Lunes, 06 Julio 2020

Por: Tania López

 

Pasa otra administración en la capital sin resultados tangibles acerca de promesas de campaña de mejorar la movilidad, la seguridad, la educación cívica, etc, y los capitalinos seguimos aún con la esperanza de ver una ciudad transitable, dinámica y ajustada a las demandas del siglo XXI.

Después de 73 años de hablar de metro en la capital del país, la incertidumbre acerca del financiamiento y sobre quien(es) recae esta responsabilidad está a la orden del día. Nos preguntamos si el Gobierno Nacional está dilatando su apoyo, ya que la ley de metros exige una co-financiación de la Nación a esta obra hasta del 70% como lo tuvo el metro de Medellín; o acaso se trata de una evasiva de la Administración Distrital que debería aportar el 30% restante, la conclusión es que si bien hoy el Distrito afirma que hay 5.5 billones de pesos disponibles para esta iniciativa, el Gobierno Nacional aun titubea en dar un sí definitivo para el inicio de la mega obra y que afirman puede llegar a costar 20 billones de pesos. En suma, ya sea a nivel distrital o nacional, vemos que es sólo cuestión de voluntad política y la decisión final está supeditada a la variable de estar en un año electoral que reconfigurará la estructura de poder local en el territorio nacional.

Ahora bien, para tener una perspectiva más amplia vemos algunos ejemplos, en donde Buenos Aires inauguró su primera línea en 1913 y en Caracas comenzó a operar en 1983. En los 90's tres sistemas se inauguraron: Medellín (1995), Monterrey (México), Fortaleza (Brasil), y mientras tanto en Bogotá se continua pensando en hacer o no el metro, cuando 28 ciudades de América Latina construyeron los suyos.

Por otro lado, tras el debate "A 0Km movilidad en Bogotá" citado en la Cámara de Representantes, vimos que uno de los temas más debatidos fue la deficiente implementación del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) en Bogotá. A esta problemática se adiciona las medidas arbitrarias impuestas por el Distrito como el segundo día sin carro y sin moto en el año sin una política complementaria pedagógica y en civismo que ve reflejado efectos contraproducentes en la ciudadanía.

El panorama es sombrío y no vemos soluciones fácticas que nos permitan ver cambios sustanciales y mejoras en la movilidad, la seguridad y la educación ciudadana en la capital. Cada hora se matriculan 11 carros y 6 motos y los recorridos en la ciudad pueden durar hasta dos horas. Otro factor que exacerba este caos, es la polémica que se ha desatado con el pliego de cargos que la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) elevó a la empresa Angelcom, por "obstrucción y dilatación del proceso de integración de tarjetas del Sistema Integrado de Transporte Público y lo cual, le traería una multa de más de 64.435 millones de pesos al comprobar su culpabilidad".

En fin, hago un llamado a demostrar que la PAZ también empieza con el reto de apostarle a la construcción de la Bogotá del futuro, libre de corrupción y malos manejos fiscales, fuera de toda lucha ideológica y de clases, pasemos la página de la sombra del carrusel de la contratación, la falta de planeación y el populismo barato. Blindemos nuestra ciudad de los errores que no pueden volver a repetirse. Aprendamos de las buenas lecciones que nos brindan ciudades que se encuentran a la vanguardia en movilidad como Hong Kong o Vancouver. Evitemos la improvisación, trabajemos por la calidad de vida y la dignidad de los capitalinos, y sobre todo la invitación es, como personas responsables y libres, a votar bien el próximo 25 de Octubre, porque en la siguiente Administración y Cabildo distrital recaerá el peso del bienestar de nuestra amada ciudad.

Twitter. @TaniaLopezLizca  

 

Por: Tania López

Hace poco escuchamos acerca de la víl masacre perpetrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - FARC -, dejando 11 soldados profesionales muertos y 24 heridos en el municipio de Buenos Aires, en el norte del Departamento del Cauca. El atentado ocurrió a la medianoche del martes 14 de abril cuando los uniformados dormían en el polideportivo. Esta situación ha conmocionado al país y ha suscitado múltiples marchas, protestas y manifestaciones de todo tipo que sólo son el reflejo de la indignación y hastío del pueblo colombiano por causa de las víctimas que sigue cobrando una guerra injusta, una guerra sin sentido.

Uno de los acontecimientos más relevantes producto del dolor de patria fue el abucheo que le dieron al Presidente Santos el pasado domingo 19 de abril en la Carrera de los Héroes 10K, actividad deportiva que busca homenajear soldados y policías caídos durante más de medio siglo de conflicto armado interno.

El repudio y rechazo a la asistencia del primer mandatario en la carrera fue producto de la orden dada por Juan Manuel Santos de cesar los bombardeos a los campamentos de las FARC y que lastimosamente, ello conllevó una situación de indefensión contra nuestros militares que quedaron expuestos a condiciones hostiles y a una desventaja militar en la cual no se pudieron defender, al quedar sin apoyo aéreo en medio de los ataques irregulares. 

Ahora bien, este nefasto suceso solamente nos recordó la escalada de terror que a diario vive Colombia, sólo nos trajo a la mente que en medio de unas dilatadas negociaciones que buscan "la paz" a más de 2,244 kilómetros en La Habana, Cuba, diariamente en todo el territorio nacional se reportan atentados en contra de la población civil, en contra de las infraestructuras económicas, educativas y viales; infracciones al Derecho Internacional Humanitario, se siguen reclutando niños para la guerra, se usa a la mujer como arma de guerra y aun no entregan los mapas de los campos minados. El desplazamiento forzoso es una constante que crea cinturones de pobreza en las periferias de las grandes capitales y ello trae consigo una mayor desigualdad, inseguridad, desempleo, falta de oportunidades; en suma nuevas espirales y ciclos de violencia.

El panorama desolador solo vislumbra algunas luces de esperanza cuando vemos manifestaciones de jóvenes y sociedad civil que promueven unidad en escenarios físicos y virtuales como el llamado #NiUnSoldadoMas, iniciativa ciudadana que pretende levantar su voz en medio de la gran desinformación y desconocimiento acerca de lo que en verdad se está negociando en Cuba, o lo que dejan conocer. El mensaje que este plantón dio a conocer es un llamado a la comunidad internacional de la realidad que sufre el país, el mensaje que no solamente los soldados están siendo víctimas de esta ola de terrorismo, también civiles como jóvenes, niños, familias completas lo padecen. El acto simbólico de dejar rosas en el monumento a los héroes donde se encuentra la imagen del Libertador Simón Bolívar es un llamado SOS de buscar unión y solidaridad latinoamericana, de denunciar las injusticias y flagelos que vivimos como nación, de decir #NiUnColombianoMas. 

Twitter. @TaniaLopezLizca

 

Frente a la expectativa del desenlace de los diálogos de paz en La Habana, Cuba, hoy los colombianos nos podemos preguntar si ¿estamos preparados realmente para asumir la paz y todo lo que ese etéreo término significa? y si ¿queremos trabajar fuertemente en dejar atrás los flagelos del pasado y trazar una nueva senda de justicia, verdad, restitución, reconciliación y garantías de no repetición? La respuesta parece fácilmente afirmativa, pero como bien lo dijo Martin Luther King en su Carta de Birmingham, escrita en prisión: “la verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión: es la presencia de justicia”. Y afirmó de nuevo, el resplandor de la justicia desde todos sus aspectos.

Colombia ha sido víctima de una guerra interna casi sin fin, y hoy, ad portas de la firma de un proceso de paz que pondrá punto final a la misma y trazará la ruta de terminación del conflicto, cabe preguntar si cómo nación más allá de los elocuentes discursos mediáticos y la cuestionable voluntad de negociación de las Farc, nosotros, como colombianos, con el corazón puesto en la mano estamos dispuestos a reconstruir país, poner las bases del postconflicto y de una justicia transicional estable.

Menciono lo anterior, ya que a veces parecemos añorar un pasado o bien revivirlo a través de una clara y contundente “narcocultura” que ha venido impregnando sutilmente cada esfera de la sociedad, desde los más altos estamentos hasta la continua aceptación en la ciudadanía a través de los medios de comunicación, programas de televisión, novelas, películas, libros, entre otros, y ni que decir de famosas series de las cuales nos ufanamos vanamente solo porque dan la vuelta al mundo mostrando una imagen de la era de violencia de Colombia que nos ronda como un fantasma que pareciera no queremos olvidar.

Muchos dirán que recordar es vivir, que es una buena forma de obtener memoria de la historia para no cometer los errores del pasado, pero por el contrario, en una humilde opinión, considero que ese show de apología al crimen deja mucho que desear, mucho que pensar y mucho que replantear acerca de nuestro imaginario colectivo. Existe una constante prevalencia de culto al enriquecimiento ilícito, rápido, fácil y empleando cualquier medio, buscamos la superficialidad de la belleza física, promovemos la cultura de la droga y pensamos que somos sólo creativos en hacer lo malo y eso sí, siempre interpretando las situaciones con la nunca faltante ‘malicia indígena’.

Que estoy exagerando, no lo creo, solo veo que hay cientos, miles y millones de niños, adolescentes y jóvenes que están formando en su mente la visión errónea de lo que es y en verdad significa vivir en Colombia. Mi esperanza y alarma sólo va dirigida a aquellos que como yo sentimos la necesidad de levantar una generación diferente, la generación de la paz -de la verdadera paz-, y por ello, para cada uno de nosotros será vital un cambio de mentalidad, una ardua labor en transformar paradigmas en el sistema educativo, social, económico y político del país, y como debemos empezar por algún lado, mi propuesta concreta es que empecemos desde nosotros, con nuestra vida, entorno cotidiano y familia, el cambio comienza en casa.

T.@TaniaLopezLizca

Tras la contienda electoral y la carrera a la Presidencia que nos deja por saldo la reelección de Juan Manuel Santos con su bandera de la paz y por otro lado como perdedores a la línea uribista de Oscar Iván Zuluaga y su alianza, Marta Lucia Ramírez por el Partido Conservador Colombiano. Vemos que comienza una nueva etapa en el calendario electoral, ya se están haciendo los ajustes necesarios y se mueven las fichas estratégicas para que cada colectividad se lance al ruedo en los comicios locales del siguiente año, donde elegiremos el nuevo mapa del poder a nivel local, distrital, municipal y departamental.

Es allí, donde las coaliciones del primer semestre quedan atrás, ahora la tarea se resume en “organizar la casa” y prepararse institucionalmente para seguir vigentes en el panorama político, con la elección de sus ediles, concejales, alcaldes, gobernadores y diputados a nivel nacional. Ellos serán determinantes, en la praxis partidista y en hacer más tangible la famosa PAZ con la que soñamos y trabajamos desde nuestros distintos espectros políticos, día y noche, sin descanso.

Por ello, encontramos realmente propicia la elección de la nueva cabeza del Partido Conservador Colombiano, el joven representante a la cámara, David Barguil Assis, de 33 años, quién vislumbra una nueva era de renovación, trabajo eficiente, y visión fresca de reingeniería al interior de las endebles estructuras que quieren derribar electoralmente, no solo a un Partido de más de 165 años de historia, como lo es el PCC, sino a todas aquellas fuerzas que tienen el compromiso de demostrar que la política va más allá de caciques, maquinarias y ambición monetaria por el poder.

El panorama no es fácil, este joven oriundo de Cereté, Córdoba, que culminó sus estudios de pregrado y postgrado en Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales y en Derecho Contractual y Relaciones Jurídicas, en la Universidad Externado de Colombia; y posteriormente realizó estudios de posgrado en Canadá, Francia y España. Tiene la enorme labor de renovar el Partido Conservador, que atraviesa un momento difícil, lleno de división y falta de credibilidad en las grandes urbes donde la contienda electoral será ahora con su alguna vez gran aliado el Centro Democrático. Eso en cuanto a las regiones, pero no podemos olvidar el corazón de la política nacional, Bogotá, donde el PCC atraviesa una la peor crisis de su historia; con sólo 3 concejales, 3 ediles -algunos de ellos cuestionados y sin la posibilidad de renovar su curul-. La tarea es grande y la nuevas caras no son garantías de cambio, es necesario el compromiso constante con la ciudadanía, entender la necesidad de fortalecer la organización política, trabajar por la unión y saber dar soluciones óptimas para el país.

T.@TaniaLopezLizca 

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