Jueves, 12 Diciembre 2019
Martes, 18 Noviembre 2014 05:36

Tiempo sin Tiempo

Por: Josué Martínez

Son las10:00 de la noche, es lunes, estoy en la casa a esta hora por que es festivo, si no lo fuera me quedaría más o menos una hora todavía para llegar. Estoy cansado y tengo sueño pero tengo q escribir. Me parece que fue ayer que escribí el artículo que hago cada semana pero no, ya pasaron ocho días. Ocho días que, de no ser por que el calendario me dice que es lunes de nuevo, no lo podría creer. No podría decir que es verdad que pasó todo ese tiempo, hay muy pocas cosas relevantes en mis recuerdos. Seguro fui a la universidad, seguro estuve la mayor parte de las horas metido en una oficina pero, no puedo evitar que me parezca que perdí el tiempo. ¿Cuál tiempo? ¿Las máximo cinco horas que estoy en mi casa entre semana? Ese tiempo no se puede perder, ni ganar, sólo lo uso para dormir, para tratar de recuperar energía y salir de nuevo a otra jornada de dieciocho horas... y así se van yendo las horas, los días, y a mi me parece que este círculo no muestra señas de terminar.

Digo que "tengo" que escribir no por que sea una obligación, de hecho me encanta hacerlo. Por mí, dividiría mi tiempo en dos actividades: medio día para leer y el otro medio para escribir. Pero siendo la escritura una actividad de mi gusto, estoy tan ocupado en tantas cosas, que aun el poco tiempo que destino para hacerlo parece no ser suficiente, no alcanza. Vuelvo a mirar el reloj y de nuevo me van quedando solo cuatro horas para dormir. Sé que hay que hacer esfuerzos, sé que no es fácil...algún día se verán los resultados, escucho decir a menudo. No puedo dejar de pensar en todo lo que podría hacer si dispusiera del tiempo a mi antojo. Las cosas que podría aprender, los lugares que podría visitar, los momentos que podría vivir al lado de personas especiales (momentos y personas que sé, voy a extrañar cuando ya se hayan ido). Alguien me habló hoy de que hay dos tipos de cosas: las urgentes y las importantes. Me da nostalgia al pensar en que las cosas importantes no tienen cabida en este mundo, lo urgente ha permeado por completo nuestras prioridades, llevándonos a que gastemos nuestros años de juventud y vitalidad detrás de carreras, títulos y dinero, para luego envejecer con la sensación de que nos faltó algo, de que no aprovechamos como se debía el tiempo, de que dejamos escapar colores, sabores, momentos, sentimientos, personas...las cosas realmente importantes.

No sé si esta sensación es sólo mía. Pero tengo que hacer algo, algún ajuste por que es permanente. Escuché en la radio que según un estudio, la cantidad de minutos que gasto en el transporte de la casa al trabajo y viceversa, son minutos que me hacen más infeliz; me aterra pensar que en ese orden de ideas soy más infeliz aproximadamente cinco horas cada día. Eso me gasto en transporte, no lo puedo aprovechar leyendo por que llevo las manos ocupadas tratando de hacerme espacio en Transmilenio por la mañana; y por la noche el sueño me vence después de leer algunos párrafos. ¿Cómo evitar pensar en que boto a la basura diariamente todo ese tiempo?, ¿cómo evitar sentirme culpable del despilfarro de esos minutos que se van impunes, que no vuelven?. ¿Cómo atesorar como se debe el don más preciado que Dios le dio a los hombres?. Todos por igual nacimos con una medida de tiempo, 24 horas al día, siete días a la semana. Lo que haga con mi tiempo determinará lo que yo sea en mi futuro...ojalá entienda algún día esta frase que le escuché a Dante Gebel, quisiera sacarla de mi mente y convertirla en verbo.

Ojala algo cambie pronto. Ojalá si depende de mí, tenga el coraje para hacer mi tiempo productivo, para cambiar mis horas por resultados. Espero que al final pueda sentir satisfacción y tranquilidad de haber hecho algo bueno con el tiempo que me regalaron, que haya valido la pena el consumo de ese reloj que va en cuenta regresiva directo a parar en el día en que sea llamado a rendir cuentas por lo que hice en mi paso por la vida...

T. @10SUE10

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Lunes, 29 Octubre 2012 10:53

Mi vida con todas las salsas

 

 

Con mis 24 años no creo que tenga mucho contenido en mi disco duro como para poder escribirles una columna profunda sobre la vida y todos sus derivados y aditamentos, es verdad cuando dicen que la experiencia es sabia y que los sabios son ancianos. Tengo claro que no soy el más experimentado, y aunque tengo unas cuentas canas, ninguna de ellases de sabio, pero para mi edad si pienso como un anciano, chocho, cansón, aburrido y cascarrabias. Muchos desconocidos se refieren a mi como un desconsiderado y malgeniado, cabron y amargado.

 

Afortunadamente son muchos más los que no me conocen bien, y son ellos los que se toman la agradable libertad de construir por mí, diferentes tipos de pensamientos y personalidades que intentan amoldarse a mi manera de ser, es divertido ver como muchos de ellos pierden su tiempo buscándole formas a mis pensamientos sobrealimentados de libros viciosos, columnas de Jaime Bayly, cintas de Quentin Tarantino y muchos, pero muchos capítulos de los Simpsons.

 

Está claro para todos que ninguno de nosotros tomó la decisión de nacer, ni de vivir, no somos responsables de nuestra presencia en el lugar que por azar sexual nos tocó respirar y envejecer mientras la gran vida goza de eternidad. Muchos se aprenden de memoria su nombre completo, numero cedula, número de teléfono móvil, dirección de residencia y la contraseña del Facebook, y ya, se levantan a diario y se consumen abusivamente el aire de los que podemos pensar y llegar más allá de las fronteras conocidas, fronteras que están esperando con impaciencia el día que cualquiera de nosotros las descubra y nos apoderemos de ellas, tal cual como lo hicieron muchos otros que ya muertos logran escabullirse de los posible reclamos que podamos tener hacia ellos. Como sea, malos o no, atractivos o no, gays o no, fueron vidas que no pasaron de manera anónima por la historia de la humanidad, fueron hombres y mujeres (Juana de Arco y algunas mas) que decidieron tomar decisiones, y eso es lo que muchos ignoran hacer.

 

Cada quien es libre de ser el fracasado que quiera ser, a nadie se le puede obligar a ser una persona exitosa, pero si a muchos es posible influenciarlos para que sean hormiguitas que caminan por todos lados cumpliendo con su rol en la sociedad, logrando con sacrificio y esmero una pensión, una casa de dos pisos y un carro no tan bueno, pero que anda. No quiero sonar acido con mis palabras, y no porque me preocupe ofenderlos, si no porque mi intención es que entiendan el mensaje que les quiero compartir hoy, sin compromiso. Mi abuela, tiene como muchas otras abuelas, una infinidad de frases populares metidas todas entre su monederito de cuero, ahorradas a través de los años. Cada vez que tiene la oportunidad, saca una de esas celebres frases y me la sampa con crudeza pero con mucho amor. “El que no oye consejos no llega a viejo” “Si quiere llorar que sea por quien también llore por usted” “Uno no es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo” etc…

 

Ella, una señora de más de 65 años de experiencia, millones de canas y muchas facultades para ser considerada una sabia, es responsable de mi temperamento y terquedad a la hora de tomar mis decisiones, y si bien a mi edad no he logrado descubrir un nuevo continente, o tomarme el poder de un país a la fuerza, ni tampoco he descubierto la vacuna contra los idiotas, si logré, lo que muchos otros hombres con discursos embriagados de testosterona y adictos al poder no lo han logrado. Yo encontré el amor de mi vida, y lo encontré sin buscarlo, yo me enamoré y logre enamorar al amor de vida, con sacrificio y decisión por supuesto, pero lo logre. Ahora que alguien me diga si a Alejandro Magno no le costó sangre, sudor y lágrimas conquistar con decisión a Fenicia, Egipto, Mesopotamia y Judea entre otros. No todos los hombres logran conquistar al amor de su vida, muchos lo ven lo dejan ir por miedo a tomar una decisión fuerte y enérgica. Grandes han logrado conquistar a otros grandes, como lo hicieron Platon y Aristoteles, el amor demanda compromiso y dedicación, sinceridad y cariño, el amor necesita dos vidas condimentadas para lograr fortalecerse lo suficiente como para perdurar en el tiempo, mientras la felicidad sea uno de sus patrocinadores.

 

Yo, aunque soy un aburrido, amargado y malgeniado bogotano con sed de ser un pésimo escritor, me gusta comerme mi vida junto con la persona que amo, degustarla y sentirla en cada gran bocado que nos mandamos en los mejores momentos, sin miedo a engordarnos y con la responsabilidad de darle pequeños mordiscos a quienes quieran hacer parte de nuestro proceso. Mi meta personal no es ser un gran arquitecto, o el más tramoyero abogado, yo no pierdo tiempo buscando la manera de ser el más grande empresario, yo ya tengo en mi vida lo que muchos hombres no han logrado encontrar, por eso mi meta personal es comerme mi vida a diario sin desperdiciar una sola morona, y con el nítido deseo, que el día que muera, no dejarle sobras a nadie. 

 

Mi vida, me la como con todas las salsas, y usted?

 

Twitter: @Acevedocol 

 

 

Fuente fotografia. mqciencia.com

 

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