Viernes, 28 Febrero 2020

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Viernes, 01 Marzo 2013 17:29

Buscando el amor

Estoy viejo, eso no lo puedo esconder. A veces me miro al espejo con el intento impreciso de darme ánimo, de alentarme. -Estás joven- le susurro al tipo del espejo- Aún puedo caminar, aún puedo respirar sin la asistencia de ningún aparato, aún puedo sostener una o varias relaciones sexuales sin preocuparme por viagra. De hecho, no me preocupo nunca por nada porque soy estéril y porque nunca llego a intimar con nadie. Soy un viejo en el cuerpo de un tipo no tan joven.

Y como viejo que soy no hago lo que hacen los jóvenes. Nada de lo que ellos hacen yo lo hago.

Jueves 28 de febrero 10:30 pm

Hay un lugar en el parque de la 93 en Bogotá con la fachada roja y una puerta grande en la entrada. En frente de este lugar un buen número de personas aguardan en una fila que se nutre a medida que la noche madura. Llego ahí en compañía del director del programa de radio que conduzco hace ya algunos meses. Me fumo un cigarrillo en la acera de enfrente y recuerdo mis noches de universitario. Me doy cuenta que en efecto estoy viejo, ya no estoy para enfilarme en la entrada de un bar. Ya no siento ganas de aguantar frio y luego calor humano en medio de la multitud cómplice de una noche de rumba. Prefiero siempre sentarme, tomar algunos buenos tragos con una muy buena compañía hasta que la gana me lo permita. Cuando el director me llamó y me dijo que estábamos invitados al lanzamiento de un video de un grupo musical, intenté inmediatamente inventarme como fuera alguna excusa, creíble o no, pero que me sirviera para evadir dicha invitación. -Doctor Krapula es el grupo, Giovanni- me dijo el director con seguridad y sin duda alguna.

Y bueno, está claro, desistí de la búsqueda de la excusa. Durante el camino entre la oficina donde yo me encontraba y la puerta grande tuve tiempo suficiente para recordar tantas buenas canciones que este grupo le ha dado a mi memoria, a mis recuerdos de joven: La fuerza del amor, El pibe de mi barrio, Para todos todo. Con estos tipos no me emborraché. Escuchándolos pasé muy bonitos momentos con amigos de mi colegio, de mi universidad, varios de los que desconozco su paradero.

Ya estando enfrente de ellos, saludándolos y escuchándolos en vivo puedo decir que valió la pena, valió mucho la pena. Gracias. No por invitarme al lanzamiento del último video “Buscando el amor” que, por ciertom debo reconocerles lo bien producido que les quedó; sino por crear música, por crearla y tocarla, por hacer que esa música llegue y se quede en mí y seguramente en muchos otros y miles más. Gracias por lograr hacerme sentir joven por un par de horas aquella noche y por hacerlo cada vez que llegan a mi corazón y mis pulmones por entre los audífonos de mi celular, Gracias por hacerme cantar sus creaciones musicales en la ducha, por darme sonrisas, muchas gracias Doctor Krapula.

La noche terminó, el video se lanzó con honores y los invitados salimos de la puerta grande complacidos y satisfechos por el show profesional y, sobre todo, amistoso que nos brindaron los integrantes de esta banda. Aquí está su más reciente producción,

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Lunes, 24 Septiembre 2012 12:57

¡Ni una narconovela más!

“El Capo”, “El cartel de los Sapos”, “La Reina del Sur”, “Pablo, El Patrón del Mal”, entre otras novelas del narcotráfico o como se les denomina ahora narconovelas, bautizando un género que pareciera que apenas nace, se han convertido en la apología a los antivalores y el delito. Sin embargo, la audiencia nunca les falta aduciendo que hacen parte de la documentación de la historia y que como tal hay que verlas y reconocerlas, sí es así bienvenida sea la novela de Jaime Garzón y que se llame “Entre el humor y la impunidad”.

Las narconovelas, como subgénero de la novela, abarcan un problema que ha venido tomando escalas globales como lo es el narcotráfico y todas las dinámicas que con este fenómeno conviven como lo son la prostitución, el sicariato y la corrupción. Novelas literarias como “Sin tetas no hay paraíso”, “Rosario tijeras” y “La Virgen de los Sicarios” pasaron de la prosa a las pantallas de televisión bajo el argumento que las inspiró: hacer parte de la documentación de nuestra cruenta historia. Y en ese orden es comprensible. Sin embargo, la creciente afluencia de narconovelas lejos de ser instrumento de memoria histórica es cada día una herramienta mucho más eficiente a la hora de reforzar antivalores tales como el odio, la mentira y el facilismo.

En estas novelas el capo, el patrón o el narco (cuando no es la prostituta o el sicario) es el protagonista y su historia se basa en una cadena de eventos marcados como trascendentales, dignos de ser recordados al detalle, en la que el papel del héroe lo juega a la perfección saliendo de su rol de víctima para dominar a la sociedad que en un pasado lo habría condenado a la pobreza y al sufrimiento. Como novela no es su papel mostrar una moraleja, sin embargo tampoco es su papel mostrar a estos actores sociales de nuestra guerra como modelos a seguir que siempre ganan, que obtienen sin ninguna consecuencia, rápidamente lo que desean, que gozan en cierta forma de aceptación y prestigio social, que detentan poder y que es imposible enfrentárseles.

Un primer mensaje que queda claro es que es deseable ser un capo. Como capo se vive una vida corta pero llena de lujos, sexo y excesos todo esto conseguido rápidamente y con la adrenalina siempre al máximo, lo que dentro de nuestra sociedad puede ser bien traducido como “felicidad”. Un segundo mensaje es que si va a prestar sus servicios como verdugo o asesino es mejor ofertarlos al mejor postor y no es precisamente al Estado siendo un soldado o un policía, pura cuestión de oferta y demanda. Una tercera lección nos la enseña esta vez la ex primera dama de Panamá quien hace uno días trinó: “por gusto cualquier esfuerzo individual o colectivo contra la violencia…mientras se promueva narco novelas”, “narcotráfico gratis, adentro de miles de hogares… jóvenes y niños expuestos…después nos quejamos #failpabloescobar”. Esta última lección que probablemente no tiene clara la audiencia del Capo va acompañada de la pregunta ¿por qué si queremos documentar la historia del narcotráfico en nuestro país no sacamos una novela donde Luis Carlos Galán es el protagonista?

En un pueblo sin educación este tipo de emisiones no son aborrecidas sino admiradas y enaltecidas. Yo no sintonizo, ni sintonizaré una narconovela pero aun sin verlas no me aguanto ni una narconovela más.

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