Jueves, 05 Diciembre 2019
Jueves, 27 Septiembre 2018 11:28

Cómo va el Metro en Bogotá

VER PROGRAMA https://goo.gl/rMLMFS

En debates Palabras Mass hablamos acerca de: ¿Cómo va el metro en Bogotá?

Invitados: Concejal Lucia Bastidas - Manuel Sarmiento

Por Canal BoxMov Con: Maria Gardeazabal - | Dirige Beto Diaz

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Jueves, 30 Agosto 2018 12:12

Retos del Transporte

VER PROGRAMA https://goo.gl/5c3Ze8

En Entrevistas Palabras Mass hablamos acerca de los retos del transporte. 
Invitado: ViceMinistro Juan Camilo Ostos Romero - Ministerio de Transporte Colombia por Canal BoxMov
Con: Maria Gardeazabal - Jorge Camargo Tovar | Dirige: Beto Diaz

 

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Lunes, 18 Mayo 2015 07:35

Sí, movilidad también es PAZ

Por: Tania López

 

Pasa otra administración en la capital sin resultados tangibles acerca de promesas de campaña de mejorar la movilidad, la seguridad, la educación cívica, etc, y los capitalinos seguimos aún con la esperanza de ver una ciudad transitable, dinámica y ajustada a las demandas del siglo XXI.

Después de 73 años de hablar de metro en la capital del país, la incertidumbre acerca del financiamiento y sobre quien(es) recae esta responsabilidad está a la orden del día. Nos preguntamos si el Gobierno Nacional está dilatando su apoyo, ya que la ley de metros exige una co-financiación de la Nación a esta obra hasta del 70% como lo tuvo el metro de Medellín; o acaso se trata de una evasiva de la Administración Distrital que debería aportar el 30% restante, la conclusión es que si bien hoy el Distrito afirma que hay 5.5 billones de pesos disponibles para esta iniciativa, el Gobierno Nacional aun titubea en dar un sí definitivo para el inicio de la mega obra y que afirman puede llegar a costar 20 billones de pesos. En suma, ya sea a nivel distrital o nacional, vemos que es sólo cuestión de voluntad política y la decisión final está supeditada a la variable de estar en un año electoral que reconfigurará la estructura de poder local en el territorio nacional.

Ahora bien, para tener una perspectiva más amplia vemos algunos ejemplos, en donde Buenos Aires inauguró su primera línea en 1913 y en Caracas comenzó a operar en 1983. En los 90's tres sistemas se inauguraron: Medellín (1995), Monterrey (México), Fortaleza (Brasil), y mientras tanto en Bogotá se continua pensando en hacer o no el metro, cuando 28 ciudades de América Latina construyeron los suyos.

Por otro lado, tras el debate "A 0Km movilidad en Bogotá" citado en la Cámara de Representantes, vimos que uno de los temas más debatidos fue la deficiente implementación del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) en Bogotá. A esta problemática se adiciona las medidas arbitrarias impuestas por el Distrito como el segundo día sin carro y sin moto en el año sin una política complementaria pedagógica y en civismo que ve reflejado efectos contraproducentes en la ciudadanía.

El panorama es sombrío y no vemos soluciones fácticas que nos permitan ver cambios sustanciales y mejoras en la movilidad, la seguridad y la educación ciudadana en la capital. Cada hora se matriculan 11 carros y 6 motos y los recorridos en la ciudad pueden durar hasta dos horas. Otro factor que exacerba este caos, es la polémica que se ha desatado con el pliego de cargos que la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) elevó a la empresa Angelcom, por "obstrucción y dilatación del proceso de integración de tarjetas del Sistema Integrado de Transporte Público y lo cual, le traería una multa de más de 64.435 millones de pesos al comprobar su culpabilidad".

En fin, hago un llamado a demostrar que la PAZ también empieza con el reto de apostarle a la construcción de la Bogotá del futuro, libre de corrupción y malos manejos fiscales, fuera de toda lucha ideológica y de clases, pasemos la página de la sombra del carrusel de la contratación, la falta de planeación y el populismo barato. Blindemos nuestra ciudad de los errores que no pueden volver a repetirse. Aprendamos de las buenas lecciones que nos brindan ciudades que se encuentran a la vanguardia en movilidad como Hong Kong o Vancouver. Evitemos la improvisación, trabajemos por la calidad de vida y la dignidad de los capitalinos, y sobre todo la invitación es, como personas responsables y libres, a votar bien el próximo 25 de Octubre, porque en la siguiente Administración y Cabildo distrital recaerá el peso del bienestar de nuestra amada ciudad.

Twitter. @TaniaLopezLizca  

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Martes, 05 Noviembre 2013 19:54

Malditos bogotanos

A mí me cuesta mucho creer que en Bogotá viva gente decente. Y la poca que vive es tan exigua que rara vez uno tiene el placer de tropezársela por la calle. Bogotá es hoy en día el pueblo más grande de Colombia, con un bus rojo que transporta gente sudorosa aplastada contra los vidrios y un montón de hampones merodeando por ahí buscando a ver qué pendejo se encuentran para robarle con descaro sus pertenencias. Uno en Bogotá solo está seguro dentro del carro, con los vidrios arriba y el seguro de las puertas ajustado, en Andino, Unicentro o Hacienda Santa Bárbara. O en el apartamento o en la oficina. Andar por las calles de esta capital resulta un sacrificio para todos los que intentamos sobrevivir a los atropellos de todos esos pizcos que dicen ser bogotanos y que lo son -en últimas-  sin importar de qué pueblo vengan. Si viven aquí, entonces son bogotanos.

No importa si usted es peatón, conductor de automóvil, moto o tiene la desdicha de andar en carro blindado. En Bogotá nadie está ni seguro ni tranquilo. A diario uno debe sortear los abusos de todos esos que dicen ser “gente de bien”, pero que en realidad resultan ser unos malditos bogotanos. El que se cruza los semáforos en rojo a medio día, el que se estaciona en una calle principal, el que no cruza por los puentes peatonales, el que bota la servilleta por la ventana del carro, el maldito que no usa nunca las direccionales, el torpe que no sabe que las cebras fueron pintadas para que la gente pase sobre ellas cuando el semáforo lo indique. El pendejo al que se le olvida respetar la fila, la bruta que no entiende que las sillas en los buses no son para la que use los tacones más altos sino para la persona que más la necesite. El animal que baja los vidrios de su Spark engallado, se pone unas gafas falsificadas y sale por la calle con el reggaetón a todo volumen. El tipo que pispea a cuanta vieja con jean ajustado y sin bolsillos traseros deambula por ahí.  

No hay derecho. No se puede vivir en una ciudad invadida por tanto guache. Pero es que la vaina no es solamente de los ciudadanos, también es de la institucionalidad y la eficiencia de sus funcionarios y de sus obras publicas. Calles estropeadas, sin demarcación, semáforos inservibles y otros innecesarios. Puentes averiados, alcantarillas destapadas, indigentes lavando los vidrios de los carros y hasta supermercados instalados en los semáforos más concurridos y tediosos.  Si usted quiere agua, cigarrillos, la prensa o un poco de marihuana sólo tiene que detenerse en un semáforo y esperar la oferta del día.

Si después de cada una de mis columnas me han tildado de maricón, de ladrón y hasta de uribista resentido, entonces que ahora me tilden de clasista, pues no me extrañaría, incluso creería, que por fin acertarían en tanto insulto que lanzan sobre mi nombre en un torpe intento de afectarlo. Que una parte de mis lectores me insulte y me envíe correos ofensivos no me perturba, más bien me alegra, me divierta. Lo que sí me perturba es la misma señora obesa que intenta limpiar el vidrio de mi parabrisas de lunes a viernes en el semáforo de la 79 con Caracas. Y el problema no es que me lo limpie, el problema es que no lo limpia, lo ensucia, lo engrasa, lo estropea y tiene el descaro de solicitar dinero por enmugrar el vidrio de mi parabrisas. “El trabajo no es deshonra” diría mi abuela en un acto inmenso de compasión que la caracteriza. Si la señora con sobrepeso quiere fidelizar su clientela, entonces que se preocupe por de verdad limpiar los vidrios que, por suerte, deben detenerse en su puesto callejero, que utilice el producto indicado, que sea cordial, que se muestre profesional. Esa vaina de despertar pesar a cambio de unas cuentas monedas me resulta irrespetuoso.

Bogotá es el destino para muchedumbre en busca de un mejor futuro, en busca de estabilidad y oportunidades. Sin duda esta ciudad puede ofrecer lo que toda esa gente busca. Trabajo, estudio, circunstancias bien aventuradas que le faciliten el progreso a quien lo busque con trabajo y compromiso. Y el problema no es que nosotros los recibamos aquí con gusto y, en mi caso, con resignación, sino que lleguen y la aprendan a querer. Yo escucho a diario gente lamentarse de la clase política, de la clase alta, pero nunca de la gente que atenta contra el buen vivir. No creo que sean los políticos los que conducen borrachos o los que se roban las alcantarillas o los que le arrebatan los bolsos a las señoras desprevenidas. Las calles sucias, los parques averiados, los sanitarios públicos estropeados, los hinchas de fútbol muertos a manos de sus colegas, muchachos que le entregan su vida a la suerte por algunos segundos mientras intentan entrar en alguna estación de TransMilenio a la fuerza. Debo reconocer que vivo feliz en mi ciudad, pero no tranquilo ni satisfecho como debería vivirla. Creo que mi lugar está lejos de todo este caos, creo que debo alejarme de esta realidad cuanto antes, lo más rápido posible, antes de que algún maldito e irresponsable bogotano termine por mal obrar mi existencia.

Ahora debo vivir aquí, aunque muera de ganas por salir corriendo, aunque no soporte con agrado los excesos que provoca tanto libertino. Mis obligaciones laborales y monetarias tienen raíces lo suficientemente profundas como para mantenerme un buen tiempo en esta ciudad incoherente y díscola. Espero no estar muy viejo para poder disfrutar de una Bogotá tranquila en la medida de lo posible. Una capital con los servicios necesarios para poder vivirla con eficiencia y unos conciudadanos que no me generen temor ni asco. Quiero caminar por las calles limpias y ver gentes educadas, consumidoras de libros y respetuosas de las normas básicas de convivencia. Quiero ver hombres besándose por ahí y mujeres caminando tranquilas, sin temores ni prevenciones.

Por favor, intentemos día a día alejarnos del perverso anonimato y de la cansona y repugnante realidad de los malditos bogotanos que, con sus acciones matutinas, logran desbaratar cualquier buena acción de quien sea que quiera vivir en una tranquilidad, aunque sea temporal. Usen las direccionales, respeten las filas, no se disputen los puestos en ese aparato enorme, rojo y grotesco que dicen llamar sistema de transporte masivo. No conduzcan ebrios, y no consuman marihuana arbitrariamente. Sean felices en medio de toda esta realidad vergonzosa. 

 

Giovanni Acevedo

 

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Lunes, 30 Abril 2012 20:50

Gina Parody - Movilidad

En el Senado, Parody se concentró en proyectos de infancia y de género y siguió apoyando a Uribe, pero continuó sin darle su apoyo en todos los frentes. Por ejemplo, se opuso a la penalización de la dosis mínima y apoyo la marcha del 6 de marzo de 2008 en la que se pedía justicia por las víctimas del paramilitarismo y de agentes del estado.

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Lunes, 30 Abril 2012 20:02

Carlos F Galan Movilidad

La política le viene por el lado paterno: fuera de su papá que fue desde concejal hasta candidato presidencial, su abuelo Mario Galán fue un importante dirigente liberal santandereano. Y el periodismo, por el lado de materno: su mamá, Gloria Pachón, trabajó en el Tiempo y fue directora del Noticiero de Mediodía y su abuelo Álvaro Pachón de la Torre fue columnista de El Espectador.

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Lunes, 30 Abril 2012 19:22

David Luna Movilidad

Luna empezó muy joven: a sus 20 años fue líder de una junta de acción comunal en Chapinero y luego, por cuenta de sus propuestas ambientales y urbanísticas, se convirtió en Edil de esa localidad. Posteriormente fue dos veces Concejal de Bogotá y logró la votación más alta con la que se ha llegado a una curul en la Cámara de Representantes por la capital

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