Domingo, 31 Mayo 2020

Entre faldas y contratos

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Del escándalo –casi novelesco– que vivió la Administración de Bogotá la semana pasada queda una enseñanza: “Dime qué tan influyente eres y miro a ver cuánto te pago”. Es que ahora para la Bogotá Humana es mejor, en materia de salario, tener miles de seguidores en Twitter que un título universitario.

Para los que no se hayan enterado por qué estoy hablando de esto, la semana pasada hubo una algarabía porque a dos ‘mujeres’ se les ocurrió hacer de un lío de faldas un escándalo público por medio de la red social Twitter. Los periodistas no demoraron en hacer de esta pelea, típica de adolescentes, una noticia de toda la ciudad, todos menos los de BLU Radio, quienes muy inteligentemente cerraron la entrevista con una de las protagonistas (de novela) diciendo que eso era un problema de chismes y faldas, parafraseándolos.

Sin embargo, muy pocas personas se centraron en lo verdaderamente importante y es la clase de contratos que está haciendo el Distrito. Es decir, por qué una de las niñas del episodio, que gana $2.500.000 mensuales sin estar graduada de una carrera técnica o profesional, es contratada para “prestar los servicios en la revisión, acopio y procesamiento de los registros diarios de monitoreo de las estrategias de comunicación digital y redes sociales de la Secretaría de General” y es que, omitiendo los errores de sintaxis de la descripción de la labor contratada, es un poco –más bien bastante– estúpido que nuestros impuestos paguen a alguien para que monitoree redes sociales.

Sobre esto era en lo que los medios de comunicación tuvieron que hacer énfasis, pues María Fernanda Carrascal dijo abiertamente que a ella no le pagaban por trinar y que su contrato estaba de acuerdo a las tablas de contratación para alguien con sus méritos académicos (de bachiller). También dijo que todavía estaba estudiando y por eso le pagan lo que le pagan. Yo me pregunto, alguien que estudia (no por las noches, sino todo el día como ella) y se la pasa en Twitter (solo hoy lunes 15 de julio a las 9:30 pm había escrito más de 30 trinos), ¿a qué hora trabaja para el Distrito si su trabajo no es trinar?

Yo a ella no la conozco, la he visto por ahí, pero la empecé a seguir en Twitter cuando fundó, junto a Gustavo Bolívar (el mismo de las tetas y el paraíso), un movimiento llamado Manos Limpias, que es muy conocido por hacer marchas, plantones y un montón de cosas que solo sirven para que la gente piense participar y quejarse saliendo a las calles cuando no le gusta algo.

Sí y no, porque de qué sirve marchar, plantarse y gritar si, por ejemplo, después una de esas personas (tan indignada por la politiquería) es contratada para monitorear las comunicaciones digitales y las redes sociales de una Secretaría Distrital. Claro, pero es que, desde el punto de vista del alcalde, ese contrato vale la pena porque cada seguidor de esta niña (tiene 20 mil) es un futuro votante y lo mejor, muy probablemente, es un votante de esos que sale a marchar, de esos que nunca vota, porque cree que es suficiente con salir a gritar y quejarse.

Por eso digo “Dime qué tan influyente eres y miro a ver cuánto te pago”, porque muy seguramente esta contratista no tendría tal calidad si no tuviera tantos seguidores, si no los hubiera cosechado haciendo marchas sin ningún fruto y diciendo que su causa no era política. Sin embargo, desde hace unos meses todos sus seguidores podíamos ver unos 20 trinos al día con #PetroSeQueda.

Y es que lo malo no es que ella participe en política –para que no me mal entiendan–, lo que es criticable es que sea tan coherente como todos los políticos que ha criticado desde hace unos dos años. Terminó no solo metida en los mismos chismes de todos los políticos tradicionales (a todos les inventan amoríos con hombres y/o mujeres), sino también devengando del erario por razones tan discutidas como que a un concejal le den o no una camioneta o que un senador necesite o no para la gasolina, guardando sus proporciones.

Tampoco es malo que trabaje, porque todo el mundo tiene derecho, pero que gane más que la mayoría de tecnólogos y profesionales recién graduados, sin siquiera ser profesional es algo que deja mucho qué desear de ella y de la Administración. La verdad no sé de dónde sacan las tablas salariales de las que ella habla, pero parece que la Bogotá Humana de verdad está pagándole muy bien a sus contratistas, sin exigirles mayor cosa.

No quiero alargarme mucho, pero para aclarar que no es personal (porque como dije, no la conozco) muestro un ejemplo adicional al de la señorita Carrascal. El de @DanielRMed, quien desde hace varios meses he visto que responde todos los comentarios negativos que se hacen sobre la Administración y, con motivo de este episodio, pude ver que también es contratista, a pesar de que en la página del Distrito no se muestre claro su contrato.

Él tiene un contrato más pequeño (coincidencialmente tiene menos seguidores que Carrascal) y, por esos días en los que estaba cayéndose la reforma al POT, me puse a escribir sobre el tema, pues, aunque no puedo calificarme de experto en la materia, estoy trabajando y estudiando temas urbanos todos los días. Él, muy rápidamente empezó a atacar lo que yo decía y, a decir verdad, pensé que era un petrista más, porque su argumentación no era técnica y estaba poco fundamentada. Si en ese momento hubiera sabido que, básicamente le pagan por trinar, le hubiera dicho que estudiara un poco, para que hiciera valer los impuestos que pagamos.

De esta novela no quedó nada, se opacó rápido cuando se empezaba a cuestionar la contratación de la Alcaldía: el alcance de los medios de comunicación es limitado cuando se juega con los intereses de los poderosos.

Puedo asegurar que de este escándalo solo quedó que @MafeCarrascal me bloqueó de Twitter, como seguramente bloqueó a muchos más quienes preguntamos sobre su contrato en la Secretaría de General del Distrito. Debería aprender de Álvaro Uribe, José Obdulio Gaviria o el mismo Gustavo Bolívar, a quienes sigo y critico constantemente, pero nunca me han bloqueado.

Lo más grave, para mí, es que ahora no sé qué pasa en la ciudad, porque Petro me bloqueó cuando en campaña le preguntaba sobre la viabilidad de sus propuestas y, ahora, la que mostraba sus resultados por redes sociales siguió su ejemplo. No entiendo por qué lo hacen, si son personajes públicos deberían estar en capacidad de aguantarse a un tipo que intenta debatir lo que le parece que se está haciendo mal en la ciudad donde vive, solo digo, no sé.

Añadidura:

-Volví a leer a Daniel Samper Ospina (quien me bloqueó de Twitter cuando le escribí que solo quería parecerse al papá, pero no le llegaba ni a los tobillos) porque habló sobre el tema, pero su relación con la señorita Carrascal solo le permitió hablar de la otra protagonista, una niña llamada Leslie Kalli, a quien ni siquiera he visto, pero de buena fuente me enteré que en una clase de derecho casi se mata la cabeza porque no supo qué significaba que un bien fuera “indivisible”. No hay que estudiar mucho para eso, creo yo.

 

Javier Prieto Tristancho

 

@japritri

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Javier Prieto Tristancho

Abogado de profesión especializándome en temas urbanos. Nacido en Sogamoso (Boyacá) y residente de la Atenas sudamericana. Amante de la política y crítico de la politiquería. Lector de ratos libres y escritor de todos los días. Aspiro ayudar a cambiar la clase política colombiana, de no ser posible espero poder vivir de la literatura o de ser director técnico de fútbol.

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