Miércoles, 11 Diciembre 2019

Un mejor país

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A veces, después del almuerzo, me pongo a caminar por las criptas del cementerio para leer cosas. Los epitafios resultan buenos textos, cargados de una emoción y un sentido que los hace únicos. El desvencijado “Aquí terminan las vanidades del mundo” de la entrada me saluda todos los días; pienso en las tantas cosas que habrán dejado los que ahora son mis inquilinos. Me topo con muertos de todos los estratos; desde presidentes de la república hasta los más humildes desconocidos. Todos aquí, durmiendo bajo la misma loza, con la misma almohada, con el mismo frío.

Leo y pienso en lo mucho que nos llevan de ventaja quienes ya no respiran; ellos no tienen sobre sus hombros el peso de hacer realidad sus sueños. Ya no tienen posibilidad real de hacerlo y, por tanto, ya no son responsables de nada. Ya no son, punto.

No hay muertos; quedan los vivos. Quedamos nosotros, los vivos. Pero sabemos claramente para qué hacernos los vivos: para la trampa, la corruptela, la colada en la fila… Pero también nos hacemos los muertos, así como los perritos que sacan a hacer pipí en el pradito del parque. Cuando hay promoción de medias, regalada de lechona, chocolate gratis, ahí estamos vivos, muy vivos; nos pellizcamos hasta para goterear tinto en un velorio (díganmelo a mí, que me gano el pan entre cajón y cajón). Nos acomodamos a lo que sea para sacar provecho. Pero también nos parece cómodo hacernos los muertos para no hacer lo que nos toca; si nosotros, como colombianos, somos capaces hasta de hacerle el quite a nuestra mamá para no lavar la loza ¿qué nos puede hacer pensar que podemos con una responsabilidad tan grande como la responsabilidad electoral? Ad portas de una segunda vuelta para elegir presidente veo gente que le hace el quite a su responsabilidad, a algo que literalmente está en manos de todos.

Nunca he podido comprender cómo hemos sido tan capaces, históricamente, de pasar de largo nuestras responsabilidades ciudadanas. Viendo las mismas tumbas pienso que tal vez muchos estarían dispuestos a volver a acabar lo que dejaron empezado (algunos quizás ya votaron, uno nunca sabe con tanto difunto que resucita por estas fechas).

No hay una cultura del voto; no solemos asumirnos como ciudadanos, salvo para pedir insulsamente a un estado flaco que ya no da más. Nos hacemos los muertos, mientras los vivos, los más vivos, saben usar hasta el horno crematorio.

Un mejor país no se hace haciéndonos los de la vista gorda; siempre había pensado que necesitábamos un mejor país. Hoy me doy cuenta de lo equivocado que estoy; el país está bien. Lo que necesitamos es mejor gente y, si no, al menos gente que no se haga la muerta cuando la llaman a tomar decisiones.

Epitafio:

Reposan los restos de la Z del zorro.
Fue hallada raptada, coloreada y cruelmente lapidada en el logo de la campaña de alguien que tiene más de vampiro que de zorro.

 

@ElSepulturero_

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El Sepulturero

 

La cédula dice que se llama Funesto Mármol Hoyos. Heredó el oficio de su padre y ha vivido en el cementerio toda la vida. Las verdades políticas, deportivas, históricas y educativas son un constante profanar tumbas; él lo entiende bien y sabe que para poder hablar con la verdad, probablemente haya que desenterrarla de alguna fosa. Por eso nunca le pareció extraño el título de la película Ese muerto está muy vivo, porque acá los muertos hablan, votan, cobran pensiones y viven mejor que muchos.

 

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