Viernes, 20 Septiembre 2019
Jueves, 20 Septiembre 2012 10:52

¿Cuál discriminación?

¡Si aquí en Colombia hombres y mujeres somos iguales!

Desde que nacemos el mundo nos lo dividen en dos: hombres y mujeres. Una vez concebida esta clasificación mental, pasamos a atribuir roles y funciones a cada uno. Es decir, que a cada uno se nos asigna que es lo que “debemos” hacer según nuestro género. Y así, vamos construyendo socialmente normas que van quedando ancladas en nuestro repertorio mental, que van pasando de generación en generación y que por lo tanto son luego muy difíciles de desvirtuar, pues han sido justificadas y normalizadas. Un ejemplo muy básico pero que permite entender este fenómeno es que “Las mujeres al timón son un peligro”. Básicamente se ha atribuido una calificación peyorativa y justificada a las mujeres que manejan. No obstante hay estudios que indican que los conductores de género masculino tienen mayor índice de accidentalidad.  

Dadas estas condiciones a las mujeres se les ha pasado a asignar tareas y actividades que corresponden mayoritariamente a los espacios privados que los públicos. Lamentablemente es un patrón que no solo se presenta en Colombia, sino en el mundo entero, incluso en países desarrollados. Por esta razón la Ley de cuotas, con amigos y enemigos, se ha establecido como un mecanismo que pueda romper con el patrón de las mayorías masculinas, sin embargo su implementación ha sido espinosa en la medida en que está tan asumida la idea de que líder hace referencia inmediatamente a hombre, fuerte con capacidad de decisión y autoridad, que la mujer queda relegada de taquito.   

Traigo el tema a colación, precisamente por dos hechos remarcables en las coyunturas políticas por las que está pasando el país y donde se ve de manera muy clara como mantenemos y limitamos la participación femenina en espacios de decisiones que  marcaran tanto nuestro presente como nuestro futuro. No es una cuestión de feminismo ni mucho menos como muchos aún lo creen. Simplemente de equidad y justicia. Precisamente la Resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fue desarrollada con miras a fortalecer la participación de la mujer en los procesos de paz, ya que su representación implica el reconocimiento de las mujeres como víctimas del conflicto armado  a través de agresiones físicas, sexuales y psicológicas. El presidente se la saltó olímpicamente!

Como había explicado en el artículo anterior, la forma en que el proceso de paz se desarrolle repercutirá profundamente en la institucionalización de comportamientos, que luego serán asumidos por los ciudadanos. Encontramos entonces contradicción entre lo que el estado propone y lo que realmente asume. Equipo de negociación se ha conformado  “a partir de criterios y principios como la prudencia, el valor de la seriedad, el realismo y la eficacia”, según las palabras del mandatario. ¿Y la equidad y la justicia como las vamos a ver reflejadas si no hay un claro ejemplo de ello? No asume que está en la obligación de incluir en este espacio mujeres, no solo por ponerlas, sino porque hay perfiles que dan un aporte inmensamente valioso, apreciable y que la mesa necesita.

Si bien existe una alta consejería para la equidad, el mismo presidente no tiene en su universo mental la figura de una mujer también al mando de las situaciones. Es como la frase que dice: “detrás de cada hombre hay una gran mujer” y ahí está el problema, nos ponen detrás y no al frente del campo de batalla. No tenemos condiciones y garantías para la participación política a pesar de que hay discursos que digan lo contrario. No hay acciones evidentes ni voluntad política.

El segundo hecho no menos importante que tiene la misma problemática de base: la terna y la elección del Defensor del pueblo. De los ternados Beatriz Linares, Olga Lucía Gaitán y Jorge Armando Otálora, se escogió a este último. Los dos primeros perfiles quiero resaltar que desde el punto de vista técnico están largamente calificados además de demostrar una experiencia robusta en cuanto a defensa de derechos humanos se trata. Contrario al perfil del elegido. Sobra decir que se evidencia aquí un episodio de discriminación porque para ser elegido basta con ser macho alfa de la manada, más que técnicamente calificado. 

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