Martes, 07 Abril 2020

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Oscar Iván Zuluaga ¿Presidente?

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La última vez que vi a Oscar Iván Zuluaga en buenos términos, fue en su apartamento en el norte de Bogotá. Fue una charla serena, agradable, corta pero puedo decir que interesante. Oscar Iván es un señor que genera respeto y no porque tenga ya sus años y un rostro con rasgos fuertes, como de profesor mal geniudo, más bien porque es un señor que sabe de lo que habla. No le pasa lo de cualquier Roy que, en su afán por ser político, resulta siendo sinvergüenza, algún tipo de espécimen baboso que se arrastra, que se revuelca por ahí buscando un lugar en donde pueda ser aceptado. Oscar Iván ya tiene un lugar propio, un reconocimiento merecido. El punto es si ese reconocimiento de buen tipo y de buen ministro le da para llegar a la Casa de Nariño en el 2014.

La experiencia me ha dado la jurisdicción de entender algunos movimientos políticos, de interpretar escenarios, y si bien no soy un experto en la materia, sí puedo dar mi perspectiva con humildad frente a varios temas que dependan de una campaña política. En su momento, en su sala, en su casa, con un jugo de naranja como acompañante, le advertí a Oscar Iván que el único defecto que yo le veo a su campaña es el acompañamiento de expresidente Álvaro Uribe, cosa que los demás no comprenden, por lo menos no lo ven como yo lo veo.

A diferencia de Uribe, Zuluaga no tiene nada que esconder. Zuluaga tiene un trasero limpio, no tiene un pasado turbio y complicado de explicar. Mis afirmaciones me costaron. Luego un siervo de Uribe salió como un caballero en defensa de su noble rey y me acusó en las redes sociales de ser un infiltrado de Santos, de querer desestabilizar la armonía dentro de la campaña uribista, y aseguró con majadería que yo solo buscaba fotos con políticos para darme imagen.

Después de hablar con un mexicano en un café muy exclusivo en el norte de Bogotá, pude entender que la campaña de Zuluaga está repleta de buenas intenciones pero pésimas decisiones. Sin duda, el papel de los mexicanos en la campaña a la presidencia no estaba funcionando. Las redes sociales han sido y siguen siendo una vergüenza. Hay muchos que quieren hacer mucho pero en realidad no lo hacen, se preocupan más de lo necesario por mostrar lo que no tienen, y en ese afán se les va el tiempo.

Trabajar en una campaña presidencial siempre será una tarea exigente, gratificante. La política está hecha para los que la quieran, para los que la sientan en el corazón. La política exige pasión, sentimiento, amor. No cualquiera puede de un día para otro decir que es político y pretender entonces mandar y tomar decisiones como tal. Cuando uno decide apoyar a un candidato en cualquier contienda electoral, uno debe sentir amor por ese proceso que está a punto de comenzar. Si uno apoya a un candidato sin amor pero con ambición, con hambre, con sed de una buena tajada como retribución; entonces la contienda va a estar teñida de sinsabores.

En la campaña de Santos nos pasó con Felipe Mendoza. El hombre era claramente uno de esos que busca una jugosa retribución después de las elecciones, por eso solo dejaba ver su colosal cuerpo en eventos y en momentos en que el entonces candidato Santos aparecía. Pero no era fácil encontrarlo ni a él ni a su grupito de súbditos repartiendo publicidad y caminándose las calles.

Tipos como Felipe Mendoza siempre van a existir, siempre van a estar por ahí merodeando cualquier campaña en búsqueda de un lugar en donde haga poco pero reclame mucho. En una campaña a la presidencia es casi imposible blindarse de este tipo de personas, así que no me vengan a decir que en la campaña de Zuluaga no los hay, porque si los hay, los conozco, y más cuando la gran mayoría de sus colaboradores no son zuluaguistas. Otro error. El mismo que cometió Santos.

Que las decisiones dependan de una sola persona no es bueno. Que esa persona sea linda pero tenga mal humor, tampoco es bueno. Que todos sus colaboradores sean uribistas no es bueno. Que haya tanto gay dentro de sus colaboradores es bueno, que no lo acepten con tranquilidad no es bueno. Juan David Vélez, por ejemplo, debería ya aceptar su homosexualidad de una vez por todas, ya es hora, estamos en un país libre. No es pecado ser uribista ni ser gordito ni ser gay, ni ser todas a la vez como evidentemente nos demuestra Juan David Vélez. De una vez sabemos cuáles son las tesis de Zuluaga frente al tema. Pero muy seguramente no sabremos lo que piensa Zuluaga de los gays y seguiremos viendo a Juan David Vélez andando por ahí como una señorita pasiva, encontrándose con hombres clandestinamente, a oscuras, a escondidas.

Vergonzosamente vemos cómo el otro uribista, el chistoso, el que más bien no tiene mucho que decir pero sí mucho que hablar: el otro Santos, el pobre, el plebeyo, el bufón sube en las encuestas sin tanto sacrificio y esmero como evidentemente le ha surtido a su campaña el señor Zuluaga. Pero es que debemos saber que en este país la gente no reacciona sino a la emoción, al amarillismo. Mientras Germán Medina se gasta una fortuna en un camión, en una página web y en unos volantes sin gracia, los asesores de Pacho Santos, el feo de los Santos, lograron montar en los picos más altos al escudero más emocionado de Uribe. Sin duda, las vallas instaladas lograron su cometido. No podría decir lo mismo del camión, de la página web y de los volantes de Germán Medina.

Debo reconocer que el señor Zuluaga ha mejorado sustancialmente su discurso, le han servido las lecciones de manejo de escenario, de no usar micrófono, de caminar mientras habla. Pude ver su lanzamiento de campaña por internet, no porque no me invitaran, aún me llegan invitaciones a mi correo, sino porque no me encontraba en el país para el día que decidieron lanzar por fin tan esperada campaña presidencial. El video en YouTube, que hoy cumple casi un mes de vida en la plataforma virtual, no llega a las 500 reproducciones. Eso es una vergüenza.

Yo votaría por Zuluaga si un día decide desprenderse de Uribe y decide hacer campaña a la presidencia con sus tesis, con sus propias banderas, con su propia voz.

A Uribe no le importa cuál sea el próximo presidente. A Uribe lo que le importa es que el próximo presidente no sea Santos y no sea amigo de Santos, así que bien puede ser Pacho, Zuluaga, Peñalosa o cualquiera que diga ser uribista y crea poder derrotar a Santos.

Al señor Zuluaga no lo veo desde que me saludó casi que por obligación al descender del avión que nos trasladó desde Barrancabermeja hasta Bogotá. No le quedó de otra, saludarme con un "Hola Giovanni, ¿cómo ha estado?". Fue lo que el destino le obligó a hacer. Mi respuesta se debió ajustar a la verdad, le debí responder que estaba mal, por él y por su asistente personal, quienes se empeñaron en que no pudiera reunirme con el expresidente Uribe. Pero le contesté con una frase sumisa "Bien Oscar Iván, gracias".

Hace falta tiempo, hacen falta cartas por destapar, hacen falta movidas. Esperaré con tranquilidad, me daré tiempo para entender algunas cosas que aún me cuestan trabajo. Espero que Germán Medina despierte de ese sueño petardo en el que está hace algunos años.

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Giovanni Acevedo

Bogotano irreverente, sincero, directo y crudo para decir lo que piensa. Escritor, columnista crítico y promotor del voto joven, del voto inteligente. Para muchos políticos, una piedra en el zapato, una fastidiosa realidad.

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