Jueves, 27 Febrero 2020

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Miércoles, 10 Mayo 2017 13:13

Que no nos hagan trizas el acuerdo

Por: Juan David Torres

Semanas atrás, le fue prohibida la entrada al Congreso a Iván Márquez, de las Farc, y a Pablo Beltrán, del ELN, en el marco de la clausura del Congreso Nacional de Paz, la cual se llevaría a cabo en ese recinto. Como era de esperarse, la medida molestó a la mayoría de los defensores del acuerdo de paz, los cuales apelaron a una plétora de argumentos para defender la idea de que los comandantes de las guerrillas pueden recorrer el territorio nacional dictando cátedras de paz, tal y como lo han venido haciendo en distintas universidades, foros y hasta en la feria del libro. No obstante, esta defensa contumaz de cualquier exceso en nombre del acuerdo, la cual, por cierto, fue crucial para perder el plebiscito, resulta nuevamente poco práctica en la tarea de granjearse el apoyo de los enemigos del acuerdo. Peor aún, fortalece a la extrema derecha en su empresa de, siguiendo a Fernando Londoño, “hacer trizas el acuerdo”.

Entre el galimatías argumental destacaba la alusión al “prefiero verlos haciendo x acción que en el monte disparando”. El problema de este razonamiento es que no aplica para el contexto actual, en cual las partes ya han firmado el acuerdo y se han comprometido a cumplirlo. En otras palabras, la tesis del costo-beneficio no se puede aplicar cuando ya se han pactado los costos a incurrir y se comienzan a percibir los beneficios. En términos coloquiales, se puede afirmar que los sapos ya fueron tragados. Lo que hoy importa es que se cumpla lo pactado y que se garantice su estabilidad en el tiempo.

Ahora bien, se podría aducir que parte del compromiso del Estado es abrir estos espacios a los miembros de la guerrilla. Que ese sapo se acordó. Sin embargo, una revisión exhaustiva del acuerdo permite concluir que esto no hace parte del cronograma estipulado para el desarme y la desmovilización. Nunca se pactó que los comandantes guerrilleros podrían desfilar por el país dictando cátedras de paz, las cuales no son más que un eufemismo para el lanzamiento de su campaña política. No es buen mensaje para una ciudadanía escéptica. Si realmente fueran estratégicos, en el sentido de ganarse el apoyo de los enemigos del acuerdo, no estarían presumiendo campantes sus ínfulas de victoria, sino que contribuirían a acelerar el proceso acordado.

Por su parte, los tiempos de proselitismo político vendrán una vez la guerrilla haya cumplido con lo básico (desmovilización y definición de su situación jurídica) y se haya formado como un movimiento político. En ese momento contará con lo que le prometió el Estado: espacios de participación política y financiación.

De esta manera, la cuestión yace en los tiempos. Hoy lo importante es que se agilice la transición de la guerrilla hacia un movimiento político. Ahora bien, mientras los miembros del secretariado le den una mayor prelación al proselitismo político previo a la entrega de armas y a su paso por la JEP, la percepción ciudadana será la de que los acuerdos no están siendo correctamente implementados. Este es un terreno fértil para la extrema derecha, la cual se encuentra organizando, literalmente, una cruzada para acabar con lo pactado.

A modo de reflexión final, vale la pena recordar que, en medio de la zozobra por defender el ingreso de los guerrilleros al Congreso, se apeló a una idea perversa: que, si Mancuso y sus secuaces fueron recibidos en el recinto hace trece años, ¿por qué se le iba a negar hoy la entrada a los guerrilleros? Es un argumento desafortunado que refleja una moral invertida. Una sociedad democrática debe abogar por eliminar, más no acentuar, esa vieja costumbre de permitirle la entrada a personajes que no han saldado sus cuentas con la justicia a las instituciones del Estado.

Twitter @TorresJD96

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Lunes, 15 Febrero 2016 10:33

José Uscátegui - José Antequera

José Jaime Uscátegui y José Antequera unidos por un país mejor..... ¿Nace un nuevo panorama para el futuro de Colombia?, escuche éste interesantísimo programa en el que se unen en una charla especial el hijo de un militar privado de la libertad y el hijo de un militante de izquierda asesinado. 

 

Twitter @palabrasmass

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Miércoles, 08 Enero 2014 00:33

Todo menos la educación

Si el Gobierno y las FARC suscribieron un Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, sobre la base de que debe promoverse el desarrollo económico con justicia social, el desarrollo social con equidad y bienestar y la ampliación de la democracia, la educación,  como eje del desarrollo económico y social que tanto invocan, o la ausencia de ella, que es una de las principales causas del conflicto, tenía que haber sido el primer punto de la agenda de La Habana. Pareciera que a los negociadores, como a la mayoría de los colombianos, todo les importa menos la educación.

Si hay un mérito que haya de reconocérsele al proceso de paz que actualmente se adelanta por el Gobierno y las FARC -fuera de la genuina voluntad que parece impulsar a las partes-, es que pretende atacar las causas que originan el conflicto y darles cabal solución en la fase de implementación. No de otra manera se justifica que la agenda de negociaciones incluya dentro de sus famosos cinco puntos los temas de Una Política de desarrollo agrario integral, Participación política en el postconflicto, Solución al problema de las drogas ilícitas, Víctimas y Fin del conflicto.

Nadie se tragaría el sapo de negociar con las FARC buena parte de los cimientos del Estado colombiano, como los que se están discutiendo, si no fuera porque la única manera de acabar con este absurdo conflicto, bélico y social, es la desactivación de los gérmenes del conflicto, como la desigualdad y la inequidad, y de los agentes que lo han agravado, como el narcotráfico y la sistemática violación de derechos humanos (de parte y parte).

Entonces, si de lo que se trataba era de erradicar las causas del conflicto, ¿por qué las FARC, que posan de adalides de la justicia social, no se la jugaron por la inclusión de la educación en la agenda? ¿Por qué tampoco el Gobierno, que se dice social e impulsor de la innovación como motor del desarrollo?

Si bien es cierto que una política de desarrollo agrario integral, la indemnización de las víctimas y la restitución de las tierras despojadas, temas que sí hacen parte de la agenda, representarían un gran avance, jamás serían suficientes para desactivar las causas del conflicto y combatir la desigualdad, según las confesas motivaciones del proceso de La Habana.

En efecto, el desarrollo económico con justicia social y en condiciones de competitividad no es posible sin conocimiento y progreso técnico, es decir, sin educación. Ya lo decía un ejemplo de reivindicación social, Diego Luis Córdoba, por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad. El progreso social con equidad y bienestar no solo no es posible sin educación, sino que es sinónimo de ella. Donde hay educación no hay distinción de clases, diría Confucio. Y la ampliación de la democracia no es otra cosa que la formación de más y mejores ciudadanos, mediante la educación. No en vano el fundador de la Academia sentenció que el objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano.

Este proceso de paz era sin duda la mejor oportunidad para transformar el inoperante, ineficaz, ineficiente y atolondrado sistema educativo colombiano, en uno sólido, estable, sostenible y vigoroso, eje del pretendido desarrollo económico y social del país, soporte del presuroso e inclemente postconflicto y hacedor de la verdadera democracia. Las FARC y el Gobierno todavía tienen la sartén por el mango, entonces ¿qué esperan en La Habana para sustituir las AK-47, muerto su creador, por el arma de la educación? Al fin y al cabo la educación es la única herramienta legítima a disposición de los menos afortunados para hacerse parte de la sociedad, la cual, en el caso colombiano, tiende a excluirlos cada vez más.

@HumbertoIzqSaa 

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