Martes, 11 Agosto 2020

 

 

Por: María Alejandra Amaya

Le escribo a usted mujer de valores distraídos, tan solo para hacerle saber que no estoy de acuerdo con su modo de vida y que por mujeres como usted a muchas otras se nos amarga la existencia. ¿No se da usted cuenta que el maquillaje y el querer mostrar, lo que no tiene, es tan solo una inmadurez que ufana su necesidad por ser observada? Déjeme decirle de la manera más cordial, que para mí es casi un “DELITO” que mujeres como usted se entrometan y dañen lo que otros construyen. Por favor señorita de los cabellos pintados y sobre planchados: piense en los demás, no sea egoísta, la cabeza no se hizo sólo para ponerse las extensiones que usted usa, por favor razoné…

Mi intención no es ofenderla, ni mucho menos quiero herir su suspicacia con mis palabras, tan sólo quiero decirle mi querida sinvergüenza, o estimada compañera del mundo, que usted y sus amigas tienen un lugar reservado en el listado de mis personas “un poco menos deseables”, que conozco miles como usted que sobresalen y viven en carros lujosos, que sin necesidad de insultarla considero, NO es feliz porque todo lo ha construido sumergida en una burbuja, le recuerdo solo a manera de tip, que no se disfruta aquello que no se lucha y no se trabaja y hasta donde mi razón me lleva, el coquetear no es considerado aún como trabajo. Mi método para conseguir lo que quiero es otro, quizá me demore más pero a usted le durará menos.

Sin mayor extensión en este escrito y con mis ojos encendidos por lo que produce su imagen, olor y hasta recuerdo en mi cabeza, me atrevo a decirle que es usted la sinvergüenza que más estimo, porque me ha dado la importancia que merezco, me ha hecho entender que si otros viven pensando en lo que hago y desean lo que tengo, incluyendo hasta el marido, es porque lo que Dios me ha regalado es muy bueno.

Gracias infinitas señorita por ello, espero estar en la lista de personas a imitar que usted ha de guardar con recelo en su agenda fucsia de escarcha.

Le envío un fuerte y fraternal abrazo, advirtiéndole que la guerra espiritual que usted ha iniciado yo no pretendo continuar, dese por bien servida, gano por W.

Cordialmente,

Su principal pasatiempo en estos días,

Yo

T. @Aleja_Amaya

Por: María Alejandra Amaya

 Y si el amor se viste de prostituta, una linda, buenona como dirían algunos, ni siquiera así entenderían los abuelos de más de 60 años, lo que ha pasado con este sentimiento. Si me preguntarán, diría que sí; estoy ofendida, sorprendida e indignada y escribo esto con todas esas emociones reunidas.

No me parece posible, en mi mente no hay espacio para esa idea, llámenme moralista, podría decir que hasta lo soy. Pero es que el amor no es una prostituta, el amor no se “Putea” no se regala a cualquiera, no se vende, no se entrega fácilmente, o por lo menos no uno verdadero. Yo no sé qué tipo de amor estamos acostumbrados a sentir, o si existen clases o niveles, para mí el amor es uno solo y punto, dejen de decirme “que es su manera de querer” o  “esas son sus demostraciones de amor” por favor ¿A quién engañamos? Si esto es una verdad pública, cuando se ama se respeta, es un sí o un no definitivo, no existen escalas de grises.

Dejemos de decir te amo a la ligera y de estar utilizando esta palabra para todo, ahora todos aman y “a su manera” a mí que me ame por favor alguien, que me respete y me sea fiel, no alguien que diga amarme y al mismo tiempo le de los besos a otro igual que a mí.

Eso no es amor. Por lo menos no para mí. ¡Gracias pero paso! Estoy a dieta de las relaciones hipócritas, de los hombres y mujeres “perfectos” que debajo de la mesa están acariciando las piernas del vecino. Solapados a la vista, que dicen no hacer nada y hacen de todo. No sirvo para vender lo que no soy punto.

¿Qué paso con la palabra lealtad? ¿La eliminaron del diccionario y no me entere? ¿Por qué es tan difícil, diría IMPOSIBLE, encontrar alguien leal? – Antes de continuar, necesito hacer la salvedad de que no escribo esto por un caso personal en este momento, si me han engañado y he llorado, pero ahora no es el caso, tampoco estoy peleando con mi pareja, lo escribo simplemente porque me indigna ver todos los días las parejas perfectas, alimentando su mundo de mentiras, cuando ellos mismos saben  que es más fuerte un castillo de naipes en medio de un tornado.

Es quizá un grito al viento,  nadie le haga caso y todo siga igual, sólo espero que  el amor que a mi vida llegue no este vestido de prostituta y sea verdadero, porque no me perdonaría alimentar mi felicidad a través de una doble moral… al fin y al cabo ni felicidad sería.

-Inspirado en todos aquellos que han dicho amarme pero a su manera. Muchas gracias a esos tantos.

T. @Aleja_Amaya

Y pensar que hace algunos días o quizá meses, me importaba de sobremanera… hoy no duele, me da lo mismo, me fastidia y hasta repugna saber que es de sus días.

Es increíble, simplemente difícil de entender cómo alguien que estuvo contigo en otros tiempos da vuelta a la ruleta y te pone de comodín… Dice mi abuelita que no debo confiar en nadie, que el alma puede venderse al mejor postor en situaciones, que somos camaleones que se pintan del color que más les convenga.

A mí me cuesta creerlo, pero la vida se empecina en mostrarme de frente quienes son los falsos amigos, aquellos que aparecen solo en la victoria y en la desgracia se esconden, esos que lloran tus tristezas para después alegrarse a escondidas y hacer mofas de lo que te duele, así es la vida, así es el mundo ¿Qué te sorprende María Alejandra? A esto nos enfrentamos todos los días. Es un juego constante, aquel de quitar y descubrir máscaras, de encontrar y ver lo que no queremos, decepcionarnos y volver a comenzar, un vicio, un ciclo inagotable este de caerse y volverse a levantar.

Ya es noviembre, inicia otro mes y se acaba este año, entre tantas cosas que tengo por resolver me concentro en pensar si ¿Cuesta mucho ser leal, entender este significado?

No me avergüenza reconocer que siento rabia, impotencia, quizá celos y tristeza, por esos malos amigos, esos disfrazados de hipocresía a los que un día les abrí mi casa, aunque no crecí  en una familia en donde el rencor estuviese sobre la mesa, a veces se hace necesario tener coraza y aprender a identificar que mis amigos puedo contarlos con los dedos de una mano y me sobrarían más de tres.

 

5:18 pm, 

Recuerdo que hoy leí en algún sitio en la Internet una frase sobre las guerras internas y me quedo dando vueltas aquella idea en mi cabeza, hablamos de dos lobos en el interior de cada persona. El primer lobo es Malvado, personifica la envidia, la avaricia, el resentimiento y la falsedad; El segundo es el bueno, que guarda la verdad, la amistad, la alegría y el amor.

El sitio aseguraba que gana la batalla y nos gobierna  aquel lobo que alimentamos a diario, siento hoy que me he encargado de alimentar lobos ajenos, porque encuentran en mí el alimento para que hacer crecer como caudales de agua rebelde, todos esos sentimientos de los que no me siento orgullosa, se desbordan, no tienen final, desembocan con fuerza y se llevan a su paso todo lo que encuentran.

No entiendo en que momento llegue hasta este punto, porque este tipo de personas se encarniza en hacerme daño ¿Yo que he hecho? ¿A quién debo rendir cuentas de las cosas que ni yo misma sé?

Llegar hasta instancias legales para protegerme a mí y a mi familia, poner cauciones, utilizar métodos de protección, me hacen sentir de primera mano que la maldad en el mundo abunda y que pareciera soy un imán de los falsos, los que visten de blanco, teniendo el alma negra. A todos ellos, que sé están leyendo esto, les envío solo cosas buenas devuelta, porque aprendí a devolver una mano extendida a quien me agrede…

Yo tengo claro que lobo alimento en mi vida, aunque a veces me desvié. Espero con esto cumplir con mi parte del trato, sanear y limpiar lo que ensucian, para que lo que me envían, no me toque, no me afecte, no me duela, no exista para mí.

Me voy a mi casa con el sin sabor de tener que utilizar esta hoja y papel para liberar lo que me atormenta y no soy capaz de decir por puro y físico miedo… Un día más que se fue de este noviembre lleno de lluvia, espero mañana sea un día mejor y que el gris de mis nubes se esclarezca y pueda ver…

T. @Aleja_Amaya

 

Recuerdo que de niña me gustaba jugar a las escondidas, pero no el juego común de la infancia.. Yo solía esconderme, camuflarme entre la gente, ser como un camaleón que esta presente pero puede volverse invisible en algunas circunstancias, por ello fui de pocos amigos, porque me escondía detrás de mí uniforme de colegio, de mi falda larga, mi maleta descolgada y mis balacas. No pensaba en nada diferente a rendir en mis calificaciones, los que me conocieron en esos días sabrán que decía que tendría mi primer novio hasta los 18 años, hoy lo recuerdo entre risas.

Crecí así, en medio de unas compañeras de clase que vivían y experimentaban otras cosas que yo no, me sentía perdida en medio de la gente, un punto negro en medio del pizarrón blanco, era consentida y tímida, desapercibida, de mejillas rojas y cabello ondulado… No conocía el maquillaje, por mi mente no pasaban esas preocupaciones, usaba la ropa que mi madre me compraba y algunas prendas heredadas de mi hermana mayor, no tenía celular, no tenía Facebook, no chateaba; era feliz. Participaba en los concursos de ortografía y para todos era la popular “nerd del salón”… Pasaba mis mañanas con mis abuelos, dormía hasta tarde y desayunaba galguerías, peinaba a mi hermana menor y hacia mis tareas… Mi vida era tranquila.

Sin esperarlo, sin buscarlo, sin planearlo así llego él, como han llegado todas las cosas a mi vida, quizá como un regalo o un capitulo ya escrito por el cual yo simplemente paso… Hoy tengo 22 años, ya no soy la niña de 13 que dio el primer beso a escondidas de sus padres, la que se hacía dos colitas y bailaba frente al espejo. Hoy soy una mujer que mira atrás y se da cuenta como esa niña de 13 tomó decisiones que hoy la tienen aquí. Ya no estoy con mis padres, ya no estoy con mis abuelos, ya no peino a mi hermanita, ya no soy la Alejandra que muchos vieron…

Viernes 3:44 pm

Nuevamente aquí sentada, tomo un trago de agua que se ha calentado por el sol que cae sobre la ciudad. No tengo una ventana cerca, pero un rayo de sol se asoma por la rendija de la oficina de mi jefe, estoy en un cuarto piso y las ventanas son poralizadas, se escucha afuera el ruido de una construcción, los pitos de los carros y un perro que llora.

Frente a mí un rostro pálido y cansado, con la corbata desacomodada y unos audífonos que lo “desconectan” hasta de él mismo, no parece estar aquí… Nota que lo estoy mirando y me avergüenzo de pensar que pude incomodarlo con la mirada. A mi izquierda mis apuntes, mis notas, mis esferos, los reviso y encuentro cosas que escribí hace un año… Otra vez septiembre, otra vez jugando amigo secreto, otro cumpleaños de mi papá y otro mes más que se acaba y no regresa…

Ya casi es la hora de salir, estoy contando los minutos porque quiero correr a verlo, hoy me siento así: feliz de su llegada, porque no lo espere, me escondí y no lo vi, pasó el tiempo y ahora que analizo, lo tuve frente a mí por meses y no me percate de ello. Fui invisible de niña, utilizaba diferentes formas para que no me vieran, así de invisible fue él, al verlo no lo veía, supe siempre de su vida como una simple conocida y hoy por aquello que llaman "destino" hago parte de ella.

- Pasa lento el tiempo cuando ansiamos la llegada de alguien, pero pasa rápido y te entrega sin pedirlo cuando simplemente no estas esperando nada… Porque bien dicen los que saben que hay que vivir con fe y no con ansias, porque aunque se parezcan, la primera atrae las cosas y la segunda las espanta… no te pedí, no te espere, ahora aquí estás y no quiero que te vayas.

T.@Aleja_Amaya

 

Días en los que la soledad se vuelve más frecuente, son esos que aparecen para recordarte que viniste al mundo solo y así mismo te vas, que las personas están de paso y son tan solo eso: pasajeros de un buque del que no conoces, ni siquiera tú el destino.

 

Hoy me siento así, quizá sola en medio de infinidad de gente, con mil cosas por contar, pero sin nadie que me escuche, miro atrás y veo cómo ha cambiado mi vida, esa misma que algún día mi madre me regalo con la esperanza que hiciera de ella lo mejor posible.

 

Está haciendo frio, me levanto, tomo un café y miro alrededor, cada uno de mis compañeros en sus computadores como fabricas que producen dinero, ni siquiera se dan cuenta que los estoy mirando, que estoy poniendo mis ojos como yagas sobre sus rostros, así son todos los días, la misma hora, el mismo sitio, el mismo café, los mismos personajes… Nada cambia aunque a mí todo me ha cambiado en los últimos meses.

 

Ya casi es medio día y tengo una reunión para presentar avances, pero creo que no soy consciente de ello, mi cuerpo está aquí paralizado mientras mi mente viaja a otro sitio, ¿Cómo estará ella? ¿Será que siente desde lejos lo mucho que la extraño? Quizá no sabrá la infinidad de cosas que he aprendido a través de su ausencia, si la tuviera en frente le diría que sin tenerla he aprendido a valorarla y que espero que con ella se rompa la ley de la vida, el ciclo normal del ser humano, no quiero que nunca se vaya, ni hoy ni en mil años…

 

Escribiendo esto se me humedecen las pupilas, tengo que pararme dar unos pasos y respirar. Siento miedo, no lo niego, a nadie se lo he dicho pero por estos días me devuelvo algunos años y vivo en un déja vu constante, como si esto ya lo hubiera sentido, lo hubiera vivido, lo hubiese soportado…

En medio de mi nebulosa emocional resuena el teléfono y es ella, la mujer por la que hoy existo, de la que hablo, a la que amo, a la que admiro, aunque no lo sepa; me cuenta como le fue en el medico y mis miedos reaparecen al saber que nuevamente su salud no está del todo bien, a ella es a quien no quisiera perder y a ella es a quien quisiera tener sentada frente a este escritorio en medio de mis notas y el café rebosado, para decirle: “No te preocupes, una vez más todo estará bien”…

 

Continuará

 

T.@Aleja_Amaya

 

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