Viernes, 24 Enero 2020

Los fanáticos tumban las estanterías de los almacenes de cadena cuando llegan los Mundiales de Fútbol. Religiosamente, cada cuatro años, aguardan con sigilo y con paciencia la llegada del álbum, ese compendio de imágenes a las que idolatran casi como a dioses.

Los anuncian y los publicitan con meses de anticipación, al tiempo que van  comprando las láminas que pronto van a pegar en cada recuadro. El ritual es impecable: quitar el papel que recubre la película adhesiva, ubicar en limpia exactitud el caramelo dentro del recuadro, cuidar que no quede torcido o con espacios. Sólo hay una oportunidad para poner el caramelo dentro del recuadro, porque si queda mal puesto hay que despegarlo y el caramelo, posiblemente, se echará a perder. Los que hemos llenado álbumes alguna vez, sabemos que existen caramelos muy difíciles de conseguir y dañar uno significaría no completar la colección, probablemente jamás. Es un asunto de cuidado.

Curiosamente, aquí en Colombia, cada cuatro años llega otro álbum, con otras imágenes tal vez menos entusiastas. Quizás por eso es que no se ven tumultos por adquirirlo y mucho menos entusiasmo por llenarlo. No se ven las figuritas heroicas y apolíneas de los atletas, sino algunas caras menos saludables y con menor jovialidad.

Anunciados desde largas semanas atrás en los medios, también atiborran los espacios públicos. Sin embargo, a diferencia del álbum del Mundial, este solamente se puede llenar en un solo día, un día específico que la Registraduría Nacional tiene a bien cuadrar a su antojo. Algunos se llenan, pero la gran mayoría se queda sin estrenar y van a parar rotos, antes de caer la tarde, a una ignominiosa bolsa negra.

Cruel destino ¿no? El ritual es similar al primero: se entrega la cédula a un emisario, que quizás sonríe; otro emisario entrega el álbum, de una página y con ocho o nueve recuadros; se camina hacia un lugar privado en donde cuidadosamente se tomará un marcador o un esfero para marcar uno de los recuadros, el de nuestro ídolo, mesías, personaje del que somos hinchas… llamémosle como mejor nos parezca. No se puede marcar más de un ídolo, eso es traición según los más puristas . No faltan los entusiastas que marcan todos los recuadros; tampoco falta el indeciso que no sabe cómo llenarlo o a quién darle el favor de su cruz, la santa cruz electoral.

Al igual que el otro álbum, hay sólo una oportunidad para llenarlo y el hacerlo mal implica que la colección no se complete. Es, también, un asunto de cuidado.

En el mundial de fútbol, como en las elecciones, el ambiente es sabroso. Se habla de estadísticas, de jugadores que pueden meter más goles, de cuál de estos personajes es el más volador (o el más avión), de cómo se valen las jugadas ilícitas o en fuera de lugar. Es una forma divertida de perder el tiempo; uno, que es de lavar y planchar, se queda pegado al televisor viendo lo que pasa y lo que está en juego. Salen suplementos de noticias que muestran a los hinchas de uno u otro bando dándose en la jeta y matándose por los resultados, lo cual no es del todo malo para mí, pues al otro día hay trabajo y toca ganar la papita.

El reguero que queda después de cada partido es el mismo, y ahí hay trabajo para mis amigos los barrenderos. Después de que uno de los contendores gana, el otro alega por acto reflejo. No importa quién gane; malos perdedores va a haber siempre y se rehusaran a aceptar la derrota. Esa es la fiebre precisamente: ganar.

A los hinchas les importa poco el como gana su equipo o su jugador; con que gane, así sea por debajo de la mesa (o de la urna), el hincha va a celebrar y va a restregarle “su” victoria en la cara a sus acérrimos rivales. La borrachera del triunfo dura días, tal vez semanas. Los perdedores se lamentan porque pasarán otros cuatro años para poder sacarse la espinita. Y no hablemos de los periodistas o las gentes de bien que salen en televisión a ayudar a rociarle gasolina a la candela.

Vemos entonces que una cosa no difiere de la otra. Nos tomamos lo político a lo futbolero, y somos un electorado que no es de votantes sino de hinchas. Las diferencias parecen ser irreconciliables y casi se vuelve traición tener un amigo que no sea del bando que uno defiende, apoya o del cual uno es seguidor. Fregado vivir así.

Claro está que los futboleros al menos tienen un poquito de ética que los electoreros no tienen: ellos al menos no vienen hasta aquí, al cementerio, a joderle la vida a mis muerticos, dizque para que vayan a votar. Seguiré  esperando el álbum.

Epitafio: Yace aquí el sentido común de los bogotanos: Colapsado por el afán matutino vivió, para morir como mártir una cruel mañana, en la que mandaron a las damas a un vagón y a los que no lo son al vagón de atrás. R.I.P

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Sábado, 08 Septiembre 2012 14:29

Pelaos, ¡ojo! con el Jugador Número Doce

Ya era hora de recuperar el futbol característico de nuestra selección. Y aunque tuvimos que recurrir a mano de obra extranjera, en este caso Pekerman para la dirección de nuestra selección  Colombia. Queda demostrado que en ocasiones la intervención de extranjeros es positivo para los intereses colectivos. Ganar la clasificación al mundial, Brasil 2014. Sin embargo hay algunos forasteros que toman parte de nuestros asuntos generando utilidades para su propio beneficio sin importan los intereses generales de un pueblo, haciéndose llamar el jugador numero doce de la selección.

El mismo del comercial que dice que un hincha no nace, se hace. He aquí algunas de sus mejores jugadas, pivoteos y golazos que le han marcado a nuestra nación. Según el diario el Espectador.

  • persisten los reclamos de los trabajadores contra Pacific Rubiales Energy por las excesivas jornadas para la mano de obra.
  • La DIAN inició varias investigaciones contra Pacific Rubiales Energy por presuntas irregularidades en el pago de tributos de renta y ventas.
  • La Contraloría en un informe sobre la renta minera y de hidrocarburos de 2011 hablo en su informe que no se estaba cumpliendo a cabalidad con la reglamentación internacional, en cuanto a las instalaciones.
  • En un diagnóstico de enero de 2012, se sintetizó que posiblemente se podrían estar generando consecuencias fiscales en contra de los intereses de la Nación.
  • Diferencias entre Pacific Rubiales y la estatal Ecopetrol (empresa colombiana), respecto al contrato del bloque Quifa. Lo que debería devolverle Pacific Rubiales a Ecopetrol en esta controversia puede ser del orden de los US$20 millones anuales.

Como es posible que una empresa este generando utilidades para su propio beneficio y la nación no vea este crecimiento que debe ser reciproco a través del pago de los impuestos. Posiblemente sus campañas publicitarias están haciendo efecto en las mentes de los colombianos. No en vano son anunciantes permanentes en reconocidos espacios de la radio (la w radio), la prensa y la televisión. Sin contar que poseen un paquete accionario en cablenoticias.

Esperemos que al igual que nuestra selección Colombia quien recupero su buen futbol y su estilo particular de jugar, nos devuelvan  a nosotros lo justo. No es posible que vengan a nuestra tierras, exploten a nuestros ciudadanos y luego quieran hacer ver bien lo que esta mal. Pero  no nos “angustiemos” Ojala ganemos contra Chile, vamos de visitantes. ¡Ojo! Con el jugador numero doce de la selección Colombia que se apellida Pacific Rubiales, quien quiere nacionalizarse sacando el mejor partido para ellos, haciéndonos zancadilla e impidiendo a los colombianos manejar sus recursos transparentemente. Ojala las entidades de control estén atentas y no se dejen meter un autogol. 

 

Fuente:

http://www.elespectador.com/noticias/investigacion/articulo-334287-los-dilemas-de-pacific-rubiales

 

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