izquierda que se victimiza con el objetivo de apalancar a una tercería que le pelee la presidencia a Santos.

Muchos personajes, brillantes y oscuros, liberales y conservadores, habían pasado por la Procuraduría General de la Nación, pero ninguno como Alejandro Ordóñez había puesto a esa institución en el primer lugar del debate nacional, para mal o para bien, salvo Carlos Mauro Hoyos por su desafortunado asesinato. En un principio Ordoñez parecía ser el enemigo número uno de los corruptos. Le echó mano a la izquierda, con Samuel Moreno; le echó mano a la derecha, con Andrés Felipe Arias. Fue el primero en “meterse” con los que nunca antes se habían metido, era el Harvey Dent de la Bogotá gótica.

Pero el fanatismo religioso y la arbitrariedad que lo caracterizan, acompañados de la cantidad de enemigos que poco a poco fue sumando a su larga lista, en los medios, en la política y en la sociedad, desvirtuaron esa falsa imagen de grandeza y probidad que aparentaba y finalmente Colombia pudo sacudirse de semejante engaño y reconocer el peligro que representaba para la democracia.

Desacató a la Corte Constitucional para pasar por encima de los derechos de las mujeres y las minorías, amenazó a notarios con el poder disciplinario que detenta y puso contra la pared a los médicos que practicaran abortos en el marco del derecho. Se embarcó en una desafortunada y desgastante riña con el Fiscal general por demostrar quién mandaba en el vecindario. Desde entonces traslucía su desdén por la paz, al punto que recientemente se arrogó competencias de jefe de Estado y viajó a la Corte Penal Internacional para oponerse al proceso de paz. Retomó su ritmo destituidor y fue por la cabeza del Superintendente financiero, un tipo decente y conocedor de la materia.

Parecía haber desistido de la posibilidad de destituir a Petro, pero ante la ineptitud y falta de liderazgo de Miguel Gómez para revocarlo por la vía democrática, fracasada en buena parte por las múltiples leguleyadas de las que se valieron Petro y su abogado, el Procurador se dejó presionar por Uribe y Londoño, en las múltiples visitas que le hicieron, según Pachito le confesó en privado a Otty Patiño, ex m-19 y ahora uribista, para hacer moñona. Con la destitución le abro el camino a Pachito para a alcaldía, se lo cierro a Petro, y me los quito a los dos para las elecciones del 2018, pensó el todo poderoso Ordoñez.

La respuesta de Petro ha sido desproporcionada, sin duda. Si bien es cierto que el abuso de autoridad por parte del Procurador es muy grave para la democracia, jamás será comparable con un magnicidio o un genocidio político, como lo sugirió el alcalde al equiparar su destitución con el asesinato de Gaitán y con la masacre de la UP. A propósito, que alguien le recuerde al alcalde que está muy pero muy lejos de arrimarse a la capacidad del caudillo liberal para confundirse con el pueblo que lo aclamaba, y muy lejos también de sus condiciones intelectuales.

Aun más grave fue la incitación reaccionaria de un pueblo embriagado como el que acudió a la Plaza de Bolívar el día de la destitución.  “¡Yo voy hasta donde ustedes me digan!”, arengaba en un acto de irresponsabilidad solo comparable con las invitaciones guerreristas del ex presidente Uribe. ¿Qué esperaba el acalde del pueblo? ¿Que lo respaldara en sus intenciones de apegarse al poder por la fuerza? Todo bajo la descabellada tesis de que fue objeto de un golpe de Estado, como si Bogotá fuera un Estado.

Al igual que el Procurador viajero, Petro se creyó presidente, pero a los dos les falta mucho pelo para la moña, como se dice coloquialmente. Los dos, “Gus”, el caudillo, y “Alejo”, el destituidor, están cortados con la misma tijera, la tijera del capricho, la arbitrariedad, el cinismo, la egolatría: la tijera del totalitarismo.

A los dos les salió el tiro por la culata y no se sabe a cuál le fue peor. Nadie va a votar por Pachito a la alcaldía y ahora, con el descontento general que produjo su decisión, Alejo la tiene de para arriba en el 2018. Gus, ni se diga, porque va a quedar inhabilitado, aunque ha sabido aprovechar la coyuntura para impulsar a Antonio Navarro, Camilo Romero y Aída Avella, mientras le echa el agua sucia al presidente Santos, con el argumento de que es el único que lo puede destituir.

Lo mejor del cuento es que Petro y sus abogados no están tan locos. Resulta que ahora, según una interpretación desafortunada de la Corte Constitucional, el procurador no es el único alto funcionario del Estado que puede destituir a un funcionario elegido por las urnas. También puede hacerlo el Presidente, como si en Colombia ya no fuera lo suficientemente poderoso.

Para mala fortuna de Petro, la sentencia C-229 de 1995 en ningún momento niega la competencia del procurador y, por el contrario, la reafirma. Y lo peor del cuento es que la sentencia fue proferida por los magistrados buenos. ¿Qué no estarán diciendo los malos en sus providencias?

Así que ¡Cuidado alcaldes, pórtense bien con el Presidente, porque los puede destituir!

Parágrafo: Se avecina un nuevo round entre el Fiscal y el Procurador por cuenta de la investigación que el primero acaba de iniciar contra el segundo.

T. @HumbertoIzqSaa

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Martes, 10 Diciembre 2013 11:14

Las herejías de Petro

Un día antes de que el todopoderoso Procurador Ordóñez destituyera al alcalde  Gustavo Petro, el país conocía un informe conjunto de la Mesa de Diálogos de La Habana, sobre participación política, en el cual se plasma la necesidad de una ampliación y profundización de la democracia en el país para proscribir la violencia como forma de acción política en Colombia.

Los medios de comunicación, desde el inicio de ese ciclo de conversaciones han desdibujado la esencia de tal discusión en la Mesa, caricaturizando que allí solo se habla de las formas mediante las cuales las FARC van a participar en política, cuando en lo que se puede leer en el informe es que hay al menos siete puntos enfocados en democratizar el país para el grueso de la sociedad y no solo para la insurgencia.

Ahora bien, la noticia de la destitución de Petro tiene estrecha ligazón con las posibilidades de participación política para cualquier expresión social o política medianamente distinta a las representadas en la política tradicional. Claro, porque Petro fue guerrillero, pero además porque tanto vida política como su gestión en la alcaldía representan una idea de pensamiento disidente en varios aspectos, donde se encuentra una noción mucho más amplia de democracia a la que algunos nos podemos acercar. No se trata acá de ser petrista, se trata de entender, en serio, qué significa la destitución de Petro cuando en el país se discute de participación política como condición para la paz.

El todopoderoso procurador ha sido bastante duro para sancionar a Piedad por sus gestiones humanitarias con las FARC; pero muy reacio al momento de sancionar, entre otros, a los parapolíticos y demás clientela de la política tradicional que colmó el matrimonio de su hija o a militares implicados en falsos positivos. Vale destacar, no obstante, que su primera elección en el Senado, estuvo apoyada por el propio Petro, aunque no solo de él. Únicamente votaron en su contra Piedad (a quien más fuerte le ha aplicado sus “súper-poderes”), Gloria Inés Ramírez y Robledo.

La destitución no representa un gran debate jurídico, realmente. Es una discusión profundamente política sobre la función de la Procuraduría que parte de ponderar, desde los principios más liberales de la democracia si la legitimidad de Ordóñez (elegido en el Senado dentro de un interesante juego clientelar) da para destituir a un alcalde Petro avalado por 723.157 votos.

Las herejías del alcalde han sido varias. La más cuestionada por el Procurador, y punto de quiebre para su destitución, tiene que ver con el manejo que se le dio al tema de basuras, en donde en una apuesta por recobrar lo público, se le arrebató a los privados el negocio de los residuos, pasando a un esquema público, en el cual se ampliaron las garantías laborales para los recicladores y recolectores de basuras; con ello cuestionado un dogma que en la clase política colombiana tiene más creyentes que el propio Dios: el mercado.

Pero seguro hay más herejías cometidas por Petro. Canal Capital, como un espacio de información en el que los movimientos sociales, los LGBTI y, en general, los que no tienen entrada en otros medios, pueden hablar, tampoco le debe gustar mucho a Ordóñez. Debe resultarle una herejía que gente morenita, bajita, marimachas o maricas tengan un medio en el cual son atendidos como a Santodomingo o Sarmiento Angulo en los demás canales. La prohibición de las corridas de toros también debe golpear profundamente la hispanidad del procurador, aun cuando dicho espectáculo cada vez cuenta con menos simpatizantes en todo el mundo. La atención de Petro a las víctimas del conflicto puede ser otra herejía. Desde ningún punto de vista, su talante permitiría que quienes han padecido los estragos de un conflicto (en cuya finalización no cree), tengan la atención que hoy tienen por parte de una alcaldía distrital. Ni hablar de cuán hereje puede sonarle a Su Santidad Ordóñez la creación de una Zona de Reserva Campesina en el Sumapaz.

Claro, no es este un culto al gobierno de Petro. De seguro a los ojos de la Escuela de Gobierno de Harvard, será un inepto, aunque otras calificaciones ha tenido en el mundo su gestión. No se puede negar que su alcaldía ha sido en gran medida democratizadora para la ciudad, pero Petro, así como las alcaldías del Polo que le precedieron, no ha tenido una ruptura real con el modelo de ciudad neoliberal. Evidencias de esto sobran, por ejemplo, en un POT en el que se privilegia el dejar hacer, por cuanto las operaciones estratégicas se dejan a discreción de la administración de turno, construyendo un ambiente privilegiado para la especulación del suelo de Sarmiento Angulo y sus cercanos; sin desconocer, claro está, que existe una intensión, aunque mínima ésta, por mitigar la segregación socioespacial y generar una ciudad algo más amigable con el ambiente.

Ni por unas, ni por otras. Ordóñez destituye a Petro enviando un mensaje profundamente negativo a quienes no se circunscriben de lleno en sus dogmas religiosos, políticos, éticos y económicos. La pregunta de moda es ¿quién controla a los que controlan? Llegarán decenas de Ordóñez más, hasta tanto no se modifiquen los mecanismos para elección de los órganos de control; y de darse las garantías pactadas en La Habana para la participación política, surgirían decenas de herejías más que serían tratadas cual viles Piedad Córdobas o Gustavos Petros, indistintamente de qué tan a la izquierda estén o cuan independientes sean.

Hoy, más que nunca, vale la pena reflexionar sobre la tan nombrada tercería, ¿cuánto duraría en la presidencia cualquier hereje como Aida Abella en caso de ganar en 2014? ¿Hay entonces garantías reales para participar de tal contienda?

Pd 1.: En medio de tantos dardos a la Mesa de La Habana, hay que celebrar el anuncio de las FARC del cese al fuego por un mes y, a la vez, seguir clamando para que el cese sea bilateral.

Pd 2: La segunda parte de “La primavera colombiana” vendrá más adelante…

@FernandoVeLu

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Viernes, 28 Septiembre 2012 09:11

El poder del procurador

Esta semana en el programa de palabras más, palabras menos analizamos la reelección del procurador Alejandro Ordoñez.  Teniendo en cuenta el fallo de la Corte Constitucional que lo obligo a rectificar información falsa sobre las campañas de promoción de los derechos sexuales y reproductivos. Y como en la Procuraduría están empleando parientes de magistrados y cuotas de los senadores que lo van a elegir.

En la mesa de debate nos acompañaron Catalina Ruiz, columnista del Espectador; Humberto Izquierdo, del partido Liberal; y el equipo de palabras más, palabras menos Tatiana Dangond, Giovanni Acevedo y Alberto Diaz. Para que el oyente se forme su propia idea de los temas de actualidad. Escúchanos martes 10:30 Pm, Miércoles 4:30 Pm y Viernes 8:30 Pm por www.radioamigainternacional.com

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Palabras Sociales - www.palabrassociales.org