Martes, 11 Agosto 2020

 

 

Encontrar sin estar buscando…

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Recuerdo que de niña me gustaba jugar a las escondidas, pero no el juego común de la infancia.. Yo solía esconderme, camuflarme entre la gente, ser como un camaleón que esta presente pero puede volverse invisible en algunas circunstancias, por ello fui de pocos amigos, porque me escondía detrás de mí uniforme de colegio, de mi falda larga, mi maleta descolgada y mis balacas. No pensaba en nada diferente a rendir en mis calificaciones, los que me conocieron en esos días sabrán que decía que tendría mi primer novio hasta los 18 años, hoy lo recuerdo entre risas.

Crecí así, en medio de unas compañeras de clase que vivían y experimentaban otras cosas que yo no, me sentía perdida en medio de la gente, un punto negro en medio del pizarrón blanco, era consentida y tímida, desapercibida, de mejillas rojas y cabello ondulado… No conocía el maquillaje, por mi mente no pasaban esas preocupaciones, usaba la ropa que mi madre me compraba y algunas prendas heredadas de mi hermana mayor, no tenía celular, no tenía Facebook, no chateaba; era feliz. Participaba en los concursos de ortografía y para todos era la popular “nerd del salón”… Pasaba mis mañanas con mis abuelos, dormía hasta tarde y desayunaba galguerías, peinaba a mi hermana menor y hacia mis tareas… Mi vida era tranquila.

Sin esperarlo, sin buscarlo, sin planearlo así llego él, como han llegado todas las cosas a mi vida, quizá como un regalo o un capitulo ya escrito por el cual yo simplemente paso… Hoy tengo 22 años, ya no soy la niña de 13 que dio el primer beso a escondidas de sus padres, la que se hacía dos colitas y bailaba frente al espejo. Hoy soy una mujer que mira atrás y se da cuenta como esa niña de 13 tomó decisiones que hoy la tienen aquí. Ya no estoy con mis padres, ya no estoy con mis abuelos, ya no peino a mi hermanita, ya no soy la Alejandra que muchos vieron…

Viernes 3:44 pm

Nuevamente aquí sentada, tomo un trago de agua que se ha calentado por el sol que cae sobre la ciudad. No tengo una ventana cerca, pero un rayo de sol se asoma por la rendija de la oficina de mi jefe, estoy en un cuarto piso y las ventanas son poralizadas, se escucha afuera el ruido de una construcción, los pitos de los carros y un perro que llora.

Frente a mí un rostro pálido y cansado, con la corbata desacomodada y unos audífonos que lo “desconectan” hasta de él mismo, no parece estar aquí… Nota que lo estoy mirando y me avergüenzo de pensar que pude incomodarlo con la mirada. A mi izquierda mis apuntes, mis notas, mis esferos, los reviso y encuentro cosas que escribí hace un año… Otra vez septiembre, otra vez jugando amigo secreto, otro cumpleaños de mi papá y otro mes más que se acaba y no regresa…

Ya casi es la hora de salir, estoy contando los minutos porque quiero correr a verlo, hoy me siento así: feliz de su llegada, porque no lo espere, me escondí y no lo vi, pasó el tiempo y ahora que analizo, lo tuve frente a mí por meses y no me percate de ello. Fui invisible de niña, utilizaba diferentes formas para que no me vieran, así de invisible fue él, al verlo no lo veía, supe siempre de su vida como una simple conocida y hoy por aquello que llaman "destino" hago parte de ella.

- Pasa lento el tiempo cuando ansiamos la llegada de alguien, pero pasa rápido y te entrega sin pedirlo cuando simplemente no estas esperando nada… Porque bien dicen los que saben que hay que vivir con fe y no con ansias, porque aunque se parezcan, la primera atrae las cosas y la segunda las espanta… no te pedí, no te espere, ahora aquí estás y no quiero que te vayas.

T.@Aleja_Amaya

 

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Maria Alejandra Amaya

Soy la misma Bogotana, despeinada y consentida, de ojos claros que nació hace 22 años. Aquella que se pierde algunas veces, la que nunca llama y no contesta los mensajes, la novia fiel, la hija desobediente, la de pocos amigos, la que todos ven pero pocos conocen. A la que le gusta el arequipe y escribir por las noches, la hija de un hogar sencillo, con dos hermanas y los mejores abuelos… La de mil errores y pocos aciertos, la rebelde según su madre, la enamoradiza que quiere vivir la mejor historia de todas, aunque se pierda en un mar de intentos fallidos. A la que le encanta bailar, la que se ríe duro, la indiscreta y desparpajada, la de polos opuestos, esa misma que prefiere el arrunche a la fiesta, un helado a la cerveza, un beso a cambio de un regalo y un momento en vez de una palabra

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