Martes, 07 Abril 2020

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El maricon que soy

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Tener que recurrir vergonzosamente a las calles sucias de Bogotá, verse en la penosa obligación de hacer carteles y convocar a marchas en son de protesta para así luchar por un derecho obvio y razonable no tiene presentación. Que los del Congreso de la República se hagan los tontarrones y no le den vida a un derecho que es reclamado a gritos por una sociedad que debe avanzar, es vergonzoso.

Pero lo más tonto de todo esto es que sigamos eligiendo a los mismos petardos de siempre. Es que los 51 Senadores que votaron en contra del matrimonio igualitario sigan posesionándose en un cargo que no merecen, (mire aquí los 51 senadores opositores http://static.elespectador.com/archivos/2013/04/9c770bc3aa50de05d1ee0308fbe16241.pdf ) en una silla que se ha convertido en su oficina personal con el pasar de los años, perpetuándose en el poder limitando así que nuevas generaciones asuman las mismas responsabilidades, como debe de ser, como es lógico, como es natural.

Pero es que en Colombia lastimosamente no pasa lo que debe pasar, sino lo que unos pocos quieren que pase, y cuando alguien desocupado como yo les dice la verdad en sus narices, entonces uno resulta ser un maldito enfermo demoniaco y hasta maricón, ni siquiera gay, sino maricón. Salen un montón de uribistas furibundos y notablemente disgustados a defender a su amigo maricón, y a exigirme a mí, que no soy gay sino maricón, respeto. Me llaman maricon, me llaman enfermo y hasta locota, me tildan de lo más bajo y aseguran saber mucho de mí, pero no lo hacen público porque no están seguros de nada de lo que supuestamente saben de mi persona, de lo único que sí están seguros es que soy un maricón.

Yo les estoy muy agradecido porque no sabía que yo fuera un maricón, o por lo menos no más maricón de lo que son más de la mitad de los que están impulsando la campaña de Oscar Iván Zuluaga y muchos maricones que dicen ser conservadores y uribistas con el corazón fuerte y el culo grande, o la mano grande y el culo fuerte, algo así exponen a todo pulmón.

Y es que ser maricón, señores, no es ni pecado ni delito. Lo que sí es pecado es mentirle al pueblo, andar por ahí afirmando en videos y en columnas reforzadas y acartonadas que el uribismo es la salvación para un pueblo tan maricón como el nuestro. Pecado es que las parejas del mismo sexo sean expuestas a insultos sistemáticos y calificativos desagradables y salidos de proporción, como la barriga del procurador Ordónez. Es pecado que dos personas quieran casarse y unir sus vidas bajo el matrimonio y un montón de maricones no lo permitan y, además, salgan a respaldar su estupidez con la Biblia y la creencia de un pueblo adormecido por las telenovelas y los partidos de fútbol. Porque mientras cinco personas leen esta columna, o cualquier otra, cincuenta más están viendo alguna novela o algún concurso-show en la penosa televisión colombiana, y mientras eso, diez más están utilizando la política para estructurar sus monopolios, se organizan y mandan a imprimir pendones, prendedores y camisetas, asisten a reuniones políticas y, tomando licor o café, intentan organizar las próximas campañas políticas.

No soy amigo de las manifestaciones multitudinarias, no soy fanático de las marchas, me parecen aburridoras, desgastantes. Pero debo reconocer que son una herramienta importante para hacer sentir la voz del pueblo, entonces ahí intento comprenderlas. El problema entonces para mí es cuando las marchas y las manifestaciones terminan en malos términos, y además de eso, no tuvieron un resultado benefactor para la causa que las motivó. El problema es que los jóvenes reaccionemos siempre a emociones y actuemos de la misma manera. Ese es en realidad un problema muy delicado.

Por eso quiero hacer lo necesario para hacerle entender a quien no lo comprenda, que la mejor manera para hacer sentir la voz del pueblo, mucho más efectiva que las marchas y las manifestaciones, es ejercer con responsabilidad el deber y el derecho al voto. A eso es a lo único que en realidad le temen los políticos viejos y rezongones, no hay cosa que les preocupe más que perder votos o que los votos que han permanecido dormidos decidan un día despertar y elegir gente nueva, o que los nuevos votos, esos jóvenes que hasta ahora están reclamando su cédula y tendrán en las próximas elecciones la oportunidad de votar por primera vez, en efecto lo hagan y lo hagan por políticos nuevos, jóvenes, sin las mañas de Roy Barreras o Roberto Gerlein.

Se debe tener cuidado a la hora de elegir, no se puede votar por votar, elegir por elegir, no todos los jóvenes políticos que saltan a la arena resultan ser buenos proyectos y no todos tienen las manos limpias como nosotros esperamos. Lamentablemente varios ya vienen viciados y comprometidos, atados a unas tesis que, aseguran ellos, ser las únicas válidas para implementar en el desarrollo del país, cosa que me parece abusiva y arbitraria, autodenominarse la única opción, la única salida.

Como ahora ya encontré mi identidad, fugitiva por tantos años, gracias a uribistas como Andrés Felipe Londoño, más conocido en el mundo fraudulento de Twitter con el alias de  @afalondono, quien aseguró en uno de sus célebres y leídos trinos lo siguiente: “@acevedocol Usted es un completo irrespetuoso y un impúdico. Energúmeno misógino.”  

Si no fuera por el apropiado trino de este joven uribista, les puedo asegurar que mi vida no tendría sentido alguno, gracias a él logré por fin entender que además de maricón, como me llaman muchos anónimos en sus comentarios cada vez que le dedico una de mis columnas a los uribistas, soy un irrespetuoso, un impúdico, energúmeno y además misógino. Así que debo agradecerle al tipejo este que además de todo me llamó imbécil y estúpido.

Siendo el maricón que soy les puedo asegurar en medio de mi maricona vida y maricona existencia que a estos enfebrecidos uribistas no les espera una victoria presidencial, más bien les espera una derrota oportuna, que les haga entender que la política quiere y necesita de jóvenes bien machitos, pero que más que machitos tengan las manos limpias, sin esos compromisos políticos que ellos están acostumbrados a pactar. Esta vaina no cambia hasta que en realidad nos comprometamos con una política clara, sincera, que le brinde tranquilidad al proceso. Deberían preocuparse más bien por apoyar un candidato joven porque el viejo ya se les quemó.

La plena validación de los derechos a cada uno de nuestros ciudadanos es la única manera de garantizar igualdad y de avanzar, si seguimos pasando por encima de los derechos de las minorías, creyéndonos con el derecho de hacerlo, simplemente por nuestra inclinación sexual, entonces seguiremos habitando un país que al pasar los años se queda en el pasado y vulgarmente reprime las libertades.

Yo sigo con mi vida bien maricona, destinada a soportar mis largas jornadas nocturnas ofrecidas a la escritura maricona y a tomar café de una máquina maricona que me cobra un poco más de un dólar por permitirme la satisfacción de tomar café caliente, solo, caminando y pensando. Por ahora ese es mi aporte a la política de mi país. Por ahora…

 

Giovanni Acevedo

 

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Giovanni Acevedo

Bogotano irreverente, sincero, directo y crudo para decir lo que piensa. Escritor, columnista crítico y promotor del voto joven, del voto inteligente. Para muchos políticos, una piedra en el zapato, una fastidiosa realidad.

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