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Déja vu

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Días en los que la soledad se vuelve más frecuente, son esos que aparecen para recordarte que viniste al mundo solo y así mismo te vas, que las personas están de paso y son tan solo eso: pasajeros de un buque del que no conoces, ni siquiera tú el destino.

 

Hoy me siento así, quizá sola en medio de infinidad de gente, con mil cosas por contar, pero sin nadie que me escuche, miro atrás y veo cómo ha cambiado mi vida, esa misma que algún día mi madre me regalo con la esperanza que hiciera de ella lo mejor posible.

 

Está haciendo frio, me levanto, tomo un café y miro alrededor, cada uno de mis compañeros en sus computadores como fabricas que producen dinero, ni siquiera se dan cuenta que los estoy mirando, que estoy poniendo mis ojos como yagas sobre sus rostros, así son todos los días, la misma hora, el mismo sitio, el mismo café, los mismos personajes… Nada cambia aunque a mí todo me ha cambiado en los últimos meses.

 

Ya casi es medio día y tengo una reunión para presentar avances, pero creo que no soy consciente de ello, mi cuerpo está aquí paralizado mientras mi mente viaja a otro sitio, ¿Cómo estará ella? ¿Será que siente desde lejos lo mucho que la extraño? Quizá no sabrá la infinidad de cosas que he aprendido a través de su ausencia, si la tuviera en frente le diría que sin tenerla he aprendido a valorarla y que espero que con ella se rompa la ley de la vida, el ciclo normal del ser humano, no quiero que nunca se vaya, ni hoy ni en mil años…

 

Escribiendo esto se me humedecen las pupilas, tengo que pararme dar unos pasos y respirar. Siento miedo, no lo niego, a nadie se lo he dicho pero por estos días me devuelvo algunos años y vivo en un déja vu constante, como si esto ya lo hubiera sentido, lo hubiera vivido, lo hubiese soportado…

En medio de mi nebulosa emocional resuena el teléfono y es ella, la mujer por la que hoy existo, de la que hablo, a la que amo, a la que admiro, aunque no lo sepa; me cuenta como le fue en el medico y mis miedos reaparecen al saber que nuevamente su salud no está del todo bien, a ella es a quien no quisiera perder y a ella es a quien quisiera tener sentada frente a este escritorio en medio de mis notas y el café rebosado, para decirle: “No te preocupes, una vez más todo estará bien”…

 

Continuará

 

T.@Aleja_Amaya

 

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Maria Alejandra Amaya

Soy la misma Bogotana, despeinada y consentida, de ojos claros que nació hace 22 años. Aquella que se pierde algunas veces, la que nunca llama y no contesta los mensajes, la novia fiel, la hija desobediente, la de pocos amigos, la que todos ven pero pocos conocen. A la que le gusta el arequipe y escribir por las noches, la hija de un hogar sencillo, con dos hermanas y los mejores abuelos… La de mil errores y pocos aciertos, la rebelde según su madre, la enamoradiza que quiere vivir la mejor historia de todas, aunque se pierda en un mar de intentos fallidos. A la que le encanta bailar, la que se ríe duro, la indiscreta y desparpajada, la de polos opuestos, esa misma que prefiere el arrunche a la fiesta, un helado a la cerveza, un beso a cambio de un regalo y un momento en vez de una palabra

www.facebook.com/alejita.amaya.33

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