Viernes, 06 Diciembre 2019

Soy lesbiana

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Soy lesbiana y soy feliz siendo lesbiana. Y lo digo sin ningún temor o pudor, no tengo por qué tenérmele a nada ni a nadie y menos cuando eso, lo que sea, logra hacerme feliz.

Soy una lesbiana con buena suerte. Mi familia me quiere sabiendo que soy lesbiana, mi novia me quiere y está claro que ella también es lesbiana, mis exnovios me quieren y ahora están felices de saber que soy lesbiana; mis amigos, los que saben que soy lesbiana, están contentos de tener una amiga lesbiana; mi mascota, un conejo blanco, también es feliz de saber que su dueña es lesbiana. Los que no están felices son todos los que no me conocen, los que nunca se han sentado conmigo a tomar un poco de café y comer algunas cuantas galletas de avena.

Hay personas, en especial algunos hombres, que no entienden que a mí no me gustan los hombres, no me atraen de ninguna manera, no les encuentro, por más que lo intente, algo que me guste, que me seduzca, que me haga sentir ganas de algo. Y muchos de ellos intentan insistentemente ser cordiales y atentos conmigo, ellos intentan galantearme, cortejarme; muchos han intentado enamorarme, pero todos fracasan en el intento.

Cuando era joven, cuando estaba en los últimos años de la secundaria y en los primeros de la universidad, tuve algunos novios con los que tuve sexo, no un buen sexo, pero sí tuve sexo con ellos. Nunca complaciente, nunca satisfactorio, nunca celestial. Tuve ese sexo plano, con besos simplones y caricias memorizadas. Siempre fue solo eso, sexo y ya. Luego de eso conocí a algunas mujeres lesbianas y me gustaron. Sus cuerpos me gustaron, llamaron mucho mi atención y lograron despertar gusto en mí. Entonces algún día quise besar a una de esas mujeres que me gustó. La besé, nos besamos con gusto, con mucho agrado. En esa ocasión no pasó nada más que un delicioso beso generoso y complaciente.

Entendí entonces que lo que a mi me gustaban eran los senos, las nalgas bonitas y los cuerpos delicados, nada de manos grandes y fuertes, nada de rostros barbados y piernas velludas. Definitivamente no me gustaban los hombres y no me gustan ahora tampoco. Conocí muchas lesbianas, de todo tipo, gordas, feas, chiquitas, altas, negras, rubias; lesbianas que parecían hombres y hombres que parecían lesbianas, conocí lesbianas de varios países, de distintos continentes y lesbianas con diferentes acentos; conocí lesbianas abogadas, arquitectas, periodistas; lesbianas amas de casa y mamás solteras; lesbianas empresarias, ginecólogas, ingenieras de petróleos y civiles; conocí lesbianas modelos y cirujanas.

Seguramente seguiré conociendo más lesbianas, ya no estoy joven pero tampoco estoy a punto de morir. Hay lesbianas por doquier, en los conventos hay también lesbianas y muchas de las mujeres que ustedes conocen son lesbianas, que ustedes aún no lo saben, tal vez nunca lo sabrán. Lo importante de todo esto es que soy feliz, y lo soy porque no me hace falta ser la heterosexual que en algún momento fui, sentirme mujer y ejercer mi feminidad en toda la amplitud. Soy feliz porque mi novia es feliz siendo feliz conmigo, porque escribo esto siendo feliz y porque muchas lesbianas lo leerán y les gustara.

Pero sigo siendo mujer, lesbiana y todo, pero mujer al fin y al cabo. Me cuido como todas, tengo nalgas bonitas y senos, soy delicada (no muy delicada eso sí, pero lo soy) como lo mismo que la mayoría de las mujeres; hago del cuerpo por el mismo orificio que todas, le tengo miedo a las ratas y me gustan las flores, me gustan los colores bonitos, uso y me gusta usar ropa de mujer y me pinto las uñas. Soy lesbiana, no un extraterrestre, eso que lo entiendan todos. También respiro y duermo; y también lloro, por supuesto.

No quiero que todas ahora quieran ser lesbianas- Esto no es algo de momento o de un simple gusto. Es así como naci y como soy y como son muchas otras.

Ojalá y todas puedan ser tan o más felices de como lo soy yo ahora en este momento. Ojalá y todas lo sean, lesbianas o no, la felicidad es gratis y se multiplica por montones si la sabemos dar y disfrutar siempre con las personas indicadas. 

 

Giovanni Acevedo

@acevedocol

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Giovanni Acevedo

Bogotano irreverente, sincero, directo y crudo para decir lo que piensa. Escritor, columnista crítico y promotor del voto joven, del voto inteligente. Para muchos políticos, una piedra en el zapato, una fastidiosa realidad.

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