Lunes, 06 Julio 2020

Salmo del odio

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El odio se nos ha vuelto materia prima. Ser tolerante, para cualquier colombiano que quiera romper el molde del violento para ser pacífico, constituye un verdadero reto. La lógica que rige todo esto es una sola, clásica y, al parecer, inmarcesible como un salmo: quien no está conmigo, está contra mí.

No es para nada extraño, en un país en donde hay una pésima educación política, porque la política no consiste solamente en elecciones e ir a bendecir a algún candidato con la santa cruz electoral. Una educación política eficiente enseña a defender posturas con argumentos sólidos, con hechos y pruebas, todo en un marco de responsabilidad y disposición para escuchar. En lo cotidiano y en lo interpersonal, el móvil es el diálogo, pues somos seres de lenguaje y el lenguaje es lo que media entre el mundo y las personas. Tan simple como eso ¿O no? Sinceramente ya no sé.

Quien no está conmigo, está contra mí.

Sin embargo, cada día que pasa me pongo a dudar sobre si el lenguaje es, de verdad, una cualidad innata en el ser humano; peor aun, si los colombianos de verdad estamos facultados con la capacidad de diálogo. Las noticias locales cambiaron de presentar masacres y desapariciones, para presentar riñas, peleas y muertes más absurdas aun. Y cuando se averiguan las causas, queda uno de una sola pieza, al descubrir que los orígenes de las disputas son pasionales, el robo de dos monedas de mil pesos, caminar por la calle con otro color en la camiseta… Que los resultados lleguen a ser fatales para causas tan ridículas, muestra que el malestar cultural del colombiano es complejo. El fuerte advenimiento de crímenes perpetrados por menores de edad es una contradicción severa ¿no se supone que son estos mismos muchachos los “ciudadanos” que se están formando?

Quien no está conmigo, está contra mí.

Si el odio prospera tanto, debe ser porque odiar es fácil. No escuchar al otro es fácil; invisibilizar las posiciones del otro es fácil; ver en el otro un potencial enemigo es fácil. ¿Se dan cuenta? El problema siempre es el otro, nunca uno mismo, porque uno todo lo hace bien ¿cierto que sí?

Quien no está conmigo, está contra mí.

No nos quejemos, entonces, de la existencia de especímenes como los lambones y los sobachaquetas. Tolerancia, por favor. Si hay lambones en el mundo, es porque el mundo es cruel, carente de ídolos para admirar y adular. Pobrecitos todos aquellos a quienes les toca hacer todo con palanca; pertenecer a un partido político para tener que trabajar con un gobierno contrario a sus ideales, teniendo que negar las propias bases ideológicas, debe ser duro; dicho de otro modo, ser voltiarepas debe ser un sacrificio durísimo (y ustedes que vilipendiaban a Rodrigo Rivera Salazar y a la pobre Nohemí, manada de insensibles). 

Quien no está conmigo, está contra mí.

Vi que se desgarraron las vestiduras por una placa puesta en Cartagena por el Príncipe Carlos, en memoria de los ingleses caídos en el Sitio de Cartagena, promediando el siglo XVIII. Qué intolerancia, por favor. Eso va en contra de las tradiciones de un país, en donde el ratón es tan buena papa que le hace monumentos al gato.

Quien no está conmigo, está contra mí

Razones para ser odioso, muchas.     
Razones para ser odiado, ninguna.

T. @ElSepulturero_

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El Sepulturero

 

La cédula dice que se llama Funesto Mármol Hoyos. Heredó el oficio de su padre y ha vivido en el cementerio toda la vida. Las verdades políticas, deportivas, históricas y educativas son un constante profanar tumbas; él lo entiende bien y sabe que para poder hablar con la verdad, probablemente haya que desenterrarla de alguna fosa. Por eso nunca le pareció extraño el título de la película Ese muerto está muy vivo, porque acá los muertos hablan, votan, cobran pensiones y viven mejor que muchos.

 

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