Lunes, 25 Mayo 2020

Por: Josué Martínez

A través de la ventana se puede ver buena parte del Centro Comercial Unicentro, al menos la parte que da a la carrera 15. Estoy en el sexto piso y la vista es amplia y agradable. Más atrás y más lejos, allá entre las montañas verdes, dos o tres grúas gigantescas se elevan dibujando imperceptiblemente nuevos rectángulos de color amarillo quemado. Edificios que van volviendo más “civilizado” el paisaje, al mismo tiempo que matan el verde vivo de los árboles. Más a la derecha hay un grupo de edificios grandes y modernos. Los edificios que quedan al frente de Hacienda Santa Bárbara. Bellísimos me parecen, no importa las veces que pase por allí, siempre me quedo absorto mirándolos, con la vista fija en el último piso. Tratando de adivinar cómo se verá todo desde allí, soñando también con algún día tener una oficina en un lugar así. Recuerdo que cuando tengo que ir a hacer algo a Hacienda, acostumbro devolverme a pie hasta la autopista norte porque, además de lo difícil que es conseguir transporte en ese sector hacia el sur; puedo tener una mejor vista de estos edificios a medida que descuento carreras mientras bajo por la calle 116. Es bastante agradable e inquietante a la vez caminar por allí. Concesionarios de autos de marcas lujosas, restaurantes elegantes y seguramente costosos, personas muy jóvenes manejando BMW, personas mayores manejando Mercedes Benz, bares al estilo de Bogotá Beer Company en ambos lados de la calle; hablando de la parte agradable (se me antoja agradable aunque no tenga posibilidades de entrar en ninguno de esos lugares). La parte inquietante es que cada vez que caminando alcanzo a alguien, ese alguien se da la vuelta para mirarme varias veces, se asusta, se hace un lado, desacelera el paso y espera a que yo lo adelante. Yo sé que la inseguridad está disparada, pero, ¿es para tanto? ¿Será que se nota mucho que no soy de ese sector de la ciudad y piensan que los voy a robar? Bueno, no sé, considero en todo caso que no tengo cara de ladrón.

Todo esto recorre mi mente a gran velocidad, mientras miro por la ventana sentado en mi oficina. De mi enmimismamiento, me saca la voz de mi jefe que me pide alguna cosa y vuelvo a la realidad. 10 o 15 documentos esperan ansiosos debajo del teclado a que yo los ingrese al sistema, varios paquetes que acaba de traer la transportadora esperan ser destapados a un lado en el piso, suena el teléfono y me avisan que llegó la persona que se va a llevar el reloj que tengo listo y empacado a un lado del escritorio, se asoma una compañera y me avisa que viene en camino una importación… y yo miro el reloj, rogando por dentro que ya sea casi hora de almorzar para poder salir de ahí o, si fuera posible, que falte media hora para que termine la jornada; sólo para comprobar con terror que son las nueve de la mañana.

Trato de dibujar este cuadro porque en momentos así viene a mí la pregunta que provocó este escrito: ¿Por qué me tocó vivir la vida que vivo? Esto no es una queja ni mucho menos de mi trabajo, ni de las cosas que hago cotidianamente. Gracias a Dios tengo un empleo que es, entre otras cosas, estable y en una buena empresa. Pero me llamó la atención que hoy sábado santo, una persona cercana trajera a colación esta inquietud. En el grupo al que pertenezco, la líder daba una bienvenida a los nuevos asistentes y les decía entre otras cosas que contaran con nosotros, los de más tiempo, que podíamos guiarlos en cosas como su propósito en la vida, la razón de la existencia, los motivos para ser feliz y a entender por qué les tocó vivir la vida que viven. Tengo claro lo que les diría si me formularan las anteriores preguntas menos la última. Y no tiene nada que ver con el propósito o la misión que tengo en esta tierra. Tengo bases morales, éticas y espirituales claras respecto de estos temas, pero me parece que cualquiera que sea mi situación o modelo de vida, el propósito y la misión siguen siendo los mismos; luego el tener claridad respecto de estas dos cosas no responden a la pregunta que queremos responder.

Hay quienes afirman que lo que soy y como vivo, depende directamente de las decisiones que tome. Hay otros que por el contrario creen que para todas las personas, todo lo que les pasa hace parte de su destino y que no hay nada que se pueda hacer para cambiarlo. ¿Qué cosa no? ¿Entonces vivo en un plan predestinado, llevado por las cosas que me van sucediendo y no sé por qué pero voy cumpliendo con un camino que ya está trazado sin poder cambiar nada? En ese orden de ideas, no importa si me esfuerzo o no, si soy disciplinado o no, si trato de comportarme bien o no; total ya hay algo escrito para mí y voy a llegar allí sea lo que sea. Un ejemplo de esto son las personas que mueren jóvenes. ¿Ese era su destino? Por más que hicieran una cosa o la otra, ¿estaba escrito que allí terminaría su paso por esta tierra?

O más bien, estamos en este mundo, con un sinfín de posibilidades y a medida que cruzamos por situaciones y circunstancias, la forma en que las afrontamos, las decisiones que tomamos y las rutas que elegimos le van dando vida a nuestro destino. Si pensamos así habrá muy pocas cosas seguras. El resultado podrá ser tan negro como blanco. ¿Entonces no hay una línea más allá de lo humano que trace un poco el camino? ¿No se le antoja demasiada la responsabilidad del hombre en este caso?

Nelson Mandela vivió 27 años en una cárcel de Sudáfrica. Y aunque la historia tiene miles de detalles, lo cierto es que algún tiempo después de su salida, fue elegido presidente y llevó a erradicar de ese país africano, la discriminación racial. Hoy Mandela es sinónimo de paz, perseverancia, disciplina, humildad y tenacidad en cualquier parte del mundo. ¿Entonces Nelson Mandela vivió un camino predestinado? ¿No importa lo que hiciera, él iba a hacer lo que hizo? ¿O más bien, las decisiones que tomó y la disciplina y el interés que tuvo por leer y aprender lo llevaron a tener esos resultados? Será que en algún momento de esos 27 años que estuvo allí, Mandela se preguntó ¿Por qué me tocó vivir la vida que vivo? No sé. Aunque creo firmemente que no podemos solos entender lo que nos pasa y que necesitamos ayuda divina para sortear cada situación; me parece que no es un asunto fácil de resolver.

Si se pregunta por qué no aprovechar este espacio para escribir sobre cosas interesantes por ejemplo para criticar el proceso de paz, o hablar del escándalo en las altas cortes, o del accidente del avión de Germanwings, o de la inseguridad y la movilidad de Bogotá o al menos del mal momento de Falcao; tranquilo, yo me pregunto lo mismo y no encuentro respuesta. Esa inquietud no se me salía de la mente mientras leía con entusiasmo el libro de columnas de Daniel Samper y tuve que sentarme a escribir. Espero que esto no lo lea mi líder porque me parece que no va a estar muy orgullosa de mí que digamos.

Twitter: @10SUE10

 

Por: Josué Martínez

 

Pepito se inscribió en la universidad con muchas ilusiones de llevar a cabo uno de sus sueños, ser profesional. Con un préstamo que le hicieron en la empresa donde trabajaba, pagó la matrícula y el primer semestre. Pepito no contó con la fortuna de nacer en cuna de oro, pero es trabajador y muy responsable. Está un poco en desventaja frente a otras personas pues ya tiene 23 y apenas va a comenzar una carrera, pero ha escuchado que nunca es tarde y aunque le queda bastante difícil pagar la carrera, teniendo en cuenta que las obligaciones son muchas: arriendo, servicios, alimentación, deudas, ayudar a la familia, etc.; se arma de valor y de sueños y empieza a estudiar. En el primer semestre todo es novedoso y atractivo. Aunque no quede tiempo y haya que esforzarse y dormir muy poco, él se esmera por responder y saca muy buenas notas. Después de todo, los profesores dicen que esa es la manera de sacar la carrera adelante, que al final va a ver los frutos, que así les tocó a los que hoy ocupan puestos importantes. A los profesores les gusta mucho usar frases de cajón, o lo que dicen está planeado como estrategia de publicidad para tener a los estudiantes engañados.

El segundo semestre es muy parecido al primero salvo algunos detalles. La deserción comienza a ser evidente. De los 20 o 25 que empezaron ya sólo quedan 15. Además de eso comienza a ver que hay unas materias muy fáciles; hay un profesor que a veces ni viene, y sin embargo, saca 4,8 en todos los cortes. Las instalaciones no están lo suficientemente equipadas y algunos profesores comienzan a quejarse por la falta de equipos para desarrollar determinados temas. Lo que más lo dejó pensando fue el “error” en sus notas que le impidió aspirar a la beca que habían prometido durante el primer semestre. Aunque fue el mejor estudiante y en las cuentas estaba presupuestado tener uno de los mejores promedios, varias materias le quedaron en 0. Al hacer el reclamo le ayudaron y corrigieron algunos números, pero lo curioso fue que, cuando sus notas quedaron arregladas, ya le había tocado pagar el semestre y el cuentico de la beca ya se había envolatado.

En el tercer semestre la cosa estaba más clara. Con el profesor que casi no venía ya ni se hacía clase, los muchachos se acostumbraron a que si le ponían tema para hablar el hombre se emocionaba y hablaba la hora y media completa; total se sabía que el profe era un vacan y le ponía 4,7 o 4,8 a todo el mundo bajo la excusa de “es que yo valoro la asistencia, el que venga, pasó la materia conmigo”. El profesor que exigía material para dictar la clase se cansó de rogar, se peleó con el rector y renunció. ¡Oh sorpresa! Varias materias le volvieron a salir perdidas y en fin, el panorama se fue poniendo cada vez más negro, más desalentador. Sin embargo Pepito siguió luchando con el cansancio y con la situación económica y sacó su tercer semestre adelante, con la firme esperanza de que al fin tanto esfuerzo daría resultados además de creer firmemente que estaba forjando un futuro mejor.

Pepito va a iniciar cuarto semestre pensando en que está más cerca del objetivo porque sólo queda un par de semestres para terminar la tecnología, pero la universidad le tiene varias sorpresas preparadas. Por alguna razón al antiguo rector lo echaron de su cargo junto con varios profesores. Ya en cuarto semestre le van a dictar dos (de las cinco que ve en total) materias de relleno porque no hay profesores para las materias que corresponden. Le volvieron a salir materias perdidas a sí que ni modos de aplicar a la beca (que nunca le dieron a nadie desde que él está ahí), y para completar el panorama desolador, con él hay 5 estudiantes para este semestre en su salón. La gota que rebosó la copa fue la bienvenida a las clases que le dio uno de los profesores: “yo nunca he dado esta clase, pero vamos a ver que nos inventamos”.

A pepito sus padres no le pagan la carrera, no tiene plata de sobra, no está esperando en la casa todo el día jugando play a que le llegue la hora de ir a clase. Pepito trabaja desde muy temprano y todos los días para poder con las uñas pagarse la carrera. Pepito llega cansado con un sueño insoportable a clase pensando en que este esfuerzo que hace va a valer la pena más adelante. Así que, ante este panorama, debe tomar una decisión. Un semestre no le cuesta mucho, aproximadamente millón doscientos, pero es lo máximo que puede pagar. ¿Realmente se justifica gastar casi 3 millones de pesos (con lo difícil que es para él conseguirlos) en los dos semestres que restan, bajo las condiciones en que está la universidad; máxime cuando se acaba de enterar que si quiere homologar materias en una universidad de verdad, lo van a dejar en primer o segundo semestre si le va bien?

Pepito hoy no sabe qué perdió más durante este año y medio; plata o tiempo. Está desubicado por que ya tiene bastantes años y sigue sin profesión, y eso que sólo hizo tres semestres; conoce casos de compañeros que están en similar situación, pero tienen ya 6 y 7 semestres cursados.

Hay miles de pepitos hoy en Bogotá y en Colombia. Es irónico escuchar al gobierno sacar pecho de las becas que ha otorgado y aprovechar eso para salir con ilusadas del estilo “Colombia la más educada de Suramérica” cuándo se está a años luz de algo por el estilo. Es aterrador como las universidades de garaje juegan con los sueños y las ilusiones de cientos de personas que trabajan duro, que se esfuerzan, que luchan contra la desigualdad y la falta de oportunidades, poniendo la fe y la esperanza en que el estudio les dará una vida mejor, un futuro menos difícil. En vez de estarse dando propaganda con cada migaja que dan, Santos, Parody y compañía; porque no hacen algo con estas entidades dedicadas a la estafa y al engaño. Porque a la pregunta de qué hacer con estas entidades ladronas que ofrecen programas sin ni siquiera estar acreditadas, la ministra reconoció que no tienen herramientas para controlarlas; luego ¿de qué manera piensa hacer de Colombia la más educada? ¿No les parece que va siendo hora de trabajar más y publicitarse menos? ¿No les parce que los miles o millones de personas que no pueden pagarse Andes, Javeriana o del Rosario, también hacen parte de este país? ¿O los de ese sector social no entran en las encuestas? Si la respuesta es sí entones que alguien haga algo para detener este negocio tremendamente lucrativo para unos pocos, pero asesino de sueños y proyectos de vida para muchos otros. De estos hay muchos señor presidente y señora ministra, hagan algo por favor.

T. @ 10SUE10

 

Por: Josué Martínez

“No estoy muy seguro de que un dibujo pueda llevar a la paz, ni a la guerra. Me encantaría pensar que cada vez que hago un dibujo evito un secuestro, impido un asesinato o retiro una mina antipersonal. ¡Qué dicha sería! Si tuviera ese poder, no volvería a dormir y haría dibujos sin detenerme”.

Las palabras son del caricaturista Bernard Verlhac (Tignous), asesinado el pasado 7 de enero junto con otras 11 personas, en el ataque terrorista que llevaron a cabo fundamentalistas musulmanes en contra del semanario Charlie Hebdo en la capital francesa. La entrevista que dio a la embajada de Francia a su paso por el país en 2010 en el marco del foro “Caricaturistas por la paz”, la puede encontrar completa en eltiempo.com.

Las dudas que tenía el caricaturista en ese entonces parecen haberse disipado. Con escalofriantes resultados vemos que la burla hecha por este semanario hizo arder los instintos más bajos y asesinos de los extremistas islámicos que tomaron venganza por sus propias manos. Pero esto no debe sorprender a nadie. Por supuesto que una masacre de esta naturaleza no es excusable bajo ningún punto de vista. Pero también es cierto que la barbarie, la violación de derechos humanos y la convicción de que asesinar sin piedad y de cualquier manera imaginable a sus enemigos es cuestión de honor y les representará en otra vida una gran recompensa; son pan diario para estos grupos terroristas. Hay que ver lo que pasa en Irak y Siria con el Estado Islámico, o en Nigeria con Boko Haram, o en buena parte de Asia y África con Al Qaeda entre muchos otros. De manera que no es noticia ver la forma en que actúan estos grupos en defensa de su creencia.  

Entonces me llamó la atención la controversia que revivió el hecho en los medios: hasta dónde se está violando la libertad de prensa que viene del derecho fundamental a la libertad de expresión, y hasta dónde los periodistas (ya sea por radio, tv, internet o prensa escrita) están excediéndose en sus críticas que muchas veces llegan a ser burlas extremas y ofensas desmedidas.  Existen ensayos extensos en los que se trata el tema a profundidad y se habla del principio de daño y del principio de ofensa; en donde el castigo, cuándo la libertad de expresión sobrepasa estos límites,  debería ser más fuerte en el primer caso, porque dañar a alguien es más grave que ofenderlo… En fin una cantidad de líneas delgadas que se sobrepasan con facilidad y que, en mi opinión, no resuelven nada sino que al contrario enredan y complican una controversia que viene de tiempo atrás.

Más allá de términos, definiciones y derechos, el tema es así: hay un sector del periodismo crítico que se burla de todo lo que se le ocurre y le parece que ofendiendo las creencias religiosas de la gente, hace un buen uso de su derecho a la libertad de prensa. Por otro lado hay un grupo extremista que está dispuesto a matar a quién irrespete su religión. En un debate fuerte que hubo en la radio se crearon dos grupos de panelistas. El primero hacía un llamado a la prensa a que reflexionara sobre el alcance que tienen sus críticas y a que, desde su posición, pusiera su grano de arena en el conflicto, criticando con responsabilidad y sin herir ni ofender las creencias de los demás, por sobre todo cuando de grupos radicales se trata.  

El segundo grupo se rasgó las vestiduras ante este planteamiento. Argumentando con mucho aire en el pecho, que era una actitud de debilidad, que la prensa no debía ceder ante el terror y que tomar ciertas precauciones sólo le daba la razón a los actos de violencia. Este último grupo de panelistas estaba conformado por politólogos, abogados, políticos, ex ministros etc. El primero lo conformaba una sola persona, periodista de profesión con más de 20 años de experiencia. No quiero en ningún momento subestimar el trabajo y el criterio del segundo grupo, ni más faltaba. De hecho son profesionales reconocidos y respetables. Pero ¿no le causa cierta curiosidad las posturas de ambos lados respecto de sus profesiones?

Haciendo memoria, recordé además que los del segundo grupo, regularmente defendían el proceso de paz en Colombia, seguros de que en todo conflicto alguien tiene que ceder y aceptando, con su postura, el hecho de que habría muchas ventajas para los victimarios, y demasiada impunidad para las víctimas. ¿Entonces cómo así?  ¿El proceso de paz sí, bajando la guardia y sentándose a la mesa con terroristas y dándoles todas las garantías; pero mesura y responsabilidad en la crítica frente a los musulmanes no, porque ante el terror no hay que ceder?  ¿Cuál es la diferencia de un conflicto a otro? Yo veo el mismo resultado en ambos: terrorismo, matanzas inexplicables, destrucción y dolor. Tal vez no entendí bien, pero se me hace que los criterios son diferentes al momento de juzgar un escenario y otro.

¿Por qué no vuelven al discurso de Tignous en 2010, en donde aseguraba que no volvería a parar de dibujar si con sus dibujos evitara secuestros, asesinatos, desminara campos y terminara guerras? ¿Por qué no toma la prensa una posición de responsabilidad social al hacer una crítica teniendo en cuenta el alcance de sus medios? ¿Por qué aceptan un cese al fuego y no están dispuestos a bajar las poderosas armas con las que cuentan al ser líderes de opinión?. Se critica mucho a la sociedad, y se dice que la paz o la violencia comienzan en casa. Que el problema de los barristas por ejemplo empieza con los ataques verbales que se hacen en el estadio, o en las redes sociales. De la misma manera me parece que los odios raciales y religiosos empiezan por la crítica mal intencionada, esa que busca ofender, herir y burlarse del que piensa distinto. Jamás se podrán justificar actos como el que acabó con la vida de doce personas en París el pasado enero. Pero, ¿definitivamente no habrá otra salida diferente por parte de los sectores de opinión que: “no ceder ni un centímetro ante los opresores”?

T. @10SUE10

Por: Josué Martínez

Leí por estos días un artículo publicado por semana.com  que hacía referencia a los inconvenientes físicos que provoca leer libros electrónicos antes de dormir.  Más esfuerzo, dificultades para conciliar el sueño y sensación de no haber descansado durante la noche, son los síntomas que los investigadores usan como prueba para determinar que es más recomendable leer un libro de papel antes de ir a la cama que un e-book.  Pero más allá de los problemas que pueden causar en el patrón del sueño los aparatos tecnológicos que se usan para leer; recuerdo haber escuchado constantemente durante este año por parte de escritores, editores, casas editoriales y prensa escrita en general, la preocupación por la posibilidad de que los medios tecnológicos le quiten lugar al papel, sean libros, revistas o periódicos en general.

La encargada de hacer seguimiento a los Jefes de Estado a través del mundo que trabaja para The New York Times, aseguró hace algunos meses en una emisora de radio local que las ediciones digitales de este periódico tomaban cada vez más fuerza, en contraste con lo que ocurría con la edición impresa.  Si bien es un punto de referencia que un periódico tan importante a nivel mundial esté preocupado por la disminución en la demanda de sus productos en papel; no hay que ir muy lejos para descubrir que en los aparatos inteligentes tenemos todos los periódicos, libros, historia y contenido de investigación en general con solo dar en un enlace.  No se puede negar que la inmediatez de las noticias y la facilidad en la búsqueda ofrecidas por las nuevas tecnologías se ajustan a la perfección a este ritmo desenfrenado de vida en donde no hay tiempo para la pausa, en donde valen más los resultados sin importar la forma de llegar a ellos, en donde ya no hay casi personas ni sus historias; más bien hay  cifras, estadísticas, números, desempeños. Una vida virtual, mecánica, cada vez más parecida a los aparatos que usamos para comunicarnos, cuerpos sin alma en vidas vacías.

Discutiendo este tema en la universidad,  un compañero argumentó que el periódico impreso era más extenso y específico; el profesor contradijo diciendo que un artículo en la web no necesitaba ser extenso ya que venía lleno de enlaces para dirigir al lector a cualquier otro tema relacionado y dar claridad sobre la idea expuesta. Tiene razón, si se hace una investigación sobre algún personaje o un evento en la historia, el texto en internet por lo general tiene las palabras clave resaltadas para entrar sobre ellas y conocer al detalle todo lo relacionado con el tema; en otra pestaña se pueden encontrar infinidad de diccionarios y traductores que permiten salir totalmente de dudas respecto de términos descocidos.  Entonces no están en duda los beneficios del contenido digital, pero los aparatos inteligentes (teléfono, tableta, Ipad, Pc, etc) al no estar creados únicamente para fines educativos, ofrecen una cantidad muchas veces irresistible de información, entretenimiento y diversión que impiden la concentración total y hacen perder el interés en lo que se está leyendo.  Es muy

común que mientras se intenta leer algo, saltan a la pantalla las burbujas del chat, o llega el aviso de una notificación de Facebook o de twitter, o llega el mensaje del banco avisando que se emitió la factura de la tarjeta de crédito o la factura de los datos móviles, en fin una cantidad de distracciones que hacen imposible la concentración, tan importante para tener al menos una buena comprensión de lectura. Todo lo anterior se evitaría, a mi modo de ver, si nos sentamos cómodamente en algún lugar en silencio, con un buen periódico o revista impresos y dedicamos un buen rato a disfrutar de la lectura. Me imagino lo que se está preguntando; ¿Y con qué tiempo? Y sí, ese es el problema.

El tema de la literatura no es menos importante. Sin duda la posibilidad de tener gran cantidad de libros electrónicos a disposición en un teléfono o una tableta, descargados con facilidad y sin costo a través de internet, significa una ayuda inmensa en principio por el tema económico para los amantes de la lectura. Para nadie es un secreto que el costo de los libros en nuestro país es muy elevado.  Recuerdo haber ido corriendo a la Librería Nacional a estrenar mi tarjeta el día que me aprobaron mi primer crédito y destinar  100.000 pesos, sólo para descubrir con cierta desilusión que me alcanzaba para 2 libros nada más. Adicionalmente un libro electrónico no ocupa espacio en el bolso, no se deteriora y es mil veces más sencillo de manejar. Si es de los que leen en el bus, va a notar la facilidad para pasar de hoja, no se le van a correr a causa del viento y no va a necesitar separador para recordar en donde va.

Las anteriores son las facilidades obvias que representan los e-books, pero hay algunas otras razones por las que creo los libros de papel nunca serán reemplazados y representan mi opinión al respecto. En uno de los comentarios sobre el artículo que mencionaba al principio un lector escribió: A QUIENES NOS GUSTA LEER UN BUEN LIBRO- LO HACEMOS ASI: LO ADQUIRIMOS EN UNA LIBRERIA- LO OLEMOS- LO PALPAMOS- LO OJEAMOS- Y DESPUES NOS DEDICAMOS A SU LECTURA LENTA - ESCUCHANDO EXCELENTE MUSICA- ES UN VICIO TREMENDO. No puede tener más razón, por eso yo voy a la librería con mucho tiempo y con poca plata, podría gastar todo lo que llevo en libros.  Ese lugar es mágico. Estanterías llenas de ejemplares, colores, imágenes, tamaños, autores y sus historias reales y de ficción, muchas de ellas irresistibles e hipnotizadoras. Hechos de la vida real y personajes épicos inmortalizados en hojas vivas, con olor propio; algunas blancas muy nuevas, otras amarillentas como de libro antiguo, mis preferidas. Los libros impresos no son sólo papel, me parece que están vivos, hace falta sentir pasar sus hojas por los dedos, hacen compañía,  no es necesario mirar su título, no son números, tienen nombre, se reconocen por su carátula, sus colores y su tamaño.  Hace unos años, acostumbraba leer en la cama antes de dormir. Mi padre me contaba siempre en las mañanas que había venido a mi cuarto a apagar la luz bien entrada la noche, me había encontrado dormido, con el libro abierto encima de la cara… dormía tan bien por esas épocas. Hoy es distinto, normalmente antes de dormir estoy mirando mi teléfono, leyendo alguna noticia, algún artículo, o contestando mensajes. No sé si sea por eso, pero duermo muy mal. Estas y muchas otras cualidades hacen irremplazables a los libros impresos. Los libros electrónicos podrán mostrar la misma combinación de letras, pero nunca producirán las mismas sensaciones.

T. @10SUE10

 

Por: Josué Martínez

Edison Parra es un joven campesino de 18 años que vive en una vereda de Boyacá en un rancho que ni siquiera tiene luz. La luz de las velas no es suficiente, por eso con esfuerzo compró un celular que tiene una linterna para poder hacer las tareas en la noche… estudiará Arquitectura en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá. Sebastián Duque Quintana tiene 16 años, vive en San Vicente del Caguán y estudiará Ingeniería en la Universidad de los Andes. Diego Restrepo Giraldo vive en el barrio Quinta Linda de Medellín, estudiará Ingeniería de Sistemas en la Universidad Eafit. Karen Julieth Gámez es una joven estudiante de Tunja que estudiará lenguas modernas en la Universidad EAN. Yessica Liliana Gonzáles vive en Mitú y estudiará Ingeniería Civil en la Pontificia Universidad Javeriana. Estos jóvenes que acabo de nombrar, entre otros, tienen en común que son unos de los 10.000 beneficiados por las becas que otorgó el Gobierno Nacional a los mejores bachilleres de todo el país y que aparecen en un especial periodístico que hizo el periódico El Tiempo en su versión impresa  este domingo para acercarnos a las historias de vida y superación detrás de los becados.

Sin duda estas historias de vida de estos guerreros están marcadas por la forma en que superan condiciones difíciles, ambientes hostiles y recursos supremamente limitados. La iniciativa va dirigida precisamente a favorecer a los bachilleres que a pesar de las circunstancias difíciles han demostrado que les pueden más sus ganas de salir adelante, su empeño por cambiar su realidad y su deseo de, a través del estudio, tener mejores condiciones de vida. 

Pero más allá del esfuerzo y el sacrificio de estos estudiantes, pienso en el papel fundamental que tienen los padres en la formación de ellos porque, muchas veces he escuchado que no se debe depositar toda la culpa de la mala educación a los colegios ya que todo comienza por casa. Los padres viven de primera mano todas esas condiciones adversas, sienten y entienden en carne propia la situación y a pesar de todos los obstáculos y presiones que representa ser de escasos recursos en este país, aún les queda dentro de sí esa fe y esperanza para brindarles recursos y facilidades adquiridos ¨con las uñas¨  para enviar a sus hijos a estudiar.

Me imagino ese trabajo difícil y desgarrador, ver a sus hijos día tras día ir y venir del colegio, ver que comienzan a tener facilidades para ciertas cosas y que comienzan a tener la ilusión de poder continuar sus estudios más allá del colegio y ver con impotencia que salvo por algún milagro, remotamente van a poder acceder a una universidad.  Estos 10.000 cupos los veo como un milagro-recompensa para muchos de estos padres que se atrevieron a creer que era posible, que se desviven cada día por sus hijos, para que encuentren una oportunidad que ellos no tuvieron, para que salgan adelante, para que cambien su realidad.

Esto no es una propaganda del Gobierno, sé que diez mil becas para estudios superiores no son la solución a la desigualdad y a la falta de oportunidades que abundan en el país. Habría que revisar los millones de casos de personas que de pronto no viven en condiciones precarias ni en lugares apartados, pero que por vivir en la ciudad no significa que tengan las facilidades para acceder a una Universidad, ellos también merecen oportunidades y herramientas para estudiar y aspirar a mejorar su calidad de vida. Sin embargo todas las muestras de inclusión y ayuda por parte del Gobierno son bienvenidas y uno esperaría que estas becas fueran las primeras de muchas más por venir.

Ya he hablado en otras ocasiones de las pocas oportunidades y de las condiciones difíciles que hay en este país para salir de la situación; pero esta vez quisiera aprovechar este tema de las becas para hacer una crítica a las personas que por más oportunidades que se les presenten no aprovechan y prefieren seguir engrosando las filas de necesitados en el país. Lo digo porque conozco casos. ¨Pepito Pérez¨  nació en una casa de estrato medio bajo, con sus dos padres y una hermana. Tenían casa propia, su madre era ama de casa y su padre trabajaba para suplir todas las necesidades de la familia. Pepito solo tenía que preocuparse por estudiar. Su padre le pagó siempre colegio privado para que su formación académica fuera mejor y para alejarlo de las malas mañas que según él eran más evidentes en los colegios públicos (con lo que estoy en total desacuerdo). En respuesta Pepito perdió algunos años de colegio que le tocó repetir y pasó más tiempo divirtiéndose y planeando ¨farras¨. No aprovecho cuando su padre ofreció pagarle una carrera en la Universidad. Hoy Pepito tiene algo más de 20 años, no tiene una carrera ni un plan trazado para su futuro, pero si tiene una hija y una esposa que tampoco fue a la Universidad y paga arriendo en una pieza.

No estoy hablando de alguien en especial, desafortunadamente es la historia de miles de Colombianos. Está bien que no hay mucha ayuda del gobierno pero la pobreza es un estado mental. No elijo el lugar en el que me tocó nacer, pero sí tengo la facultad de cambiar mi destino con las decisiones que tomo y una de ellas tiene que ser al menos no traer más bocas que alimentar si ni siquiera tengo segura la alimentación mía. Es algo de sentido común y matemáticas. La condición económica de las personas muchas veces es consecuencia de las decisiones que toman. Como somos pobres, no planeamos, no ahorramos, no pensamos a la hora de procrear, toda la culpa se la echamos al gobierno y no ponemos nada de nuestra parte para mejorar y salir de la ruina.

Ya ha quedado demostrado que no se lucha contra el sistema a base de vandalismo y delincuencia, de manifestaciones y grupos que hablen mal de los que están en el poder.  Claro que hay corrupción, claro que hay desigualdad, es evidente que los monopolios manejan la economía, pero saliendo a destruir la ciudad no atacamos el problema. Tomemos el ejemplo de estos muchachos y sus familias que hoy salen del anonimato y le demuestran al mundo entero que sí se puede salir adelante, que no tuvieron que empuñar un arma para ser reconocidos y premiados con un mejor futuro.

Yo hoy ánimo a los que están en desacuerdo con la corrupción en la política a que dejen de criticar y se preparen y estudien pasando por encima de las adversidades y aspiren a llegar un día a ocupar esos puestos en la política y una vez allí hagan el cambio, y demuestren que se pude gobernar sin corrupción. Si usted es de los que creen que este país es elitista y que a ciertos cargos solo llegan personas con determinados apellidos, ¿porque no deja de perder el tiempo y se prepara y se vuelve el mejor en lo que hace y demuestra que no necesitó ser de cierta familia para alcanzar sus objetivos y cumplir sus metas?

Insisto en que no es fácil, en Colombia la desigualdad es ridícula, estoy seguro de que podríamos tener mejores condiciones y facilidades para estudiar, para tener mejores condiciones de vida, para tener la posibilidad de vivir y dejar de sobrevivir. A algunos nos toca demasiado duro y alcanzamos con todos los esfuerzos a duras penas a pagar una universidad de bajo costo, estudiar  por  la noche y trabajar en el día.   Pero eso no va a ser una excusa para mí. Estoy intentando cambiar mi destino. No voy a sentarme a criticar y hablar mal del sistema  mientras espero inútil las limosnas del gobierno.  

Con pocas probabilidades y contra todos los pronósticos  y de la misma forma que lo hacen estos muchachos, voy a intentarlo.  Mi apellido no es reconocido ni tengo amigos en la élite de la sociedad, pero ganas me sobran y tengo claro que tengo que añadirle disciplina… quién quita llegue a ser profesional y llegue a sobresalir en lo que hago y llegue a tener éxito y pueda cambiar mi destino…  Escuché que alguien dijo: ¨Si lo intentas, es muy posible que falles, pero si no lo intentas ten por seguro que nunca lo lograras¨. Ayudémonos un poquito, tomemos mejores decisiones, planeemos, estudiemos, leamos, salgamos de esa condición de pobreza mental y luchemos por mejorar nuestras condiciones de vida, demostremos que somos capaces de hacer el cambio en esta sociedad que tanto lo necesita.

T. @10SUE10

 

 

Por: Josué Martínez

Son las10:00 de la noche, es lunes, estoy en la casa a esta hora por que es festivo, si no lo fuera me quedaría más o menos una hora todavía para llegar. Estoy cansado y tengo sueño pero tengo q escribir. Me parece que fue ayer que escribí el artículo que hago cada semana pero no, ya pasaron ocho días. Ocho días que, de no ser por que el calendario me dice que es lunes de nuevo, no lo podría creer. No podría decir que es verdad que pasó todo ese tiempo, hay muy pocas cosas relevantes en mis recuerdos. Seguro fui a la universidad, seguro estuve la mayor parte de las horas metido en una oficina pero, no puedo evitar que me parezca que perdí el tiempo. ¿Cuál tiempo? ¿Las máximo cinco horas que estoy en mi casa entre semana? Ese tiempo no se puede perder, ni ganar, sólo lo uso para dormir, para tratar de recuperar energía y salir de nuevo a otra jornada de dieciocho horas... y así se van yendo las horas, los días, y a mi me parece que este círculo no muestra señas de terminar.

Digo que "tengo" que escribir no por que sea una obligación, de hecho me encanta hacerlo. Por mí, dividiría mi tiempo en dos actividades: medio día para leer y el otro medio para escribir. Pero siendo la escritura una actividad de mi gusto, estoy tan ocupado en tantas cosas, que aun el poco tiempo que destino para hacerlo parece no ser suficiente, no alcanza. Vuelvo a mirar el reloj y de nuevo me van quedando solo cuatro horas para dormir. Sé que hay que hacer esfuerzos, sé que no es fácil...algún día se verán los resultados, escucho decir a menudo. No puedo dejar de pensar en todo lo que podría hacer si dispusiera del tiempo a mi antojo. Las cosas que podría aprender, los lugares que podría visitar, los momentos que podría vivir al lado de personas especiales (momentos y personas que sé, voy a extrañar cuando ya se hayan ido). Alguien me habló hoy de que hay dos tipos de cosas: las urgentes y las importantes. Me da nostalgia al pensar en que las cosas importantes no tienen cabida en este mundo, lo urgente ha permeado por completo nuestras prioridades, llevándonos a que gastemos nuestros años de juventud y vitalidad detrás de carreras, títulos y dinero, para luego envejecer con la sensación de que nos faltó algo, de que no aprovechamos como se debía el tiempo, de que dejamos escapar colores, sabores, momentos, sentimientos, personas...las cosas realmente importantes.

No sé si esta sensación es sólo mía. Pero tengo que hacer algo, algún ajuste por que es permanente. Escuché en la radio que según un estudio, la cantidad de minutos que gasto en el transporte de la casa al trabajo y viceversa, son minutos que me hacen más infeliz; me aterra pensar que en ese orden de ideas soy más infeliz aproximadamente cinco horas cada día. Eso me gasto en transporte, no lo puedo aprovechar leyendo por que llevo las manos ocupadas tratando de hacerme espacio en Transmilenio por la mañana; y por la noche el sueño me vence después de leer algunos párrafos. ¿Cómo evitar pensar en que boto a la basura diariamente todo ese tiempo?, ¿cómo evitar sentirme culpable del despilfarro de esos minutos que se van impunes, que no vuelven?. ¿Cómo atesorar como se debe el don más preciado que Dios le dio a los hombres?. Todos por igual nacimos con una medida de tiempo, 24 horas al día, siete días a la semana. Lo que haga con mi tiempo determinará lo que yo sea en mi futuro...ojalá entienda algún día esta frase que le escuché a Dante Gebel, quisiera sacarla de mi mente y convertirla en verbo.

Ojala algo cambie pronto. Ojalá si depende de mí, tenga el coraje para hacer mi tiempo productivo, para cambiar mis horas por resultados. Espero que al final pueda sentir satisfacción y tranquilidad de haber hecho algo bueno con el tiempo que me regalaron, que haya valido la pena el consumo de ese reloj que va en cuenta regresiva directo a parar en el día en que sea llamado a rendir cuentas por lo que hice en mi paso por la vida...

T. @10SUE10

 

Les pregunté a algunas de las personas con las que comparto a diario qué opinión tenían acerca del proceso de paz y las repuestas fueron del estilo, "eso es una farsa" o "no tengo ni idea". Alguno con un poco mas de información, ¿o desinformación? me dijo que todo el proceso iba dirigido a darle poder político a la guerrilla y que Colombia iba camino a terminar como Venezuela. Tampoco conoce con exactitud cuál es la situación del país vecino pero lo que sabe es que va mal.  Me llama la atención que haya entre las personas del común tan poca curiosidad por un tema tan delicado y crucial como lo es el comienzo del fin de un conflicto de más de 50 años. Sin embargo, si hay algo cierto es que las negociaciones para buscar un acuerdo entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc han sido un proceso tan largo como polémico, lleno de toda clase de confusiones y verdades a medias, (por ejemplo, en un programa de radio muy escuchado una periodista dijo que el único guerrillero que faltaba por ir a la Habana era alias "Negro Acacio"; asesinado el 2 de septiembre de 2007) del que se sabe poco y se especula mucho, que suena bonito por que han utilizado el termino paz como bandera pero que si se analiza un poco, se llega a la conclusión de que si se firman los acuerdos será el pequeñísimo primer paso en busca de una paz verdadera e igualitaria en Colombia. Por otro lado, en un proceso que se supone participa todo el gobierno colombiano, resulta bastante raro que el jefe máximo de las Farc Rodrigo Londoño Echeverri quien tiene más de 100 ordenes de captura haya estado ya dos veces en la Habana sin que lo supiera la opinión pública, avalado según el Ministro del  interior Juan Fernando Cristo por la prórroga de la ley 418 que suspende las ordenes de captura en su contra y lo habilita para salir del país. Si todo era legal y trasparente, ¿por qué el procurador Alejandro Ordoñez le exige explicaciones al presidente Santos por este caso?

Por lo que se puede averiguar y sacando conclusiones de un artículo de EL ESPECTADOR, "el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera" se firmó en la capital de Cuba a mediados de 2012. Se acordó también crear una mesa de conversaciones en la capital noruega y establecer La Habana como sede principal de los diálogos; permitir reuniones en otros países; se llegó a un compromiso de ambas partes por garantizar la efectividad del proceso en el menor tiempo posible y se determinó desarrollar los diálogos con Cuba y Noruega como garantes y Venezuela y Chile como acompañantes. El jefe de la delegación del gobierno para la mesa de negociación es Humberto de la Calle, lo acompaña el ex director de la policía General Oscar Naranjo entre otros. Al comienzo de las conversaciones el turno fue para los políticos de las Farc como Andrés París y Rodrigo Granda; luego llegaron los jefes de combate: Iván Márquez, El médico y Pablo Catatumbo.  En los últimos días han entrado en escena enrareciendo aún más el ambiente, reconocidos jefes con amplios prontuarios criminales siendo Henry Castellanos Garzón alias "Romaña" el más llamativo, para comenzar a tratar temas del pos conflicto tales como el acuerdo agrario, la participación política y la solución al uso de drogas ilícitas por parte de la guerrilla. Todo este proceso ha ido avanzando paralelamente a comentarios de apoyo de un sector esperanzado del país que cree que este es la salida y por otro lado resistiendo a los que  oponen férrea resistencia siendo el Centro Democrático del ex presidente Uribe el que más critica las negociaciones.

No sé si el problema es que no aprendí bien ese principio de pensar siempre lo mejor de la gente o es que a raíz de los pésimos manejos que le han dado a todo, los gobiernos y las administraciones públicas he creado una desconfianza respecto de los resultados. Ya he dicho antes que con el apretón de manos y la firma de acuerdos entre las Farc y el gobierno (ya me imagino la cara de ponqué de Santos si llega a suceder, creyendo que está más cerca del anhelado Nobel) sólo se dará inicio a un largo y difícil verdadero proceso hacia la paz donde van a tener que lidiar por ejemplo, con la reintegración a la vida civil de varios miles de guerrilleros que lo único que saben hacer es empuñar un arma, asesinar, poner bombas, sembrar minas y secuestrar gente; dando por hecho que ellos tengan el deseo de hacerlo, aunque el término reintegro a la vida civil no aplica para muchos ya que nacieron casi en las filas guerrilleras. ¿A dónde los van a integrar? ya pasó con los desmovilizados de los grupos paramilitares, ¿por qué tendría que ser diferente ahora?. ¿No salieron a controlar el negocio del narcotráfico en donde sea que este se mueva?  ¿no son jefes y miembros de las bacrim que siembran el terror en nuestras ciudades? Desafortunadamente estamos en una sociedad elitista y excluyente en donde las oportunidades son para algunos nada más. No quiero justificar la delincuencia, pero la violencia muchas veces es producto de la falta de oportunidades y programas que atraigan a nuestros jóvenes y los impulsen a hacer algo bueno con sus vidas. La única opción que tienen muchas personas de algunos sectores de la población es regalarse por sueldos miserables para seguir engordando los bolsillos de unos pocos honorables señores capitalistas que aparte de estar a la cabeza de la pirámide social, son parte de gremios y federaciones haciendo que el sistema esté circulando siempre en torno a su beneficio y a su enriquecimiento. ¿A este sistema los van a traer? ¿Creen que va a ser un país en paz en estas condiciones?. ¿No sería mejor comenzar la paz con las personas que ya se puede, nivelando un poco las cargas, reconociendo mejor la mano de obra, valorando como se debe la clase trabajadora, promoviendo espacios y herramientas para que personas de todos los estratos tengan la misma posibilidad de ir a una universidad por ejemplo?  No me digan que el problema es el dinero, no me digan que no hay recursos porque mientras en un lado de la ciudad hay familias enteras que tienen que sobrevivir con el injusto sueldo mínimo, al otro lado hay personas que se ponen relojes de 300 millones de pesos (lo digo con conocimiento de causa) y si eso se gastan en un accesorio que no es necesario, me imagino cuánto gastarán en cosas que sí lo son. Así que no me hablen de paz con este grado estúpido de desigualdad, no me digan que después de firmar los acuerdos, todos estos problemas sociales que existen se van a desaparecer como por arte de magia y vamos a salir a abrazarnos todos en las calles. La paz es igualdad, es ausencia de discriminación, es inclusión y oportunidades para todos, la paz también traduce condiciones de vida dignas para todo el pueblo. No existe la paz si a manos de los gobiernos siguen cayendo los que no están de acuerdo con el régimen, hablo Gaitán, Galán, y Garzón.

Adicional a eso hay que tener en cuenta también el más de medio millón de efectivos que conforman las fuerzas militares colombianas. ¿Acaso les van a decir como les dijeron a las mecánicos de patio en Bogotá cuando acabaron con el transporte público colectivo implementando el SITP y los excluyeron y los dejaron sin trabajo de la noche a la mañana? El comunicado de la administración de Petro les informó:  "tienen que entender que ya no se requiere su labor". Así sin más, sin un plan de inclusión, sin importar de qué iban a vivir. Porque lo que han demostrado los gobiernos y las administraciones públicas es una facilidad sin límites para hacer convenios y acuerdos con los dueños de capital y al mismo tiempo olvidarse de los sectores que no tienen capacidad económica. Yo, de los guerrilleros y de los militares rasos, estaría muy preocupado por mi futuro.

Le pido por favor que no me malinterprete; quiero tanto como todos que se acabe esta maldita guerra. Sueño con no escuchar más de secuestros, de bombas, de niños reclutados por la guerrilla, de minas, de barbarie; pero también de falsos positivos, de policías y militares corruptos, de políticos que tienen nexos con grupos delincuenciales; que es lo que escuchamos a diario y que ya no nos sorprende. Lo que exijo es que se llame a las cosas por su nombre y que no nos dejemos deslumbrar por promesas sin fundamento. Porque la paz ha sido para este gobierno una estrategia proselitista y un objetivo que quieren hacer creer a la gente que alcanzaran firmando unos papales con acuerdos inalcanzables.

T. @10SUE10

 

 

El pasado 28 de septiembre, la Selección Colombia de fútbol femenina de mayores se coronó subcampeona de la Copa América que se disputó en Ecuador. Luego de casi dos meses de competencia en donde enfrentaron a lo mejor del fútbol suramericano de su categoría, las "niñas" le cumplieron al país con creces y trazaron un camino que vale la pena recordar: invictas en 7 partidos jugados, vulneraron los arcos rivales 12 veces y solo permitieron dos tantos en contra, lograron 17 de 21 puntos posibles y consiguieron clasificarse a todos los torneos que estaban en juego en el campeonato. Llegaron con opción de llevarse el título al último partido del campeonato que fue contra la poderosa selección de Brasil; ganadora de 5 de los 6 campeonatos disputados hasta ese momento. No obstante, las cafeteras fueron un "hueso duro de roer" y no permitieron que las brasileras, que venían de golear 6-0 a Argentina, desplegaran su juego demoledor y sellaron con un apretado 0-0 el subcampeonato y de paso aseguraron su presencia en la Copa Mundial Femenina de la FIFA Canadá 2015, en los Juegos Olímpicos Rio 2016 y en los Juegos Panamericanos Toronto 2015.

Sin lugar a dudas la presentación de la Selección nacional fue más que decorosa y un éxito rotundo desde todo punto de vista. Pero más allá de los triunfos deportivos, esta selección mostró algo especial durante todo el torneo y es lo que quiero resaltar en esta ocasión. Al terminar el primer partido del cuadrangular final y luego de empatar 0-0 con Argentina, las niñas colombianas mostraron serios signos de decepción y tristeza; la periodista que hacía el cubrimiento para un canal de televisión les trataba de animar diciéndoles que era un buen resultado pero la repuesta de todas fue la misma: "salimos a la cancha siempre a ganar, en nuestro vocabulario no existe perder ni empatar".  No puedo negar que en principio me pareció algo pretensioso y por supuesto salido de los lineamientos que el fútbol ha creado a lo largo de la historia, después de todo es común escuchar cosas como: "cuándo no se puede ganar es mejor no perder" o "perder es ganar un poco".

Sin embargo me llamó mucho la atención la actitud ganadora de este equipo que no se consolaba con una buena presentación o un empate y empecé a darme cuenta de algunos detalles que diferenciaban a este grupo de guerreras de otros grupos y que posiblemente nos pueda servir de ejemplo a seguir. Estas niñas no tienen miedo de salir a jugar, no miran la camiseta ni el escudo del rival; no les importa si se enfrentan al mejor o al peor del grupo, si vienen de golear o si son las campeonas actuales. No tienen la mala costumbre de mirar al que está al otro lado de la cancha para tomar precauciones, para cambiar su manera de jugar, para arriesgar menos y asegurar más. Por estas restricciones es que el fútbol es cada vez más aburrido; este fútbol moderno "resultadista" en donde se ponen menos jugadores de talento para poner más jugadores que corten avances; en donde el ¨anti fútbol¨ (defender con 8 y buscar en un contragolpe o una pelota quieta un gol para luego volver a meter todo el equipo atrás y dedicarse a perder tiempo y a rechazar sin elegancia todas las jugadas de ataque rival),  parece coger más fuerza y más aceptación cada vez.  Estas niñas todavía no están afectadas por la comercialización total del fútbol moderno, en donde es más importante la chequera de los patrocinadores que el buen juego;  ojalá nunca lo estén.

En el camerino antes del partido definitivo contra Brasil, las niñas colombianas se levantan el ánimo cantando y bailando; todas participan de este ejercicio que las integra, les da confianza y alegría. Ya cambiadas y listas para salir, entonan el Himno Nacional, de la manera que creo se debería hacer cuando de defender los colores de una nación se trata: abrasadas, arrodilladas, con los ojos cerrados y algunas con lágrimas rodando por sus mejillas. Y ya dentro del campo lo que conocemos: guerreras vestidas de amarillo, peleando con el alma cada balón, señoritas con overol yendo al piso para cortar una jugada de ataque, o levantándose para despejar de cabeza y en muchas ocasiones, protagonizando jugadas preciosas de mucha habilidad dignas de jugadoras dotadas con talento natural y que además le ponen corazón y compromiso a lo que hacen.

Me pregunto si el fútbol era así en sus comienzos;  si a los jugadores les era suficiente el hecho de representar una bandera o unos colores y no tenían la necesidad de ser ¨superestrellas¨ adquiridas por cantidades alucinantes de dinero; si jugaban por pasión y no por compromisos comerciales con las marcas más poderosas; si acaso el camerino era un lugar sagrado en donde se preparaba cuerpo y alma para salir a la batalla, y no un spa con comodidades de celebridad lleno de espejos para arreglarse el peinado y mirar que el uniforme este perfectamente colocado, que es lo que tenemos hoy en día. Alguien dirá que lo de las niñas es inocencia y que no se puede comparar con el fútbol masculino; yo digo que es fútbol en estado puro y que deberíamos volver a esos inicios; que lo importante no sea la cantidad de ceros que tenga el contrato sino la satisfacción de jugar este precioso deporte. ¿En dónde están esos jugadores que nunca cruzaron el océano aún teniendo oportunidades en grandes equipos por el simple hecho de quedarse a defender los colores del equipo de sus amores?  ¿En donde están esos espectáculos de talento y buen fútbol en donde el resultado era un detalle no más y lo que predominaba era divertir y agradar al público con juego bonito y de calidad?. Cada vez hay menos jugadores habilidosos, por que regularmente son pequeños de estatura; hoy se buscan máquinas, jugadores corpulentos que hagan la diferencia en lo físico, pero que no ofrecen técnica ni habilidad; llevando a que el fútbol sea un juego de fuerza, aburrido y de poca estética. Los que saben lo llaman ¨fútbol táctico".

Lo cierto es que las guerreras de la selección Colombia nos dejan muy contentos con su fútbol y su pasión por la tricolor, pero a su vez nos hacen un llamado unánime: no nos olvidemos de ellas. Se vienen torneos muy importantes y difíciles a los cuales deben llegar muy bien preparadas. La federación debe encargarse de hacer convocatorias y programar partidos amistosos para que este grupo siga creciendo y consolidándose en su juego. Talento y ganas les sobran, pero necesitan el apoyo de todos los colombianos. Nuestra parte es seguir pendientes de ellas, apoyarlas y continuar agradeciéndoles por hacer grande y defender como lo hacen a nuestro país, en donde quiera que salen a jugar.

T. @10SUE10

 

 

No es un secreto para nadie que el sistema integrado de transporte ha dado más problemas que soluciones hasta el momento. Lo que comienza mal termina mal. El alcalde Gustavo Petro adelantó en 2012 la implementación del SITP en Bogotá sin tener las condiciones mínimas para que el sistema funcionara correctamente; a partir de ese momento todo ha venido de mal en peor.

El sistema se suponía que iba a reducir los accidentes en las vías terminando con la guerra del centavo y desde luego que no lo hizo. Cuatro operadores que tienen a cargo el aumento de la flota presentan problemas económicos y están en manos de la superintendencia de puertos y transporte. La chatarrarización y la poca demanda de los buses azules son algunos de los problemas que afectan a millones de bogotanos que ven cómo día a día se agranda el caos en las vías de la capital por cuenta de ese "sistemita".

Sin embargo, hay un gremio que se ve directamente afectado por el sistema integrado del que no se ha hablado con claridad: los mecánicos de patio. Sus lugares de trabajo son las "playas"; terrenos al frente de los talleres en los que acomodan los carros mientras los arreglan. Trabajan de domingo a domingo, entran a primera hora del día y salen cuando terminen de arreglar el último carro. No tienen sueldo fijo, dependen de lo que les llegue, (es decir, si no llega nada no hay sueldo) el único contrato con el dueño del taller es darle un porcentaje por cada arreglo que puede ser hasta del 30%, a cambio de usar herramienta y equipos propios de su oficio, no hay seguro social, ni salud, ni pensión, ni cesantías, no hay prima, ni bonos y menos vacaciones. Me cuenta un mecánico, que llamaremos "Quique", que hace unos 10 o 15 años, un "muellero" como él, ganaba en promedio, entre 80 y 100 mil pesos el día. Hoy pasa hasta 4 días sin arreglar un solo carro, días en los cuales no lleva nada de sustento a su casa. "Es que acabaron con los carros, todos los chatarrizaron para meter los buses azules del SITP", me dice "Quique" con preocupación.

¿Por qué este gremio no fue tenido en cuenta al momento de planear el nuevo sistema?, ¿Por qué no se hizo un censo y se incluyó a estos ciudadanos que han dedicado 35 o 40 años a mantener en buen estado los carros de servicio público?. La subsecretaria de políticas de la Secretaría de Movilidad parece tener la respuesta, palabras textuales: “Con la implementación del SITP ya no se va a requerir su labor, pero es difícil convencerlos. Es importante la voluntad de cada uno en querer capacitarse y tener otra oportunidad en una actividad diferente”. ¡Perfecto señora subsecretaria!, como ya no se "requiere su labor" entonces que vayan al SENA y aprendan a hacer pasteles y monten una panadería. ¡Por favor!... la gran mayoría dedicó su vida a la mecánica, muchos sobrepasan los 50 años de edad y no terminaron sus estudios, todo lo que saben hacer es reparar y poner a funcionar esos aparatos que hoy son chatarra. Además, los recursos para poner en marcha el nuevo negocio, ¿los subsidiará el gobierno?.

Si a usted lo asaltó la inquietud de si el gobierno nacional o la administración distrital se ha acercado a hablar o tuvo contacto con este gremio, la respuesta es sí: la administración de Antanas Mockus ordenó cerrar todas las playas en aras de una limpieza profunda de la ciudad, argumentando que las bandas delincuenciales de la ciudad se escondían en estos talleres; así de ridícula y carente de fundamento fue esa decisión. Me imagino que se fijó en el aspecto de los mecánicos: overoles llenos de tierra, de grasa, de mugre. ¿Pero que esperaba? eso es lo que hay en debajo de los carros. Lo cierto es que con la llegada del SITP, a estos luchadores les quitaron su fuente de ingresos, pero aún conservan sus familias, sus deudas, sus necesidades.

En estas “playas", los mecánicos son los principales afectados pero no los únicos, ya que en estos lugares también existían los restaurantes, las panaderías, los almacenes de repuestos, las vendedoras de tinto, de chance, de overoles, de herramientas, en fin un verdadero ecosistema económico donde había empleo para muchas personas. Personas que a través de su ejercicio en estas playas sostenían familias enteras y que ahora tienen que entender que ya no se "requiere su labor".

La situación es crítica, hoy las playas suelen verse desoladas, hay demasiados mecánicos para tan pocos carros que arreglar, los restaurantes que quedan se quejan de la poca demanda (si no se hace lo del diario mucho menos se hace para almorzar). Las familias que dependían de este gremio no tienen un panorama claro para el futuro, ¿qué hacer, para dónde ir?

Con la decisión de implementar el sistema integrado de transporte público sin tener en cuenta a los mecánicos de patio, se dejó sin trabajo a miles de personas. Ojalá esta administración sea tan eficiente a la hora de generar empleo y oportunidades, como lo es a la hora de excluir y dejar en la incertidumbre y total indefensión, como lo hizo con los "mecánicos de la calle".

T. @10SUE10

 

 

Me encanta el cine, no soy cinéfilo, no me sé el top de las mejores películas de la historia, no conozco los nombres de todos los directores ni de los actores. Me gusta el hecho de ir al teatro, me gustan las luces tenues de la sala y el ambiente que hay antes de que inicie la película, me gusta llegar temprano y escuchar un par de canciones en ese lapso de tiempo, cerrar los ojos y dar rienda suelta a los pensamientos. Por alguna extraña razón allí fluyen más que de costumbre.

De las películas que he visto no muchas tienen un mensaje interesante o critico al menos, sin embargo yo insisto en buscar en ellas una relación con la vida real. Algunas veces pasa que la película es muy buena, como fue el caso del sábado pasado. Fui invitado por un amigo a la premier de "Maze Runner" en la que un grupo de muchachos va llegando sistemáticamente a un determinado lugar, uno cada mes, a través de un rústico elevador, sin más recuerdo que su nombre y sin más opción que adaptarse a las circunstancias: tratar de sobrevivir con los recursos que les ofrece un terreno pequeño rodeado por unas inmensas murallas, que les impide salir y tras de las cuales se extiende un laberinto que cambia mecánicamente cada noche, impidiendo que se pueda hacer un mapa para descifrarlo y en el que habitan criaturas monstruosas que impiden cualquier intento de salida.

Como la intención no es contar la película, solo añadiré que me llamó la atención que ninguno de los que estaba en el "área" tenía serias intenciones de salir de ese lugar, mas allá de ser su hogar por la costumbre, era realmente una cárcel; desde que subieron sin recuerdo alguno por ese ascensor, sus mentes fueron lisiadas por las murallas y por los peligros que imposibilitaban su salida, hasta el punto de aceptar como propia y merecida esa condición de reos, de encerrados, de inútiles. Cuando vea la película, estoy seguro de que va a comprender mejor la teoría que a continuación trataré de explicar.

¿Cuál es la relación con la realidad? Muchos fuimos puestos en este mundo un día, crecimos viendo diariamente las gigantescas murallas invisibles de la condición económica, -(alguien dijo que el hambre duele más en el alma que en el estomago, no podía tener más razón)- las navidades, las vacaciones, las fechas especiales, siempre marcadas por la escases de abundancia. Todas esas imposibilidades van creando personalidades también carentes: de seguridad, de confianza, de creer en uno mismo. Ya adultos, en el mundo laboral, los encasillamientos mentales van por otra parte: los horarios, los afanes, las deudas; usted me dirá: en todos los estratos económicos existen estas preocupaciones. Estamos de acuerdo, pero no en todos las afrontan con condiciones tan mínimas y con situaciones tan adversas.

Sin embargo nuestra mente esta lisiada, estamos acostumbrados. Nuestro papel en este capitalismo salvaje es producir sin cuestionamientos, sin importar las condiciones rendir y responder, muchas veces poniendo en juego nuestra salud. Calidad de vida es un término que no es relevante para un gran sector de la sociedad. Cuanto falta para que nuestra identificación sea un número y no nuestro nombre. Esto no es una queja personal, no tengo pereza; termine el bachillerato en la noche para poder trabajar y llevar sustento a la casa, salgo todos los días a las 5:30 am y vuelvo pasadas las once. No quiero que me regalen nada, lo quiero alcanzar por mis propios medios pero, ¿este sistema lo permite?

Viernes por la tarde, entra un compañero de trabajo a la oficina y me pide que envíe "x" cosa a "x" lugar; cara demacrada, ojos hundidos, me habla despacio. -¿Que tiene Pipe?- Apoya la cabeza en el cubículo, suspira y mira al vacío. -No sé...nada-. Más tarde nos estamos alistando para salir, mientras nos ponemos los abrigos, una compañera, que tiene un aspecto parecido al de Felipe me dice: Josué, estoy cansada. -¿De qué?- Le pregunto. -De "esto", ya no aguanto más-. "Esto", esa palabra simplifica todo. Lo veo en la cara de las personas con las que todas las mañanas lucho en transmilenio para llegar al trabajo. A primera hora de la mañana, día tras día, todos estamos cansados de... "esto".

Gracias JD por la invitación, la película resultó bastante buena.

T. @10SUE10

 

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