Domingo, 17 Noviembre 2019

Cómo hemos cambiado. Definitivamente ahora hay pocos estadistas, hoy son más quienes prefieren que el Estado se derrumbe por la demagogia. Es que ahora nuestra vida depende de una tutela y ésta, de lo que quiera la gente, porque son más quienes abogan por la “justicia” –tan subjetiva y atípica– que por la institucionalidad. Esto lo está demostrando el caso Petro, porque aunque mi tía Esperancita diga “que lo que hizo Petro no es tan grave como robar, eso fue una bobadita” y algunos le den la razón, yo sí pienso que la ‘bobadita’ de saltarse las normas de contratación es tan condenable como robar.

Lo que pasa es que la mayoría de ustedes –al igual que mi querida tía– piensan que los abogados solo tenemos competencia para los asesinatos, robos y cachos, y lo otro son esas ‘bobaditas’ que nos afectan en gran medida dependiendo de cómo se decidan. Esto, precisamente, es lo que pasa en el caso de las tutelas del caso Petro, que están pasando por encima de la decisión de un ente de control, porque a algunos jueces les pareció que se le violaron unos derechos, sin si quiera evaluar el fondo de la decisión del Procurador, que por más exagerada que haya sido, estaba facultado para tomarla.

No me voy a poner a explicarles, como lo hice con mi tía y su alopécico esposo, por qué esas tutelas no debieron si quiera ser admitidas, pues me excedería en palabras y en aburrimiento, porque no hay nada más tedioso que el derecho, sobretodo para quienes lo estudiamos cinco años, más cuando del otro lado hay alguien diciendo que un fascista quiere dar un “golpe de Estado”: ningún texto jurídico puede competir contra estas arengas, más cuando se dicen en contra de una persona tan poco agradable como el Procurador.

Sin embargo, sí se debe recalcar que no todo lo que dice Petro es cierto, porque ni el Procurador está dando un golpe de Estado, ni esta es una pelea entre él y Ordóñez, aunque esto es lo que más le interesa reiterar, porque tiene la esperanza –igual que mi tía– de que el 2 de marzo él siga como Alcalde, para así llamar a la gente a votar en contra del Procurador. No a favor de Petro. Porque Petro sabe que por el Procurador votarían muy pocos, menos de los que votaron por él: sabe que si el referendo confirma su mandato no habrá justicia que lo saque del Palacio de Lievano. Y si es así como, si la decisión final de los jueces depende de las elecciones, nos lleva el que nos trajo y, como quiso el gran José Obdulio, en Colombia empezará a regir el Estado de Opinión, no habrá justicia que valga.

Esto pone a los uribistas en un dilema político, porque ellos defienden el Estado de Opinión, pero no les gusta Petro; no obstante, quién quita que le ayuden a Petro a reafirmarse en su mandato por medio de las urnas para demostrar que lo que sirve en Colombia es lo que le guste al pueblo, sin importar qué dice la Constitución y la ley.

Así es la política, nadie sabe para quién trabaja y puede que los uribistas (entre ellos el Procurador) terminen votando por Petro para establecer el Estado de Opinión en Colombia y así se abra la puerta para re-relegir a Uribe, lo cual no estaría mal para Petro, pues él seguiría arengando desde el balcón.

@japritri

Ya da pereza escuchar a Petro, dice lo mismo siempre y cada vez que lo repite le imprime un tono aún más lúgubre y, la verdad, escucharlo me da tristeza, pero no quiero entristecerme más de lo que lo hace la mala gestión de su alcaldía, por eso preferí –esta vez– no escuchar los alaridos que lanzó desde el balcón del Palacio de Liévano (transmitidos por el Canal Capital), utilizando los recursos públicos del Distrito con fines personales y electorales, lo que en Colombia podría llegar a ser una conducta punible denominada Peculado por aplicación oficial diferente (artículo 399 C.P.)

Pero una investigación más en contra del alcalde y empezaría a compararse con Mandela (si es que ya no lo hizo), entonces, me imagino, que no va a ser investigado por este delito y, tampoco, se lo van a cobrar en las urnas los petristas, porque ellos defienden ciegamente todo lo que este ‘mártir’ colombiano haga, no solo con gritos y vuvuzelas en la Plaza de Bolivar, sino también con tutelas sin sentido ni fondo jurídico, por eso, los que intentamos ser objetivos frente al tema ya sabemos que, aunque cualquier ciudad sufre con un cambio de alcalde antes de tiempo, éste además de mal ejecutor salió populista y, posiblemente, hasta delincuente, por lo que he decidido votar por el SÍ el 2 de marzo, si la elección se realiza.

Y es que a pesar de haberme negado a firmar a favor de la revocatoria porque no la justificaba políticamente, hoy creo que lo de Petro ha pasado de ser la actitud de un mal alcalde a la una persona potencialmente peligrosa y manipuladora, lo que para la democracia sería un retroceso, porque ni al Estado ni a sus ciudadanos nos conviene que una persona rete la institucionalidad del Estado con desinformación, porque después, quienes creyeron en esas mentiras, van a creer que las situaciones se solucionan de la misma forma y nada educa más que el ejemplo.

Petro está desinformando, porque está tratando de convencernos que la decisión del Procurador fue ilegal e inconstitucional, lo cual es errado, porque sí bien es exagerada y sesgada ideológicamente, el remedo de sacerdote sí era competente para expedirla y Petro lo sabe, pero también es consciente que si llega a ser alcalde para el 2 de marzo, tendrá más opciones de ganar si hace pensar a quienes votamos en esta ciudad que estamos votando por él o por Ordóñez; algo muy parecido a lo que quiere hacer Óscar Iván Zuluaga (que quién es él: dicen que va a ser candidato a la presidencia) con las elecciones presidenciales haciendo creer, erróneamente que las elecciones presidenciales son entre las FARC y él.

Es que Petro puede ser muy mal alcalde, pero de bobo no tiene un pelo (una de las ventajas de quienes padecemos de alopecia) y sabe que aunque a muchos no simpatizamos con él, somos más quienes no simpatizamos con Ordóñez y, por lo tanto, si nos pusieran a elegir entre él y el Procurador muchos más votarían por Petro que por Ordóñez (aunque Petro mismo ya votó por él), otros votaríamos en blanco y muchísimos más preferirían ver un especial de Padres e hijos todo ese domingo y quedarse en casa antes que salir a votar por alguno de ellos dos.

Por eso Petro quiere personalizar esta elección, porque él no solo gana con el NO, sino también con la abstención, porque es necesario que más de 1’200.000 personas salgamos a votar ese día, lo que sería toda una proeza para una elección atípica, que no será posible si los bogotanos y quienes votamos en esta ciudad nos dejamos convencer que votar por el SÍ es votar por Ordóñez.

Así que, invito a quienes lean este artículo, que no se dejen convencer por nuestro alcalde; que la elección del 2 de marzo es para expresar nuestro poco o mucho conformismo con la administración de Petro y con sus actos de excesivo populismo que posiblemente rayan con conductas delictivas: que esta elección no es entre Petro y Ordóñez, porque sé que somos más los que no votaríamos nunca por ninguno de estos dos personajes.

Añadidura.

-El autor de este artículo no recibió pago alguno por mencionar a Óscar Iván Zuluaga en éste y aumentar un poco su reconocimiento dentro de la ciudadanía colombiana. Esta mención se ha hecho de manera desinteresada. 

De todas las muertes de este diciembre dos de ellas fueron ampliamente comentadas, dos tristes muertes —como la mayoría, si no todas de ellas—, dos muertes que merecen muchos comentarios, pero más que comentar las muertes debemos aprender de sus vidas, porque hasta las malas vidas dejan enseñanzas.

Dos jóvenes murieron, Diomedes Díaz y Luis Humberto Gómez Gallo, el primero conocido por la mayoría de colombianos y el segundo debió ser conocido por aún más colombianos (en un país perfecto en el que las personas se preocupan por quién es el presidente del Congreso). Pues sí, para los pocos que no sepan, se murió Diomedes y para los muchos que no lo saben, se murió Gómez Gallo. ¿Quién era ese? Un ex presidente del Congreso, conservador, tolimense, condenado por vínculos con paramilitares a 9 años de cárcel.

Triste esto, como todas las muertes, pero creo que fueron más tristes las vidas de estas dos personas, porque aunque cada uno la haya pasado bien a su modo, debe ser decepcionante tener el poder para liderar y convocar masas alrededor de una persona y desaprovechar este don por unos vicios, por arrebatos: por dinero.

¿Qué necesidad tenían Diomedes y Gómez Gallo de cometer todos esos errores que cometieron en su vida? Todos cometemos errores, pero cuando éstos son voluntarios dejan de serlo. ¿No será que todos sus excesos contribuyeron a acabar con sus vidas prematuramente? Creería que sí.

Sin embargo, nada me parece más triste que dos personas que fueron símbolos de algunos grupos; dos personas que convocaban a miles a su alrededor hayan decidido ser ambiciosos y vivir de la avaricia, hayan resultado con sangre en sus manos.

Estas dos personas debieron ser excepcionales, por algo Diomedes llenaba estadios y millones cantaban sus canciones; por algo debió ser que Gómez Gallo pudo ser Senador: algo tenían que tener estos dos, pero ese algo no fue suficiente, ellos quisieron acaparar más.

Se sabe que Diomedes consumía cocaína y que con sus manos asesinó a una mujer con la que mantenía una relación, pero detrás de eso no solo hay drogadicción y un asesinato, detrás de eso hay una persona querida por miles, seguida ciegamente por otro tanto, detrás de eso hay un símbolo, una apología al delito, alguien que es llamado cacique, alguien que quiso ser influyente sin importarle cuánto daño podía hacer no solo a sus cercanos, sino a toda una sociedad que creyó que él era un ejemplo a imitar. Alguien por quien muchos justificaron una muerte.

Gómez Gallo, el perfecto ejemplo de lo que no debe hacer un líder, él no solo traicionó a los que le confiaron su voto, sino a toda la institucionalidad de un país y aunque él no haya matado a nadie sus socios sí. Como muchos otros, sí, otros que ya murieron y otros que siguen vivos haciendo lo mismo que él hizo, y aunque esto no es completamente su culpa, su historia es causa y consecuencia del imaginario de la política colombiana, donde algunos de los que eligen creen que solo llegan corruptos y algunos candidatos solo quieren llegar a ser corruptos.

La idea es aprender, es dejar de seguir a quienes son malos líderes, a quienes —como estos dos muertos y muchos otros vivos— intentan jugar con nuestra constante búsqueda de un símbolo. Lo que espero es que sepamos identificar a esos que se quieren aprovechar de sus dones para convocar y convencer, para dejarlos de seguir y reprocharlos ante la sociedad. Así y solo así, no habrá más como estos dos, y los que hay en este momento serán abucheados por la multitud que dicen representar.

Así y solo así, el ‘Padre Chucho’ no sería aplaudido cuando se enfrenta a la ley, sino sería reprimido por sus mismos seguidores. Solo así dejaremos de ser una sociedad que entroniza al que ejemplifica el mal.

 

Añadidura:

-Por este año me despido, adicionalmente me tomaré unos quince días de intentar leer y escribir literatura, por lo que dejaré de publicar artículos de opinión por un tiempo. Gracias a todos los que me acompañaron este año, les deseo lo mejor, que el próximo año esté lleno de éxitos para cada uno de ustedes. A Colombia también le deseo lo mejor y estoy seguro que será el año en el que se comience el duro camino hacia la paz, la del país, la de las personas: la suya y la mía.

Tw: @japritri

Estoy tan en desacuerdo con el Procurador como con Petro, los dos lo hacen mal en sus cargos y no han sido capaces de lograr lo que la Constitución y las leyes esperan de ellos. Petro no debió salir nunca del congreso, es un orador probo y contaba con un gran equipo de investigación que le permitía ejercer control político y proponer una que otra cosa buena; por otro lado Ordoñez debería estar dando misa, o podría ser nombrado embajador vitalicio en el vaticano, pues, aunque, su verdadera pasión sí es juzgar, él no es capaz de dejar sus convicciones a un lado para hacerlo, por eso le vendría mejor un confesionario que el cargo de Procurador.

Los dos sufren del mal de los extremos, uno es extremadamente terco como para no recibir y acatar los consejos de sus asesores, arriesgándose a contratar un modelo de recolección de basuras sin los requisitos legales durante algunos meses mientras llegaban los carros especializados para esta labor (podría ser que en este momento también: hace pocos días vi una Chevrolet Luv 4x2 sirviendo para la recolección en la Localidad de Chapinero). El segundo es extremadamente subjetivo para un cargo en el que sería más efectivo –por no decir “justo”– si fuera lo más objetivo posible, porque juzgar en derecho es un acto de tanto poder que no lo debe ejercer alguien que no puede dejar a un lado sus convicciones más íntimas, porque aunque pueda hacerlo sus juicios siempre estarán viciados por el contenido de su consciencia.

No cabe duda que las faltas en la contratación del modelo de basuras ameritaban una sanción disciplinaria y tal vez penal, sin embargo en el comunicado que leyó el Procurador no es claro que la sanción se haya impuesto por los errores legales en la contratación, sino por sus efectos (ver comunicado http://www.elespectador.com/noticias/bogota/texto-de-decision-del-procurador-general-destituyendo-a-articulo-463102). En este sentido, haciendo una interpretación literal (exegética, como le gusta al Procurador) de la Constitución y de la ley, Ordoñez no habría podido sancionar al Alcalde, pues la Constitución (artículo 277.6) solo le permite ejercer vigilancia sobre los funcionarios electos y la Ley 80 de 1993 (ley de contratación estatal), en su artículo 62, faculta al Procurador a investigar y sancionar a los funcionarios por falta de observancia de principios y fines en la contratación, sin distinguir entre quienes son elegidos y los que son nombrados.

Sin embargo, supongamos que Ordoñez es un señor abierto y que no le gusta interpretar todo en sentido literal, sino que le gustan las interpretaciones extensivas de la ley y la Constitución, en ese supuesto él tendría la facultad de sancionar a los funcionarios electos, en ese supuesto la sanción –en mi opinión– es exagerada, porque si bien la contratación se hizo por fuera de los parámetros legales, no se ha probado que se haya configurado una conducta delictiva (artículo 410 Código Penal), y más bien, debería sancionarse al alcalde con la suspensión de su labor mientras se comprueba si hubo o no un delito, para después emitir el concepto disciplinario (lo que en derecho se llama prejudicialidad).

Pero a pesar que de derecho saben el Procurador y los asesores del Alcalde, pareciera que al primero se le olvidaran estos conceptos para que sea él el protagonista de las decisiones más importantes que se han tomado últimamente y a los segundos, pareciera, que se les ha olvidado insistirle al Alcalde para evitar que cometa estos errores en la contratación y, además, se les ha olvidado revisarle el discurso, pues ayer dijo que el presidente Santos era la última instancia de la decisión del Procurador y que de él dependía su continuidad en el cargo, lo que es completamente falso, como también es falso que esto sea un golpe de Estado, él debería reconocer que hizo las cosas mal y que, sabiendo que podía ser disciplinado por un enemigo político, se arriesgó a saltarse las normas para cumplir con sus caprichos.

Es evidente que los dos personajes se equivocaron de ocupación: a pesar de que Petro esté intentando hacer de Bogotá una ciudad incluyente y sustentable, está descuidado muchos aspectos de ejecución propias de un Gobierno Distrital o Municipal; a pesar de que Ordoñez sea abogado (hasta inteligente será), él debería estar defendiendo las causas de la Iglesia o de la orden a la que pertenece por fuera de un cargo público, porque –gracias a Dios– Colombia es un Estado laico y acá las sanciones son en derecho no en la fe, acá se sanciona con base en la ley y no con base en la Biblia, acá quince años no son equiparables a quince Padres-nuestros, aunque a Petro le hubiera gustado que esa fuera su penitencia/sanción.

Añadiduras:

*Podría apostarle a cualquiera que en el fallo que resuelva el recurso de reposición el Procurador le rebajará el tiempo de inhabilidad a Petro a unos 12 años, no por las protestas sociales, sino para mostrarle a la clase política colombiana que él hace lo que se le da la gana.

*Definitivamente Uribe no quiere a Francisco Santos, ya lo va a mandar a quemarse a la Alcaldía de Bogotá. Quién va a ir a votar por Pachito, más cuando Uribe ha perdido las últimas tres elecciones en Bogotá…

Soy un castro-chavista más. Es evidente y no puedo ocultarlo, según –más o menos– un millón de personas soy un defensor del régimen de alguno de los hermanos Castro (o de los dos, yo no sé), y del ‘gobierno’ del difunto Chávez, ahora del multiplicador de penes Nicolás Maduro. No tengo claro por qué soy castro-chavista, es más no sé qué es en esencia el castro-chavismo: si uno se pone a examinar el fenómeno de Fidel Castro en Cuba y el de Chávez en Venezuela se encuentra que son procesos con bastantes diferencias en su gestación y, también, con algunas diferencias en ejecución.

A pesar de no saber bien lo que soy, lo soy, al parecer, por no estar de acuerdo con las tesis que promulga un candidato al Senado de la República, y así diga abiertamente que no estoy de acuerdo con Maduro, Castro, Chávez y Castro a los seguidores del candidato no les importa, a ellos les da lo mismo, ellos me llaman “castro-chavista”. Es absurdo, me parece a mí, ahora me podrán llamar de mil formas, por no estar de acuerdo con este u otro candidato al Senado.

Pero no con todos los candidatos al Senado pasa, porque no todos pueden influenciar y amaestrar a tantas personas para discriminar a quienes no están de acuerdo con cualquier locura que se le ocurra al candidato. Creo, sinceramente, que Colombia ya tiene suficientes problemas por resolver como para que esté padeciendo –hace tres años– las declaraciones del hoy candidato que solo generan hechos agresivos en contra de quienes no estamos de acuerdo con sus planteamientos, con su forma de hacer política, con sus colaboradores y familiares.

No deberíamos coartarle su libre expresión. Que hable, que diga qué piensa, no está mal, a nadie se le niega el derecho a opinar, sin embargo sí es molesto que cada una de sus declaraciones sea destructiva, que tengan el único objetivo de denigrar de quienes no estamos de su lado: estigmatizándonos, haciendo que todos los que lo idolatran nos traten como guerrilleros y otras cosas menos peores.

Me han llamado guerrillero ya un par de veces, no solo ahora, sino también cuando el candidato era presidente, esto por el hecho de no estar de acuerdo con la salida militar al conflicto armado que vive Colombia, por preferir la paz sobre la guerra. Desde esa época, hace unos ocho años, Colombia se encuentra polarizada por este señor y ahora el ambiente electoral intensifica esta polarización, porque quien no está con él, está con las FARC, quien no está con él es castro-chavista. Así o más absurdo.

Esta estrategia política está encaminada a generar miedo y vergüenza. Miedo a las personas que ingenuamente le creen y se olvidaron –ya– de lo que pasó en su gobierno y creen que va Chávez revivirá para venir a gobernar Colombia y vergüenza a quienes no están de acuerdo con sus planteamientos, pero no lo expresan abiertamente para no ser objeto de acusaciones sin fundamento, para que no les digan guerrilleros, como a mí.

Algunos, incluso, ya están tan convencidos de esta estrategia que se atrevieron a señalar de antiuribista y traidor a Pachito Santos cuando salió a decir que no estaba de acuerdo con muchas cosas que están pasando dentro del Centro Democrático, que la politiquería había ganado en la Convención del Centro y que el candidato es un ingenuo que se había dejado influenciar por algunas personas, incluso por un condenado dentro del proceso 8000. Algunos ya están tan convencidos que defienden a condenados por ese proceso, solo porque le hablan al oído al candidato. Solo falta que digan que Pachito se convirtió al castro-chavismo, porque están entrenados para atacar a todo aquel que hable en contra de ellos.

Mi propuesta es que cambiemos la mentalidad, que tratemos al candidato al Senado como lo que es: un candidato cualquiera, un Roy Barreras, un Gerlein, un Corzo, una Casado, un Londoño o un Robledo. Mi propuesta es que cada vez que este señor hable en contra de lo que queremos no nos dé miedo o vergüenza manifestarnos en contra de ello, como cuando Gerlein declaró en contra de las relaciones homosexuales entre hombres y aprobó las de mujeres; como cuando Corzo dijo que no le alcanzaba para la gasolina o como cuando Roy dice cualquier cosa. Mi propuesta es que no tengamos miedo de ser llamados castro-chavistas, y que, más bien, nos sintamos orgullosos de ser llamados así por una masa de títeres manejados por este candidato, uno cualquiera.

@japritri

 

Una mujer se me acercó extrañamente hace unos días. Puedo decir que era una señorita atractiva, caminaba sin afán pero con pasos definidos, seguros. Su piel más que bronceada parecía quemada, como si el sol no le tuviera piedad, pero no se le veía mal… sus ojos eran negros y miraban justo a los míos, creo que nadie en la vida me había mirado con tanta decisión, puedo decir: con ganas.

“Hola”, no podía creer que me hubiera hablado, tengo una belleza rara (rara vez le gusto a alguien) y tampoco voy presumiendo riqueza, porque no la tengo. En resumen, ninguna mujer me había atacado así, nunca, ni las que dan volantes en la calle. De inmediato sospeché: esta vieja me va a drogar, algo raro me va a decir para que acepte y se lleve todo lo -poco- que tengo en mi billetera, pensé.

“Hola”, le respondí de forma seria. “¿Cómo vas?”, preguntó. “Bien ¿y tú?”, respondí, pero ya este episodio estaba tan extraño que llegué a pensar que la había conocido en una borrachera y no me acordaba. “Bien, quería pedirte un favor”. Claro, plata, pensé. “Cuéntame, ¿qué sería?”, dije y me preparé para negarme a cualquier cosa, a cualquiera.

“¿Me puede regalar una firma?”, me dijo bajándose la cremallera del chaleco para sacar una planilla y de inmediato fruncí el ceño. Las tres rayas de mi frente nunca estuvieron tan marcadas como cuando supe qué era lo que quería; la imagen fue horrorosa, mi prudencia no me dejó salir corriendo, pero tuve ganas de seguir mi rumbo a paso acelerado. “Regáleme una firma por Uribe”. Sí, había visto la foto de Uribe en su camisa debajo de su chaleco. “No señorita, no le regalo mi firma, por favor vuelva a subirse esa cremallera”, era inevitable, verlo así de cerca me daba cosa.

“Jaja, tampoco es para tanto”, me dijo la muy descarada. “Cómo que no mujer, uno tiene que estar preparado psicológicamente para ver esas imágenes, o ¿es que es la primera vez que alguien reacciona de esta forma?”, indagué. “La verdad sí”. Después hubo un silencio.

“Yo no puedo creer que la gente reaccione bien a esa imagen”, dije. “Pues no reaccionan bien, la mayoría de la gente no firma, algunos son agresivos y me gritan groserías, pero bueno, ¿qué más se hace?”, dijo. “Ah bueno, alcancé a pensar que la gente sí quiere a este tipo”. “Pues sabe que no mucho, ¡claro que en Unicentro hacen fila para firmar!”, dijo entusiasmada. “¡Me imagino!”, dije fingiendo entusiasmo.

“En serio, ¿me firmas?”, volvió con ese tema. “No, en serio. No quiero”, dije. “Ay, no seas malo, mira que es solo la firma, después las elecciones son diferentes”, dijo con una desfachatez increíble. “No, ¿luego es que te pagan por firma?”, hice una de esas preguntas obvias que pudo responderme con un gesto que decía “Pues claro imbécil”.

“Mira, firma que eso no pasa nada, después votas por otro y ya”. “No, no es así de fácil.”. “Sí, es así de fácil”. “¿Como si tú no fueras a votar por él?”. “Pues la verdad… no”.

“Jaja, ¿en serio?”. ¡Qué mujer!, pensé. “Sí, yo qué voy a votar por ese man”, dijo mirándome a los ojos; otra vez me volvía a parecer atractiva. “Qué bueno que pienses así”, exclamé con alegría.

“Entonces… ¿me firmas?” “No, en serio no puedo”. “Ajá, claro”. “Créeme, más bien por qué no vamos y nos tomamos un café allí”. “No, tengo que trabajar”. “Pero, ¿no dice que casi nadie te firma?” “Sí, pero ya me voy para Unicentro”.

“Ah, bueno. Ten mucho cuidado por allá”.

“Pues sí, como siempre. ¿Por qué?”

“Porque por allá como que hay mucho uribista, ¿no dices?”

 

@japritri

-¿Qué haces?

-Viendo el reinado.

-No sabía que te gustaba eso.

-No, la verdad estoy esperando a ver qué dicen las reinas mientras leo el periódico.

-Ah bueno, como aburrido tu plan, ¿no?

-No, normal. Hay que enterarse de lo que pasa. Lo del reinado sí es porque las mujeres estas siempre salen con algo chistoso y me lo pierdo.

-¿Y qué han dicho?

-Nada, no las he escuchado hablar; solo hablan Andrea Serna y Carlos Calero. Me imagino que en un rato les preguntarán qué harían para cambiar al país y cosas así. Ojalá respondan algo chistoso.

-Si ves cómo son en este país, a los tipos les ponen a una vieja churrísima a presentar y a nosotras nos ponen a ese tipo tan feo.

-Sí, una desgracia este país, sobre todo por esa falta de buen gusto para escoger a los presentadores del reinado.

-Jaja, no te burles de mí. Cuando vayan a hablar me avisas para escuchar qué dicen. ¿Qué tal están las niñas?

-Me encanta la de San Andrés, una morena muy linda. Últimamente me están gustando las morenas, bueno últimamente no, hace ya unos años. La de Atlántico tiene cola para regalar, las demás están bien, normales.

-Sí ya te había escuchado ese cuento de las negras, pues ojalá se te dé algo con alguna.

-Dios te oiga niña, pero no digas “negras”, suena fuerte.

-Ok.

***

-Bueno y en qué va el reinado, ¿nada que hablan?

-No, ahora va a cantar Alejandro Sanz. Esto es interminable.

-Jaja, lo voy a poner. Me encanta Sanz. Lo peor es que un montón de gente trasnochará viendo eso.

-Yo creo, esto debe tener más rating que las noticias.

-Toda la vida, yo también preferiría el reinado a las noticias.

-Sí, me imagino.

***

-Me encanta Corazón partido. Se fajaron con Alejandro Sanz en el reinado.

-¿Te parece? Es bueno, pero debieron contratar alguien de acá, pues digo no, es el reinado de Colombia, además si van a traer alguien de afuera podrían innovar y traer alguna banda que no haya venido a tocar acá, algo como The Strokes.

-Jaja, tan bobo, a las personas que ven el reinado no les gusta esa música.

-Yo lo estoy viendo y a mí me gusta.

-Bueno sí, pero tú solo lo ves para burlarte de las mujeres.

-No, para burlarme de las que digan bobadas, no de todas las mujeres.

-Bueno sí, qué pena con el niño… tan bravo.

-Disculpada.

-Bobo.

***

-Parece que ya van a hablar, dijeron que las preguntas las envió el público. Me imagino que tú enviaste alguna.

-No, no sabía que se podía. Ahora sí es peor, quién sabe qué preguntará esta gente.

-Sí, ahora podremos reírnos de las preguntas también.

-Aja.

***

-No, pero de dónde sacan a estas mujeres, nos hacen quedar mal.

-Pues yo no generalizaría. Todo está dado para que gane San Andrés, esas respuestas están muy chimbas.

-Sí. Tú y tus gustos.

-¿Qué tienen?

-Jaja, ¡mucha bruta!

-Qué locura esta vieja. Por qué será que no piensan antes de hablar; uno no pide que den una respuesta brillante, pero sí algo coherente. Ya perdió todo el encanto la morenita.

-Jaja, y ahora qué harás…

-Estoy leyendo la encuesta que salió hoy.

-¿Ya con encuestas? Todavía falta un montón para elecciones y ya en esas, ¡qué pereza!

-Sí ya en esas, lo que pasa es que la política es de todos los días, el país es de todos los días.

-Sí que te gusta eso. ¿Quién gana según la encuesta?

-El voto en blanco tiene más de 30 %, después Santos y tercero Zuluaga.

-Ah, y ¿quién es ese Zuluaga?

Cuando Hernando* llegó a Corferias eran las 7:30 de la mañana del viernes. Su propósito no era cubrir el magno evento uribista, tampoco alabar a Uribe, él solo quería ver si alguno de los candidatos del Uribe Centro Democrático (UCD) lo convencía para ayudarlo en lo que pudiera. Había llegado temprano por recomendación de Martín*, quien era parte de la organización del evento y le había conseguido la invitación, él le había dicho que empezarían “en punto”, es decir que alrededor de las 9:30 de la mañana estarían escuchando Uribe. Pero hacia esa hora no había entrado casi nadie al pabellón, Muchas personas acreditadas estaban luchando por conseguir su escarapela, porque, según los encargados, no las encontraban. Como Hernando no podía votar siguió derecho sin que le pusieran problema, el desorden era tan grande que de nada sirvió la inscripción que había hecho Martín, Había podido entrar cualquiera, no revisaron que estuviera en la lista de asistentes.

Ya adentro el tiempo pasaba muy lento, Si hubiera sabido que no iban a pedir inscripción previa le habría dicho a algún amigo que lo acompañara, claro que reconoce que no recibió buenas palabras de sus amigos a los que les mencionó que asistiría a la convención del UCD, ninguno se mostró interesado si quiera en saber cómo hizo para estar inscrito. Debido a su soledad se dedicó a deambular por ahí mientras empezaba el evento, en el fondo escuchaba los alaridos de los seguidores de Pachito y de Zuluaga que, constantemente, se emitían por fuera de Corferias. Mientras caminaba, solitario, encontraba grupos de más o menos cinco personas hablando y se ponía a escuchar: todos hablaban en contra de Santos, “Traidor”, “Farsante”, “Hijueputa”, etc; otros hablaban de Uribe, le perdonaban la desorganización y contaban sus encuentros con el presidente, la mayoría de ellos en “Consejos comunitarios” y en “Talleres democráticos”; a la mayoría le escuchó comentarios contra Pacho “Es muy riesgoso que Pacho sea el candidato”, “En cualquier momento suelta la boca y se tira todo”, “Uribe no quiere que él sea el candidato”, “Mejor perder con credibilidad que ser el hazme reír de toda Colombia”.

Finalmente, después de cinco horas de dar vueltas por Corferias, comer unas empanadas y fumarse unos cuantos cigarrillos Hernando entró al Pabellón asignado, Había unas 1500 personas. Muchos de los asistentes estaban uniformados, muchos de ellos tenía camiseta de Zuluaga, otro tanto de Pacho y muy pocos de Holmes, Hernando dice él (Carlos Holmes) le dio la mano unas horas antes mientras esperaba, pero él no lo reconoció a pesar de ser uno de los candidatos. Hernando solo vino a saber quién era cuando se paró en la tarima y habló.

Antes de Holmes hablaron Uribe, Pacho y Zuluaga. Todos agradecieron nuestra presencia, volvieron a hablar en contra del gobierno un poco y explicaron un poco de la convención, también se disculparon por la demora y por la desorganización. Para mí ya debían disculparse por la demora con el almuerzo, uno no puede tanta gritería con hambre. Pollo con champiñones, arroz y ensalada fue el menú, lo que Hernando consideró poco para el hambre de las cuatro de la tarde, por lo que fue necesaria una hamburguesa para satisfacer sus necesidades.

Antes, durante y después de los discursos quienes se sentaron al lado de Hernando le hablaron, iniciaron preguntando por su escarapela (donde se encontraba el nombre de quién lo invitaba), él no tenía y respondía que dentro de su maletín, después le hablaron de Uribe, lo elogiaron Hace falta el presidente; después hablaron de Zuluaga quien, según ellos, era la mejor opción.

Después del receso volvió a hablar Uribe, dijo que los candidatos iban a hablar de cada uno de los temas que a él le parecían importantes y que se iba a votar por cada tema, El candidato que más tuviera votos ganaba, algo que a Hernando le pareció muy democrático. Empezaron con seguridad: Colombia nunca estuvo peor, el escenario que pintaron los tres es apocalíptico, nuestro país no está al borde del abismo, está cayendo en él y estamos a punto de tocar fondo, las épocas de Pastrana, Samper, Betancur, etc, fueron el paraíso con respecto a lo que estamos viviendo ahora. Según ellos hoy no hay nada, toca cambiar todo, ¿cómo? Aumentando el presupuesto para la guerra, terminando con el proceso de paz, pasando la Fiscalía a la Rama Ejecutiva. Después Uribe ordenó hacerle unas preguntas a los precandidatos y, posteriormente, conminó a pasar al siguiente tema: Confianza inversionista, otra vez, Colombia es el peor país del mundo, pero solo desde hace tres años.

“Todos los convencionistas tienen que votar, se vota con la escarapela y la cédula”, una nueva orden de Uribe y así pasó, Todos nos levantamos de la silla, ellos fueron hacía las urnas, yo fui a hacia la salida, donde le preguntaron si ya había votado, “Sí, fui el primero” y salió. Hernando no volvió el sábado, ¿para qué? Ya había escuchado lo suficiente y sabía que iba a ganar Zuluaga.

Todo le salió mal al Presidente Uribe, sus candidatos se desbordan en críticas mas no en propuestas. Él quería que la convención se viera democrática ante los medios, pero el mismo viernes algunos salieron a decir que la elección estaba amañada: todos los que asistimos debimos tener la misma percepción, la dedocracia de Uribe apuntaba solo a un candidato. Los tres precandidatos no trabajaron para un objetivo común y el sábado fue evidente que Pacho Santos no supo perder y no le demostró apoyo a Zuluaga, ni siquiera cuando se había comprometido con Uribe a hacerlo en caso de perder. Yo no sé qué va a pasar, pero si por donde el Presidente Santos llueve, donde Uribe hay un aguacero muy duro.

Hoy Hernando cuenta que no ha dejado de admirar al ex presidente Uribe, pero no votará por Zuluaga, tampoco lo hará por el Presidente Santos ni por una tercería. Hoy, a Hernando lo estoy tratando de convencer de que vote en blanco, porque después de asistir a un día de convención uribista perdió la fe en la democracia, algo que logran personas como Uribe.

*Los nombres fueron cambiados por petición de la fuente, lo que es totalmente entendible.

 

Javier Prieto Tristancho

@japritri

Presidente Santos no vaya a suspender los diálogos de paz. El levantamiento de la negociación solo aplazaría el resultado –satisfactorio o no– de ésta, porque con elecciones o sin ellas el resultado de las negociaciones va a ser similar, si no es el mismo: el Gobierno tiene inamovibles y el grupo terrorista está tratando de sacar lo que más se pueda de la mesa claro; y sí, hay que ceder para lograr la anhelada paz.

Ahora bien, ¿de dónde sale la propuesta de suspensión? En realidad la petición viene solo de las toldas ‘uribistas’, porque el Polo Democrático se pronunció a favor de la continuación de los diálogos y, por supuesto, los demás partidos de la coalición también. ¿Y la gente qué quiere? Los colombianos queremos la paz, una paz con el menor número de muertos, para lo que es necesario el proceso. Adicionalmente, está demostrado que los conflictos internos (en el mundo) no terminan por la vía de las armas, sino que es necesario un proceso que permita la transición, procesos que, en algunos casos, han durado hasta de diez años. Por lo que el año que lleva este proceso no es mucho con respecto a los más de cincuenta años del conflicto y al número de años que duran los procesos de negociación.

Los colombianos debemos dejar tanta ligereza y falta de memoria, hay personas que nos intentarán convencer de la falta de legitimidad del gobierno para buscar la paz; que sin cese de fuego no se puede negociar; que va a haber impunidad. A esas personas hay que responderles que a ningún gobierno (de Santos, de Jorge Barón o hasta de Pachito) le puede llegar a faltar legitimidad para negociar la paz, porque buscarla debe ser la máxima de cualquier gobernante colombiano: este país ya no quiere más sangre.

Por otro lado, quienes exigen cese al fuego están desconociendo que casi ningún proceso de paz ha iniciado de esta forma: IRA no dejó las armas para sentarse en la mesa, solo después de un tiempo lo hicieron. Adicionalmente, nadie puede negar que muchos frentes del grupo terrorista ya no dependen del mando central y que por lo tanto esas personas que no están representadas en la mesa no son guerrilleros,  sino vándalos, narcotraficantes y zares de la minería ilegal. El proceso se está haciendo con quienes son dueños de la marca FARC, para después tratar a los que queden como lo que son: terroristas.

Por último, no va a haber impunidad. Lo aseguro no solo porque el gobierno lo diga, es cuestión de nociones básicas de derecho penal, justicia transicional y derecho internacional. Si se aplicara el derecho penal, a ninguno de estos personajes se les podría excluir de la imputación, acusación y juzgamiento de sus delitos, sus rebajas de penas también serían las que contempla el código penal. Si se aplica la justicia transicional –como va a ocurrir–, se rebajarán las penas de estos guerrilleros de tal manera que sea atractivo y viable entregar las armas e ir a una cárcel con el compromiso de que no perderán sus derechos políticos, siempre y cuando no hayan cometido delitos de lesa humanidad, como ya lo advirtió el Fiscal General. Todo esto lleva a que si no se aplica el Código Penal o una verdadera justicia transicional, es decir, si no se administra justicia, la Corte Penal Internacional tendría que intervenir en el país para velar que se cumpla con la normativa penal y ningún gobierno permitirá que se diga que bajo su tiempo en el poder no funcionó la Rama Judicial.

Nos van a tratar de refutar cualquier argumento, porque todo lo del actual gobierno es malo y la paz solo es buena cuando ellos la tratan de conseguir, o ¡ya nos olvidamos de Ralito y los ‘Paras’ (ahora bacrim), o los múltiples intentos de diálogos con las FARC (alocución presidencial autorizando el despeje de Pradera y Florida) y con el ELN del ex presidente Uribe? ¿Ya nos olvidamos de Rodrigo Granda y alias ‘Karina’? También nos olvidamos que eso que dicen que la guerrilla estaba vencida tampoco es cierto, porque desde finales de 2008 (gobierno Uribe, para los que ya olvidaron) las cifras de atentados empezaron a aumentarse de nuevo y por lo tanto estos terroristas nunca estuvieron derrotados como dicen.

Presidente Santos, no vaya a suspender los diálogos y menos cuando quienes así lo desean prefieren el poder que la paz. No lo haga porque estos tipos solo quieren aprovecharse de la mala memoria de algunos ciudadanos en beneficio de sus intereses personales.

Presidente, no se le ocurra levantarse de la mesa, porque los colombianos no estamos dispuestos a aplazar la paz.

Javier Prieto Tristancho

@japritri

Después de una conversación que solo terminó porque arribé a mi casa, mi corazón latía tan rápido que estuvo a punto de parar. Mi mango –como diría mi papá– casi se detiene porque, sumado al repentino aumento de peso que me ha hecho ver frente al espejo como una papa (salada), estuve envuelto de una conversación de nunca acabar con una contraparte que al quedarse sin argumentos, repetía una y otra vez, como lora, tres frases que habían perdido sentido en la conversación.

Sentí que mi final estaba cerca, que el corazón me exigía que abandonara las malas prácticas alimenticias y las conversaciones que no llevan a ningún lado; sentí que el corazón me daba un ultimátum y tomé la decisión de pedirle una oportunidad más a mi existencia: ahora en adelante bajaré de peso y resistiré la insoportable terquedad del ser.

Este mal, del que todos somos dolientes y dolidos a la vez, que profesamos y nos profesan: el culto a la razón propia, al narcisismo, a la palabra sin mente, al instinto de supervivencia verbal es la terquedad. El mal que hace de la sociedad un mundo sin rumbo, sin velocidad y dirección, el mal que atrasa el progreso y acelera los corazones.

La resistiré, como lo he dicho, porque la tolerancia es la única forma de combatirla, ya que cuando alguien persiste en una idea quedándose sin argumentos lo que está demostrando es que le hace falta el apoyo tolerante de la contraparte acompañado, tal vez, de un abrazo y de un par de palabras de ánimo, por medio de las cuales se le haga saber que, a pesar de que ha perdido la batalla verbal, esto no es el fin del mundo y no va a dejar de ser la persona que es por aceptar que está mal.

La terquedad es, en parte, producto del orgullo, el cual deberíamos dejar a un lado la mayoría del tiempo, porque es imposible que siempre tengamos la razón, es más, a menos que seamos especialistas en algún tema es muy probable que la ignorancia nos haga perder más de una batalla. Por esto es que aceptando que otros pueden tener argumentos más fuertes y convincentes podemos llegar a mejores acuerdos, más productivos y enriquecedores para la vida en sociedad, porque si las discusiones se convierten en luchas de egos el resultado de éstas no llevarán a ningún lado y el resultado serán cientos de palabras al viento y la irremediable pérdida del recurso menos renovable de todos: el tiempo.

Mi compromiso, entonces, no es solo con dejar los carbohidratos y empezar a ser más tolerante para evitar una falla cardiaca; mi compromiso es, también, dejar de ser causante de discusiones banales que terminen en la nada, dejar de ser orgulloso y aceptar argumentos que superen los míos: mi compromiso es para que quien me venza me dé un abrazo y un par de palabras de ánimo, para que me haga caer en cuenta que mi orgullo no está permitiendo avanzar a la sociedad.

Espero que me acompañen en este compromiso y, además, estimulen mi dieta.

Javier Prieto Tristancho

@japritri

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